En ‘Román Paladino’

Quiero hacer una prosa en ‘Román Paladino’,

en el cual suele el pueblo hablar a su vecino.

( Gonzalo de Berceo, finales del siglo XI)

Carlos Bacigalupe. Así que nuestro político se dirigió a los medios de comunicación, haciendo gala de unos conocimientos idiomáticos que, seguro, causarían sensación entre plumillas y alcachoferos. Un experimentado miembro del partido, bregado en peleas parlamentarias libradas en pasadas legislaturas, le había instruido en los rudimentos del discurso. Estaba seguro y sonriente. No es que su formación académica fuera brillante, ni siquiera suficiente lo era, pero su amor al pueblo y su deseo de estar a su servicio lo podían todo. Por eso estaba ahí. Se iban a enterar. Y comenzó. Y siguió. Y terminó en medio de la indiferencia general, convertido su parloteo en unos cortes sonoros o visuales. Veamos.

“Afrontamos el futuro inmediato con la hoja de ruta más que perceptible, de modo que, según sus directrices, sabemos dónde están las líneas rojas a las que llegar. Escribiremos negro sobre blanco el porvenir próspero de este país, al margen la patulea que discrepe de nuestro programa. Sé que con este proceder a muchos se les caerán los palos del sombrajo, pero no me importa sabido la que está cayendo. Nuestro protocolo, que deviene de un argumentarlo cristalino, obligará a que el resto busque su interlocutor válido. No será suficiente. Es preciso aclarar si los que tenemos delante son enemigos o contrincantes, si quienes discrepen merecen de nuestra parte merecen una zasca ejemplar. Así que, ya lo advierto, pondremos en valor las actitudes de toda esa gente, no sea que nos veamos obligados a establecer un cordón sanitario de consecuencias ahora mismo imprevisibles. Estén con nosotros sí o sí, o, como dijo Concha Piquer, velis nolis. ¡Ah!, y nada de puertas giratorias. Esto es todo. Creo que he hablado muy claro, señoras y señores”.

Cuando micrófonos y bolígrafos comenzaron a guardarse, cuando plumillas y alcachoferos estaban a punto de regresar a la redacción para dar curso informativo a semejante declaración de principios, pudo oírse una voz procedente de los alrededores. Correspondía a un hombre normal, vestido normalmente, que quería decir algo. Y lo dijo:

“Habla en ‘Román Paladino’, coño, que no te entiende ni Dios”.

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