Titulares que valen más que mil palabras

Daniel González. Cada vez que un periodista realiza una entrevista se enfrenta a un complicado dilema: encontrar la declaración perfecta para titular la información con ella. Si en el caso de los reportajes lograr ese ‘título de impacto’ es mucho más fácil –aunque requiere un buen tiempo de reflexión y descartar varias ideas-, en las entrevistas el periodista está condicionado. No puede crear el titular que más le guste, sino que el que se lo ofrece es el propio entrevistado a través de las respuestas. Esto hace que muchas veces el profesional se desespere al ver cómo su interlocutor sólo ofrece frases de poco peso, carentes de la contundencia con la que se debe titular uno de estos textos.

Pero hay ocasiones en las que la entrevista regala el premio gordo, esa frase que pasará a la historia para encumbrar o crucificar a quien la ha pronunciado. Nada más escucharla, el periodista siente esa descarga de adrenalina que le advierte que ha pescado una pieza inmejorable. Y esto sucede, en menor medida, en algunas ruedas de prensa o comparecencias públicas. Es el caso del presidente de Adegi, la asociación de empresarios de Gipuzkoa. Durante la presentación de la Encuesta de Coyuntura Económica de Adegi Pello Guibelalde abrió la caja de los truenos al asegurar que los jóvenes vascos “viven una vida muy cómoda, en unas familias en las cuales les damos de todo, y no tienen hambre”.

“Sinceramente, el primer problema lo tenemos en nuestras casas, no echemos la culpa a los demás, nuestros hijos viven demasiado bien, no tienen hambre, no tienen sed de hacer grandes esfuerzos, tienen garantizado el futuro”, se explayó el pasado dos de octubre. Y los periodistas presentes, conscientes del drama que supone el elevado paro juvenil, tomó buena nota de cada una de estas palabras. Guibelalde había regalado una bomba informativa extremadamente polémica, en un tema en el que los empresarios no son precisamente los más queridos, sobre todo ante las continuas acusaciones de los sindicatos sobre la precariedad de los contratos temporales juveniles, o del abuso de las prácticas no remuneradas y las becas.

Como es lógico, sus palabras fueron rápidamente contestadas. Y es que, al igual que una imagen vale más que mil palabras, el “viven una vida muy cómoda” sentó precedente. Para muchos jóvenes, y también los sindicatos, fue un bofetón contra el que se rebelaron. Porque un comentario de ese calibre, más propio de una sobremesa entre empresarios que están en confianza que de una comparecencia ante la prensa, prende como la pólvora. Guibelalde aprendió la lección a costa de ser crucificado, y el seis de octubre pedía perdón a través de un comunicado, reconociendo que la manera en que se expresó “no fue la más acertada”.

Su caso me recuerda a esos momentos en los que un micrófono abierto juega una mala pasada a algún político que, confiado, comenta con alguien lo que verdaderamente piensa. Y aunque equivocarse es de humanos, es muy difícil cerrar la puerta que abren declaraciones de este tipo. Al hilo de esta cuestión me vienen a la cabeza otras. En concreto la de Mónica Oriol, que como presidenta del Círculo de Empresarios creó otra polémica hace un año al confesar que a la hora de contratar prefiere “una mujer de más de 45 o de menos de 25, porque como se quede embarazada, nos encontramos con el problema”. De nuevo otro error garrafal al no darse cuenta de que ante la prensa no se pueden decir ciertas cosas.

Aunque, dado el caso, yo agradezco estos ejercicios de sinceridad, que muestran –o al menos eso parece- lo que de verdad piensa la persona que pronuncia una de estas frases. Porque hay ocasiones en las que detrás de uno de estos titulares ‘bomba’ se esconde una estrategia muy planificada o un intento de ofrecer una imagen concreta. Quiero citar las declaraciones del exalcalde vitoriano Javier Maroto sobre los inmigrantes durante una entrevista en la SER en julio de 2014, “algunas nacionalidades en nuestra ciudad viven principalmente de las ayudas sociales y no tienen ningún interés en trabajar o integrarse», que abrieron una fuerte polémica en Vitoria y le sirvieron para desarrollar una estrategia de cara a las elecciones que fue muy cuestionada desde diferentes ámbitos sociales. Y, sin retroceder tanto en el calendario, reconozco que no sé si aplaudir al consejero vasco de Empleo, Ángel Toña, por su contundente “un salario inferior a 1.000 euros es indigno” manifestado el 9 de octubre en un encuentro con jóvenes, o si por el contrario debo mostrar un absoluto recelo. Porque estas declaraciones de intenciones, viniendo de un político, pueden ser peligrosas si no se sostienen después con acciones concretas. En lo que queda de legislatura podremos comprobar si Toña pasa a la historia como un valiente por defender a capa y espada con acciones y propuestas esta frase, o por el contrario sólo fue una actuación de cara a la galería. Y será la opinión pública la que haga el examen.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s