Conciliando en masculino

Aunque el 92,30% de quienes pidieron en 2015 en Euskadi una reducción de jornada para cuidar a hijos eran mujeres, algo está cambiando. Así lo corroboran Ritxar, Edu y Mikel, hombres que han optado por la conciliación familiar laboral

Un reportaje de Nekane Lauzirika para DEIA

 

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Mikel Mujika, con su pequeño Beñat de 2 años. (M.J.)

 

ANIMARÍA a los hombres a que salieran del armario y conciliaran su vida laboral y familiar porque la crianza de los hijos e hijas es un espacio privilegiado para aprender de la vida; algo irrepetible que pasa sin darte cuenta y hay que aprovechar al máximo”, sostiene por experiencia propia Ritxar Bacete, autónomo de 43 años. Trabajador social, antropólogo, máster en estudios feministas y de género, este gasteiztarra decidió junto a su pareja Paloma cambiar el rol que la sociedad asigna a los varones y ser él quien se ocupara con más habituidad de Naia, de 4 años, y Alain, de 20 meses.

DIARIO DE NOTICIAS UNC=[17906106] Ritxar Bacete

Ritxar llevando al cole a Naia, de 4 años y Alain, de 20 meses.

 

Conciliar no significa trabajar menos, sino de otra manera e intentar cambiar estructuras, lo que requiere de un debate continúo. “Como autónomo, al ser mi propio jefe tengo la ventaja de poder organizar mis jornadas, pero también muchos inconvenientes, porque termino trabajando a altas horas de la noche. Es una locura” comenta, satisfecho de su decisión. “Hoy en día, la mayoría de los padres deseamos pasar más tiempo con nuestros vástagos, sin embargo la conciliación pese a estar en debate tras la proclamación del Plan Concilia y la Ley de Igualdad apenas encuentra sitio en el mundo empresarial español, preferentemente masculino”.

A la hora de elegir una empresa para trabajar, lo que más valoran los trabajadores, por encima del salario, es la posibilidad de conciliar su vida laboral y familiar.

“Cada vez somos más los hombres que queremos estar presentes y con calidad en la crianza de los hijos, una opción que solo tiene ventajas. Vivimos en una sociedad que no se reproduce a sí misma. Euskadi es país de viejos. Si seguimos en esta línea desapareceremos como colectividad. La implicación de los varones en la crianza, que trabajáramos a tiempo parcial o tomáramos los permisos por nacimiento o adopción facilitaría a las mujeres reproducirse” indica el antropólogo, quien reconoce que las ayudas desde los gobiernos para estas políticas sociales son puramente simbólicas y no determinan la opción de conciliar.

En el tema de la conciliación, Ritxar tiene la percepción de que algo está cambiando. “Me he tomado muchos cafés con hombres que me reconocen su preocupación por no poder pasar más tiempo con sus criaturas. Hay un cambio cultural latente y diría que hasta expectante; la mayoría tendría la voluntad de reducir su jornada, pero se necesitan cambios profundos desde la Administración, la empresa y los sindicatos”, apunta.

TRABAJADORES MÁS EFICACES

Considera que es mucho más productivo un padre que pueda armonizar su vida reproductiva con la laboral. “Son trabajadores más eficaces, más leales a la cultura de su empresa, además de mejores personas. A diferencia de los países nórdicos, aquí aún no hemos llegado a entenderlo. La sociedad, en este tema de la conciliación, camina por delante de las administraciones que va retrasada respecto a las necesidades reales de las demandas de los padres y madres”.

Para Ritxar, la conciliación familiar y laboral solo aporta ventajas “a favor del empoderamiento de las mujeres, en el desarrollo de las competencias emocionales de las criaturas. Porque eso de quehombre que plancha, mujer ingeniera lleva razón. Además, entre los hombres que cuidan a sus hijos existe menos violencia machista. Por otro lado, los varones que reducen sus jornadas viven más años que el resto, porque al mismo tiempo que enseñan a sus hijos e hijas aprenden a cuidarse, dejan de fumar…”, enumera sonriente Ritxar. “Con la conciliación masculina todos ganamos”, sentencia.

¿UNA TRAMPA PARA LA MUJER?

En 2003 cuando la conciliación no figuraba en la agenda política, el gasteiztarra Edu Ongiz, de 42 años, solicitó la reducción de jornada para poder estar más tiempo con su hijo Unai. Lo mismo hizo con Ibon, de 9 años y Manex de 5. Cuando nació el mayor trabajaba en una ONG, a continuación en un euskaltegi y luego empezó en la Diputación Foral de Araba como técnico de Igualdad. Actualmente al igual que su mujer Nerea trabaja a media jornada. “Porque es cierto que la conciliación puede convertirse en una carga para las mujeres. Mayoritariamente son ellas las que reducen sus jornadas. Por suerte nosotros nos lo pudimos permitir, pero hay parejas que aunque quisieran no se lo pueden permitir porque las ayudas que percibes por trabajar a tiempo parcial son todavía muy bajas”.

Consciente de que el mundo laboral penaliza la maternidad y que las mujeres por el hecho de serlo tienen más trabas al acceder a él, reconoce que su decisión de conciliar, compartida con Nerea, le enriqueció como persona. “A los hombres les diría que hay otras muchas cosas aparte de la producción y del trabajo. La implicación de muchos varones con el trabajo es enfermiza” apostilla Edu, al tiempo que recalca que el sistema no facilita, sino que “pone trabas a la paternidad responsable”.

Edu asegura que la crianza de los hijos tampoco se puede vender como la panacea. “Tiene sus pros y contras, pero cuando tomas la decisión de ser padre y asumes sus consecuencias y la responsabilidad, el disfrute y la complicidad son fantásticos”.

En teoría casi todas las medidas de conciliación recogidas en el Estatuto de los Trabajadores pueden beneficiar tanto a hombres como a mujeres, pero en la práctica están pensadas para las féminas. Ellas asumen el 94% de las excedencias por cuidado de hijos y el 25% de las mujeres reduce su jornada laboral para cuidarlos, mientras que solo lo hace el 3,4% de los hombres. “El mercado laboral es machista”, apunta Edu. “Es ilegal despedir a una mujer embarazada o preguntar en una entrevista de trabajo si se tiene la intención de tener hijos pero estas medidas de protección son más efectistas que eficaces”.

“Los empresarios saben que es probable que una mujer interrumpa su carrera profesional en algún momento para atender a sus hijos u otros familiares, por lo que optan por contratar a hombres, que casi nunca lo hacen”, reflexiona. “Por otro lado, como ellos tienen una remuneración más alta, las parejas suelen decidir que sea la mujer la que deje de trabajar para cuidar a sus descendientes si es necesario. Las trabas siguen siendo para las mujeres. Hay muchos convenios que parece que son equitativos porque dicen ser igualitarios, pero promocionan las trayectorias ininterrumpidas; lo que excluye a las mujeres que han sido madres. Forma parte de nuestra realidad, porque el mercado es capitalista y patriarcal. Es la pescadilla que se muerde la cola”.

SIN REFERENTES SOCIALES

Para Edu Portilla faltan referentes políticos, sociales, deportivos, económicos. Está en lo cierto porque resulta misión imposible ver a un político que se haya cogido el permiso de paternidad o haya reducido su jornada para estar con sus hijos e hijas. “En los grandes medios esto no se valora ; lo que cuenta es la economía, el dinero que mueve el mundo, las relaciones de poder, los contratos multimillonarios. Una reducción de jornada para atender a un niño es de tal nimiedad para el sistema capitalista que no se valora, no se visibiliza”, dice Edu.

EDUARDOEdu, con su pareja Nerea y sus vástagos Unai, Ibon y Manex. Foto: E. G.

 

Al círculo vicioso de que recaiga casi siempre en ellas la conciliación contribuye especialmente la diferencia de duración del permiso de maternidad y de paternidad: el primero dura 132 días y el segundo 13. “La eliminación de esta discriminación por razón de sexo, como defiende la Plataforma por Permisos Iguales e Intransferibles de Nacimiento y Adopción (PpiiNA), sería una medida efectiva para combatir la discriminación de las mujeres en el mercado de trabajo, ya que se normalizaría la idea de que todas las personas -hombres y mujeres- tienen que compatibilizar su empleo en el cuidado de menores y personas dependientes. Urge que los permisos sean iguales en padres y madres para estar en paridad de condiciones en el ámbito doméstico y público. En los países que lo tienen, la implicación de los padres ha crecido muchísimo”, explica Edu.

Una opinión compartida tanto por el antropólogo Ritxar Bacete como por el periodista guipuzcoano Mikel Mujica, que a sus 41 años lleva tres y medio con reducción de jornada para atender y disfrutar de su hija Naia, de 5 años, y de Beñat, de 2 años.

“La conciliación familiar es mucho más que cuidar a los hijos. Es hacerte cargo también del trabajo de la casa, de esa interminable lista de ocupaciones invisibles para el sistema económico y que no se consideran tan valiosas como los empleos remunerados. Poner lavadoras, cambiar pañales, lavar, llevar a los niños a clase, traerlos, limpiar, cocinar… y un largo etcétera conocido por todas las mujeres”, recuerda Mujika.

CARRERAS DE RELEVOS

En su caso no tuvo la menor duda de que tenía que ser él quien redujera su jornada. “La decisión fue conjunta y muy sencilla de tomar: mi mujer, que es ingeniera, tiene unas mejores condiciones laborales que las mías y también sus horarios son más racionales que los de un periodista; cuando tomé la decisión trabajaba también los fines de semana e íbamos a contrapié. Nos hubiéramos podido arreglar a costa de dejar gran parte del cuidado de los niños a las abuelas, pero era algo que ni siquiera se nos pasó por la cabeza”, reconoce Mikel, que trabaja en Donostia, pero vive en Ormaiztegi, a 50 kilómetros de la capital guipuzcoana.

Para Mikel haber reducido su jornada laboral es una de las mejores decisiones que ha tomado en su vida. Y es que cuando llegaba de la redacción a casa los niños estaban acostados y su mujer a punto de hacerlo. “Era como una carrera de relevos; nos solapábamos. No teníamos tiempo para compartir nuestra inquietudes; nos resultaba muy complicado organizar la casa y en escasísimas ocasiones podíamos estar los dos con los críos”.

La prioridad de Mikel y su mujer consistía en llegar para recoger a los pequeños. “Era un sinvivir que además nos estaba desgastando como pareja” apunta, al tiempo que reconoce que al principio algunos amigos de Beasain, su localidad natal, le vacilaban con un quiero vivir como tú. Entonces se daba cuenta de que su decisión no era lo habitual. “A mí lo que realmente me choca es que haya tan pocos hombres en mi situación, aunque en Beasain somos varios los que conciliamos y, sin falsa modestia, creo que estoy sirviendo de referente para algunos otros que tenían la intención de hacerlo pero no se atrevían a dar el paso. No sé porqué los hombres tienen reticencias a ejercer la paternidad”.

¿IMPRESCINDIBLES?

Mikel estuvo mucho tiempo pensando que su profesión le impedía conciliar. “Pensaba que en periodismo era imposible, al margen del género. Y es que las personas seguimos pensando que somos imprescindibles y que tendrá un coste o estará mal visto. Yo percibo que hay hombres que piensan que si se cogen la reducción de jornada su empresa lo verá mal. De hecho conozco a alguno que ha renunciado a los 15 días de paternidad porque tienen mucha responsabilidad en su trabajo, cosa que para mí es inadmisible. Mi mujer tiene un puesto relevante y se ha acogido a la reducción y no ha pasado nada; las empresas siguen para adelante; me choca que haya gente que se crea imprescindible”.

Considera que la igualdad de permisos fomentaría un cambio de los roles de género que libraría a los hombres del papel de sustentadores económicos exclusivos de la familia. “Los permisos iguales e intransferibles beneficiarían tanto a mujeres como a hombres” sostiene Mikel, quien también echa en falta referencias masculinas para visibilizar la conciliación.

Pero la modificación de los permisos no es suficiente para finiquitar la división sexual del trabajo. La corresponsabilidad entre hombres y mujeres en el reparto del trabajo doméstico no puede imponerse por ley, sino que precisa de un profundo cambio cultural. “Mientras este se produce hay que socializar una parte importante del trabajo de atención, con la construcción de un sistema público de atención a la infancia, como guarderías y servicios públicos. Esto favorecería de inmediato una mayor igualdad de género en el mundo laboral. Hay que pasar de la conciliación a la socialización de las tareas de cuidados”, sentencia Mikel.

Conciliar se empieza a conjugar también en masculino.

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