“Valores” y “virtudes” declarados por el Papa Pio XII a aquel Athletic de los “once aldeanos”, entre los que estaba José Luis Artetxe, fallecido en la festividad de San José

            Mucho se ha escrito estos días pasados sobre José Luis Artetxe, genial  futbolista y fuerte personalidad (“espíritu libre”), fallecido en vísperas de la festividad de San José, con 85 años de edad (había nacido el 28 de junio de 1930 en Algorta) y numerosos éxitos deportivos, entre ellos: la liga de 1955/56, y las Copas de 1955, 1956 y 1958; y seis veces internacional. Con el Athletic estuvo 15 temporadas y jugó 346 partidos con 133 goles. Fue también directivo y socio distinguido del club rojiblanco desde 1965. Estudió en los Jesuitas de Indautxu y su vocación intelectual era la de ingeniero. Por eso jugó al fútbol hasta que quiso: “El fútbol me ha dado mucho pero no ha sido lo más importante de mi vida”.  Sucedió a Rafa Iriondo con el “7” del Athletic (con el que coincidió en el equipo tres temporadas) y lo ha sucedido en tan solo 24 días de su fallecimiento.

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            De todo eso se ha escrito mucho sobre en estos días y espero se siga escribiendo. Me gustaría, no obstante, destacar un hecho que he leído y que desconocía: el fallecimiento de un hermano de José Luis Artetxe por una lipotimia debido al calor de aquel 28 de mayo de 1950 cuando presenciaba, en el estadio de Chamartín, el partido que José Luis jugaba con el Getxo de la final del Campeonato de España  de Aficionados frente al Cuatro Caminos madrileño, partido previo a aquella final de Copa ganada por el Athletic al Valladolid (4-1).

             Quien mejor puede escribir de José Luis Artetxe es uno de sus cuatro hijos, periodista, con el que viví profesionalmente durante unos años y que tiene un gusto literario fino y convincente, y un estilo muy plural como cronista, tanto como tenía su padre con el balón en los pies o su inteligente situación en el campo, en las proximidades del área, sin descuidar ese su acierto en los remates premiado con numerosos goles y éxitos.

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            Un Athletic de “once aldeanos” con alirones y records

            De los Artetxe, por tanto, se puede escribir y aprender muchísimo, por eso prefiero centrarme en un hecho en el que participó el futbolista de aquel equipo que todos los aficionados sabemos de memoria (Carmelo, Orue, Garay, Canito; Mauri, Maguregi; Artetxe, Markaida, Arieta, Uribe y Gainza), equipo del eslovaco Daucik y que el entonces presidente del club, Enrique Guzmán, calificó de “once aldeanos” al ganar a los Real Madrid, Barcelona, At. Madrid y cuantos equipos se le ponían por delante. Tanto impresionaba aquel equipo que en Madrid pusieron música y letra a un chotis: “Y ya te dije hermano, que las cosas no están mal. Para ganar la final, nos basta con once aldeanos”.

            A los gritos por aquel equipo le añadieron el “alirón, alirón, el Athletic campeón” y tanta gente le seguía que un partido en Vitoria (temporada 55-56) frente al Alavés tuvieron que suspenderlo por el exceso incontrolable de espectadores. En la temporada 1958-59 consiguieron un record casi imposible de igualar: 33 goles en cuatro partidos: 9-0 al Sporting; 9-0 al Celta; 1-8 a Osasuna y 7-0 al Betis.

            El hecho que me gustaría destacar es el recibimiento muy especial del Papa Pio XII en el Vaticano. Merece la pena recordar por lo que significó y sobre todo por lo que se dijo, acontecimiento que el grandísimo guardameta Carmelo suele comentar con esta frase: “¡Jugando al fútbol nos conocía hasta el Papa!”

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Declaración Vaticana: “Honor a los grandes campeones”

            Aquel año y aquella fecha: 6 de julio de 1956 el mundo vivía una situación muy delicada. Estábamos en plena guerra fría entre Occidente y la Unión Soviética, y una honda preocupación: la posibilidad de una guerra atómica, lo que obligaba a reunirse durante varios días de julio a la Comisión de Desarme de las naciones Unidas. Eso ocurría en el mundo de duro enfrentamiento político, pero en el deportivo y en concreto en el fútbol europeo había dos equipos que brillaban: el Milán y el Athletic, que iban a enfrentarse en la final de la Copa Latina.

            Tengo un amigo que segura que una de las condiciones sine qua non  para ser Papa es que le guste el fútbol. Cierto que ha habido algunos casos llamativos, como es el Papa Francisco de ahora mismo, pero todos dudábamos que entre esos Papas futboleros estuviera el controvertido y enciclopédico Pio XII. Quizá en aquel año de 1956 tenía algún buen consejero vasco, por ejemplo, un jesuita forofo del Athletic calificado entonces cariñosa y significativamente como el de los “once aldeanos” que lo ganaban todo: liga, copa, y la mayoría de los partidos que jugaba en Europa, como en Italia, donde estuvo en las competiciones europeas de aquel año con notable  éxito.

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Copa Latina: los diarios italianos lucieron este gran gol de Artetxe

            Pio XII  (con el equipo cardenalicio de confianza) recibía en audiencia al Athletic en vísperas de la final de la Copa Latina contra el Milán, con el que perdió 3-1 porque era el coco europeo: contaba con el portero Buffon, tío abuelo de Gianluigi Buffon; Césare Maldini, padre de Paolo Maldini; y la figura uruguaya Schiaffino, campeón del mundo con Brasil en 1950. La recepción vaticana fue unas horas antes de los “sanfermines”, el 6 de julio. Y las palabras del pontífice comenzaron enseguida reconociendo la “justa fama del Athletic” y el placer del recibimiento. Y lo hacía “por ser ellos quienes son y por parecernos que acaso lo merezcan de modo especial”.

 “Esas voces que os presentan como modelo”

            Enseguida Pio XII explica el por qué de esos elogios: “sois deportistas verdaderos, entusiastas sinceros de una actividad a la que os dedicáis con alma y vida, poniendo en ella un ardor juvenil, un esfuerzo auténtico, una nobleza y una verdad, que todos os reconocen, casi como vuestra principal característica; sino más bien aludimos a esas voces, también no poco conocidas, que os presentan como un club y un equipo modelo desde el punto de vista moral y religioso, gente que sabe llevar paralelamente su vida deportiva y su vida espiritual” (…) “ ¿Será por eso por lo que vuestros colores rojo y blanco se diría que están familiarizados con el triunfo? ¿Será por eso por lo que este año habéis cantado dos veces vuestro «alirón» con el brío y con las buenas ganas que todos saben?”

            Después de dar la enhorabuena a los jugadores también por la actuación más reciente en “tierras itálicas” (había ganado al Niza: 2-0), señala algo fundamental en el deporte: el sentido de competición, “porque el buen deportista sabe perfectamente que no es sólo el triunfo lo que cuenta, sino también, y mucho más, el dejar bien plantada una bandera, como habéis hecho vosotros”.

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En el Athletic, Artetxe, de jugador,  coincidió con Iriondo tres temporadas.

“Virtudes” y “verdades” futbolísticas

            Después de referirse a esas “verdades”, a partir de ese momento, Pio XII va a calificar el deporte y “acaso especialmente el fútbol” como una escuela de virtudes individuales primero basadas en el perfeccionamiento propio y virtudes colectivas después, virtudes que enumeramos: (1) mucha asiduidad, (2) mucho sacrificio, (3) mucho cultivo interior, (4) mucha humildad en el recibir y asimilar las lecciones, (5) mucha abstinencia en el evitar todo lo que puede ser contrario a la profesión que se vive, (6) mucha abnegación en el perseverar en los momentos difíciles, (7) mucha lealtad en el rendir lo que se debe rendir en todas las ocasiones, (8) mucha superioridad de espíritu para saber perder sin descomponerse, (9) mucha caridad para saber vencer sin humillar al adversario”.

            Concluido ese “novenario” de virtudes individuales, Pio XII se refirió después a las virtudes sociales, especialmente (1) el saber ocupar el puesto que le ha sido asignado en el equipo, (2) en la táctica que en aquel momento se ha de aplicar, (3) sacrificando el lucimiento personal, (4) facilitando la labor de conjunto, (5) siendo una pieza exacta en el complicado engranaje que requiere la táctica moderna”, y hacer todo esos cinco puntos “sin egoísmos, sin vanidades, sin cuestiones personales, con esa ascética especial que hace del atleta un buen ejemplo, incluso para quien quiera vivir conscientemente la mortificación cristiana en todas las circunstancias de su vida”.

Un  “entrenador” que habla para 11 jugadores

            Y para concluir estas recomendaciones, el Papa entra ya en el terreno del entrenador: recomienda con buen criterio seguir todas esas virtudes y hacerlo en la portería y defensa, en el medio campo y en la delantera: “porque bien cierto es que también en la práctica cotidiana y para no perder la partida, muchas veces (1) habrá que defender la propia área con arrojo, seguridad y energía, si no se quiere ser desbordado por las pasiones desencadenadas; muchas veces habrá que (2) saber manejarse en ese difícil terreno medio del campo para encontrar el momento de pasar al ataque sin perder de vista los movimientos del adversario y los posibles peligros de la propia meta; (3) muchas veces habrá que arrancar hacia adelante con inteligencia, resolución y agilidad, en buena armonía con toda la línea para no desaprovechar el momento favorable y no dejar perder un tanto”… Y concluye con una aseveración: un tanto, ese, “que acaso sea definitivo en la vida”.
Y concluye: “Animo, pues, hijos amadísimos, y a seguir dando buen ejemplo en todas partes, como deportistas, como ciudadanos y, sobre todo, come cristianos prácticos. Que la victoria siga sonriendo a vuestros colores en todas las competiciones, que aún esperan a vuestra florida juventud. Y que la bendición del Señor os siga por todas partes. Prenda de ella quiere ser la Bendición Nuestra, que de todo corazón os otorgamos, para vosotros, para vuestras familias y amigos, para vuestro queridísimo «Athletic», para vuestro no menos querido Bilbao y para toda la amadísima España”.

            Todas estas palabras quedaron esculpidas para la gloria en La Catedral en una placa de mármol y, por eso, la idea que tanto le gusta a Carmelo Cedrún se repitió durante unos años en San Mamés “jugando al fútbol, ¡nos conoce hasta el Papa!”. Desde luego, lo de Pio XII o sus asesores correspondientes fue toda una lección de diplomacia y de fútbol. Por eso la hemos recordado, como estoy seguro la recordaba José Luis Artetxe, tan incomparable jugador como liberal persona. Descanse en paz o, como decían los compañeros de Iriondo: “Que Dios le tenga en la gloria” por “su vida deportiva, humana y espiritual”, en palabras del Papa.

                                                                       José Manuel Alonso

 

 

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