Decir NO

M.U Contrariamente a lo que pudiera esperarse en una sociedad tachada de egoísta e insolidaria, una de las mayores dificultades con que solemos encontrarnos es la de decir no, rechazar peticiones, negarnos a hacer lo que otros nos piden. Sea por temor al enfrentamiento, sea por no quedar en mal lugar; a menudo se nos hace cuesta arriba  contrariar a los otros resistiéndonos a sus exigencias. Admitimos  situaciones que nos disgustan, transigimos con ideas reñidas con nuestras convicciones, nos prestamos a hacer cosas que nos quitan tiempo o nos ocasionan molestias, y todo por no haber sabido decir “no” a tiempo.

Les sucede a los padres que toleran caprichos de sus hijos temiendo que de no hacerlo, perderán su afecto;  a amigos sometidos a la tiranía de otros amigos dispuestos a pedir favores continuamente; a jóvenes empujados al botellón o a fumar el primer cigarro por seguir la corriente impuesta por el grupo, a jefecillos trepadores e impresentables que tratan de imponer su criterio por encima de la realidad  sin base alguna, tan solo por demostrar su autoridad

Quien no sabe decir no, tarde o temprano se verá forzado a negarse de otras formas menos nobles, aplazando los compromisos sin fecha, inventando mentiras para escurrir  el bulto cuando ya está obligado a cumplir su palabra,  traicionando las promesas y defraudando a quienes confiaban en él.

Nuestras vidas están tejidas de afirmaciones y concesiones. Ser firme no esta reñido con ser flexible. Nos sorprenderíamos si supiésemos cuantas veces la gente espera un “no” por respuesta y somos nosotros los que, por miedo a su reacción, decimos “sí “ a desgana.

Procuramos ser serviciales , atentos, amables…Es una buena guía de conducta, siempre y cuando nuestra buena disposición no nos enfrente con nosotros mismos.

Tan importante como hacer concesiones es poner límites a la exigencia de los demás cuando esta se convierte en invasora. Cualquier persona normal ha vivido alguna vez la incómoda experiencia del arrepentimiento que sucede a un ”si ” forzado cuyas consecuencias resultan a la larga peores que la respuesta negativa.

Nuestra sociedad está viviendo tiempos difíciles. Este puede ser un buen momento para pronunciarnos.

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