Nuestra Asociación de Periodistas, pionera en el medio ambiente y el calentamiento global

El acuerdo mundial (195 países) de París llega 20 años después

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El pasado sábado (12 de diciembre) en París se cerraba el acuerdo en la Cumbre del Clima, un acuerdo histórico –firmado por 195 países— por lo global y lo ambicioso del plan para luchar contra el cambio climático y la mejoría del medio ambiente, factores que esta nuestra Asociación de Periodistas Vascos lleva poniendo sobre la mesa desde los años 90 del siglo pasado (con Jornadas y comportamientos puntuales) y que motivó numerosas felicitaciones a nivel internacional por expertos y compañeros de la información.

A la iniciativa de esta nuestra Asociación se sumaron instituciones y asociaciones varias, principalmente la Diputación Foral de Bizkaia, la Universidad Vasca, la Sociedad Pública Ihobe, la Feria de Muestras con sus distintos y concurridos “Proma” y organizaciones como EcoProcura-Europa o Bakeaz (a través de una de sus líneas de investigación “Economía y Ecología”), sin olvidarnos de numerosos expertos y colegas de la profesión y de la comunicación, destacando Julen Rekondo, bien conocido por su crítica ambiental, que concluía en un destacado artículo a nivel internacional el acierto de aquellas jornadas que alentaban la mejora de la política vasca en este terreno.

Con estos movimientos y nuestra aportación como Asociación de Periodistas, denunciábamos un proceso que iba a trastornar por completo el clima. En nuestras jornadas se citaban con evidente claridad pruebas como que el siglo XX iba a ser el más caluroso del milenio, que los años 90 los más tórridos del siglo, y 1995 una incongruencia meteorológica superando todos los records.  De aquellas denuncias y otras en todo el planeta hemos llegado a cumbres como la de París de la que se espera mucho con  nuevas interrogaciones, como veremos.

LO MAS CERCANO, EL GRAN BILBAO

Lógicamente, como periodistas, la cercanía –junto a la actualidad— fue siempre lo que más nos interesó y por eso se subrayaba el hecho de que el área metropolitana de Bilbao, en la que vive casi la mitad de la población de Euskadi, era un conglomerado urbano que se había configurado históricamente como un espacio que acogía una de las concentraciones energético-industriales-infraestructurales más densas de Europa Occidental. Se reflexionaba sobre el hecho de que el Gran Bilbao era una de las áreas metropolitanas europeas donde la actuación antrópica había tenido efectos más contundentes y (casi) irreversibles desde los inicios de la industrialización a gran escala de finales del siglo XIX.

 Éramos conscientes también de que sin la conciencia ecológica personal y sobre todo la institucional no se respetaría el medio ambiente y para ello comprometíamos a distintas sociedades públicas y políticos a que se definieran y tomaran decisiones en beneficio de todos. Nuestro “catecismo” se iniciaba con la historia de este proceso de mentalización a nivel mundial, cuando el 22 de abril de 1970 (con la primera edición del Día de la Tierra), surgía el movimiento ecologista con este eslogan: “¿Quién dice que usted no puede cambiar el mundo?”. Hubo otras celebraciones posteriores, todas ellas movidas por el temor y la esperanza. Temores bien conocidos: el calentamiento global del planeta, la lluvia ácida, la desertificación, la destrucción de los bosques, la acumulación de residuos, la escasez de agua, la sobre población, algunas de las amenazas que siempre han oscurecido el futuro de la Tierra.

Desde aquel abril de 1970 (años difíciles y sometidos todavía a una dictadura) hubo denuncias claras en los periódicos y emisoras de radio, porque los periodistas sabíamos, al menos los vascos, que teníamos una misión vicaria en favor de ese medio ambiente y el derecho a disfrutar de él, la que años después veríamos en el texto de la Constitución Española de 1978 primero (artículo 45) y la decisión del fiscal general del estado después (1990) que, entre otras cosas, señalaba a sus colegas una primera forma de actuar: “Bastará con que en un periódico, en radio o en televisión se denuncien infracciones contra el medio ambiente para que el fiscal se ponga en movimiento”. Lo cierto es que tuvimos que seguir denunciando porque la voluntad de aquel fiscal no la cumplieron en muchos casos otros compañeros de las fiscalías. Lo que nos obligó  recordar en nuestras Jornadas una lindeza con la que Quevedo obsequiaba a Góngora: “Racionero dicen que eres, / mas yo irracional te veo”.

RECORDANDO NUESTRAS JORNADAS DE 2003

Nuestras reconocidas Jornadas de Medio Ambiente y nuestra aportaciones a cuantas iniciativas surgieron en torno a estos temas, adquirieron más valor con el avance de los años. Vamos a citar una concreta: El 7 de abril de 2003 (hace ahora más de doce años) un misil alcanzaba en Bagdad a nuestro compañero Julio Anguita Parrado cuando cumplía con su deber informativo, y al día siguiente abríamos las VII Jornadas sobre Medio Ambiente organizadas por nuestra Asociación de Periodistas Vascos, reconociendo la prensa internacional nuestra labor de pioneros en la información y formación de esta materia porque junto con la Diputación de Bizkaia y en ocasiones con el Gobierno Vasco llevábamos desde los años 90 organizando encuentros entre los mejores especialistas de la ecología y el medio ambiente…

Se decía entonces lo mismo que ahora, que conservar el medio ambiente vale mucho dinero: un desembolso inicial de 150.000 millones de dólares, lo que era una sexta parte de los presupuestos militares en el mundo, que ascendían a 900.000 millones de dólares. Estaba claro que no podíamos esperar tranquilamente nuestra propia extinción, alguien estaba obligado a denunciarlo y advertirlo permanentemente y esa tarea supimos que nos correspondía, cuando menos, a los periodistas. Entendimos que el periodista es el mensajero, el mediador, el enlace y el vínculo. Gracias al periodista nada de lo que existe en el planeta le debe de ser extraño. Ni lo mejor ni lo peor, La mayor parte del tiempo, lo peor y eso nos hace creer firmemente en que no hay profesión que ofrezca más variedad y más atractivo en la vida.

DECLARACION SOBRE EL DERECHO AL MEDIO AMBIENTE

Así lo entendimos siempre los periodistas vascos y precisamente en febrero de 1999, coincidiendo con el Seminario Internacional sobre el Derecho al Medio Ambiente, celebrado en Bilbao,  la Asociación de Periodistas se adhirió a la Declaración de Bizkaia sobre el Derecho al Medio Ambiente, declaración que firmaron junto a la Diputación Foral, el Instituto Vasco de Administración Pública, el Etxea-Centro UNESCO Euskal Herria y el Instituto Pedro Arrupe de Derechos Humanos de la Universidad de Deusto, con el auspicio de UNESCO y del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

En aquella ocasión mis palabras fueron estas: “Transmito el deseo de todos mis compañeros de profesión y estoy representando a otros muchos profesionales que ya no están en activo y que dedicaron su vida a informar y, por tanto, a denunciar y crear opinión sobre todo aquello que degradaba o dañaba el medio ambiente, y lo hicieron en épocas mucho más difíciles, en las que no existía la libertad de la que ahora gozamos, y en las que no se producía esta unanimidad y sentimiento de defensa de los medios naturales que ahora se detecta en toda nuestra sociedad vasca. Diría más, creo que gracias a aquella valiente y veraz información ambiental del pasado se inició en Bizkaia una opinión pública y una concienciación práctica y activa que permitió que se iniciara y potenciara una preocupación en toda nuestra sociedad que se ha sabido concretar en este hecho histórico y universal, la Declaración del Derecho, con la que nos identificamos completa y naturalmente, una voluntad de hoy (1999) dirigida al mañana”

ELOGIO A LOS BASERRITARAS Y ARRANTZALES

Después de tener unas palabras de elogio hacia la labor de los baserritarras y arrantzales vascos por su permanente defensa del medio natural vasco, más adelante, añadía: “Los periodistas no sólo compartimos y suscribimos la Declaración sino que basta con leer esa misma Declaración para percatarnos de que el reclamo, la exigencia y la palabra más repetida en su texto, además, como es obvio, de las de derecho y medio ambiente, es la de INFORMACIÓN. Incluso hay un considerando previo que va dedicado a ella en exclusiva: “no se puede ejercer el derecho al medio ambiente si no se dispone de información en cantidad y calidad suficiente”.

Y en todo el articulado posterior, está implícito otro derecho gracias al cual los periodistas trabajamos todos los días: el Derecho a la Información en libertad. Así, el artículo 4º exige el reconocimiento de los derechos de participación, acceso a la información y a ser o estar informados. Y tiene, por tanto, el valor reconocido de la transparencia, algo tan propio y necesitado en el derecho específico de la Información. Y en el artículo segundo de esta misma Declaración de Bizkaia, estamos también directamente aludidos por el deber de proteger el medio ambiente y de fomentar su protección.

INFORMACION LIBRE Y VERAZ BASADA EN HECHOS

Los que trabajamos y amamos la profesión periodística somos conscientes, por tanto, de la necesidad de apoyo y defensa de este Derecho sobre el Medio Ambiente, así como de todos los Derechos Humanos, y somos conscientes (y así lo manifestamos) de que todos esos Derechos Humanos necesitan de un denominador común: la información veraz basada en los hechos. Por eso, asumimos ese compromiso. Porque de nada serviría si nos limitáramos a recoger proclamas ecologistas o declaraciones de buenas intenciones en favor del medio ambiente si ellas estuvieran alejadas de la responsabilidad de la información, de la transmisión objetiva y diaria de los hechos reales en favor del medio natural, es decir, de la tierra que pisamos y respiramos, y de todo cuanto hay en ella.

TODO COMENZO CON LA ADVVERTENCIA DE DARWIN

De todas aquellas jornadas dedicadas al Medio Ambiente a la que asistían numerosos especialistas en el tema, políticos, periodistas e incluso estudiantes de periodismo, he señalado las séptimas porque hicimos un canto y homenaje especial a quienes iniciaron hace muchos años lo que ahora se acogido con esperanzador y dudoso éxito en París. Recordamos, ¡cómo no!, al naturalista inglés Charles Darwin (1809-1882), autor de “El Origen de las especies”, que cuando todavía no se tenía conciencia (no se tuvo hasta 1972) ni del concepto ni del valor del medio ambiente, nos advertía de que “si sobrevive nuestra cultura democrática, la tarea de la ciencia y de la sociedad será definir la naturaleza y en ella y con ella la condición y la posición que ha de dársele a las personas, al hombre”.

Darwin temía lo peor, temía aquello que denunciaba no hace mucho un indígena de ese primer pulmón de la tierra, la Amazonia: “Cuando sea derribado el último árbol, cuando el último río sea envenenado, cuando el último pez sea capturado, solamente entonces nos daremos cuenta que no se puede comer dinero”. Y en palabras de Gandhi: “La tierra satisface las necesidades de todos, pero no la voracidad de los consumistas”. Esa voracidad, ese egoísmo de unos pocos puede acabar con la naturaleza de todos, incluidos ellos mismos, que son quienes, aparte de todo, demuestran una mayor ignorancia o desconocimiento. Nada comprenden. Y esa es la clave en esto de la concienciación y defensa del medio ambiente: comprender…, comprender para actuar.

EL FUTURO CULMINANTE DE LA VIDA

Algo que también se adelantó en aquel revelador siglo XIX de Darwin y lo hizo un filósofo español hecho en Estados Unidos, Santayana (1863-1952): “El punto culminante de la vida –señaló- es la comprensión de la vida” y fuimos conscientes desde el primer momento de nuestra función vicaria como periodistas, de intermediarios entre lo que ocurre y el público receptor al que dábamos a conocer lo que estaba pasando.  Y nada de eso será posible si no nace de un compromiso individual… La comprensión de la vida y de lo que le perjudica o daña. Y comprendiendo la vida resulta una barbaridad y un asesinato o un suicidio atentar contra ella. Porque si atentamos contra ella, los seres humanos podemos llegar a convertirnos en el principal agente de deterioro ambiental y, al mismo tiempo, en las principales víctimas de ese problema. Eso es lo que nos alarma a todos, y para que eso no suceda o para que todos puedan comprender que eso no puede suceder hace falta, lo primero, información, contar lo que realmente ocurre. Informar, informar, informar…

Continuábamos nuestra intervención, diciendo: “Voy a demostrar esta necesidad de defensa del medio ambiente, que es la que nos animaba como Asociación profesional de periodistas a celebrar cada año jornadas como aquellas, tratando de demostrar la necesidad de informar o la importancia de la información refiriéndome a dos características esenciales de la información: la actualidad y la cercanía o proximidad”.

AQUEL AÑO DE 2003 Y SUS NOTICIAS ALARMANTES

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De la actualidad, decía en aquel año 2003, fijaros en las últimas grandes noticias: El chapapote del petrolero (Prestige) que ha contaminado toda la costa gallega y del Cantábrico o Golfo de Bizkaia, ocasionando destrozos irreparables durante muchos años; hecho que por otra parte ha demostrado la sensibilidad solidaria de nuestra sociedad más cercana, principalmente de los jóvenes.

Otra grandísima noticia de entonces: El virus de la neumonía que se extiende por el mundo desde China, una población que se abastece en un 80% de agua contaminada por pesticidas y partículas de residuos industriales y urbanos. China era entonces (y sigue siéndolo ahora) ejemplo típico de las Siete Plagas bíblicas, aquellas que arrasaron al poderoso Egipto. En China, el país más poblado de la tierra, el desierto devora cada año 2.100 kilómetros cuadrados, y obliga a desplazarse a millones de personas. Y sin irnos tan lejos, recordaba entonces que Bilbao acaba de sufrir la contaminación del agua durante varios días, lo que alarmó, indignó y perjudicó a toda la población.

Y la tercera gran noticia a la que hacía referencia llenaba toda la actualidad de entonces: la Guerra de Irak. “Os preguntaréis –decíamos- si una guerra influye o no en el terreno natural, en el medio ambiente. Pues sí, está demostrado que existe lo que se ha llamado la “contaminación bélica”. Las guerras y su preparación son una de las fuentes mayores de contaminación de la biosfera. Además, el instinto cainita que anida en la especie humana, es fuente para ella de pérdidas irreparables en vidas y mutilaciones humanas, como los horrores y efectos de la aplicación de armas químicas, y queda, además, el enorme problema de dónde guardar peligrosísimas sustancias que no pueden destruirse una vez utilizadas o sin utilizar, como son esas malditas bombas antipersonas. En un reciente viaje a la antigua Yugoslavia pude comprobar que hay numerosas zonas y campos donde está prohibido circular por temor a esas bombas. Guerras que hoy siguen extendiéndose por el mundo con bombas por la noche y tiritas por la mañana, hasta el punto de que a la muerte de civiles se les llama “efectos colaterales”, será –digo yo— por la cola de odio y rencor reales que trae cada acción de estas.

TRES FRASES (RAZONES)  MUY SIGNIFICATIVAS

Al inaugurar aquellas séptimas jornadas de Medio Ambiente, recordábamos tres frases que sintetizaban todo cuanto hablamos en aquellos días: Una, “Todas las prácticas humanas y los saberes se deben redimensionar a partir de la ecología y aportar su contribución específica en la salvaguarda de lo creado”.  Dos: Hace relativamente pocos años se decía en este país que el medio ambiente y el desarrollo eran incompatibles y que el medio ambiente era igual a hambre y paro. Pues bien, hoy ya no hay ninguna duda de que el medio ambiente va a ser (está siendo ya) el motor de la generación de empleo para millones de europeos en paro. Y tres, una frase de un rector de Universidad española que justificaba aquellas jornadas de periodistas con expertos en medio ambiente: “Hoy, ninguna síntesis cultural podrá abrirse paso en el futuro sin la concurrencia de los medios de comunicación… Pero el interés periodístico de los acontecimientos debe enraizarse y progresar en el interés real de los expertos, de los especialistas”.

Por esas tres razones, en esas tres frases, sintetizábamos y proponíamos cada año jornadas como esas, para que en un tema tan trascendental como es el del Medio Ambiente, pudiéramos hacer interesante lo importante, pudiéramos poner de moda la verdad, e introducir en el ruido cotidiano (tan en boga entonces eso del ruido) una reflexión pausada de los que dedican su vida a la investigación o al estudio o a la toma de decisiones políticas, y que son en este caso quienes van a intervenir con sus ponencias en estas jornadas.

PARIS, ¿BIEN VALE… UN ACUERDO HISTÓRICO?

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Una de las protestas mundiales contra el cambio climático (Foto: Reuters)

De aquel “París bien vale una misa” del siglo XVI, hemos pasado a este del XXI de “París bien vale un acuerdo mundial”, histórico y ejemplar, como lo han calificado algunos dirigentes políticos. Sin embargo, hay algunas dudas al respecto. El que mejor ha definido en pocas palabras la suerte de este acuerdo ha sido, a nuestro entender, el escritor británico y fundador de “La Tierra es nuestra”, George Monbiot, en su columna semanal en “The Guardian”, quien ha dicho: “este acuerdo es, en comparación con lo que podía haber sido, un milagro; en comparación con lo que debía haber sido, un desastre”. Y es que a pesar de los avances y de su compromiso (por ejemplo la revisión cada cinco años) hay aspectos que han quedado rebajados y diluidos, como que las reducciones de emisiones no serán vinculantes. Y lo que es peor: cada país ha propuesto sus propios compromisos pero no tienen obligación legal de cumplirlos ni habrá sanciones si no lo hacen. Al final, las reducciones de emisiones dependerán exclusivamente de la voluntad de cada país.  Eso sin contar otra redacción nada clara como la de no especificar cuándo deben hacerlo, solo que debe ser “lo antes posible”, y que los países desarrollados deben hacerlo antes…

 Bien vale desde luego el tema y la decisión para dedicarle otro comentario, con el permiso de vosotros, queridos colegas periodistas. Hasta entonces, termino con unas líneas de un maestro de la literatura, Eduardo Galeano (1940-2015), en un artículo titulado: “SOS, terrorismo ambiental”. Y que termina así: La belleza es bella si se puede vender y la justicia es justa si se puede comprar. El planeta está siendo asesinado por los modelos de vida, como nos paralizan las máquinas inventadas para acelerar el movimiento y nos aíslan las ciudades nacidas para el encuentro (…) Esas lucecitas de la noche, ¿nos están espiando? Las estrellas tiemblan de estupor y de miedo. Ellas no consiguen entender cómo sigue dando vueltas, todavía vivo, este mundo nuestro, tan fervorosamente dedicado a su propia aniquilación. Y se estremecen de susto, porque han visto que ya este mundo anda invadiendo otros astros del cielo”.

                                   José Manuel Alonso

Expresidente de la AVP-EKE

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