Joan Fontcuberta en el Museo Universidad de Navarra

NICO DEL VAL

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Joan Fontcuberta ( Barcelona, 1955) es un artista de la mentira, un filosofo de la fotografía.

La exposición del Museo Universidad de Navarra permite repasar una buena parte del trabajo de Fontcuberta con la presentación de más de dis centenares de obras que ocupan una cuarta parte de los 12.000 metros cuadrados que tiene el edificio diseñado por Rafael Moneo, inaugurado hace poco más de un año. El museo tiene un fondo de más de 10.000 fotografías, iniciado con el legado de José Ortiz Echagüe, y acoge importantes piezas de Picasso, Kandinski, Rothko, Chillida y Oteiza que forman parte de la colección donada por Maria Josefa Huarte Beaumont.

La muestra “Camouflages”, estará en Pamplona hasta el 11 de septiembre y viene a ser como una exposición de exposiciones al estilo de las presentadas por Fontcuberta en la Maison Européen de la Photographie de Paris (2014) o la más reciente en la madrileña Sala Canal de Isabell II. En esta ocasión, han quedado fuera de la selección varias de las series que contienen las imágenes más “perturbadoras”, como algunas que se incluyen en Gloogeramas de contenido erótico-pornográfico y en Milagros & Company sobre el fanatismo y la irracionalidad religiosa. Tampoco se expone la divertida Deconstructing Osama, en la que el artista catalán pasa a ser el cerebro de Al Qaeda y lugarteniente de Bin Laden.

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Como el propio Museo Universidad de Navarra reconoce, sin ser exhaustiva, la exposición presenta siete de los principales proyectos desarrollados por el artista entre 1984 y 2009. Sin duda, el de mayor impacto mediático y social es Sputnik (1997), en el que se cuenta la falsa historia del astronauta, Iván Istochnikov, que supuestamente fue ocultado por el régimen soviético tras fracasar la misión Soyuz 2 y desaparecer en el espacio junto a la perrita Kloka. También está la serie Herbarium con plantas desconocidas creadas con diversos residuos vegetales y animales, así como un montaje más ambicioso, Fauna, en el que Fontcuberta se transforma en el científico alemán, Peter Ameninsenhaufen, descubridor de animales mutantes de todo tipo y aplica la taxidermia para dar verosimilitud al proyecto.

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Joan Foncuberta (Premio Nacional de Fotografía, 1998) es un divertido cuentacuentos que combina la realidad con la ficción y la ciencia con el arte. Con ironía advierte que su trabajo es un programa de vacunación, con el que inocular pequeñas falsedades y provocar una reacción de anticuerpos que protejan al individuo de futuras infecciones que puedan ser causadas por enunciados políticos, religiosos o pseudocientíficos. “¡Ojo!, que yo no aspiro a engañar sino a enseñar a descubrir el engaño. Mi mayor satisfacción es cuando el público se hace cómplice del montaje.”

 Hace tres años fue premiado por la fundación sueca Hasselblad, uno de los galardones más importantes dentro del mundo de la fotografía que en su edición número 33 destacó que Fontcuberta es “uno de los fotógrafos contemporáneos con más inventiva que no ha dejado de investigar y cuestionar el medio fotográfico; creador de un universo visual en el que siempre están estrechamente entrelazados los conceptos de verdad y ficción”. Es un mentiroso que ama la verdad y utiliza las posibilidades narrativas de las imágenes para crear un relato que parezca convincente y visualmente atractivo.

Más que un artista conceptual que utiliza la fotografía, Joan Fontcuberta, es un teórico de la comunicación que en 2011 fue galardonado con el Premio Nacional de Ensayo por su libro La cámara de Pandora”; una reflexión sobre el cambio  de paradigma que ha sufrido la fotografía con la llegada de la tecnología digital. Es la recopilación de numerosos trabajos en los que desarrolla argumentos de su anterior libro “El beso de Judas. Fotografía y verdad”. En sus textos expresa una desconfianza sistemática hacia los enunciados que aparentan ser verdades objetivas. “Las fotografías siempre han sido falsas, no son más falsas ahora que antes. No hay alteración más extrema de la realidad que una foto en blanco y negro. La fotografía miente siempre pero lo importante es el sentido que el fotógrafo imprime a su mentira. Es responsabilidad de los fotógrafos no contribuir con imágenes anestésicas sino proporcionar imágenes que sacudan las conciencias. La autoridad de una fotografía depende de la credibilidad del autor”.

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Dicen las crónicas que la primera exposición de Joan Fontcuberta fue en el año 1974, en el sótano de Aixelá, la tienda de material fotográfico de Rambla de Cataluña. Cuatro décadas después, el salto dado por la fotografía en todos los ámbitos es impresionante pero la cuestión central que desde siempre viene planteando Fontcuberta, sobre la “verdad de las imágenes fotográficas” se ha visto acrecentada por la nueva narrativa que introduce la digitalización y que se puede apreciar con claridad en dos de sus trabajos: Orogénesis y Gloogleramas. En el primero, el artista genera los paisajes con programas informáticos diseñados para la interpretación de mapas y en el segundo construye las imágenes con el sistema de fotomosaico de Google, mediante la función de búsqueda correspondiente a palabras y nombres concretos, que en el caso de las escenas pornográficas correspondían a los términos utilizados en los anuncios de prostitución del diario La Vanguardia.

 Fontcuberta considera que la fotografía analógica ha sido un accidente histórico bajo el argumento de que en el desarrollo de las imágenes la evolución más lógica hubiese sido pasar de la pintura al mundo visual digital. Se define como un “Homo Photographicus” de la última etapa evolutiva del “Homo Pictor” que produce y consume imágenes a la vez y acomete ambas tareas con total naturalidad. “Antes la fotografía era una escritura, ahora es sobre todo un lenguaje, hablamos con fotos. Antes las imágenes estaban monopolizadas, ahora todos somos Homo Photographicus, la era digital ha contribuido a democratizar la fotografía, la ha vulgarizado pero está al alcance de la mayoría.”.

 Según Fontcuberta, vivimos en la era de postfotografía, que define como la fotografía que fluye en el espacio de la sociabilidad digital y pierde su dimensión mágica.“Internet es hoy el espejo del mundo, donde el azar combina lo prescindible y lo necesario, lo falso y lo real se entremezclan.  No es que sea un ingenuo defensor de internet, pero prefiero potenciar lo que me parece positivo. Internet es una inteligencia colectiva donde compartir conocimiento. La cultura de internet es la reminiscencia del socialismo que ha muerto. La intimidad es una reliquia del pasado que nació en la Inglaterra victoriana, una excrecencia de la cultura burguesa. La imagen nunca ha tenido un peso tan preponderante, tenemos que mantener el espíritu crítico, no debemos dejar seducir ni adormecer por este torbellino”.

 

Museo Universidad de Navarra

Dirección: Campus Universitario, s/n,

Pamplona, Navarra

Teléfono:948 42 57 00

 

Martes a sábado 10 a 20 h.
Domingos 12 a 14 h.
Festivos 12 a 14h.

 

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