Magia, genio y talento de Cruyff, insólito ejemplo para futboleros y no futboleros

< Su verbo favorito: disfrutar; su máxima preocupación: los niños

Johan Cruyff (1), el 14 y 9 de futbolista; como gran maestro de entrenador, al que se le conocía como el “flaco” y el “mago” del fútbol, fallecía a los 68 años el pasado 24 de marzo, Jueves Santo, la misma festividad en la que lo hizo en el año 2014  otro mago, éste de la literatura: Gabriel García Márquez, “Gabo”. El sábado pasado, los 90.000 espectadores que cubrían las gradas del Nou Camp, en el clásico Barcelona-Madrid (1-2), despidieron a Johan con un majestuoso y emotivo mosaico en el que se leía “adéu” y “gracies”. Y ayer domingo, en Ámsterdam, una multitud recorría en manifestación y como homenaje a su vecino la distancia que separa la casa donde nació del estadio del Ajax. De todos los titulares que se han utilizado desde esa fecha para calificar a esta figura irrepetible,  seleccionamos tres: el de “L’ Equipe”: “Cruyff es el fútbol”; el de “The Guardian”: “El padre del fútbol moderno”; y el del “Daily Mail”: “Regalo de Dios para el fútbol”…

 

Johan quedó huérfano siendo un adolescente y desde entonces, dicen los que le conocieron, “aplicó la inteligencia, la velocidad, la valentía y su capacidad de lucha y lógica para triunfar él y hacer triunfar a otros muchos con el fútbol”. Y si el “mago” García Márquez fijaba su éxito literario en las palabras y en la sorpresa temática, Cruyff lo hacía en el balón y en la posición de los pies, y de ahí –como escribe Juan Cruz en “El País”— “extrajo una teoría de los espacios, propios y ajenos” que le dio autoridad y soltura en el juego futbolístico. Como jugador, siempre con la camiseta del “14” en Holanda y con el “9” en el Barça, cuando pasaba el balón (sin mirar porque sabía la posición de sus compañeros) estaba inaugurando una escuela que también fue una fábrica de magia, y de la que uno disfrutaba viéndolo sobre todo en lo más alto del Nou Camp (donde nos colocaban a los periodistas) para apreciar y prever la ejecución de la jugada y los pases al compañero desmarcado realizados por el holandés jugador del Barcelona.

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( 26 de junio, 1974 ; AFP PHOTO / STF)

“La magia de Cruyff –continúa Juan Cruz—, como la  literatura extraterrestre de Gabo, era puro realismo, tocaba la tierra, aunque su perfume pareciera venir del séptimo cielo”. Luego, de entrenador, “el llevó hasta las últimas consecuencias la concepción del fútbol como el resultado de una gran orquesta. Sabía por dónde se pulsaba el viento, conocía a la perfección que un balón en los pies de un portero es más que un balón despejado al aire como si no fuera un tesoro, y conocía, porque lo practicó, el juego de los medios volantes (ejemplos: Guardiola o Xavi Hernández, que fueron sus discípulos más aventajados) como la base fundamental de lo que luego él convertía en arte de la cabriola”, con un fútbol que aprovechaba la técnica individual, los espacios libres y la apertura, profundidad y diversión del juego, con un verbo común: disfrutar del juego, del espectáculo, de la vida y de la compañía..

Con el cáncer, la única vez que le falló su clásico regate

 Aunque conocíamos todos que padecía cáncer de pulmón, su muerte nos ha pillado a todos con el pie cambiado, como le gustaba chutar a él mismo y mandar desde la banda que jugaran así los extremos (el zurdo a la derecha y el diestro a la izquierda) y bien pegados al límite lateral del campo para abrir espacios. Nos ha pillado de sorpresa porque fue en una de las pocas muestras de fe en las que se equivocó, un regate fallido porque comentó no hace mucho que ganaría la batalla al cáncer: “la quimio tiene que entrar, es amiga mía, y tiene que matar al cáncer”…

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Esa vez le falló el regate, ese mismo que hoy intentan todos los chavales desde que empiezan y que Butragueño, el madridista de la “quinta del Buitre”, comenta que le entusiasmó y trató de imitarlo siempre. Consiste en parar el balón colocando la pierna por encima y pegándole con la parte trasera del pie para girar y alejarlo todo lo posible del contrario sin perder el control y cambiar luego la dirección del cuerpo y del balón. De esa forma se engaña al rival, se le deja atrás o a un lado después de una rápida e inesperada salida hacia el espacio libre… y así, pues, eso: “¡viva la libertad y la progresión del juego!”…

“Todos juntos, formando un solo equipo y un solo club”

Se ha escrito estos días que Cruyff llegó a ser tan discreto en su comportamiento (sobre todo en los últimos años, no así de jugador) que se ha muerto en jueves santo sabiendo que el viernes no salen los periódicos en Cataluña. Aunque él se confesara no creyente, en el homenaje que le rindió el Barça en el Nou Camp (10 de marzo de 1999), con el micrófono en la mano y repletas las gradas de socios y espectadores,  sus primeras palabras desde el centro del campo fueron: “Sólo Dios sabe cuánto tiempo hemos tenido que esperar para este momento fantástico”. Habló también al final del partido jugado entre el “Dream Team” (equipo soñado) de Cruyff (con seis jugadores vascos) y el Barça de aquella temporada dirigido por Van Gaal  (que ganó 2-0): “me ha tocado la emoción mucho y no tengo palabras… Eso sí, todos juntos, podemos formar un solo equipo y un solo club… ¡Hasta siempre!”…

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Ahora, el ¡hasta siempre! se convierte solamente en siempre, porque siempre estará el fútbol vinculado a Cruyff y su genio, genio de genialidad además de carácter. En otras ocasiones, recordaba también a Dios y comentaba con gracia: “Muchos futbolistas, sean de la religión que sean, comienzan los partidos rezando o santiguándose; si Dios escuchara a todos, los partidos terminarían en empate, que es el mal menor”.

Juan Cruz se preguntaba: ¿Qué le dio al fútbol?…  “Convicción. Una idea que transmitía sin fanatismo pero sin fisuras. La valentía para desafiar nada menos que una cultura y por hacer apuestas de alto riesgo en un fútbol que le tenía miedo al talento. Integró a jugadores como Laudrup y Romario (o como los vascos Zubizarreta, Alexanko, Txiki, Bakero, Goikoetxea, Julio Salinas…) en un proyecto que empezamos viendo como singular y que se terminó convirtiendo en revolucionario. Algunos jugadores suyos lo llamaban dios, y para tener ese grado de influencia dentro del mundo nuestro solo se puede estar un escalón debajo de dios, y eso por respeto”.

¿Y cómo vivió después de la gloria? “No hubo un Cruyff que viviera después de la gloria. Se instaló en la gloria, no hubo ningún jugador en el que haya confluido tanto el éxito siendo futbolista y siendo entrenador. Está en la mesa histórica de los cuatro grandes de finales del siglo XX: Di Stéfano, Pelé, Cruyff y Maradona”… Y como entrenador fue algo más que un ganador: es un referente, la personificación de una escuela a la que debe estar agradecida, sobre todo, el fútbol holandés y español, aunque también (ahora) el fútbol alemán e incluso el inglés.

En San Mamés, 1974: “Ostia de Villar a Cruyff”

La fecha de su muerte, ¡que coincidencia!, es la misma, pero de hace cuarenta y dos años, el 24 de marzo de 1974, en la que en el viejo San Mamés presenciamos aquel hecho que titulamos en “La Hoja del Lunes” de Bilbao como “Ostia de Villar a Cruyff”, precisamente unos días más tarde de que la palabra fuera aprobada por la Real Academia (sin “h”)

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como “golpe contundente”, que fue el que le dio el entonces medio campista del Athletic y hoy presidente de la Federación Española de Fútbol, y que fue tan contundente que Ángel María Villar salió del campo antes de que el árbitro le mostrara la tarjeta roja y pidió disculpas a través de los periodistas con estas palabras: “perdí los nervios”. Precisamente fue el nervio de Cruyff, su cambio de ritmo, el dribling y sus pases lo que le hizo perder el nervio, un Cruyff que ha sido calificado por Mark Rutte, primer ministro de Holanda, “como el holandés más famoso del mundo”.

Pese al accidente de Villar, Cruyff siempre fue apreciado en aquellos años por el gran público inteligente de San Mamés, y “el flaco” elogió  al Athletic por la potente “fuerza del equipo”, idénticas palabras que utilizaba en el último de sus artículos en la prensa holandesa cuatro días antes de su muerte, comentando el comportamiento y la victoria en los penaltis del equipo de Simeone (At. Madrid) frente al PSV Eindhoven.

La justicia, el sentido común, la rabia y la autoridad

Empeñado en ser buena persona pese a su genio, nunca se negó a contestar a nuestras peguntas de periodistas ni a enseñarnos algo nuevo. Era también un radical educado e irreverente, contrario al poder, siempre subversivo con la injusticia, con la ausencia de sentido común en la práctica del fútbol y, sobre todo, con los directivos.

Fuerte con los poderosos y próximo a los débiles, tenía dos denominadores comunes: uno, la justicia con el grupo, los jugadores (“todas las primas que me den a mi deben dárselas también a los compañeros, porque quien gana es el equipo”) y con los pueblos (“¿por qué no los escuchan los políticos?”); y dos, precisamente el sentido común aplicado al fútbol, a su entorno y a la gente. Nunca olvidó el consejo de su padre que le dijo: “fíate menos de los que están en la primera fila de la iglesia que de los que están detrás”. Quizá por eso se las ha tenido más con los dirigentes de los palcos que con los aficionados de la grada: “No hay ningún presidente de club y de los estados que me diga lo que tengo que hacer”.  Precisamente, al comenzar la temporada actual, cuando el Madrid fichó a Rafa Benítez como entrenador, le preguntaron a Cruff por la suerte del sustituto de Carlo Ancelotti y Johan respondió: “Todo depende de su personalidad, el entrenador que no manda por encima del resto en su cometido se convierte en un pasajero”. Acertó plenamente, Benítez duró unos meses, ”obligado” por sus jugadores, su presidente, los médicos del club y muchos de sus aficionados. Puede decirse que a los últimos entrenadores del Madrid les ha faltado rabia y autoridad porque, dice Cruyff, “sólo con conocimientos, rabia y autoridad se llega muy lejos”.

            “Si puedes hacer algo por los demás, ¿a que esperas?”

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Cuando entrenaba y sus partidos fueron aburridos, los periodistas sabíamos que nos íbamos a divertir durante la conferencia de prensa, incluso a sabiendas de que iban a crearse conflictos cuando Johan nos dijera repleto de sinceridad futbolística: “aunque seáis mil, de esto yo sé más que vosotros y tengo las cosas muy claras”. Incluso en los fracasos  o derrotas –comenta Sergi Pámies en su libro: “Cruyff, me gusta el fútbol”— ha sabido alimentar la merecida leyenda que le persigue. Su espíritu disidente le ha llevado a enfrentarse con cuantos han intentado hacerle cambiar o rectificar una línea que él, con razón o sin ella, consideraba coherente.

Siempre estuvo cercano a la gente de la calle, sobre todo a los niños para los que reclamaba su integración social a través del deporte, y a los que dedicó su filosofía futbolística basada en la enseñanza y su desarrollo, “con pedagogos y amantes del fútbol mejor que con entrenadores duros y trepas”. Al dejar el fútbol profesional su faceta educativa y social se amplió a los más necesitados y, de estos, los niños discapacitados, y por eso creó una Fundación que lleva su nombre. Recuerdo su máxima: “Si puedes hacer algo por los demás, tienes que hacerlo”.

“Dos grandes vicios: el fútbol que da vida y el tabaco que mata”

Johan se mostraba tan original y único que sin aprender idiomas se entendía siempre con los medios informativos y las personas en cualquier parte del mundo. En el campo, todo un nervio; fuera del campo, descansando o entrenando, sentado sobre una caja de frutas (sus padres tenían una tienda de ultramarinos) o sobre un balón de fÚtbol. Fue un fumador convulsivo padeciendo primero una insuficiencia coronaria  y tuvo que superar una operación a corazón abierto hace 25 años; y recientemente el cáncer de pulmón que le hizo perder la vida dejando un enorme legado para siempre.

Pese a su obsesión por él tabaco, nunca ha habido una advertencia tan original y eficaz contra ese vicio como aquella campaña contra el “pitillo que mata” (1991) en la que aparecía con corbata y con una gabardina clara dando patadas a una cajetilla de Winston, pronunciando estas palabras: “Soy Johan Cruyff. En mi vida he tenido dos grandes vicios: fumar y jugar al fútbol. El fútbol me lo ha dado todo en la vida; en cambio, fumar, casi me la quita”… y se la quitó.

Tras el infarto, Cruyff sustituyó su eterno cigarrillo, Camel sin boquilla, por los chupachups. Así, se hizo habitual verle a pie de campo, dando instrucciones a sus jugadores. Con este caramelo con palo aparece celebrando los cuatro títulos de Liga que ganó el ‘dream team’ del Barça, en los años 1991, 1992, 1993 y 1994.

Su obra trasciende a su persona dentro y fuera del fútbol

 

Se ha escrito con razón que “nadie habló nunca tan claro como Cruyff” y cuando uno lee los libros o artículos escritos por él o de él se sorprende de que su lenguaje sea tan universal como su lógica, que se comprueba a través de algunas de sus frases más famosas: “Si piensas demasiado con el balón en los pies, ya llegas tarde”; “el balón es mi oxígeno: juego y respiro con él; el balón es también mi despacho, me siento en él y veo como trabaja el equipo”; “el saber de fútbol, el saber ver y el saber mandar con autoridad son el 100% del éxito de los entrenadores”;  “hay un dicho popular que dice que hecha la ley, hecha la trampa, pues hagamos menos leyes y habrá menos trampas”; “el blanco es un color que sólo funciona por oposición”, y no se refería necesariamente al Madrid. Muchas, muchas de sus frases están en libros que hemos vuelto a leer y disfrutar como: “Johan Cruyff, mis futbolistas y yo”, “Johan Cruyff, mi filosofía”, “Escuchando a Cruyff” y “Johan Cuff, me gusta el fútbol”…

Su obra trasciende a su persona, hasta convertirse en una religión cuya arma es inocua: se explica a partir de un balón y de un rondo de la misma manera que el juego depende de un centímetro y de un segundo, como se advierte ahora en cada partido del Barça… Grabó a fuego la filosofía del control y del pase, y esta frase: “la única forma de hacer imperecedera una idea es crecer con ella”… Confesó que tenía dos obsesiones futbolísticas que pueden aplicarse a cualquier actividad profesional: en primer lugar, el conocimiento, la técnica –es decir, poder hacer lo que yo quiero– y, en segundo, la posición –o sea, buscar la situación más sencilla para llevar a cabo lo que tengo que hacer–. Si recibo el balón de cara a la portería, ya puedo iniciar el uno contra uno. Si, en cambio, lo recibo de espaldas, tendré que hacer dos maniobras, una de control, y luego darme la vuelta, con lo que perderé un tiempo precioso en beneficio de la competencia, que en fútbol es el contrario.

No hay un cruyffista como Guardiola, ahora en el Bayern

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El cruyffismo está más expandido que nunca desde que Cruyff dejó estar en activo para dedicarse a sus comentarios o artículos en los medios y a su familia, incluido los nietos. Y desde hace años no hay un entrenador más cruyffista que Guardiola y un jugador que entendiera mejor su dirección de juego que Xavi Hernández, el centrocampista del Barcelona. Y lo cierto es que Cruyff cambió la historia del Barça como jugador y después de entrenador pero fue Guardiola quien se llevó los mayores éxitos y, por eso, el actual entrenador del Bayern de Munich confiesa que lo que aplica actualmente es lo que aprendió de Cruyff, por ejemplo: “Johan intuía lo que podría ocurrir antes de que ocurriera”; “nos hizo pensar que podíamos controlar el juego y te ayudaba a desearlo y a aprenderlo”; “nos decía: jugáis mal porque corréis demasiado y visto en la actualidad no hay mejor jugador que haya entendido eso que Messi, que corre lo justo y gana los partidos”; “con Cruyff estabas siempre en una película, un juego constante (“persistir, seguidme”, solía decir) y siempre con la emoción activada, dándonos los porqués”.

Desde luego, hay un antes y un después de Cruyff en el Nou Camp:  44 títulos hasta 1988 y otros 44 y, por supuesto, desde su llegada, la Copa de Europa. Y en estos días se ha demostrado que con él se acabaron las penosas transiciones en el Camp Nou. Su cambio de ritmo y la aplicación de sus ideas futbolísticas descolocó a los rivales y animó el paso del Barça. El barcelonismo pasó a tener una marca ganadora que hoy está en boca del Ajax, del Bayern, del Manchester City, de la Champions; del fútbol con mayúscula, se juegue donde se juegue…

Quizá los holandeses y los altavoces del Barça, como es lógico, son los que estos días más están exagerando en sus apreciaciones. “Se ha muerto el jugador más grande todos los tiempos”, señalaba el club Ajax en una nota, directo, como el personaje. “Es y será siempre una leyenda”, decía el comunicado azulgrana y así titulaba también el Bild alemán…

La respuesta de otros medios informativos internacionales ha sido coincidente en los elogios y en el denominador común de que Cruyff ha sido “único”. En Francia, L’Equipe presentó una portada preciosa, con una imagen de Johan en el Mundial del 74 conduciendo el esférico sin mirarlo, bajo el título de “Johan Cruyff era el juego”. También Libération recoge una imagen del holandés, en el que titula: “Eclipse total”. En Italia, la Gazzetta dello Sport dedicó varios artículos al fallecimiento de El Flaco: “Un hombre que cambio el fútbol en el campo y desde el banquillo” y un vídeo con su última entrevista para el diario.  En Inglaterra The Guardian lucía la apertura del periódico, subrayando lo del “holandés volador”, con estos títulos: “El padre del fútbol moderno que conformó la cultura holandesa”; “Un revolucionario que nos hizo entender el fútbol de otro modo”. También en el Daily Mail se puede ver un texto sobre el 14, que dice: “Regalo de Dios para el fútbol: Cruyff fue el artista supremo en el renacimiento holandés del fútbol total”.

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En Argentina, en Olé, le dan una vuelta al tema y cuentan los elogios de Cruyff para Messi en los últimos años, un Messi, para muchos el mejor futbolista de la historia, que sigue la misma línea de su club subrayando la leyenda, y que hace unas semanas rindió al holandés un homenaje en un partido oficial frente al Celta (6-1) logrando emocionar al ex técnico azulgrana al emularle en el lanzamiento de un penalty indirecto que  nos dejó confundidos a todos los espectadores.

Santiago Segurola: “Cruyff, una visión pop de la vida”

Hoy, como se vio el pasado sábado, todo el barcelonismo y el fútbol de nuevo cuño están impregnados de Cruyff, como anunció en un artículo de 1993, con su extraordinario acierto y estilo, nuestro antiguo compañero (en el “Deia”) y siempre amigo Santiago Segurola: “Hay algo en sus equipos que les entronca con una visión pop de la vida: el gusto por la diversión, la búsqueda de la brillantez y un lado ingenuo, juvenil y despreocupado. Los buenos partidos del Barça se sienten como las buenas canciones de los Beatles o los Kinks: rápidas y directas al corazón. Y todo eso porque a Cruyff le gustan el balón y los futbolistas, y no anda preso de la murga que nos mata: sistema, sistema, sistema”.

El artículo lo remataba Ramón Besa en “El País” el 12 de diciembre de 2015: “ Y aunque sus discípulos (no sólo Guardiola o Luis Enrique) han atendido al equilibrio, a la tensión defensiva y a los detalles tácticos, ninguno se ha olvidado del estilo y del mensaje lúdico de Johan. La fidelidad se expresa en la creatividad, la belleza y la fascinación que provoca habitualmente el fútbol del Barça. Ya no se trata de una cuestión resultadista, que también, sino de confianza en un plan que después de acabar con el victimismo, las urgencias históricas y la indefinición, camina de nuevo hacia la cima del mundo” y lo hace copiando las enseñanzas del que fue maestro jugador y entrenador… “El Barça dejó de ser un equipo acomplejado para convertirse en campeón y el solfeo sigue funcionando como el abecedario, de manera que su sonoridad depende de los instrumentalistas, ninguno mejor que Messi.

Para el legendario portero de la Juve y de la selección italiana, Buffón, “Cruyff era el que podía dar un poco de brillo a un simple 14, capaz de hacer florecer el fútbol de la nada”. Y Eusebio Sacristán, hoy entrenador de la Real Sociedad, afirmaba: “Me inculcó la idea de afrontar no sólo los partidos sino la vida de una determinada manera que ha sido muy importante para mí en el resto de mi carrera, fue mi padre futbolístico”. Y si Eusebio considera a Cruyff su “padre futbolístico”, Johan consideraba a Eusebio como “uno de los jugadores que mejor entendía la actitud desconcertante para el rival, un jugador capaz de adaptarse a los trucos tácticos y, por tanto, uno de los buenos, de los más grandes”.

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El silencio de 30 años y su ausencia del Mundial de Argentina

Para que nos demos cuenta de cómo era este personaje, voy a poner dos ejemplos: el silencio en su retirada del mundial de fútbol manteniendo el secreto durante 30 años y la creación de su fundación de carácter social.

Un violento atraco en su casa, con amenazas de muerte contra él, su mujer y sus tres hijos, desencadenó su baja en el Mundial’78.  Aquella temporada abandonó el Barça y se tomó unos meses sabáticos.  Según el relato de Cruyff, que sólo habló del suceso en Catalunya Radio en 2008, y años después en L’Equipe. Impresionada toda su familia, Johan decidía no acudir al Mundial de Argentina, donde se esperaba la coronación de la Naranja Mecánica holandesa. Antepuso la seguridad de los suyos al fútbol, pasó varios meses con la policía durmiendo en casa y sus hijos yendo escoltados al colegio. Explicó su ausencia de la Copa del Mundo con estas palabras: “A un acontecimiento como ese, si no estás al 200%, no puedes ir… Y llega un momento que dices basta porque hay otros valores más importantes en la vida”. Instantes decisivos que le apartaron de aquella final en el Monumental de Buenos Aires y aquel gol a trompicones de Mario Kempes que le dio el título a la Argentina, un Mundial bajo sospecha que jamás debió haberse celebrado en un país sometido a la feroz y sangrienta dictadura militar de Videla.

Fundación Cruyff a favor de los niños discapacitados

El otro ejemplo tiene otro carácter muy distinto, el solidario, el de su Fundación benéfica. Él lo cuenta en uno de los libros maravillosos “Johan Cruff, me gusta el fútbol”, de Sergi Pàmies, que recomiendo sobre todo a los amantes del balompié, como se decía antes: “Cuando creo mi propia fundación benéfica, tuve en cuenta todas las cosas que aprendí en Estados Unidos (…) Resulta difícil explicar los sentimientos que, un día, te llevan a decidirte a hacer algo para la gente a la que la vida no le ha dado lo mismo que a la mayoría. En general, te acostumbras a hacer tu vida sin reparar en lo que ocurre a tu alrededor. No es que desees cerrar los ojos o no quieras tener los pies en el suelo, lo que ocurre es que no te detienes a pensar que tu puedes hacer algo positivo, algo que sirva para hacer sonreír, para sentirte útil, para integrar un poco más a todos aquellos que lo necesitan (…)

En Estados Unidos, cuando jugué en el soccer norteamericano, se me abrió un nuevo mundo, vi cómo personas importantes, gente conocida, siempre encontraba tiempo, pese a sus múltiples ocupaciones, para dedicarse a la ayuda de los niños discapacitados. Cuando me establecí en Washington, una de las familias que vivía cerca de mi nuevo domicilio tenía un hijo con problemas, y un día su padre me confesó que era un fan del soccer y que le encantaría que un día pudiera darle unos consejos. Recuerdo cómo aquel niño golpeaba la pelota con el pie derecho. No había manera, su falta de coordinación provocaba que su pie pasara siempre a unos centímetros de la pelota. Entonces le ayudé a rectificar la posición del cuerpo, lo intentamos una y otra vez y finalmente consiguió darle a la pelota con el pie. Nunca olvidaré la cara de aquel niño: sus ojos reflejaban más felicidad de la que yo nunca pudiera imaginar… Más adelante, de la mano de Eunice Kennedy, empecé a colaborar con los Special Olympics. Ya nunca más tuve un no para ceder mí imagen o participar intensamente en aquellas actividades en las que chicos con diferentes discapacidades practicaban algún deporte.

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Regresé a Holanda y luego me establecí en Barcelona. Desde que regresé a Catalunya continué colaborando, en la medida de mis posibilidades, con los Special Olympics, así como en el partido de fútbol anual contra la droga y otras actividades, pero más adelante empecé a pensar que había llegado el momento de hacer algo más estable, más sistemático y que fuera un punto de encuentro para todos los deportistas que quisieran aportar algo más a la sociedad”.

Cruyff elogió siempre al fútbol vasco y a la Real de Ormaetxea

Durante los años que fui cronista de fútbol en “La Gaceta del Norte”, después redactor-jefe de Deportes de “La Hoja del Lunes” (compatibilizándolo como redactor de “La Gaceta”) y luego de “Deia”, coincidí en varias ocasiones con Cruyff, y no sólo como espectador sino en algunas conferencias de prensa y en un par de entrevistas. En todos los casos, Johan Cruff manifestó su admiración por el Athletic, “club que nace con una ventaja sobre los demás: su identidad propia, única, de los jugadores que salen de la tierra y la mayoría de la cantera, con preparadores también vascos que aman y saben muchísimo de fútbol”.

En las fotos, la Real Sociedad de Alberto Ormaetxea , con los internacionales Arconada, Celayeta, Zamora, López Ufarte, Satrústegui y Perico Alonso. Con Ormaetxea fue un equipo grande, grande, ganó dos títulos de liga

En cuanto al estilo de juego de los equipos vascis admitía que era propio del clima: “más que húmedo, muy mojado, diría que embarrado, que obliga a valorar la preparación física y el esfuerzo, además de la técnica”.  En cuanto a los jugadores, sentía admiración muy especial hacia aquella “época dorada” de Alberto Ormaetxea (1939-2005) en el banquillo de la Real Sociedad, con la que coincidió algunos años, un grupo plagado de “gente de la casa”, logrando dos títulos de liga de forma consecutiva después de ascender al equipo a primera división. No es de extrañar que esa admiración de Cruyff hacia el equipo donostiarra hiciera que el Barça fichara a alguno de los jugadores procedentes del Txuri Urdin y que Cruff comentara el valor, por ejemplo, de Arkonada como portero ideal porque “la primera función de un portero es organizar la defensa, mandar desde su posición porque tiene todo el campo en perspectiva, y eso no lo hace nadie mejor que Arkonada”. En cuanto a Bakero, jugador que utilizaba Cruyff incluso para defender en las faltas o en los corners pegadito a un palo para cubrir portería, “es jugador polivalente que aprende muy rápido y hace con un toque lo que otros necesitan hacer con tres o cuatro”…

De otros jugadores vascos, se manifestó sorprendido por el toque ‘de izquierda’ que tenían los Checu Rojo, Argote, Churruca, López Ufarte… Y Cruyff nos hizo definiciones muy valiosas de jugadores de sus equipos. Por ejemplo, de Alexanko: “el capitán perfecto”; de Zubizarreta: “la sobriedad es su mejor virtud”; de Julio Salinas: “lo mejor de él es que cuando algo no funciona, él lo arregla con goles”; y de Txiki Begiristain: “un jugador listo y los listos siempre sobreviven en el fútbol, destacan por su efectividad y hace el fútbol fácil”

Valdano y la proeza del Alavés, siempre recordada por Cruyff

El argentino Jorge Valdano (jugador que fue también del Alavés) dedica a Cruff uno de sus artículos en los “Cuadernos”: “Cambió la tradición, el gusto de los aficionados, la organización institucional; con él creció la autoestima, el prestigio, la credibilidad (…) Como es distinto, su fútbol siempre navegó contra corriente. En un país que se había creído la mentira de la furia hasta el punto de convertir el talento en algo secundario, y en un momento donde el presing era sinónimo de modernidad, el se aferró a lo más viejo del fútbol, el balón. Despreció con saña y reincidencia el funcionamiento defensivo; eligió buenos jugadores y un orden atrevido; insistió en el hábito del toque para monopolizar la posesión y, a los dos años, la pelota ya se había puesto de su lado danzando a una velocidad que contagiaba la risa. Ganó más que nadie, pero su revolución no es productiva. Cruyff creó una nueva corriente”…

Pero ahí no quedan los comentarios de Valdano sobre Cruyff ni los de Cruff sobre el fútbol vasco. Por ejemplo, Valdano siendo jugador con veinte años en el Deportivo Alavés (en 1978), comenta que cuando el argentino se dirigió al holandés tuteándolo en una falta, Johan le preguntó por su edad y por su nombre. Luego, mirándolo de arriba abajo, le espetó, con la seriedad de un astro: “Con veinte años, a Johann Cruyff se le trata de usted”. Pero más bonito, repetido y ejemplar fue el permanente piropo de Cruyff al Alavés de José Manuel Esnal “Mané” ysu hijo Jordi, al referirse a que hay que disfrutar del fútbol cuando se ha jugado muy bien, incluso aunque se pierda. ] En el libro “Johan Cruyff, me gusta el fútbol”, comenta:

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“Orgullo, casta y mucho fútbol”, palabras del entrenador Mané en la final de la Copa de la UEFA del Alavés frente al Liverpool en 1978. “Los jugadores terminaron medio muertos y la afición se portó de sobresaliente”.

“Las leyendas también pueden alimentarse de una derrota, sobre todo si juegas bien al fútbol y dejas un buen sabor de boca en los aficionados. En cierto sentido, algo parecido le ocurrió al Alavés el 16 de mayo de 2001, que, tras perder injustamente la final de la copa de la UEFA en Dortmund contra el Liverpool , ha conseguido que recordemos para siempre aquella proeza no por el resultado adverso (5-4, tras la prórroga con gol de oro en propia puerta de Geli) sino por cómo jugaron y cómo se entregaron y por los minutos de buen fútbol que nos regalaron. Eso confirma que, incluso cuando pierdes, el buen fútbol perdura en la memoria de los aficionados”. Aquel partido, en el que precisamente Jordi Cruyff forzó la prórroga en el minuto 89, fue para mucho,s como Alam Hansen (antiguo jugador escocés, seleccionador nacional de fútbol y considerado como uno de los cronistas de fútbol más sinceros), “la mejor final de la historia”, y para el hijo de Johan, “una verdadera hazaña que me gusta recordar con frecuencia”. ¡Vaya con el Deportivo Alavés!

            “Disfrutar, disfrutar, disfrutar: jueguen y disfruten del fútbol”

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Uno de los verbos más utilizados por Johan Cruyff, conjugándole sobre todo para jugadores y aficionados, fue siempre el de “disfrutar”. Precisamente siempre me encantó una frase que uno de sus jugadores me confirmó como cierta y que les dijo al ya entonces conocido como equipo Dream Team. Fue antes de saltar al verde de Wembley en la final de la Copa de Europa frente al Sampdoria, el 20 de mayo de 1992, con el estadio lleno a rebosar y quinientos millones de seguidores a través de la televisión. La frase, calificada como “poesía en movimiento”, fue la siguiente: “Estamos donde nació el fútbol, en Wembley, la hierba está perfecta, las gradas llenas… Vamos a jugar la final de la copa de Europa. Salid y disfrutar de todo eso”…

Disfrutar, disfrutar, como cuando dijo aquello de “para que la gente disfrute, el dinero tiene que estar en el campo y no en el banco o en el bolsillo de algunos espabilados”. Y en el homenaje de su despedida en el Nou Camp, antes del partido programado, terminó su intervención con estas palabras: “y ahora, disfrútate”. Al margen de la alteración lingüística, en su cabeza estaba siempre el verbo disfrutar, ¡disfruten todos del espectáculo único del fútbol!…

            Aprender y seguir disfrutando con el fútbol de Cruyff

Hemos llegado al final de este artículo de homenaje a Cruyff y todavía nos queda mucho por comentar sobre lo visto, vivido, leído y escuchado sobre Johan, o sea, sobre el fútbol de hoy. Confieso que pese a que no hay semana en la que no vea más de un partido de fútbol desde hace muchos años, estos días, recordando, leyendo o volviendo a leer a Cruyff y lo que se ha dicho y escrito sobre él, hemos aprendido y aprehendido un montón. Por eso hago una promesa, sobre todo pensando en nuestros lectores futboleros, que espero los haya: El próximo número de Kazetariak seleccionaré las ideas de Johan sobre el fútbol para que podamos entre todos entender mejor los éxitos del Barça, probablemente el mejor equipo del fútbol de hoy y quizá de toda la historia, y recuperar lo bien que se entendió Johan con los jugadores vascos o los errores que a nuestro juicio (el de Cruyff y su legado) siguen cometiendo muchos entrenadores, sobre todo los del fútbol base. Los niños, siempre los niños, en la mente de Cruyff y no precisamente por ser abuelo y jugar con ellos y con su hijo Jordi, ex jugador en varios equipos de prestigio, incluido el Barça, y hoy director deportivo del Maccabi de Tel Aviv, y con el que estuvo su padre unos días antes de su muerte. Jordi ha agradecido en nombre de la familia todo el “apoyo, cariño y acompañamiento” recibido en estos días, y concluye: “El hecho de que Johan haya sido una fuente de inspiración para muchos de vosotros es algo que nos ha emocionado profundamente”.

 Gracias Johan, Japie, Flaco, mago, genio, 14 o 9, maestro del fútbol, gracias porque por donde pasaste dejaste tu genio, tu velocidad, ti inteligencia, tu significado futbolístico, tu huella profunda. Tu figura se nos ha ido pero no tu legado que en el mundo del fútbol será eterno.

                                                                                  José Manuel Alonso, expresidente de la AVP-EKE


(1).- DATOS PARA LA HISTORIA.- Hendrik Johannes Cruijff, conocido internacionalmente como Johan Cruyff, nació el 25 de abril de 1947, en la calle Linnaeusstraat de Ámsterdam el 25 de abril de 1947. “Fui duro como jugador y entrenador por haber nacido en una generación que vino tras la guerra”. Creció en un barrio a las afueras de la capital holandesa, a medio kilómetro del estadio del Ajax, barrio construido en los años veinte como un experimento arquitectónico: casas con módulos de cemento. Sus vecinos siempre le llamaron Jopie. Militó diez temporadas en el primer equipo del Ajax. Luego fichó en 1973 por el FC Barcelona, del que se marcharía en 1978 para recalar en la Liga Estadounidense de Fútbol. Allí estuvo tres temporadas, intercaladas con una temporada en el Levante UD que militaba en la Segunda División de España. Finalmente volvió en 1981 a la liga neerlandesa: dos temporadas en el Ajax y su última temporada como jugador en el Feyenoord de Rotterdam, que le hizo campeón. Recibió el Balón de Oro en tres ocasiones: 1971, 1973 y 1974. Fue el más famoso exponente de la filosofía de fútbol conocida como «fútbol total», desarrollada por Rinus Michels.[////// En 1984, tras retirarse como jugador de los terrenos de juego, Cruyff se convirtió en entrenador del Ajax y más tarde en entrenador y presidente de honor del FC Barcelona, clubes de los que fue un influyente asesor.  Además fue colaborador de la federación catalana en proyectos deportivos y sociales. Logró cuatro Ligas de España y una Liga de Campeones de Europa con Barcelona.

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