Homenaje ‘íntimo’ a las víctimas del 11-M, a Blas de Otero y al “quinto” Beatle

                Con la oportunidad que me da “Kazetariak” y la paciencia de quien me lea, quiero dedicar este homenaje “íntimo” en primer lugar a la memoria de los 190 muertos y numerosos heridos de la barbarie del 11-M, al cumplirse los 12 años de aquel hecho inaudito y salvaje. Pero también quiero recordar muy vivamente a dos personajes que han influido en nuestra vidas: Uno, en la poesía y en la fuerza vital: el bilbaíno Blas de Otero, que el pasado 15 de marzo hubiera cumplido 100 años; y el otro, a quien hizo posible que viviéramos –quienes vivíamos en los años 60— un fenómeno completamente nuevo en la música y en el ánimo, afectando a nuestra propias vidas: el productor musical de Liverpool, George Martin, conocido como “el mago” o “quinto” Beatle, que falleció el pasado 9 de marzo a los 90 años. En los tres casos quiero poner un denominador común: la poesía junto a la música, porque no solo son tres recuerdos que elevan la mente hacia una idea más alta y sublime sino porque ayudan a tomarnos la vida en unos casos con más intensidad y en otros con más sentimientos, incluso con lágrimas en los ojos.

 

image001En homenaje musical a las víctimas del 11-M elegimos la interpretación de una violinista excepcional, Elena Jáuregui, fundadora y  co-directora en 2008 junto con su hermano Francisco Javier  del Festival Internacional de Música de Navarra.

            El viernes 11 de marzo recordábamos los doce años de aquel espantoso, criminal, brutal, múltiple asesinato de los trenes de Atocha contra las personas, en su mayoría obreros, que iban inocentemente a trabajar como todos los días laborables. Podíamos extendernos recordando, sin embargo prefiero dedicarle el menor número de palabras, las más vivas, y por eso rememorarlos a través de la música y la poesía, porque, asegura el poeta, “todo cuanto nos habla de terror está hecho de carne mortal”. Esa denuncia, esas pocas palabras, esa paz interior, como dicen los amantes de la poesía zen, es puerta que da al infinito. Frente a esa barbarie en el recuerdo, quiero dedicar al momento un haiku oriental a todas las víctimas, por ejemplo este: “La viva memoria de paz / ensalza la luz y el cielo / del invierno que escucha”… ¡Dios, escucha: que nunca más vivamos lo que vimos un 11-M!…  Pidamos con “el verbo fiero” de Blas de Otero: (…) la paz / y la palabra. / He dicho / «silencio», / «sombra», /«vacío” (…) Seamos “Sancho Pueblo, pronunciemos anchas sílabas, permanentes palabras que no lleva el viento”… Escuchemos el “Yesterday” de los Beatles, sigamos creyendo en el ayer…, sobre todo si ese anhelo del ayer nos vale para mañana; por hoy sigamos en el ayer, “yesterday”…

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“Yesterday” (1965)
Una canción de amor melancólica, con Paul McCartney y un cuarteto de cuerdas, una idea novedosa para una banda de rock and roll que McCartney dijo fue de Martin. Al principio lo dudó, pero terminó siendo una experiencia “electrizante”. McCartney dice que el tema se convirtió en “una de las canciones más grabadas de la historia”, con versiones de Elvis Presley, Ray Charles, Frank Sinatra y muchos otros.

Canto de Blas de Otero que vivió, vive y vivirá entre nosotros

“Blas de Otero –en palabras de Bernardo Atxaga— tuvo la suerte de tener lectores que crean lectores”, lo que todos entendemos como la transmisión de boca a boca de quien encuentra, ve o lee algo que merezca realmente la pena. “Su poesía –concluye Atxaga— era leída, cantada, traducida y, sobre todo, admirada”. Era y sigue siendo, en palabras de quien vive a diario con la poesía, como es el caso de Pablo González de Langarika (coordinador de la revista de poesía Zurgai),  necesario para “quien se acerque a la poesía en los próximos cincuenta años porque, en palabras de la poeta y guionista, Itziar Mínguez, “los versos de Blas de Otero han superado la barrera del tiempo”… Y es que –escribe José Luis Merino— “Blas no era de los que enseñaban la venda antes de la herida para ganarse la engatusadora conmiseración de los lectores; todo lo contrario: te mostraba la herida sin tapujos, para decirte a las claras: esto es el hombre, horror a manos llenas (…) Leerle a Blas es sentir que no estás solo en el mundo; por sus poemas sabemos que ha sufrido por todos nosotros”…

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Junio de 2013: Ibone Bengoetxea, concejala de cultura del ayuntamiento de Bilbao, Sabina de la Cruz, viuda de Blas de Otero, y Mario Hernández, experto del poeta, durante la presentación del libro “Obra Completa”. / Fernando Domingo-Aldama

          Por eso para  “crear lectores” de Blas de Otero (si es que queda algún amante de la poesía que no lo sea)  recomiendo el último número del periódico “Bilbao”, una publicación que sigue en las mejores manos y la mayor sensibilidad, la de Elena Puccini. Ese periódico, en su suplemento “Pérgola”, nos llena de Blas, nuestro Blas de Otero, desde las palabras de quien con él vivió, amó y sigue viviendo y amando, realizando tesis doctoral y recopilando toda su obra, la presidenta de la Fundación del poeta, Sabina de la Cruz, que nos presenta, a través de Álex Oviedo, una muestra de la vida y el sentir de Blas y sus preferencias por su Bilbao tan amado como dolido. Ese Bilbao que –escribe nuestra querida compañera Mª Jesús Gandariasbeitia— en palabras del poeta, lo fue siempre de “cuerpo entero”: desde la calle Hurtado de Amézaga 28, donde nació, hasta la calle que lleva su nombre en Deusto, o en la de Egaña, donde se levanta una escultura con el recuerdo de uno de sus libros más conocidos: “Pido la paz y la palabra”.

El Mundo, para Blas como para Unamuno: un Bilbao más grande

         En “Pérgola” también se publica un estudio bastante completo de la obra de Blas de Otero a cargo de quien mejor podría hacerlo: Félix Maraña. Recoge además crítica de otros escritores respecto a la obra del poeta y algunos de sus significativos versos: “Hay que escribir a favor del viento (ese viento céfiro, suave y espacioso) que utilizó Blas junto al otro viento, el de “contra corriente”, siempre en una poesía de “encuentro con el mundo”. O como explica Aitor Francos, en otra página del suplemento: “Blas caminaba como si saliera a buscar mapas interiores, a explorar una poética cuyo sentido era averiguar la realidad histórica (…) Se sentía en casa en cualquier parte, pero realizó uno de los últimos viajes, tal vez el de toda su vida, acaso el más íntimo, el de su muerte, al cruzar una calle, durante casi un siglo entero, en pleno centro de Bilbao”. Blas sufría tanto por su Bilbao y su Mundo que creo yo que para él, como para Unamuno, el mundo fue un Bilbao más grande…

         Beatriz Rucabado, por su parte, recoge opiniones de otros poetas cercanos en el espacio: Blanca Sarasua (“me encantan las palabras de Blas desnudas de artificios”), Juan Manuel Uría (“Blas sigue siendo presente, mantiene su pulso con el tiempo”) e Itziar Mínguez (“Blas supo hacer sus reivindicaciones saltando obstáculos”). Itziar aparece también en página especial en el periódico “Bilbao” por haber recibido el Premio Nicanor Parra gracias a su poemario “Que viene el lobo”.

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Blas de Otero, el 5 de junio de 1976, en un homenaje a Federico García Lorca en Granada. / Ricardo Martín

         Concha Zardoya , la poetisa chilena de padres españoles (amiga de Gabriela Mistral, Vicente Aleixandre, Pablo Neruda, Dámaso Alonso, Rafael Alberti, Jorge Guillén o Miguel Hernández y traductora de las obras completas de Walt Whitman) escribía en agosto de 1986 un texto que me hizo recordar la poesía de Blas de Otero: “La condición de poeta le obliga a tener bien despiertos los sentidos,  a tener bien abiertas las ventanas del alma y de la mente, a plantar bien los pies sobre la tierra que pisa (…) El poeta no puede ser un solitario: su yo ha devenido un nosotros. No es sólo testigo del medio social en que vive, sino que su propio corazón late con el de todos. La otredad –los otros—  le conforma tanto como su propia individualidad. Su poesía, así, es una experiencia, además de personal, colectiva”. Unos años antes, fue Emiliano Aguado el que exaltaba a Blas de Otero: “Busca las palabras con aristas que al nombrar las cosas las desgarra y las muestra desde dentro”…

                   La doble pasión: Blas de Otero y Gabriel Aresti

         El poeta, creo yo, debe imaginar y soñar con verdadera pasión (¡ah la pasión por lo que se hace!), visible además por el compromiso contraído. Y la pasión de Blas de Otero no se encuentra en el rebuscamiento de las palabras sino en la realidad que nos ponen delante de los ojos, que hacen felices o desdichadas nuestras vidas. Como escribía Caballero Bonald: “La dignidad humana de toda la obra de Blas de Otero va mucho más allá que su complementaria dignidad artística, esa tan virtual y desgarrada mente capacitada para ser la de un gran artista”.

         El propio Caballero Bonald decía que Blas de Otero era tan vasco que no lo parecía (“lo primero que me quitaron fue mi lengua”) y era a la vez tan ibérico que no podía parecerlo más. Su soledad la compartía con otros y sobre todo con poetas como Gabriel Aresti. Por eso Bernardo Atxaga recuerda la amistad y el respeto mutuo que unió a Blas de Otero, “poeta vasco en castellano”, y a Gabriel Aresti, “poeta vasco en euskera”, del que pronto nos ocuparemos de homenajearle recordando aquellos años compartidos. “Esa relación de Otero y Aresti –termina Atxaga— es ejemplar modelo a seguir por la gens que vive en la gran urbe vasca”

         Precisamente, hay un verso precioso de Blas a Gabriel Aresti, en la muerte del poeta euskaldun: (…) la casa de nuestros siglos seguirá viva en tu palabra, / tu permaneces en nuestra casa”…

“Apláudanme al cantar”: así lo hicimos y así lo hacemos

         Bernardo Atxaga ha dedicado varios “alfabetos” a Blas de Otero, del que siempre ha dicho que admira por su musicalidad, su oficio y su compromiso. Y en esos “alfabetos” recuerda la enorme resonancia que los poemas comprometidos de Otero tuvieron en una sociedad asfixiada por la censura, gracias, por ejemplo, a las canciones de Paco Ibáñez”: “Si me muero, que sepan que he vivido / luchando por la vida y por la paz. /  Apenas he podido con la pluma, / apláudanme el cantar”.

Blas de Otero y Paco Ibáñez en 1968 y 1967

         Cierto que ha habido otros cantantes que han extendido con su voz la voz de Blas de Otero, lo han hecho a título individual (Imanol, Víctor Manuel, Rosa León, Adolfo Celdrán, Hilario Camacho, Luis Pastor, etc ) y en grupos como “Agua Viva” y “Los goliardos”, pero de todos ellos me quedo con Paco Ibáñez, un Paco Ibáñez que eligió Bilbao en 1967 (gracias a José Luis Merino, el escritor y galerista bilbaíno, al que el cantante llamó “cinco mil voltios”) en 1967 para un doble recital en la Facultad de Económicas y en el Teatro Campos, con apoteósico éxito pese a que uno de los conciertos estuvo a punto de suspenderse por “la autoridad competente”, y que fueron previos al muy famoso del Olympia de París y calificados como de “liberación cultural”.  Recuerdo también que Paco Ibáñez dedicó una parte de sus recitales a cantar en su euskera materno.

         Otro de los muchos estudiosos de la obra de Blas de Otero ha sido Emilio Alarcos Llorach. El catedrático subraya que “los versos de Blas de Otero son vitales y no mero producto de laboratorio; expresan a un hombre y no a un literato”: “(…) Ahora vuelvo a mi ser, / torno a mi obra / más inmortal: / aquella fiesta brava / del vivir y el morir. Lo demás sobra” // (…) “Dame / tu mano. Y caminemos”…

          Blas de Otero, pese a eso que el mismo cantaba de “yo me iré y se quedarán los pájaros cantando”, no se ha ido. El recogía un verso de su admirado Antonio Machado que recordamos ahora: “Di, ¿por qué acequia escondida, agua, vienes hacia mí…?”. Si Blas escribía que para ver a Dios no basta un beso”, los que le leímos, incluso cantamos y hasta copiamos para sentirlo mejor, a los 100 años de su nacimiento le decimos: Blas, un beso de admiración, tu sabes que para explicarlo nos basta eso

Con George Martin llegó el más potente cambio… musical

George Martin, el productor, compositor, y músico británico, conocido como “quinto Beatle”, fallecía a los 90 años en su Liverpool, esa delicada y mítica ciudad portuaria de donde salió el sonido y la alegría que cambió la perspectiva de la juventud del mundo en los años 60. En reconocimiento de este genio de la música (700 discos a lo largo de su vida), estos días, desde el día 8 de marzo, en todo el mundo se ha entonado el “Yesterday” de los Beatles. Y sus canciones repletas y “sentidas de amor” para Donna Summer, como “Love to love you baby” o “I feel love”, estarán sonando en alguna discoteca de cualquier rincón o cualquier fiesta multicolor. Y en otros muchos hogares se recordará con delicadeza y morriña “Candle in the wind” (Una vela al viento), de Elton John, con el que colaboró George Martin para despedir cantando a la princesa de Gales.

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Imagen publicada en Twitter por Ringo Starr al conocer la muerte de George Martin

         En una época en la que el nombre de Dios está en entredicho en más de la mitad del mundo, Ringo Starr daba la noticia de la muerte del productor musical con estas palabras: “Que Dios bendiga a George Martin. Paz y amor para Judy y su familia. Gracias por todo vuestro amor y amabilidad”. Eso decía el ex batería de los Beatles junto a una foto en blanco y negro de George Martin en acción, en los estudios Abbey Road, rodeado por los cuatro fabulosos del más célebre conjunto de música “pop” del mundo. Y el premier David Cameron lanzaba esta despedida oficial: “Fue un gigante de la música, trabajando con los fab four  (fabuloso cuarteto) para crear la música más perdurable del mundo” y la que originó la beatlemanía. Y es que si alguien contribuyó a hacer de esa música algo inmortal, aparte de sus cuatro protagonistas absolutos fue George Martin.

         Paul McCartney decía de George Martin: “Era el mejor. Siempre lo había admirado. Trabajar con él era genial. Era el adulto de la habitación. Nosotros éramos los niños malos”. El secreto de la inocencia y vitalidad sin límites de los Beatles tuvo en George Martin un condimento crucial y especial. Pero no solo en los Beatles, colaboró con otros muchos artistas y consiguió colocar treinta discos sencillos números uno en las listas de éxitos del Reino Unido y veintitrés en la de Estados Unidos. Colaboró con numerosos artistas y trabajó para el cine, por eso Roger Moore le recordaba: “George Martin hizo que mi primera película de James Bond sonara de una manera brillante”.

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En lo musical, George Martin fue el más estrecho colaborador de los Beatles,

Hijo de carpintero, lució siempre el más fino estilo ingles

         Hijo de un carpintero siempre tuvo un característico estilo de elegante oficinista inglés. Tras graduarse en la Escuela Guidhall de Música y Drama desde 1947 a 1950, estudió piano y oboe. Después de su graduación trabajó para el departamento de música clásica de la BBC Music, y en 1950 ingresa en la plantilla de la primera compañía iconográfica británica EMI Records, donde acabará desempeñando labores de producción dado su talento en este campo. Shirley Bassey, Matt Mouro y el actor Peter Sellers obtuvieron diversos éxitos con Martin de productor. Quizá por eso fue contactado por Sid Coleman de Ardmore & Beechwood, quien le habló de Brian Epstein, el mánager de una banda que había conocido. Coleman pensó que Martin podría estar interesado en el grupo, a pesar de que habían sido rechazados por Decca Records, la discográfica que cometió la pifia más conocida de la historia de la música al rechazar a los Beatles por un sonido que “no era bueno” y, sobre todo, porque “los grupos de guitarras ya habían pasado de moda”.

         Cuando los Beatles conocen la incorporación de Martin como productor los jóvenes no le reciben con demasiado entusiasmo. Paul McCartney escribía años más tarde: “A George le tocaba aceptar a los “insignificantes” porque nosotros encajábamos en esa categoría”.

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La beatlemanía, de 1962 a 1969, surge de una barriada de Liverpool

         Precisamente Martin encontró en ese conjunto de jóvenes una encantadora irreverencia y una virtud inmaterial, un elemento que flotaba y salía con fuerza de ellos: el júbilo. Desde la primera sesión de grabación de los Beatles en el estudio 2 de Abbey Road en junio de 1962, Martin quedó más maravillado con aquellos jóvenes por su modo de expresarse y su fabulosa presencia que por su sonido. Compartía con ellos dos cosas: una, el origen humilde de las barriadas de Liverpool; y dos, las ganas de interpretar a su manera pero con fuerza, alegría y talento canciones creadas bien o mal por ellos mismos.

         En 1962, George Martin se convierte en el productor de los Beatles y el artífice básico de su sonido y su progresión musical. El talento de John Lennon y Paul McCartney hallaron en él la mejor de las vías de expansión. Las fórmulas encontradas por ellos a lo largo de la carrera musical de los Beatles hasta 1969, marcaron gran parte de la estética  pop, explicándose los avances técnicos de los años 60 en la misma medida que aportaciones tan insólitas en la música de este tiempo como la unión de cuerda y secciones orquestales al genuino sonido Beatles. Con todo ello iba a producirse a partir de entonces el gran fenómeno pop de la década prodigiosa de los sesenta: la beatlemanía.

         El mismo Martin escribe: “”Los Beatles siempre estaban buscando sonidos nuevos, un horizonte nuevo, e intentar proporcionarles cosas nuevas era un reto continuo muy grato. Siempre querían probar instrumentos nuevos, aunque no supieran mucho de ellos. Además, todos eran graciosos, vivimos una época muy alegre; una época distinta de la que habían heredado y que contribuyeron, al menos parcialmente, a cambiar una década”.

                   “Hartos de las guerras, rompimos con el pasado”

George Martin

George Martin, junto a George Harrison (1943-2001) en el estudio, en 1966

         Esto se explica en las palabras entresacadas (seleccionadas por mí) de las miles y miles que se han publicado de los Beatles o de las escritas por ellos mismos: “Nuestra generación –escribe George Harrison, el beatle multi-instrumentalista (1943-2001)— nada había tenido que ver con la Segunda Guerra Mundial y conforme fuimos creciendo nos hartamos de oír hablar de ella. A los periódicos y a la televisión les encantaba esa guerra y las guerras en general, y nunca tenían bastante, seguían haciendo programas sobre ellas. No queríamos seguir oyendo hablar de Hitler y del sufrimiento de nuestros compatriotas. Teníamos más ilusión en el futuro y rompimos lo que quedaba del modelo victoriano respecto de actitudes, pobreza y privaciones. Fuimos la primera generación que experimento eso. Y después llegaron Little Richard, Elvis y Fats Domino y toda esa música, porque hasta entonces solo había esa musiquilla tonta de los cincuenta. Los sesenta fueron nuestros años. Los setenta nos decepcionaron. Fue como si nos estrelláramos contra un muro. Volvieron las comidas de coco y los malos rollos. Y entonces nos dimos de bruces con Vietnam, más o menos en la época en que empezábamos a tener suficiente experiencia como para haber madurado un poco; y haber comprendido que hay cosas hermosas y alegres en la vida y hay que luchar por conseguirlas”.

         “Si aprendimos algo de todo aquello es que mereció la pena”

         Se completaba el juicio del valor de aquella época con estas palabras: “La moraleja del cuento Beatles es que no hay momentos buenos sin momentos malos. Para “The Beatles” y cuantos trabajaban con nosotros, incluido sobre todo Martin, la vida fue una versión muy aumentada de esa idea: como aprender del amor y de odio, de los altibajos, de lo bueno y de lo malo, de los éxitos y de los fracasos. Era una imagen exagerada de la que todo el mundo estaba viviendo, incluso una vida infernal para nosotros, de permanente tensión y acoso del público, las fans histéricas, los polis, los periodistas, hasta el punto de que el único sitio tranquilo donde podíamos estar era el baño del hotel porque en la habitación nos acosaban hasta los clientes y empleados. Sin embargo, si por culpa nuestra se abrió un camino nuevo ajeno a la guerra y el pasado, mereció la pena, sobre todo si aprendimos algo. Lo malo sería que no sirviera para aprender: ¿quién soy?, ¿adónde voy?, ¿de dónde vengo?”…

George Martin explica por qué se rompió el grupo

            Pese a todo cuanto ocurrió en aquella década en torno a los Beatles (“fuéramos donde fuéramos siempre había agitación política y disturbios”; “no creo que nadie haya vivido nunca bajo tanta presión”), no nos explicamos la rápida ruptura del grupo, aunque ellos lo resumen fácilmente: “necesitábamos más espacio vital”, y George Martin puntualiza: “La ruptura ocurrió por muchos motivos, sobre todo porque cada uno de los chicos quería vivir su propia vida y nunca había podido hacerlo. Siempre habían tenido que actuar en grupo y se sentían aprisionados, creo que al final acabaron hartos. Querían vivir como los demás y sentir que sus mujeres eran más importantes que sus compañeros de trabajo. Cuando apareció Yoko, como cuando lo hizo Linda, se convirtieron en algo más importante para John y Paul que su amistad mutua, y a los demás les ocurrió lo mismo”.

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George Martin con el grupo en abril de 1963

         Queda dicho y proclamado que George Martin fue el artífice del éxito de los Beatles, su “productor”, un productor que es más bien el director de las grabaciones, figura a imagen y semejanza de un director de cine. “Nada que ver –comenta el productor español Julián Ruiz— con el tópico rechoncho millonario, pegado a una rubia y un puro, tan difundido por Hollywood.  El productor es el oído del aficionado o consumidor antes de que exista el disco; es el alquimista que pone su magia y conocimiento para mezclar el arte y la técnica con naturalidad”. George Martin  decía en 1983: “El futuro de un disco depende de la fe inquebrantable del productor con el artista a producir (…) El productor tiene que desarrollar la habilidad de convertir una idea en sonido, usando su imaginación al máximo”

         In my life” y “Sgt. Peppers” entre lágrimas  y recuerdos

         “Cuando cae el telón final –escribe Julián Ruiz, padrino de la investidura de Goerge Martin como doctor honoris causa  en el claustro de la Universidad de Alcalá de Henares— quiero recordar con sentimentalismo las palabras del famoso actor sir Sean Connery cuando grabó en 1998 con Martin en el álbum recopilatorio de su vida In my Life, precisamente el texto de In my life de John Lennon en el álbum Rubber Soul. Entre el arreglo pasmoso y soberbio de George Martin, Connery decía: “No hay nadie comparable a ti”. Acabo de escucharlo y no he podido dejar de llorar. Los recuerdos son los recuerdos”. Ese In my life en boca de Sean Connery como todo el álbum recordatorio puede escucharse a través de Internet, sin embargo nosotros hemos elegido Sgt. Peppers, que siempre fue el disco favorito de George Martin y donde se presenta la “Banda del Club de Corazones Solitarios del Sargento Pimienta” y donde se dice, entre otras cosas: “olvidaros del tiempo”, “nos gustaría llevaros a casa con nosotros”, y también se nos salta alguna lágrima porque los recuerdos y vivencias efectivamente son recuerdos vividos…

 

José Manuel Alonso

Expresidente de la AVP-EKE

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