Reflexiones bajo la higuera

juanmaJuan Manuel Gutiérrez. Llega el estío y nos adentramos en un tiempo de  letargo, vacacional y despreocupado. Sin embargo, la realidad nos persigue. No dejamos de desconectar del todo y menos ahora que nos vamos a la playa, al monte o de picnic con el móvil, el ipad o la tablet.

Leo con interés un artículo sobre los efectos de la crisis en los medios vascos. Desolador. El relato ya era conocido pero no deja de impresionar cuando vuelves a leer publicado, lo ya sabido. Valiente trabajo de la colega que firma el escrito y del medio que lo publica. Tradicionalmente, los medios ocultan las noticias negativas sobre el sector o sus intereses editoriales. Y a ello no hemos sido ajenos los propios periodistas, que no hemos querido ver la realidad que se nos avecinaba, como si la crisis no fuera con nosotros y no nos fuera a afectar. Será la desafección en la que en muchas ocasiones nos tratamos de instalar para que la crudeza de ciertas realidades que nos tocan cubrir no termine por hacernos mella. (eldiarionorte.es- Natalia González de Uriarte)

También me llega un fragmento de la intervención de un renombrado director de medio impreso, en un curso de verano de El Escorial, pidiendo el cierre de facultades de Periodismo. Aboga por la clausura del medio centenar de las que denomina “fábricas de titulados” y  por crear sólo cuatro centros de élite en los que formar a los periodistas,  que deberían adquirir previamente, añade, una formación o titulación en otra materia. (ABC.es- Bieito Rubido)

La polémica estaría servida de no ser que nos encontramos en pleno verano y la actitud generalizada, como ya ha quedado dicho, es la mirar para otra parte sobre los problemas de la profesión. No obstante, algunos se rasgarán las vestiduras, pero no le falta razón al colega director. Quizás no haya caído en que su medio y la gran mayoría de ellos participan en la “fiesta”, promueven másteres y llenan sus redacciones en verano de estudiantes-becarios procedentes de las “fábricas”.  Otros colegas obtienen sobresueldos o se ganan directamente la vida en las “fábricas”.

Estamos en verano y lo que apetece es ponerse a la sombra, regalarse con una refrescante bebida y mirar al horizonte con ojos despreocupados, ajenos a una realidad fustrante. A la vuelta, los que puedan volver a un puesto de trabajo en una redacción, un gabinete institucional o una empresa de comunicación, podrán sentirse afortunados y hasta posiblemente sin temor a perder su posición.

Si hubieran tenido a su alcance lecturas tan poco gratificantes como las que uno se  procura, es posible que hubieran podido dedicar unos minutos a reflexionar sobre el futuro inmediato de una profesión inmersa en una crisis sangrante y bestial. Quién sabe, a más de uno incluso le podría haber caído encima de la cabeza un fruto maduro desprendido del árbol que le cobijaba y daba sombra. A veces los pequeños golpes, esos que no nos dejan del todo noqueados, nos ayudan a recapacitar y hasta nos abren los ojos cegados por lo que no queremos ver

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