Es Navidad

M.U. Estamos en días de nostalgia, de familia, de cariño, de sueños, de ilusiones y de fantasías. De soledad no elegida y de la necesidad de no sentirnos solos. Sé que es clave aprender a estar con nosotros mismos y saber también que la esperanza está presente siempre que creamos en ella.

Son fechas muy dolorosas para aquellas personas que han sufrido pérdidas, ya que la ausencia se hace, si cabe, más dolorosa. Sucede que, el escenario que montamos es propicio para la unión y, yo me pregunto: ¿Qué pensará la madre que ha perdido a un hijo cuando vea el anuncio de “ El Almendro” y la canción de “Vuelve a casa, vuelve por Navidad”?

Existen dos mundos, el de verdad y el de mentira. El de verdad esta guiado por los sentimientos y en él no hay cálculos interesados. Luego está el otro, en el que la sociedad nos empuja a vivir el mundo de la mentira, donde una sonrisa puede ocultar la autenticidad y las intenciones de las personas.

También este es el tiempo para los aduladores. Personas con sonrisa babosa y bobalicona que hacen de lo políticamente correcto todo un arte del cinismo y de la hipocresía. No es nueva esta especie de ser adulador y calculador, que convierte su existencia en un escenario de acción para el logro de sus objetivos. Tampoco les influye el sistema político del que se trate.

La gozan con los dictadores y mucho más con la democracia, por aquello de que las libertades dan más margen para acariciar… espaldas ajenas

La Navidad es una época en la que, a través del cuento y la fantasía nos planteamos  preguntas sin respuesta. Quizá en el fondo se trate de necesidades existenciales, como lo hacían nuestros antepasados. La Navidad, la esperanza, el saber que no estamos solos, el creer en un amigo incondicional.

Muchos dicen que son fechas de hipocresía y consumo. Todo esto también está en la Navidad, como en el resto del año. Pero, además, pienso que, si al menos una vez al año nos acordamos de los sentimientos nobles, no será poco para los tiempos que corren.

Me suena mal lo de… Feliz Navidad, en especial para las personas que han perdido sus trabajos, para los desahuciados de sus casas, para los que han perdido algún ser querido o que nos escuchan desde la cama de cualquier hospital. Ellos saben lo que es el mundo de la verdad. Y también de la mentira.

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