MANU CECILIO Y EL PODER DE LA IMAGEN PERIODÍSTICA por José Manuel Alonso, expresidente de la AVP-EKE

Fallecía el pasado mes después de más de 50 años de periodista

MANU CECILIO Y EL PODER DE LA IMAGEN PERIODÍSTICA

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Manu Cecilio

La muerte de Manu Cecilio el pasado mes de agosto me pilló en Polonia, realizando un viaje para recordar pasados tiempos periodísticos de enviado especial cuando este increíble pueblo del Báltico, el más asediado de la Europa Central, luchaba por el pan y la libertad, años 70 y 80, país con el que no coincidí con ninguno de los Cecilios (padre e hijo) pero que seguramente también conocía Manu y amaría por saber siempre hacerse e identificarse con los lugares y los acontecimientos, como de superar las muchas dificultades y competencias, destacando por sus iniciativas y su trabajo constante.

Nos conocimos tanto uno al otro (sobre todo en los años de La Gaceta del Norte y Deia) y más en el año y medio en que escribí de fútbol (¡aquellos viajes en el coche con Carmelo!) que llegué a descubrir algunos secretos de Manu, sobre todo su amor y entrega, pese a su intenso y puntual trabajo periodístico, por la familia, por los suyos. Su preocupación constante por los hijos y su futuro. Como su amor por lo bilbaíno, por su Bizkaia tan pateada como querida, por la Rioja (Haro) e incluso por San Sebastián, donde conoció a lo que más amaba. Todo ello más lo que fue su vocación: la pasión por la fotografía, sobre todo la periodística, y digo periodística porque Manu tenía, entre otros, tres valores que son fundamentales en el periodismo: el sentido práctico, el valor humano y la rapidez. Y no puedo olvidar tampoco  sus conocimientos del deporte, sobre todo el fútbol, el ciclismo y la pelota, ¡ah, la pelota vasca, con la que tuvo amor diario: rarísimo fue el día en el que Manu no ponía en manos de la Redacción de los periódicos alguna foto relacionada con la pelota, porque para él cada partido de pelota era noticia diaria!…

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“Urtain” salta sobre Manu Cecilio, durante el entrenamiento llevado a cabo el 30/1/1969 en el parisino Bosque de Boulogne.

He sentido muchísimo no estar en Bilbao para despedirle y estar junto a su gran familia. Cuando he vuelto de Polonia he recordado algo que Manu se ha llevado consigo y que yo subrayo. Precisamente en uno de los viajes que hicimos en beneficio de la información y las imágenes del fútbol, yo estaba escribiendo una de las biografías que me encargó el Club Internacional del Libro, la de Madame Curie (María Sklodowska), que, junto a Copernico, es el personaje más internacional de Polonia, con dos premios Nobel. Y coincidió que estaba examinando unos textos de un poeta que amaba y recitaba la científica polaca, poemas de Adam Asnyk, un poeta que vivió la pasión de su pueblo y fundó la “Sociedad de la Escuela Popular”. La poesía le encantó a Manu (tiene mucho de valor periodístico), y la recuerdo en su nombre, como la he vuelto a recordar en este reciente viaje a Polonia, pueblo al que admiro por valores que también tenía Manu: la honestidad y la capacidad de trabajo y de sufrimiento. La poesía es esta:

            “Buscad el claro rayo de la Verdad;

            buscad las rutas ignoradas y nuevas.

            Cuando la mirada del hombre se ponga a lo lejos,

            no le faltarán las divinas sorpresas.

            Cada época tiene sus propios ensueños

            y abandona los suyos de ayer.

            Venid, tomad la antorcha del saber.

            Haced una obra nueva con el trabajo de los siglos

            y construid el palacio del Porvenir”

No hace falta subrayar en cuál de estas recomendaciones del poeta Asnyk destacó Manu. Como tampoco estas otras palabras precisamente de Madame Curie que me recuerdan a Manu trabajando en la hermosa, dura e indeclinable vocación de periodista:

“La vida no es fácil para nadie. Pero ¡qué importa! Hay que perseverar y sobre todo tener confianza en nosotros mismos. Hay que pensar que estamos dotados para alguna cosa importante (no sólo para uno y para los más cercanos sino para los demás) y que esa cosa podemos y debemos alcanzarla, cueste lo que cueste”.

Con Manu no sólo coincidí en el trabajo periodístico sino también –que recuerde ahora mismo— en la Junta de la Asociación de la Prensa, y sobre todo cuando comenzamos los dos en nuestros años de prácticas, aprendiendo ambos de su padre Cecilio, con aquella su sabiduría especial de la vida y sus milagros. Pero cuando de becario a mi me llamaban los compañeros “Chupetín” (con primero de la carrera a cuestas y 17 años) fue Manu el que se sintió muy cerca en mi labor de aprendizaje y primeros valores del periodismo. Por ejemplo, su vida entregada al deporte, su amor por el deporte, con viajes y estancias tan largas como las del ciclismo, olimpiadas y mundiales, o su interés y conocimiento de la Pelota Vasca, con una poderosa mano de pelotari tanto para una especialidad como para otra. Pero le recuerdo también por su fino regate de gran extremo cuando quisieron ficharle equipos punteros o cuando jugaba con el equipo de La Gaceta del Norte en los campeonatos de Empresas. Yo aprendí mucho de él para mis crónicas del Athletic que creo fueron los textos más leídos de mi carrera periodística, siempre impresionados y mejorados por las fotos más precisas e impactantes de los partidos, como eran las de Manu. Y si gran parte de mi larga y variada vida periodística fue dirigiendo la sección de Deportes (en Deia y en La Hoja del Lunes) se debió al aprendizaje de la práctica deportiva por los conocimientos de Manu y la pasión que él ponía en cada deporte, como en cada acción o suceso relacionado con la vida compartida.

La última vez que coincidimos fue en la Gran Vía hace un par de años, en esos días en los que yo me escapo con cualquier disculpa a Bilbao para rememorar años tan duros como gloriosos y reencontrarme con compañeros y amigos de siempre serán. Y antes que esa fecha, coincidimos en el homenaje del 2010 de la Asociación de la Prensa. Fue precisamente entonces cuando dediqué un párrafo a cada uno de los compañeros homenajeados. Las palabras dedicadas a Manu fueron estas:

“Hijo del gran Cecilio, al que siempre homenajeó llevando su mismo nombre, pero personaje hecho a sí mismo desde la adolescencia. Ha sido ave voladora con la cámara y ha tenido eso tan consustancial al periodismo que se llama “apremio”, puntualidad y profesionalidad. He compartido muchas horas con él y creo le debo la vida porque en el coche en el que viajamos juntos por el fútbol o por otras salidas periodísticas supo dar un volantazo a tiempo en más de una ocasión para evitar que nos fuéramos al precipicio”

José Manuel Alonso, Julio Campuzano, Félix García Olano, Sarita Estévez, Rafael Ossa, Antonio Guerrero Troyano, Manu Cecilio,Antonio Petit Caro y Julio Garro

Homenaje de la AVP-EKE a los decanos de la prensa vasca, 2010.

Desde luego, estoy seguro que no ha habido nadie (repito, nadie) que haya vivido tanto y durante tanto tiempo al Athletic, del que espero un homenaje/recuerdo en favor de Manu. En mi coincidencia informativa con él sufrimos las excentricidades de Ronnie Allen, o la grave lesión de Clemente, o los largos brazos de Iribar, o el exacto toque de balón de Chechu Rojo, o la zorrería única de Dani, o “la ostia (sin hache) de Villar a Cruyff”, titulada así un día después de que la Real Academia aprobara esa palabra… Pero a él no le bastaba el fútbol, en la Vuelta a España de Ciclismo (en la que trabajó en más de 25  ocasiones) debería estar su nombre escrito en oro, o en alguno o varios frontones de pelota llevar inscrito su hacer diario. Precisamente la “Antología fotográfica de la Pelota a Mano” será probablemente el mejor libro publicado sobre esa especialidad del bellísimo, bravo y esplendoroso deporte de la Pelota Vasca.

Manu plasmó como nadie  el instante fotográfico de la gloria o la felicidad de miles y miles de seguidores fieles e incondicionales del deporte o de la vida diaria, repleta siempre de novedad. Cecilio hijo, Cecilio junior, Manu Cecilio, fue el guarda espaldas y recoge-instantáneas de los más grandes porteros: Carmelo, Iribar, Zubizarreta… Pero lo fue también de otros muchos jugadores, pelotaris, ciclistas, atletas, remeros…, e incluso toreros. Su memoria gráfica de la historia del Athletic es única. Y el Bilbao y de Bizkaia de la mitad del siglo XX, si está en el laboratorio de alguien es en el de los Cecilios, sin ninguna duda… Eso, de Bilbao y de Bizkaia, pero también de Euskadi e incluso de mucho más lejos… Porque a Manu no le bastó el deporte. En cuanto ocurría un hecho de interés general estaba él con la cámara, y estaba antes que nadie. En muchas ocasiones, cuando otros íbamos, el volvía. Y a Manu no le bastó el periodismo y su sueño de emprendedor que le hizo arriesgar con su propia empresa; cogió el sabio relevo de su padre y se lo dio a sus hijos. Y no sólo con la cámara, también con las noticias escritas y con una agencia que ha trabajado para todos los medios y todos los receptores, no sólo en Bizkaia o Euskadi, también en el mundo.

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Manu Cecilio junto a sus hijos

Y toda esta ingente actividad, sin descanso, sin apenas vacaciones ni fines de semana, compaginándolo (más en el amor que en el tiempo) con la familia, a la que fue marcando también la vocación y el camino. En ello y para ello, la primera persona que contribuyó fue Ana, su Ana, no sólo Ana San Adrián sino Santa Ana… Y los hijos, ¡que hijos estupendos!, que han sabido –como decía el poema que he recordado— buscad las rutas ignoradas y nuevas; que han sabido tomar la antorcha del saber, realizar una obra nueva con el trabajo de años y construir el porvenir en el que siempre estarán los Cecilios con su cámara, su saber hacer y su corazón dispuestos a tomar la instantánea de la realidad, la más feliz y la más dolorosa, la del periodismo de actualidad. Manu, querido amigo y compañero: gracias, eskerrik asko por lo que nos enseñaste y compartiste con todos nosotros. Que Dios, en quien creías lo justo y necesario, te acoja ya en su equipo de trabajo, para que le entregues las instantáneas de cada día. Agur, Manu, buen amigo, buen compañero, buen vecino y mejor persona.

José Manuel Alonso

Expresidente de la AVP-EKE

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