Grandes ‘encuentros’ vividos con Rafa Iriondo

Tres finales de Copa, con victoria; un ascenso, con un Mundial…

            Iriondo se nos fue el pasado 24 de febrero. Este adiós a este personaje se me agranda y, por mi parte, no puede ser de olvido pese a la distancia de espacio y tiempo, espacio y tiempo pasados, sí, pero nunca huidos ni olvidados. Por eso agradezco a “Kazetariak” la oportunidad que me da de revivir grandes encuentros junto a esta figura del fútbol, encuentros míos, de niño primero y de periodista después, pero también y sobre todo suyos, de jugador, entrenador y personaje humano, tan genuino como perspicaz. Cierto que mi sinceridad de entonces y de ahora surge de unos hechos objetivos pero también de un estado de opinión y que, por tanto, es el lector, con  su despreocupada inteligencia, el que establecerá su propia opinión sobre el protagonista.

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97 AÑOS REPLETOS DE SABIDURÍA FUTBOLÍSTICA

            Rafael Iriondo Aurtenetxea fallecía a los 97 años (24-X-1918 / 24-II-2016) junto a su muy extensa y querida familia de ocho hijos y numerosos nietos y biznietos en la que abundó el amor al deporte, especialmente al fútbol y la pelota vasca. Nuestro Rafa Iriondo de toda la vida coincidió conmigo en varios encuentros importantes, además de otros que parece que lo fueron menos y sólo lo parecen porque este extraordinario jugador, aclamado entrenador y  grandísima persona se comportaba siempre como un hombre sereno, de palabras justas y acertadas. Para que veamos el tipo humano que era, su esposa aseguraba hace unos años que “no le gustaba que fueran las mujeres al fútbol por los improperios que decía la gente cuando se hacía algo mal”. Además de otras buenas consideraciones, siempre fue un tipo rápido y listo en el pensar como lo fue en el correr, en el ‘centrar’ y en el actuar. Los que le conocimos bis a bis siempre le hemos recordado y le recordaremos.

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Sin título

            Al día siguiente de fallecer Rafa Iriondo, nuestro compañero Eduardo Rodrigálvarez escribía, acertadamente, como lo hace siempre, que a este personaje gernikés “te costaba mucho desdibujarle la sonrisa, y veía el fútbol con la mirada fija y las emociones controladas”. Tenía un semblante tan humilde y claro como su voz precisa y propia: “Quiero esto y esto es lo que voy a hacer”, y lo hacía.  Nos daba siempre una lección de buen comunicador al referirse al hecho de que estudiaba al contrario (fuera un solo jugador o el equipo completo) y de cómo podía driblarle y ganarle en la jugada y en el partido.

“LA SUERTE HAY QUE BUSCARLA, TRABAJARLA Y GANÁRSELA”

            Rafa Iriondo había nacido en Gernika, donde sobrevivió al bombardeo de la Villa Foral en la Guerra Civil (26 de abril de 1937) cuando tenía tan sólo 18 años. Algunas crónicas señalan que también estuvo preso en el Dueso tras el Pacto de Santoña (24 de agosto de 1937) y en la durísima batalla de Teruel (diciembre a febrero de 1938). Lo cierto es que a él nunca le gustó, como a la mayoría de los que vivieron la guerra, hablar de ese pasado, y tampoco yo le pregunté. Lo que si queda de eso, como de sus éxitos en el fútbol es la suerte, la fortuna, algo que el mismo decía que “hay que buscarla y ganársela”. Todos aseguran que como jugador fue único y como entrenador concienzudo, pedagógico, instintivo y muy afortunado.

             Incluso se cuenta –yo no lo oí— que Koldo Agirre, entrenador del Athletic la temporada 1976-77, en la final de Copa de los 20 penaltis y que ganó el Betis entrenado por Iriondo, Koldo cuchicheó a Rafa: “Nos vais a ganar porque eres un tío con suerte”; y parece que añadía esa frase tan manida: “tienes una flor pegada al culo”… Y la verdad es que si uno repasa por Internet los 20 máximos castigos lanzados tras el empate a dos, piensa lo que decíamos de que la suerte llega siempre bien acompañada y mejor trabajada.

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El Athletic buscaba un extremo listo y rápido, y lo encontró

Rafa Iriondo en los primeros años de jugador con el Athletic: una liga, cuatro copas

            Al terminar la guerra a Rafa Iriondo le obligaron a hacer la mili en el cuartel de Garellano, destinándole también a Tetuán, donde llegó a jugar seis partidos.  En aquellos años la guerra obligó al Athletic a comenzar de cero y a Iriondo le ficharon casi por referencias y por necesidad manifiesta de un extremo derecha que fuera habilidoso y rápido. Debutó en Primera División junto a su íntimo amigo y socio Telmo Zarra, con quien llegó a abrir el comercio de deportes Irizarra, y del que le ha separado justamente diez años en su despedida definitiva. Aquel debut de ambos fue en Mestalla (2-2), con cuatro goles de vizcaínos, los dos del Athletic de Zarra y los del Valencia de Mundo (nacido en Baracaldo) y Gorostiza (nacido en Santurce). A partir de ese momento (19 de septiembre de 1940) Rafa Iriondo jugó trece temporadas en el Athletic, con el que consiguió cuatro Copas (años 1943, 44, 45 y 50) y una Liga (1942-43), jugó 326 partidos y anotó 116 goles de los 550 tantos realizados por aquella delantera mítica. Muchos de esos goles surgieron de lo que ahora se llama “asistencias” y entonces eran centros al área rival o último pase.

            Delantera mítica en el campo (Iriondo, Venancio, Zarra, Panizo y Gainza) y en la calle, de paisanos, no sólo porque soportaron numerosas lesiones que compartieron entre todos –los cinco delanteros sólo jugaron juntos cincuenta y cinco partidos— sino también porque coincidían en sus recuerdos y hasta en sus gustos. Un detalle, cuando uno hablaba con cualquiera de ellos o con varios (yo lo hice sobre todo con Iriondo, Zarra y Piru Gainza) siempre recordaban a los ausentes y más si ya no vivían. Tenían una frase que viene a cuento: “¡Que grande era; ahora que Dios le tenga en su gloria!”…

            Después del Athletic, Rafa Iriondo jugó en el Baracaldo, Real Sociedad y hasta, junto a Zarra y Panizo, en aquel glorioso Indautxu (una temporada compartiendo el juego con el banquillo), un Indautxu que se le echa de menos en el fútbol vizcaíno.

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Iriondo en la primera etapa de entrenador

            Como entrenador Iriondo fue -como veremos— uno de los mejores y más populares de las décadas sesenta y setenta. Dirigió desde el banquillo al Athletic (en dos épocas ), la Real Sociedad, el Betis, el Español, Zaragoza, Rayo Vallecano, Alavés e Indautxu. La cantidad de triunfos en todos esos equipos fue mucho mayor que las derrotas y estas, naturalmente, no le gustaban y salía de cada una de ellas dispuesto a que fuera la última. “A todo te acostumbras, pero no a perder”, porque, como recordaba uno de sus ocho hijos, “cuando eso ocurría llegaba a casa, se tomaba una aspirina y se metía en la cama”… Seguramente para repasar los errores cometidos.

“¡IRIONDO!, ¡IRIONDO!, ¡IRIONDO!”, GRITOS AL ENTRENADOR

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Rafa Iriondo entrenado al Betis que le hizo campeón de Copa

            ¡Iriondo!, ¡Iriondo!, ¡Iriondo!… Gritos de exaltación, celebración y agradecimiento por parte de jugadores y aficionados que primero como un niño y luego como periodista viví personalmente. Gritos que compartí siendo yo un crío cuando Rafa era jugador y otros, mucho más exclusivos y potentes, cuando el veterano gerniqués ocupaba el puesto de entrenador repleto de triunfos. Todos esos gritos que yo viví personalmente son los que quiero resaltar en esta rememoración.

            Los primeros gritos vividos cerca de él fueron al conseguir el Athletic la Copa del año 50 con aquella mítica delantera. Los segundos gritos, ya como entrenador, en la final de Copa de 1969 (15 de junio) en el Santiago Bernabeu ganándole al Elche (1-0). Los terceros gritos con salida del entrenador a hombros fueron en el Estadio de Sarriá (31 de mayo de 1970) por ascender al Español de Barcelona a una Primera División de tan solo 16 equipos, en dura competición con el Málaga y el Betis; aquella vez charlamos sobre el Mundial de Mexico, que Iriondo presenció en directo. Los cuartos,  al conseguir la primera Copa del Rey (25 de junio de 1977) para el Betis ante “su” Athletic en el Vicente Calderón de Madrid. Hubo otros varios encuentros en la calle, en su comercio o al coincidir con algunas celebraciones del Athletic, principalmente la del centenario del club.

            Iriondo fue internacional en dos ocasiones, esta vez sin suerte: perdió (0-1) frente a Eire y (4-1) ante Portugal (4-1) y fue el autor del gol. Nada más colgar las botas como jugador comprendió que entrenar era una forma nueva y más honda de ver el fútbol, de jugar con la cabeza más que con los pies, y comprendió también que a lo que mejor puede aspirar un entrenador es a transmitir a los jugadores lo que es él mismo, lo que él sabe y sigue aprendiendo. Y por cumplir con eso le llegaron los éxitos, incluso con más mérito que como jugador porque en el banquillo la responsabilidad, el éxito o el fracaso, es carga para uno, y en el campo se comparte todo con otros diez o más compañeros.

            Rafa Iriondo, aunque no lo pareciese, fue también un hombre rebelde, porque rebelde es, como decía Albert Camus, el que “dice no” y uno siempre ha admirado a la gente que sabe decir “no”. Iriondo lo dijo en varias ocasiones cuando distintos clubes quisieron renovarle y él se negó. Se negó porque entendía que no se le respondía con la misma generosidad demostrada por él o que a aquel equipo que entrenaba no le iba a sacar mucho más rendimiento una temporada más. Una de esas veces del “no” fue con título incluido (campeón de Copa del Athletic) y otra con ascenso a Primera, con el Español, ambas vividas por este periodista. Creo que consiguió otro ascenso a primera más, con el Zaragoza.

PRIMER GRAN ENCUENTRO, 1950, IRIONDO CUARTA COPA DE JUGADOR

            Antes de entrar en esos gritos de recuerdo directo voy a señalar un precedente interesante e histórico que yo no viví porque apenas tenía dos años. Fue en la final de Copa de la temporada 1944-45, con el Valencia, cuando el Athletic sufre la única expulsión de Zarra en toda su carrera deportiva, y poco antes del final del partido Rafa Iriondo marca el gol del título  (3-2). Era el tercer año consecutivo en que el Athletic ganaba la Copa, con lo que se quedaba con ella en propiedad por tercera vez. La euforia por el triunfo permitió que en la reunión de socios se aprobara la compra de los terrenos de San Mamés, en 1.200.000 pesetas, a amortizar en veinte años, y la construcción de una tribuna en el lado de la Misericordia, abriéndose para ello una suscripción popular. El Athletic demostraba una vez más que es club de grandes gracias a sus jugadores plenamente identificados y a la afición que le sigue contribuyendo a mantenerlo en lo más propio y en lo más alto.

Iriondo recuerda a sus compañeros: con Zarra y último partido de Gainza

            Mi primer encuentro con Rafa Iriondo y con todo aquel equipo histórico de la delantera legendaria fue cuando yo era un niño. Tenía la suerte, gracias al esfuerzo de mis padres, de estudiar en un colegio de jesuitas en Valladolid, con más de 500 compañeros internos, y pasábamos las horas del día no sólo dedicados a la educación (bachillerato, con reválida y preuniversitario) y a la religión (misa y rosario diario) sino también al deporte. Practicábamos el atletismo, la gimnasia, el baloncesto, el balonmano, el hockey sobre patines y, sobre todo, el fútbol, no sólo jugando sino también acudiendo todos los domingos al estadio del Real Valladolid, al viejo Zorrilla. Fuimos campeones escolares de España durante dos años. Lucíamos las camisetas del Athletic porque la mayoría de los jesuitas de aquellos años 50 eran vascos y seguidores acérrimos del equipo rojiblanco, e incluso conocían a varios jugadores hasta el punto de que cuando jugaban en la capital castellana oían misa en la capilla del Colegio y, luego, paseaban por los grandes patios saludando a los chavalillos que hacíamos deporte, firmando autógrafos y haciéndose fotografías con nosotros.

            Todo ello nos permitió y animó a que la final de Copa del año 1950 (28 de mayo) se organizara un viaje para acudir a Madrid y presenciar en el Estadio Chamartín el partido de un grandísimo Athletic (Lezama, Canito, Areta, Arambarri; Manolín, Nando; Iriondo, Venancio, Zarra, Panizo y Gainza) y un Real Valladolid revelación aquel año (Saso, Lesmes I, Babot, Lesmes II; Ortega, Lasala; Revuelta, Coque, Vaquero, Aldekoa y Juanco), con un entrenador nacido en Getxo y ex jugador del Arenas, Antonio Barrios, que dirigió en dos ocasiones al Athletic: años  1952-54 y 1964-65.

            El partido comenzó con gol de Telmo Zarra a centro largo (“británico”, según el famoso locutor Matias Prats) de Iriondo y empate de Coque;  la victoria rojiblanca (4-1) llegó después de una prórroga: Zarra hizo otros tres goles (en la temporada anotó más de 40), dos de ellos con una costilla rota, lo que le permitió recordar aquel partido y a sus siempre amigos (como nos comentó en varias entrevistas) los hermanos Lesmes y el portero Saso. Y como los cuatro goles procedieron de centros de los dos extremos, solía decir amistosamente que el siempre lo tuvo fácil porque “para marcar yo solo ponía el pie o la cabeza y remataba los centros de mis extraordinarios extremos”.

            Así comentó “El Correo Español – El Pueblo Vasco” el ambiente vivido: “Bajo la maravilla del cielo madrileño, las cosas cobran relieve. Y la inmensidad de Chamartín con lleno absoluto se convirtió en espectáculo caliente, propio de las grandes emociones. Hubo miles de espectadores que lucían sus emblemas agrupados en las localidades, ofreciendo la nota de color de sus banderolas, boinas rojiblancas o ramos de flores que armonizaban con los colores del Valladolid”.

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Fotos, la segunda con firmas, de los cinco magníficos de la delantera mítica

            La foto de aquella delantera del triunfo, delantera cantada siempre de corrillo, sirvió de cuadro decorativo e instructivo en nuestra clase de ingreso y bachillerato hasta que algún listillo se la quedó para siempre. La foto con las cinco firmas la consiguió uno de aquellos jesuitas vascos que supieron enseñarnos con acierto los primeros conocimientos de nuestras vidas. ¿Quién fue?. Probablemente alguno de los bilbaínos, como el padre Azpeitia o el entonces todavía padre José María Cagigal que, con numerosos títulos universitarios en su haber, al secularizarse fue considerado el mejor y más prolífico pensador contemporáneo en el deporte, convirtiéndose en un líder mundial que desgraciadamente falleció en un accidente en el Aeropuerto de Barajas (7 de diciembre de 1983) en una colisión sufrida por el Vuelo 350 de Iberia cuando salía para Roma, donde Cagigal iba a presidir un congreso sobre la educación y dignificación del deporte. En más de una ocasión comenté todo esto con Rafa Iriondo.

            2º GRAN ENCUENTRO, EL ATHLETIC GANA LA COPA DE 1969

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Este es el Athletic de Iriondo que ganó la Copa del 69

            Con Iriondo volví a encontrarme, ya en el breve tiempo en que estuve de cronista del Athletic y del fútbol en general, en la temporada 1968-69, aquella que terminó con el triunfo en la Copa (15 de junio de 1969) frente al Elche. Para Iriondo todo comenzó con una pregunta del entonces presidente, Julio Egusquiza: “¿Qué entrenador de garantía podríamos traer al Athletic?”. Se comenzó la Liga ocupando el banquillo Piru Gainza: ¡que grandísimo jugador e ingeniosa persona!. El basauritarra no tuvo suerte y su equipo sufrió cuatro derrotas consecutivas y la directiva contrató a Rafa Iriondo, iniciando un camino tan breve como exitoso. La explicación que se dio entonces fue que se había fichado al gerniqués por “su capacidad demostrada a lo largo de varios años como entrenador de nuestro Bilbao Athletic”, y se añadía que el contrato tenía “carácter provisional”. Y aunque Iriondo fue enderezando el rumbo del equipo y subiendo puestos en la clasificación, la directiva hacía público el fichaje de Ronnie Allen argumentando que se trataba de aplicar el sistema inglés de “manager” o secretario técnico, aunque lo cierto es que el ex internacional inglés estaba ya en todos los desplazamientos que hacía el Athletic. La directiva trató de contratar antes que a Ronnie al duro del Chelsea, Mr. Docherty, pero fracasó.

            El Athletic terminó la Liga en el puesto once pero la responsabilidad y sabiduría de Rafa Iriondo permitirá realizar una Copa impecable y el equipo demostraba también en Europa, en la Copa de Ferias, que esos aires continentales le iban bien, eliminando a tres grandes: Liverpool, Panathinaikos y Eintracht de Francfort, cayendo con el Glasgow Rangers, pese a ganarle en San Mamés por 2-0.

            La Copa iba a ser el “boom” de aquel equipo también de recuerdos con memoria: Iribar, Sáez, Etxeberría, Aranguren; Igartua, Larrauri; Argoitia, Uriarte, Arieta, Clemente y Rojo. Este equipo se enfrentó en la final a un Elche revelación que había eliminado a la Real en semifinales, rompiendo así una final vasca. Once años hacía que el Athletic no ganaba un título y llegó de nuevo el alirón número 21 gracias a un gol de Arieta a falta de siete minutos para el final.

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Telefoto que recoge la entrevista realizada por el autor del artículo, José Manuel Alonso, a Rafa Iriondo previa a la final de Copa ganada por el Athletic al Elche

            En vísperas de aquella final, Rafa Iriondo concentró a los jugadores en El Escorial con una sola pretensión: “Que no se froten la cabeza de si van a ganar o no, que se distraigan y se sientan participes de un juego pero también de un solo objetivo para mañana: ganar la final. Ellos saben lo que deben hacer”.  Iriondo solo tenía un temor: que los nervios atenazaran a sus jugadores y por eso les permitió liberarse todo lo posible, y advertía: “No creo que haya espectáculo. A una final se viene a ganar y para ello hay que reservar fuerzas físicas y mentales para utilizarlas luego en el momento preciso, en el encuentro. No regalar pases en jugadas sin fruto. Controlar el balón y el juego. Mis jugadores lo saben y saben que han de jugar para el equipo, no para su lucimiento personal”

            En vísperas de aquella final los periodistas preguntaron insistentemente a Iriondo por su renovación y por la función que iba a ejercer Ronnie Allen. Contestó: “Desconozco mi futuro pero quiero dejar claro que la función de un secretario técnico es distinta o debe ser distinta a la del entrenador, aunque ambos deban trabajar con el mismo objetivo·”. ¿Entonces, renovará? –insistían los periodistas. “Eso lo tengo que pensar y tratar con la directiva aunque he de decir que estoy muy contento en el Athletic porque trabajo a gusto, con un gran equipo y porque he estado entregado al club y a la afición muchos años”.

            Al concluir la temporada, Iriondo no continuó , entrenó dos años a la Real (1972-74) y volvió al Athletic en la 1975-76 para recalar luego en el Betis y en otros clubs.

            En aquella final, Iriondo vivió tanta emoción como en las cuatro ganadas como jugador. En los vestuarios del Bernabeu los jugadores vitoreaban a su entrenador y celebraban la victoria, sobre todo Arieta, no sólo por el gol sino porque se casaba cuatro días después. Todos estaban eufóricos menos Clemente, que pese a llevar pocos partidos de titular soportó numerosas patadas del equipo contrario y una de ellas, en el primer tiempo, le mantuvo muy justito en su puesto hasta el final, perdiendo el conocimiento en el vestuario, hasta el punto de que tuvieron que tumbarlo en una camilla para recuperar su clásico optimismo.

            Iriondo, por su parte, con camisa y corbata del Athletic, sonreía y le costaba unir gramaticalmente las palabras porque estaba obligado a repartir agradecimientos a tanto saludo y felicitación. Sudaba y sonreía. “Emoción y emoción, eso ha sido lo mejor del encuentro. ¿Qué con que sueño ahora mismo?. Pues, como todos, con el recibimiento en Bilbao”

            Cuarenta mil seguidores fueron a Madrid y más de cien mil recibieron al Athletic en la explanada frente al Ayuntamiento, ocasionándose un tumulto tan grande que hubo varios heridos y se temió por el hundimiento del puente debido a la aglomeración de personas. Tan grave fue la situación que Iribar comentó: “en nombre del Señor que nunca he visto nada como esto”. Rafa Iriondo y con él todos los medios informativos subrayamos que había que buscar una solución para acontecimientos multitudinarios posteriores y por fortuna se acertó años después con la idea de la gabarra y el largo trayecto de la ría.

            Del recibimiento, escribíamos entonces: “un espectáculo emotivo, escalofriante, el más apoteósico de la historia según viejos testigos, de los que recogíamos testimonios, y eso que de grandes recibimientos el Athletic tiene una larguísima tradición”.

TERCER ENCUENTRO: ASCENSO DEL ESPAÑOL Y MUNDIAL DE MEXICO

            En “La Gaceta el Norte”, el 2 de junio de 1970, escribíamos lo que sigue: “El domingo hubo en Sarriá apoteosis triunfal. Hubo además siete goles por parte del Español al Elche y hubo suspensión de partido cuando faltaban cuatro minutos al invadir el público enfervorizado el terreno de juego, que inundaron de banderas blanquiazules. Hubo también abrazos, salidas a hombros y traca victoriosa. El protagonista principal de este entusiasmo deportivo fue Rafa Iriondo, quien había conseguido el propósito de ascender al Español a una Primera División de 16 equipos cuando más difícil estaba por la proximidad de dos potentes rivales: el Betis y el Málaga”.

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Rafa Iriondo a hombros de los aficionados sobre el césped de Sarriá

            La apoteosis llegó cuando pasearon a hombros al entrenador vizcaíno por todo el terreno de juego durante quince minutos. E incluso antes de comenzar el encuentro se repartieron ramos de flores previendo el triunfo. El público, que abarrotaba el estadio, tributó un homenaje a su entrenador con gritos de “¡Iriondo!, ¡Iriondo!, ¡Iriondo!”

            – ¿A qué se debe tanto clamor, aparte del ascenso? –le pregunté al entrenador vizcaíno.

            – Creo que a que el equipo está muy bien, a tope, como para comenzar ya la temporada en Primera y destacar por su juego. Todo ha cambiado mucho en los últimos meses. Y de haber contado con todos los titulares hubiéramos eliminado al Barça de la Copa y ya sabes lo que supone eso de las Copas para mí…

            ¡Claro que había cambiado gracias a este hombre que cogió el equipo cuando faltaban quince encuentros y expulsaran al entrenador anterior Fernando Riera!. Tan mal estaba el Español deportiva y económicamente que había dimitido el presidente Juan Vila Reyes y unos meses antes se había traspasado al mejor jugador, Marcial, al Barcelona.

            – Rafa, el público parece rendido a tu persona, ¿también los jugadores?…

            – Sí, porque solo hemos perdido dos encuentros y eso une mucho, y al final no había nada que temer, el 7-0 lo dice todo.

            En la prensa deportiva catalana se escribía: “Todo fue felicidad en Sarriá y en la boca de todos el elogio al entrenador Iriondo al que se cataloga como parte esencial del triunfo y del éxito. Siete goles como siete piropos bonitos que un Español galante dedicó a su sufrida afición ya totalmente reconciliada con su equipo. Fue una sensacional goleada que se logró a base de un juego de máxima precisión y cuya calidad asombró a los más viejos aficionados, y todo porque desde el banquillo había una batuta que supo hacer de este equipo un primera y de los buenos, y consiguió que los jugadores dejaran arrinconados viejos prejuicios en la caseta. Nombres como los de Griffa, Glaría, Re, José María, están ya en la agenda de muchos otros clubs… porque Iriondo les dio la alternativa y la confianza. Es el triunfo de toda una afición que nunca perdió la fe en este entrenador.

            – Rafa Iriondo había cumplido con su cometido: ascender en situación muy complicada, por eso le preguntamos que iba a ocurrir en el futuro: “¿Ahora?”…

            – De momento viajo al Mundial de México. Hay que estar al día y nada mejor que presenciar en directo este campeonato. No sólo por los partidos que puedas ver sino por los contactos con técnicos, jugadores y aficionados.

            Por parte del club, una vez más, se sentían muy satisfechos con Iriondo, no sólo por los éxitos logrados –nos decía un directivo— sino porque este hombre es capaz de hacer de los jugadores una piña y sorprender a la afición con nuevas ideas, utilizando los jugadores a pleno rendimiento y colocándolos en el puesto más adecuado. ¡Es un tío fenómeno, confiemos en su renovación!…

            Unas semanas más tarde volví a coincidir con Iriondo cuando ya había dicho que “no” a un Español que contrató a Daucik. Iriondo había regresado de México y a este periodista le habían concedido una mención honorifica como finalista del Campeonato Mundial de Periodismo que otorgaba la Asociación Mundial de Prensa Olímpica, por la información y el suplemento especial que desde “La Gaceta del Norte” dedicamos al espectáculo futbolístico que se celebra cada cuatro años. Rafa estuvo presente en muchos de aquellos partidos repletos de goles (tres de media) y de un gran espectáculo que ganó Brasil en la final a Italia (4-1), aquella selección brasileña de los Jair, Pelé, Rivelino, Tostao… La tercera fue la Alemania de Franz Beckenbauer y la cuarta la Uruguay de Cubilla.

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Rafa Iriondo entrenando al Zaragoza

            Por primera vez un Mundial fue transmitido por televisión en color y “Adidas” se convirtió en el proveedor de nuevo balón, el Telstar, compuesto por 20 hexágonos blancos y 12 pentágonos negros, reemplazando a los tradicionales balones marrones de 18 gajos. Telstar sería la base de la imagen tradicional actual de una pelota de fútbol. Iriondo volvía de Mexico –donde coincidió con otro vizcaíno, el árbitro Ortíz de Mendíbil, el más destacado de todos sus colegas— y volvía con buena y muchas anotaciones para su futuro: “Además del nuevo balón he visto un Mundial de grandes jugadores y de muchos goles; con nuevos sistemas de juego”. Comentamos y coincidimos con las diez conclusiones con las que había resumido el Mundial: (1) Sacrificio físico; (2) Las figuras, siempre figuras; (3) Los goles llegan cuando son necesarios; (4) Defensas-delanteros y no sólo defensas-defensas; (5) La heroicidad del delantero centro; (6) Del 4-2-2 al 4-3-3 o 5-3-2 móvil en cada partido; (7) La importancia de la “artillería”; (8) Los extremos “abrelatas”; (9) Los entrenadores inteligentes confeccionan sus propias tácticas; (10) La selección española no hubiera llegado lejos.

            La lección aprendida en el Mundial, Iriondo la resumía con estas palabras: “Se piensa más en marcar que en evitar que te marquen, la función de los laterales y extremos es muy distinta a la que había cuando yo jugaba y, si siempre creí en los grandes delanteros, ahora creo más porque intervienen más en el juego de equipo”.

            Algunos de estos puntos comentados y ratificados por la sabiduría futbolística de Rafa Iriondo, él los puso en práctica como se demostró, por ejemplo, haciendo al Betis campeón de Copa en junio de 1977.

            4º ENCUENTRO: LA COPA LA GANA EL BETIS DE IRIONDO A “SU” ATHLETIC

            En el Athletic aquella temporada 1976-77  fue excelente y lo fue de la mano de otro gran tipo, Koldo Agirre. Se llegó a decir que “tenía la segunda mejor plantilla del fútbol español y una de las mejores de Europa”. Sin embargo, a aquel equipo le faltó un título: terceros en la Liga, finalistas en la Copa de la UEFA y finalistas también en la Copa del Rey perdiendo frente al Betis de Rafa Iriondo después de 20 penaltis fallando el que nunca fallaba, Dani, que llevaba trece goles consecutivos desde el punto de penalti; y además fallaron Villar e Iribar, acertando Esnaola, portero del Betis, en su último y definitivo lanzamiento.

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El Betis,campeón de Copa frente al Athletic en 1977, con Iriondo.

            Precisamente el Betis había cambiado de entrenador iniciando la temporada sustituyendo al húngaro Ferenc Szusza por Iriondo y llegaba a una final (la primera disputada con el apellido del Rey) el 25 de junio en el Estado Vicente Calderón, después de haber terminado quinto en la Liga, a dos puntos del Athletic. El encuentro finalizó con empate a dos y en la tanda de penaltis ganó 8-7 el equipo andaluz cuando en el Athletic el único que se quedó sin lanzar fue el defensa Astrain.

            Rafa Iriondo manifestó, siempre sincero y humilde, que se había llevado un disgusto por haber sido la víctima el Athletic, “mi Athletic”. “Hay que entenderlo sólo en el aspecto del compromiso humano y técnico adquirido por mí ante el interés de la directiva andaluza y sus cálidos y fervientes seguidores”. Quince mil de ellos se desplazaron a Madrid, una tercera parte de los bilbaínos que terminaban una temporada completamente gafada.

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Iriondo levanta la Copa y es elevado a hombros por jugadores y afición bética

            Aquel extraordinario jugador que fue Julio Cardeñosa comentaba sobre Iriondo recientemente: “Al principio nos resultó extraño ver en el banquillo a un entrenador de casi sesenta años, aquello nos llamó la atención. Antes de su llegada se entrenaba de una manera distinta. Con él empezamos a trabajar el tema físico. Destacó por su mentalidad y fuimos de los primeros en jugar con un sistema 4-3-3». Cardeñosa destacó siempre el carácter “dialogante» de Iriondo, algo que le permitió «ganarse el cariño de la plantilla”. Aquella fue una plantilla tan unida que hoy permanece igual que entonces. Los residentes en Sevilla se ven una vez al mes.

            Cardeñosa sigue comentando: “En 2005, veintiocho años después, cuando el Betis y el Athletic jugaron las semifinales de la Copa del Rey, me marché a Bilbao para ver la vuelta. Pasé el día con Iriondo. Almorzamos y dimos un largo paseo hasta la hora del partido. No se me olvidará nunca”, rememora con emoción un Cardeñosa que califica a Iriondo como “el padre deportivo de todos nosotros”. Por cierto, aquel año y aquella Copa del 2005 la ganó también el Betis a Osasuna (2-1), eliminando al Athletic en semifinales y además ¡por penaltis y en San Mamés!.

            En 2007, año del centenario del Betis, Iriondo estuvo presente en varios actos. Primero en Bilbao, con otros referentes como Eusebio Ríos y con el trofeo de campeón de la Liga conseguido por el Betis en 1935 como testigo. Meses más tarde, en Sevilla, recibió el cariño de los béticos junto a los campeones de Copa del 77. Entre ellos, un emocionado Rafael Gordillo, unido para siempre a la figura de Iriondo, que hace unos días comentaba: “Ha sido una pérdida grande. Era mi padre futbolístico. Si no hubiese llegado al Betis, a lo mejor yo nunca habría llegado a ser futbolista de Primera División. Vio en mí unas cualidades que nadie había visto. Me puso de lateral cuando había empezado mi carrera de extremo”, dijo Gordillo que, acompañado del presidente verdiblanco, Ángel Haro, estuvo presente en el funeral por Rafael Iriondo que se celebró en Bilbao.

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Homenajes en los últimos años, en uno de ellos con otro ‘grande’, Chechu Rojo

LOS MÁS DE 100 AÑOS DEL ATHLETIC Y LOS 97 DE IRIONDO

            Al final del siglo pasado y comienzos del presente, Rafa Iriondo y yo nos encontramos de nuevo en las calles de Bilbao y esta vez hablamos, lógicamente, de los nuevos derroteros del fútbol, de su vida y su familia, y de los cien años del club de sus amores y el libro de dos tomos que yo acababa de publicar con ese motivo por encargo de la BBK (“Athletic for ever!”). Comentamos la intencionalidad de esa publicación puesta de manifiesto desde la presentación: “los sueños, los valores, los triunfos y hasta las derrotas son vividos por miles de socios y por toda una afición repartida no solo por Bilbao y Bizkaia, con muchos momentos mágicos cuando el equipo genera verdaderas catarsis haciendo vibrar a cientos de miles de personas. Como dijo el periódico “L’Equipe”, el Athletic es “caso único en la historia del fútbol”, y no sólo por el condicionante de que sus jugadores surgen de la misma tierra sino también, como decía míster Pentland y le oí decir en varias ocasiones a Iriondo, “el Athletic no hay más que uno”, y para siempre, Athletic for ever!…

            Rafa Iriondo tenía una familia muy deportista, e incluso, que yo sepa, uno de sus nietos jugó en alguno de los equipos del Athletic. Esto ocurría cuando me comentó un día que “al chaval le queda mucho por aprender y lo hará si sigue con la misma afición y aprovecha los años para aprender. La afición y la entrega sacrificada es lo importante”

En estos días, Koldo Aguirre pronunciaba unas palabras muy justas sobre el que fuera su compañero como entrenador y su rival en el banquillo: “Recuerdo que, sobre todo, era un innovador. Revolucionó lo que se hacía hasta entonces en los entrenamientos. Vino con cosas nuevas. Como jugador era un extremo derecha fino y le gustaba pisar el área. Recuerdo que la gente en San Mamés le quería mucho. Es parte de la historia del Athletic, pero parte muy importante. Creo que ha sido uno de los más grandes. Gran aficionado al frontón, sobre todo la pala. Hasta hace muy poco acudía a todos los festivales de pelota que podía. Yo le veía y pensaba: “Rafa es inmortal”. Ahora se nos ha ido, pero su recuerdo va a seguir siendo inmortal. Le vamos a echar de menos…

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En los prolegómenos del partido Athletic-Real Zaragoza en el 2011 se efectuó un homenaje a Rafa Iriondo: “No hay un motivo, hay muchos motivos. Se nos ha ocurrido que es una buena manera de hacerle guiño a una persona que ha dado tanto con el Athletic”, señaló el presidente, Josu Urrutia, junto a otro ‘mito’, José Ángel Iribar.

            En 2013, año del centenario de San Mamés, Iriondo, flanqueado por Iríbar, Koldo Aguirre y Maguregui, era el punto central de una concentración de cientos de ex jugadores del Athletic de varias generaciones que se habían reunido para despedir al viejo campo, cuando el nuevo ya estaba emergiendo. Aquel anciano llevaba mucha historia ya en las venas y al verle recordaba su guasa con mi apellido Alonso: “Así se llamaba un portero del Real Madrid al que ganamos una Copa y le metí algunos goles”. Ese detalle yo no lo conocí pero me hacía gracia porque desde aquella final del año 50 siempre seguí la trayectoria de este hombre, al que como entrenador le veía indagando y buscando, y cuando salía al exterior, sonriendo.

Minuto de silencio en San Mamés

            Recuerdo que cuando estuve con él en Barcelona, en el ascenso del Español y el anuncio de su viaje a Mexico, en la ciudad condal solo se hablaba del libro “Mi vida”, de Christiaan Barnard (1922-2001), aquel médico cirujano de Sudáfrica que pasó a la historia por haber sido el primero en realizar un trasplante de corazón y ser un personaje entregado a mejorar la salud física de los humanos. Pensé entonces que Iriondo era un personaje entregado a mejorar la salud mental, el entretenimiento, de esos mismos humanos, y hacerlo a través de un deporte espectáculo que entretiene y emociona. Y si el trabajo de Barnard era con el corazón, el de Iriondo lo era con algo más redondo y elemental, el balón, un balón que lo mueven veintidós jugadores en un terreno de juego pero que lo ven y lo disfrutan miles y miles de espectadores, y ese espectáculo puede ser bueno o malo, entretenido o aburrido, optimista o pesimista, bonito o feo, de victorias o derrotas, pero los que lo practican  saben que en el estilo de juego impuesto por el entrenador correspondiente están otros entrenadores y otros jugadores anteriores, de los que siempre se puede aprender y mejorar. Ese era Iriondo, una especie de estudiante y profesor permanente, un arquitecto del fútbol, con lo que trabajaba cada día hasta que dejó de hacerlo. Ahora, lo que deseamos es que descanse en paz o, como él y sus viejos y míticos compañeros decía, “que el Señor le tenga en la Gloria”, a él y a todos los demás que se le adelantaron…

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