Solidaridad

M.U  Partidos de fútbol, conciertos, subastas, y mercadillos organizados con fines benéficos completan de forma espectacular la vertiente solidaria. Cuánta entrega real y cuánto de montaje rentable se da en cada caso. Lo que importa es que las personas sean sensibles al dolor. La palabra solidaridad corre de boca en boca. Hablamos continuamente de organizaciones solidarias, gestos solidarios, campañas solidarias… Son títulos de campañas que se repiten con frecuencia. La llamada globalización, que tanto monstruo ha engendrado en el plano económico, nos muestra su rostro bondadoso en esos crecientes grupos de personas sensibilizadas por los problemas ajenos.

Sin embargo, no deja de ser paradójico que, los mismos que se vuelcan a favor de las víctimas de un terremoto una epidemia o cualquier otra situación extrema, en cualquier país del mundo, desatiendan al vecino que vive en los límites de la miseria.

Cuanto más se multiplican las campañas de ayuda para damnificados lejanos, más abundan los casos de insolidaridad para con los próximos. Por desgracia, el sufrimiento humano está más repartido de lo que nos hacen creer los distintos gobiernos. La soledad, la injusticia, la enfermedad o el abuso, se ceban en personas cercanas a nosotros. Ser solidarios en la distancia y no en la proximidad. ¿Cómo podemos entender esto?. Creo que nos cuesta menos ayudar a la multitud, que no conocemos, que a quien ronda nuestro entorno y vemos todos los días recordándonos su situación, parece como si su cercanía nos incomodase.

Ingresar unos euros en la cuenta de una ONG que opera en otro país es un acto de desprendimiento a la vez que una rentable inversión: contribuimos a salvar al mundo y a cambio recibimos una supuesta credencial de nobleza y generosidad. Mientras, a los lados del camino más próximo encontramos amigos, familiares, vecinos o compañeros, se diría que no están incluidos en la consigna propagandística de la solidaridad, que sus peticiones de ayuda son de peor calidad conmovedora que las recibidas desde la televisión. Y, así, contamos con un 24%, o lo que es lo mismo, más de cuatro millones de parados y más de dos millones de niños españoles viviendo por debajo del umbral de la pobreza. Pues eso.

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