La soledad del locutor de fondo

Carlos Bacigalupe. Lo cierto es que España no lo estaba haciendo bien frente a Holanda. Se jugaba la segunda parte del encuentro, primero del Mundial para la selección, y parecía que la cosa iba a terminar mal. Como sucedería luego. Poniendo voz a las imágenes, los enviados especiales trataban de explicar el desaguisado. Las voces se multiplicaban por mil, aunque quienes las proferían eran sólo seis. ¿Seis? ¿Seis locutores para narrar, juzgar y sentenciar un partido de fútbol en directo? Pues sí. Seis eran seis los hijos de Vasile.

Media docena de gritos irreflexivos, poniendo sonido a lo que la pantalla explicaba con claridad meridiana.

De repente me acordé de mí. Veintidós años transmitiendo partidos de fútbol, primero para la COPE y después para la SER, me facultaban para opinar con todo derecho. Y para recordar aquellas tardes eternas vividas en campos aciagos repletos de un público abrupto y hostil, enemigo del Athletic por la sola razón de maltratar al contrario. Tardes de domingo metido en una cabina, solo en mi soledad, de vez en cuando con la presencia de un técnico que asistía indiferente a cualquier fallo en las líneas telefónicas, achacando a la mesa central tamaño desafuero.

Dos horas y media cubiertas a puro huevo, sin otro auxilio que el de mi voz, cada minuto que transcurría más castigada. Porque, careciendo de cualquier ilustración que les permitiera saber qué estaba pasando en el estadio equis, los oyentes precisaban de descripciones precisas: cómo estaba el terreno de juego, el ambiente en los graderíos, las impresiones de los jugadores previas al comienzo del duelo, yo qué sé… Dos horas y media sin callar, cambiando los registros de mi parla por aquello de dotar a la narración del mejor color posible.

Luego estaba lo de la publicidad. ¡Ah!, la publicidad. Que también la cantaba yo, claro. Aprovechando un córner o cualquier parón en el juego, daba rienda suelta a la lista de anunciantes. “No se pierda la semana que empieza- ahora mi voz era propagandística y venal- la oferta que les presenta El Corte Inglés con `la baraja de la rebaja´. Cuénteselo a su señora y vayan juntos a beneficiarse de unos precios únicos”. Cuando la pelota se ponía otra vez en marcha, volvíamos a hablar en términos de balompié.

¡Seis tíos palpándose los genitales, disputándose el micrófono por cobrar unos minutos de protagonismo! Pobre Carlitos, gilipollas Carlitos que sufriste, solo en tu soledad, insultos, salivazos, agresiones y desprecios, nada más que por contar a la gente que sintonizaba tu emisora, con una elevada cuota de honradez, lo que allí estaba pasando.

A lo mejor en la próxima entrega confieso cómo me salvé de un linchamiento por no ser venezolano; cómo transmití un partido cómodamente instalado en la habitación de mi hotel cuya ventana daba al terreno de juego; y hasta cómo ligué- ¡inocentes 27 años!- gracias al Sestao. A lo mejor, ya digo.

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