Jorge Galán: “La historia de los jesuitas asesinados en El Salvador debe ayudarnos a abandonar el infierno en que vivimos”

ESCRITOR SALVADOREÑO REFUGIADO EN GRANADA

El poeta salvadoreño vive refugiado en Granada desde el 11 de noviembre tras escribir la novela ‘Noviembre’ sobre la matanza en 1989 de cinco jesuitas, entre ellos Ellacuría, en la UCA

Jorge Galán.

 

Nekane Lauzirika.  El escritor y poeta Jorge Galán (El Salvador, 1973) consiguió el reconocimiento del Consejo Nacional para la Cultura y el Arte de su país, que le otorgó el título de Gran Maestre de la Poesía por ganar tres premios nacionales. Es el mismo país del que ha tenido que huir para dar esquinazo a la muerte. Una amenaza con pistola fue razón suficiente para que Galán abandonara su país y recalara en España. Los compañeros de los jesuitas muertos lo acompañaron hasta el aeropuerto y los servicios de inteligencia le recomendaron no volver. Lleva el exilio en los talones como una sombra que nunca le abandona.

¿Por qué tiene que escribir un poeta salvadoreño en Granada?

-Porque tuve que abandonar mi país el pasado noviembre, después de recibir una serie de amenazas debido a la publicación de una novela que cuenta el asesinato de seis sacerdotes jesuitas, el vasco Ignacio Ellacuría, Ignacio Martín Baró, Segundo Montes, Amando López, Joaquín López y López, y Juan Ramón Moreno, cinco de ellos de nacionalidad española, además de su dos empleadas, Elba y Celina Ramos. Este crimen fue cometido por el ejército salvadoreño en 1989, y hasta el día de hoy permanece impune. Los culpables permanecen en libertad. Y mi novela, titulada Noviembre, da cuenta de estos hechos y menciona a los asesinos por sus nombres.

¿A qué piensa que teme más una dictadura o un régimen autoritario: al fusil o a la pluma?

-No puedo saber a qué teme más un régimen, pero sí sé que muchos autores en cuyas obras elaboraron una reflexión de la realidad, tanto política como social, fueron víctimas del poder. En mi país hay numerosos casos que ejemplifican esta afirmación. Muchos escritores fueron asesinados u obligados a exiliarse por sus ideas. En la década de los 80 se perdió toda una generación de jóvenes artistas durante la guerra civil. Muchos otros tuvieron que exilarse para salvar sus vidas. Penosamente, estas oscuras situaciones continúan hasta estos días. Lo que he vivido en los últimos meses es una muestra de ello.

Han pasado muchos años de los asesinatos de los cinco religiosos y sus dos asistentes, pero sus muertes siguen prácticamente impunes. ¿Por qué escribió sobre ellos?

-Cuando se vive en un país como El Salvador, donde la violencia es algo cotidiano y donde nadie puede llevar una vida normal, porque incluso las cosas más simples como salir a pasear no se pueden hacer, te preguntas cómo llegamos a eso, a tener la sociedad fallida que tenemos. Y comprendes que la impunidad se ha adueñado de todos los ámbitos de la vida y no puede construirse un país sobre la injusticia. Hasta que no terminemos con la impunidad viviremos en una sombra. Y una de las mayores historias de impunidad de mi país es la de los jesuitas de la Universidad Centroamericana (UCA). Siento una responsabilidad histórica con esos hombres que llegaron a mi país creyendo que podía ser un lugar mejor y que acabaron perdiendo sus vidas.

Su interés parece que vaya mucho más allá del meramente literario. -Sí. Vivimos en un país que es una sombra, sin esperanza alguna, en el que mirar al futuro es asomarse a un abismo. La historia de estos hombres debe ayudarnos a abandonar el infierno que vivimos. Para unos son mártires, para otros simples víctimas; pero de una u otra manera son personas que murieron por un país que no era el suyo, por su necesidad de ayudar, de cuidar al otro. Esa humanidad se ha perdido. Es de esa humanidad de la que yo quería hablar en mi libro para reivindicarla.

¿Si hubiera sabido los problemas que le acarrearía la publicación del libro lo hubiera hecho?

-Me he hecho esa pregunta muchas veces y le respuesta siempre es la misma: sí. De hecho, había recibido advertencias de que algo así podía suceder. Me lo advirtieron los jesuitas y otra gente durante el proceso de elaboración de la novela. Pero no dudé antes ni lo haré ahora sobre lo importante que tiene el que esta historia se saque del olvido.

¿Cree que se sabrá alguna vez toda la verdad?

-La verdad ya se sabe, en mi novela cuento lo que pasó. Hay muchos testimonios sobre lo sucedido, incluso de quien era presidente de mi país entonces, Alfredo Cristiani, quién señaló a los culpables en una entrevistas. Por ello, el juez Eloy Velasco, de la Audiencia Nacional Española, ha pedido la extradición de 17 militares salvadoreños, acusados de este crimen.

¿Está teniendo aquí en el Estado español alguna cortapisa para escribir libremente?

-No hay ninguna. Me muevo en libertad y puedo escribir sobre lo que me apetezca.

¿Qué género desarrolla: poesía, novela….?

– Como escritor he publicado libros de poesía y novelas, la mayoría de ellos en España, en editoriales como Visor, Valparaíso y Pre-Textos.Noviembre fue publicada en Latinoamérica por Planeta México. La novela que me ha costado el exilio no se presentará en España hasta después el verano.

¿Desea volver a su país? ¿Espera poder hacerlo con garantía?

-Cada día deseo volver a mi país. Mi familia está allí, mis amigos de toda la vida. No es fácil abandonarlo todo y menos de la forma en la que tuve que hacerlo, de una manera tan abrupta. No puedes evitar recordar y llenarte de nostalgia. Mi pensamiento está en San Salvador de manera permanente. Es una realidad que no se la deseo a nadie.

¿Confía en que el Gobierno español le conceda el asilo político?

-Sin duda, pues hay motivos más que de sobra para ello. He hecho ya una petición de refugio, la cual ha sido aceptada para entrar en un proceso cuyo desenlace tendría que ser el otorgamiento del estatus de refugiado, lo cual me permitiría quedarme en España por años. Hasta que eso suceda, no me queda más que esperar.

¿Cómo ve El Salvador desde el punto de vista político y, sobre todo, desde el punto de vista de la justicia social?

-Mi país, que es uno de los más peligrosos del mundo, donde hemos llegado a tener hasta 51 asesinatos al día, vive sumido en el caos más absoluto. ¿De dónde nace tanta violencia? De la desigualdad social. El Salvador es un país sin oportunidades de desarrollo, con un índice de desempleo alarmante, con una corrupción que no hace más que devorar lo poco que hay. La justicia social es casi inexistente. Noviembre 1989 en el recuerdo vivo.

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