‘Antxon Zubikarai, académico y musicólogo’ por José Manuel Alonso

Antxon Zubikarai (1945-2015) nos decía adiós con la entrada del octubre otoñal después de una larga y dura enfermedad del alzheimer que se lleva a las buenas, humanas e inteligentes mentes. Escritor más que periodista, cumplió callada y fielmente con las dos vivas expresiones, pero sobre todo fue músicólogo. Y si tuviera que definir a Antxon en pocas palabras diría que más que crítico o compositor ha sido académico y analista de la música, una de esas personas privilegiadas que nacen con tres oídos y tres manos, y que usan para oír, tocar, crear o escribir música, vivir de y por la música. Antxon me recordaba siempre una frase que le gustaba decir al catedrático catalán José María Pi Sunyer, al que llamaban “señor de Barcelona”: “Mi vida es la música; soy feliz por la música y me conservo en música; vivo de ella y en ella para vivir mejor”.

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Antxon Zubikarai / Foto: DEIA

Gure lurraren Deia

Con Antxon coincidí en “Deia” unos años, diario que a él le gustaba llamar con nombre y apellidos: “Gure lurraren Deia” (La llamada de nuestra tierra) porque lo entendía como una cita diaria de su pueblo en el día a día, y a poder ser en euskera. No es de extrañar porque Antxon era de la misma sangre y linaje que uno de los personajes más significativos de la reciente historia de Bizkaia y de la promoción de la cultura vasca: Augustin Zubikarai (1904-2004). Augustin (y no Agustín) fue un prolífico escritor y un enamorado de su pueblo (Ondarru u Ondárroa) que abarcó todas las facetas imaginables de la creación artística, incluida la música, transmitiendo ese amor por su pueblo y por la música a Antxon, un Antxon Zubicarai personaje que pese a su permanente silencio y reposado juicio, cundo uno le conocía se mostraba tan abierto y despegado de lo suyo, lo más cercano, que permitía que se le llamara de mil maneras: Antxon, Antón, Antton, Juan Antonio… Su mirada –como la de los ondarrutarras que conocemos— se mostraba reposada cual arena y universal como el mar; y su semblante permanecía sereno, de pescador noble y leal, como su pueblo. Hombre bueno, bueno de verdad. Sabía mucho de etnografía, de psicología, y mucho más de baile o de ópera, pero también de la literatura y de la historia; hombre lleno de humanidad, generoso. En cuanto a su carácter: cauteloso, gran observador y de fino sentido del humor. Sabía mucho y siempre estaba dispuesto a compartir sus conocimientos.

Académico, periodista, profesor, crítico

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Todos coinciden en destacar de él dos características: que el también profesor y traductor ondarrutarra era un sabio y, a la vez, personaje callado y humilde. Tras estudiar en la escuela del pueblo, ingresó en el Seminario de Derio, pero la vocación sacerdotal le abandonó pronto y optó por estudiar periodismo en Pamplona, como hicimos otros. Licenciado, decidió trasladarse a Madrid, donde, además de ejercer su profesión, amplió sus conocimientos de música y de danza (colaboró en la Cátedra de Ballet Clásico del Conservatorio Superior de Música). En Madrid conoció a su mujer, Elena Aveledo: tuvieron tres hijos. En 1977, regresó a Bilbao, donde formó parte de la redacción de Deia como periodista y crítico musical. Durante un tiempo, también ejerció de profesor en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de Leioa.

En el campo de la difusión musical, colaboró en distintas publicaciones y participó en diversos congresos. Es autor de Bilbao. Música y músicos y tomó parte en otros libros: en la reedición de la histórica Revista Musical (1909-1913); en Ochenta años de música urbana (obra acerca de la BOS-OSB), cuyo texto principal es de Carmen Rodríguez. Junto con Nino Dentici realizó una investigación sobre el tenor Unanue; de ella se derivó una exposición y el libro Pedro María de Unanue, el primer tenor vasco universal. Fue profesor del CEM Juan de Antxieta durante años; y, en periodo más breve, del Conservatorio Municipal Jesús Arambarri y de Musikene. Asimismo, escribió decenas de notas para los programas de la BOS, la ABAO, la Quincena Musical donostiarra, los festivales de Ziortza o el ciclo de órgano del Euskalduna; y fue académico correspondiente de Bellas Artes de San Fernando, de Madrid. “Tras la discreción y humildad que caracterizaban su forma de ser, se escondía un gran observador”, recordaba el exdirector de la Quincena Musical José Antonio Echenique.

Numerosas obras en favor de la música vasca

Escribió también la  biografía de Aureliano Valle (1845-1918), ilustre bilbaíno al que la villa dedicó un monumento en el Parque de Doña Casilda, en reconocimiento público a su labor al frente de la Sociedad Coral de Bilbao. Y para completar su extensa obra cito otros libros y trabajos: Cancionero vasco P. Donostia; Bilboko musika paisaia: musikalariak, orkestrak, festibalak eta herri kantutegia; Francisco Escudero: hombre y músico; Bilbao, la Salzburgo del Atlántico; Ópera Amaya; Nacionalismo musical vasco: un capítulo aún por cerrar; La calidad de la oferta musical lucha por conseguir la respuesta del público; La colaboración de Pio Baroja y Pablo Sorozabal pudo iniciar nuevos caminos en la lírica; El cincuentenario afianza la identidad propia de la Quincena Musical; Roberto Gerhar, gran compositor catalán muerto en el exilio de Inglaterra al que le condenó el régimen franquista; Juan Crisóstomo de Arriaga, ¿encierro estético en París?; tradujo del francés La Ópera Vasca, de Natalie Morel Borotra, que editó la colección “Mínima” de Alex Zugaza; y realizó varios trabajos más dedicados a Luis de Pablo, su admirado amigo como lo fue de otros compositores vascos: Luis de Pablo, la comunicación de su pensamiento y Formas de hacer de Luis de Pablo. Pese a esta extensa relación, estoy seguro que me dejo alguna obra o publicación importante de las muchas escritas por Antxon Zubikarai.

Dúo de Atxon con Carmelo Bernaola

Personalmente y gracias a Antxon tuve la fortuna de conocer a otro grandísimo personaje, extraordinario compositor vasco de tierra adentro, de Otxandio: Carmelo Alonso Bernaola (1929-2002), y cito lo de “Alonso” no sólo por coincidir con mi apellido sino porque era uno de los motivos de conversación cuando nos veíamos, amantes los dos del Alonso Quijano, el Quijote de todos. Carmelo Bernaola coincidió conmigo durante dos años en casi todos los partidos en los que fui cronista del Athletic en “La Gaceta del Norte”, y no he conocido personaje que más supiera de fútbol y que sintiera como él la emoción por su equipo. Amaba tanto a la música como creador y al Athletic como espectador que veía aquel equipo suyo cada tarde desde la perspectiva de un músico, poniendo apodo a los jugadores. Cito dos de ejemplos: “Chechu Rojo, el Mozart del fútbol”; “Iribar, un enorme Chopo que llegaba a todos los balones porque llevaba la batuta en las manos”. Carmelo Bernaola, como Antxon Zubikarai, con el que conformó un dúo único, exhibía también su sentido crítico musical y recuerdo una frase suya: “Euskadi es pueblo que ama profundamente la música pero elige a políticos que parecen no amarla demasiado”…

El himno del Athletic

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Antxon Zubikarai y Carmelo Bernaola / Foto: Athletic Club

Con Carmelo Bernaola, Antxon Zubikarai escribió el actual himno del Athletic. Para el libro Athletic for ever (colección de la BBK) que tuve la suerte de escribir dedicado a los cien años del club (“único caso en la historia del fútbol”, según L’Equipe), Antxon me hizo una detallada declaración de cómo se gestó la letra y la música que rompe y vuela por todo Bilbao-Bizkaia-Euskadi (y ya por el mundo entero) cada partido del Athletic: “Estábamos a mitad de la temporada 82-83 y Carmelo me llamó para decirme: este año vamos a quedar campeones y seguimos sin Himno. Llevamos algún tiempo dándole vueltas a esto y he pensado que tú podías ponerle la letra. Y fue el propio Carmelo –que conserva con amor el euskera de su infancia gracias a su madre y a la insistencia de su padre, un burgalés de Medina de Pomar afincado en Otxandio– el que al final inclinó la balanza para que la letra fuera en euskera, y no parte en euskera y parte en castellano. Carmelo tenía además una idea bien clara de cómo se debe construir una letra de este tipo, a base de voces perfectamente identificables por quienes no conozcan el idioma, en razón a que forman parte de un entorno cotidiano de pancartas, slogans o del confuso patrimonio residual que suele conservarse en las colectividades. Insistió también en que las palabras fueran fácilmente pronunciables. La letra, pues, sin que sea modélica en ningún sentido, es al menos muy sencilla. Me permití darle un sesgo quasi-poético, utilizando una imagen muy vizcaína, la del viejo roble que renueva sus hojas y que pro-hija al tiempo otros robles (equipos) más jóvenes. Y creo que al final se logró que fuera el himno deportivo más hermoso y animado de los que conozco”.

Se demostró lo que siempre ha declarado Carmelo Bernaola: “el Athletic ha sido para mí, algo verdaderamente consustancial a mi propia existencia”. Y Antxon comentó: “El punto culminante de la grabación en Madrid del Himno con miembros de la banda Municipal de Bilbao y los formidables coros de la ABAO, allí, entre la ansiedad, el entusiasmo y la gran potencia de los altavoces de la sala de grabación, todos estábamos emocionados: Mikel Viar, Larrínaga, Ochoa, Solano, Arrate (con su entusiasmo visceral y vital) y yo… Luego, ya con la cinta, en el coche de Arrate, desde el aeropuerto a Sondika la escuchamos no sé cuantas veces, y en la Plaza de Moyua, frente al Carlton, parados, volvimos a escucharla… y es que ‘los del Athletic’ pues somos… como somos…, creo que formamos, entre todos, la mejor afición que existe”.

Precisamente por eso, se entiende mejor lo que declaraba tras el estreno del nuevo y definitivo himno del Athletic (antes  fueron el Alirón y el pasacalles Aupa Gaztiak), aquel 30 de marzo de 1983, tras el gol de Dani que valió el triunfo sobre el Barcelona (1-0) en la semifinal de Copa y que sirvió para establecer un record de recaudación coincidiendo con el debut de Maradona en la “catedral”: 44 millones. Antxon comentaba: “Respetando a todos los demás, sobre todo a los vascos, el nuestro es un club y equipo surgido del propio pueblo, con raíces del propio pueblo que generan una sociedad y una comunión tan grande como única, vizcaína y vasca por excelencia”.

La música, el ‘arma’ cargada de paz y belleza

Antxon Zubikarai no sólo era ese tipo humano sabio y cantor de la música sino también un inolvidable maestro cuando se le pedía consejo o cuando se “soltaba” entre amigos y/o compañeros. Una vez le comenté que en mis años universitarios en Iruña o Iruñea / Pamplona (donde también él hizo la carrera de periodismo) viví una experiencia única de convivencia en grupo (ocho universitarios compartiendo en comunidad o en común un modesto chalet de la Media Luna) y cada mañana abríamos ojos y oídos con una audición de alguna pieza musical, generalmente el “Capricho italiano” de Tchaikosky, que nos servía para despertar y llenarnos de energía positiva durante todo el día. Antxon alabó la ocurrencia, incluso me recomendó que antes de iniciar cualquier tipo de tarea intelectual o sentimental escuchara alguna pieza musical, con preferencia clásica o cercana al sentimiento particular de cada uno, por ejemplo, música de tu tierra, cercana a tus gustos y actividad. “La música –me dijo en otra ocasión recordando el verso de Gabriel Celaya— es un ‘arma’ (dura o blanda) cargada de paz y de belleza, que sirve para sentirte más humano, más creativo y más cercano a tu naturaleza y entorno”.

Agur eta ohore, Antxon

Antxon, los que te hemos conocido y participado de tu saber y estar te concedemos los máximos honores de compañero sabio y discreto; por tu bonhomía y valor como ser humano; tuya es la “summa cum laude” de música y crítica. Allá donde estés, seguramente que te han preparado un piano y unas teclas, lo mismo para conjuntar, componer y criticar la música que está hecha y la que está por hacer. Con todos los honores que mereces: agur eta ohore, Antxon.

José Manuel Alonso

Expresidente de la AVP-EKE

Himno del Athletic 1982 (Bernaola y Zubikarai)

Athletic, Athletic, eup !
Athletic, gorri ta zuria
danontzat zara zu geuria.
Erritik sortu zeñalako
maite zaitu erriak.
Gaztedi gorri-zuria
zelai orlegian
euskalerriaren
erakusgarria.

Zabaldu daigun guztiok
irrintzi alaia:
Athletic, Athletic,
zu zara nagusia!
Altza gaztiak!

Athletic, Athletic,
gogoaren indarra.

Aritz zarraren enborrak
loratu dau orbel barria.

Aupa mutillak!
Aurrera gure gaztiak !
Bilbo ta Bizkaia guztia
goratu bedi munduan.

Aupa mutillak !
Gora beti Euskalerria !
Athletic gorri-zuria
geuria
Bilbo ta Bizkaiko gaztiak gora !
Euskaldun zintzoak aurrera !


Athletic, Athletic, eup !
Athletic, rojiblanco
para todos eres nuestro.
Te quiere el pueblo
porque naciste del pueblo.
Jóvenes rojiblancos
sobre el verde campo
modelo del pueblo vasco.

Difundamos todos
el alegre grito:
Athletic, Athletic,
¡ Eres grande !
¡ Arriba los jóvenes !

Athletic, Athletic,
fuerza del espíritu.

Madera del viejo roble
florecida de nuevo.

¡ Aupa muchachos !
¡ Adelante nuestros jóvenes !
Que Bilbao y Vizcaya entera
os ensalcen en el mundo.

¡ Aupa muchachos !
¡ Viva siempre Euskalerria !
Athletic rojiblanco
es nuestro.
¡ Vivan los jóvenes de Bilbao y Vizcaya !
¡ Adelante buenos vascos !

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