“The New Yorker” busca ‘risas’ entre sus lectores con el Philogelos, un libro de chistes de 1.800 años

Philogelos

 Portada del libro Philogelos (El chistoso). Ediciones Clásicas.

 

Nekane Vado.  Philogelos –amante de la risa- es un libro recopilatorio de chistes que tiene la friolera de casi 1.800 años. Data del siglo IV, está escrito en griego y se atribuye su autoría a Hierocles y Filario de quienes se sabe muy poco. Debido a que en el chiste 62 se menciona la celebración de los mil años de Roma, quizá la recopilación date de una fecha posterior a este suceso, 248 dC. Aunque estamos ante la colección de chistes más antigua conservada, se sabe de otras anteriores: Ateneo cuenta que Filipo II de Macedonia pagó para que un Club Social de Atenas escribiese los chistes de sus miembros y a principios del siglo II aC. Plauto puso por dos veces a un personaje a mencionar libros de chistes. La recopilación contiene 265 chistes, categorizados por temas tales como profesores y alumnos, o intelectuales y tontos.

La revista norteamericana “The New Yorker” realizó una curiosa campaña a la que llamó “buscando risas nuevas para chistes viejos”, donde pedía a sus lectores que puntuaran los chistes recopilados en el Philogelos. Uno de los más votados fue:

Peluquera: -¿Cómo le corto el pelo, señor?

Señor: – En silencio.

LAS VIEJAS SONRISAS.

Para entender la comunicación de las viejas sonrisas, qué mejor de  ver cuatro ejemplos:

  • Para ahorrarse unos dracmas, un hombre enseñaba a su burro a no comer. Cuando el animal murió de hambre, el hombre se lamentaba: “¡Qué mala suerte! Justo cuando había aprendido a no comer, va y se me muere”.
  • Le preguntan a un profesor incompetente cómo se llama la madre de Príamo. Este responde: “Llamadla señora”.
  • Un hombre va a ver a un adivino y le pregunta sobre su familia. El adivino contesta: “Todos están bien, sobre todo tu padre”. El hombre aclara que su padre llevaba diez años muerto. El adivino replica: “No tienes ni idea de quién es tu verdadero padre”.
  • Un hombre soñó que había pisado un clavo y al despertar se puso una venda. Cuando un amigo le preguntó el porqué de la venda y conoció el motivo, dijo: “¡Eso te pasa por acostarte sin zapatos, hombre!”.

Dicen que la risa va por barrios, aunque en esta ocasión más bien camina por los siglos. Con esta interesante recopilación de chistes, que no deja de ser un modelo informativo de época, podemos llegar a conocer, tras su análisis, las distintas facetas comunicativas que resaltaban en una sociedad de hace casi dos mil años, casi nada.

 

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