Fernando Múgica, periodista navarro hecho en Bilbao, rescatado en Saigón y fallecido en Madrid

Hemos despedido un mes de mayo plagado de acontecimientos relacionados con el periodismo. Hemos sufrido (estamos sufriendo) dos pérdidas de reporteros únicos e insustituibles, ambos navarros de pura sangre, Fernando Múgica  Goñi y Miguel de la Quadra-Salcedo y Gayarre. Y otro fallecimiento importante, el de la periodista riojana Rosa del Río, una de las pioneras del periodismo económico, directora de “El Nuevo Lunes”, fundadora de la Asociación de Periodistas de Información Económica y autora del “Periodismo económico y financiero” (Editorial Síntesis)…

Además de esos fallecimientos, en estos días pasados la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (FLN) de Colombia secuestraba y liberaba a Salud Hernández-Mora y a otros dos periodistas. Esto ocurría casi al mismo tiempo que la liberación de tres reporteros “freelance” en Siria: Antonio Pampliega, José Manuel López y Ángel Sastre, tras pasar secuestrados por un grupo armado islámico durante diez meses.

No podemos olvidar tampoco dos hechos desgraciados y que representan el momento tan negativo de la valoración de la calidad en el periodismo: la destitución del director de “El Mundo”, David Jiménez, después de un año en el cargo, y el cese, en “Marca”, del periodista vizcaíno Santiago Segurola. 

De todos ellos nos encantaría escribir, pero vamos a ir por partes. Este número de Kazetariak lo dedicaremos a quien fue nuestro compañero en “La Gaceta del Norte”,  en “Deia” y en “El Mundo”, Fernando Múgica, una muerte absolutamente irreparable, como veremos, y de la que Kazetariak publicó una breve reseña en el número anterior. Otra necesaria atención y referencia, la de Miguel de la Quadra-Salcedo, al que entrevisté y conocí en un par de ocasiones, la dejaremos para otro número de la revista, lo mismo que nuestra atención especial al “fenómeno” Santiago Segurola, “la mejor pluma en castellano del periodismo deportivo” según el II Congreso Internacional de la Lengua Española, celebrado en octubre de 2001,  y periodista que yo contraté para el diario “Deia” antes de que se fuera primero a “El País” y luego a “El Mundo”.

Legendario reportero de la  acción, la imagen y la palabra

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Fernando Múgica tal y como quiso siempre ser recordado.

 

            Fernando Múgica Goñi (Pamplona, 7 de junio de 1946-Madrid, 12 de mayo de 2016) extraordinaria persona, un tipo único, periodista de enorme personalidad, que trabajó en muy distintos medios y realizó una actividad constate desde muy joven. Reportero por el mundo, fotógrafo de la actualidad paciente y permanente; una vida entregada siempre al periodismo más activo y arriesgado, a mostrar e incluso analizar cuanto ocurre o descubrir lo que otros, generalmente los poderosos, intentan tapar para siempre.

            En mis más de cincuenta años de profesión,  nunca conocí a nadie como él, que supiera mezclar con tanta fuerza y pasión la palabra y la imagen, sobre todo la imagen recogida en una instantánea que lo dijera todo. Siempre en busca de víctimas, guerras, tragedias o escándalos a los que ponía nombre, cara y explicación de cuanto veía, grababa y contaba… La acción, siempre la acción y la muestra indisoluble de cuanto pudiera presenciar en directo y mostrar lo más pronto posible en diferido.

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Fernando fotografía la tragedia de guerras y muertes

            “Será difícil –escribía el último director de “El Mundo”, David Jiménez, cesado hace unos días— volver a ver una figura más elegante y clásica que la de Fernando en mitad del horror de la guerra, desenvolviéndose con la humildad de quienes han visto demasiado como para creerse por encima de nadie. Con su barba cuidada y rubia, sus ojos azules y su voz calmada, no habría desentonado en una película de la época dorada de Lana Turner. Pero puestos a elegir, habría preferido coger su Leica y marcharse al frente para retratar, como sólo pueden hacer los grandes, las luces y las sombras de la condición humana”

Pamplona, Bilbao, Madrid… lágrimas de dolor en su despedida

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Los periódicos le están dedicado recuerdos imborrables

            El enorme dolor de todos estos días desde su muerte a través de medios de información, opiniones, artículos, despedidas y lágrimas que se han vertido, es una muestra evidente de la admiración, amistad, respeto y cariño que se tenía a este compañero que, pese a sus constantes riesgos de muerte en su vida profesional como reportero, sólo un cáncer galopante y de muchos dolores (no sólo físicos, supongo) terminó con su vida. María Jesús Goñi Arregui, madre de nuestro compañero fallecido, que –según el sobrino de Fernando, Javier Errea Múgica— conserva una cabeza privilegiada a sus 94 años, afirmaba con frecuencia que le preocupaban los riesgos que corría su hijo, pero, con ese clásico y fino  humor navarro, pensaba que “si le pasaba algo moriría como Gary Cooper, con las botas puestas”. Y aunque no ha ocurrido en ninguna guerra o catástrofe, si lo ocurrido ha sido cuando, al parecer, estaba preparándose para reanudar el trabajo en un nuevo proyecto: “El Español” de su antiguo compañero, Pedro Jota Ramírez.

            Donde más se extendieron y sonaron esas lágrimas ha sido, lógicamente, en Pamplona (nació en la Plaza del Castillo ¡esquina con Estafeta!; estudió y se licenció en Periodismo en Pamplona, ciudad en la que fue el primer director del “Diario de Noticias de Navarra”), Bilbao (trabajó en “La Gaceta del Norte” y fundó “Deia”) y Madrid, donde, además de diversas actividades y en distintos medios, trabajó en “Diario 16” y también fundó “El Mundo”, diario en el que estuvo como editor gráfico y redactor jefe de las secciones de Crónica, Internacional y Opinión.

            Dirigió revistas, sobre todo gráficas, y semanarios. También contribuyó con  su actividad en distintos programas de televisión (“300 millones”, 1979-81 con el bilbaíno Ignacio Amestoy), y fue profesor de Periodismo Gráfico de Máster, y autor de la serie de investigación de más de treinta capítulos titulada “Los agujeros negros del 11-M”. Antes de su muerte, Fernando confesó: “Fui razonablemente feliz, pero el 11-M me mató”…

Del Orfeón Pamplonés: cánticos, libro e historia íntima

Si tuviéramos que definir a Fernando Múgica con una imagen, además de hacerlo en ese lugar donde se ejerza el periodismo más arriesgado, lo haríamos con un cuádruple canto: en primer lugar, a la fotografía (le vimos siempre con su cámara colgada del cuello, porque “nunca se sabe dónde y cuándo salta la liebre”), en segundo lugar, a algo tan sencillo como un lápiz, porque fue un enamorado del dibujo lineal e incluso su primera aparición en un periódico (según su compañero e íntimo amigo Iñaki Iriarte) fue con una tira en “Norte Express” de Vitoria.

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Heredó la música de sus antepasados, con el Orfeón Pamplonés de protagonista

            El tercer canto, el que más quería Fernando, sería con su familia (cinco hijos) y sus incondicionales amigos y colegas. Y el cuarto, sin duda, el dedicado a la música: Fernando era nieto de Remigio Múgica, director y fundador del Orfeón Pamplonés e hijo del tenor solista del mismo grupo José Múgica Gorricho, funcionario de la Diputación Foral de Navarra. Y aunque de toda la música, creo que el jazz resultaba ser lo que más le enamoraba, Fernando siempre quiso homenajear a esos que cantaron junto a sus antepasados y lo hizo escribiendo un bello libro: “El Orfeón Pamplonés, 150 años y un día; una historia íntima”. Por eso, de los homenajes de estos días, probablemente el más emotivo y, desde luego, el más sentidamente musical fue la actuación del Orfeón Pamplonés en el funeral celebrado en Pamplona en la capilla de San Fermín de la Iglesia de San Lorenzo, tan emotivo que “cuantos asistimos (subraya Iñaki Iriarte) lo recordáremos siempre, siempre”.

            Como se recordará al Fernando que regresaba a Pamplona en los últimos años en busca de sus orígenes que siempre llevó en su corazón y en sus palabras: “soy navarro, me siento navarro y, por tanto, montañero y ribereño, habitante surgido de un castillo o plaza y de un reino, pero destinado a una labor humanitaria y universal”, quizá por eso –según su compañero de pupitre y profesión, el siempre sorprendente JJ. Benítez— de niño soñaba con ser médico.

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         Lo dicho, pese a su total entrega al trabajo, Fernando nunca olvidó a los suyos, primero la familia y luego los colegas, hasta el punto de que pasó sus últimos años con sus dos hijos pequeños en Pamplona, o dando lecciones amistosas de periodismo a los jóvenes, o aceptando ser el rey Melchor en la cabalgata pamplonica de 2015. Ese era el Fernando más sencillo e incluso el más íntimo…

            Década de los 70: Savia de periodistas navarros en Bilbao

         Intimo o no, hemos querido comenzar con un excesivo resumen de la larga, intensa y penetrante historia de Fernando Múgica, compañero de periodismo, que trataremos de completar con cuanto se ha escrito y sobre todo hemos vivido con él. Fernando perteneció a aquella extraordinaria savia de periodistas procedente de la montaña (la Selva de Irati, Ochagavía / Otsagabía) y de la ribera navarras que a muy finales de los años sesenta y los setenta del siglo XX, irrumpió en el periodismo bilbaíno. Uno  de ellos, nuestro querido Joaquín de Goñi, definía como hermosa y joven casta de la Navarra de “eros, fueros y huevos”… En ella estaban y están nombres tan cualificados en la historia del periodismo vasco como Alfonso Ventura, Iñaki Iriarte, Manolo Igarreta, Juan Ramón Martínez, Paco Erro, JJ. Benítez, José Antonio Montón, Ignacio Ágreda, Juanjo Romano, Félix Mácua, Adolfo Roldán, Chus Goñi…

            En estos días pasados, hemos leído a uno de aquellos, el siempre admirado por sus éxitos JJ. Benitez, y hemos dialogado con otro, Iñaki Iriarte, el que fuera nuestro primer director en “Deia”, actual profesor en la Facultad de Periodismo del País Vasco, director durante años del Máster de “El Correo”, colega siempre y siempre amigo, Iñiaki Iriarte. Curiosamente, ambos fueron en varias ocasiones compañeros de Fernando Múgica, compañeros de pupitre, en el Colegio de los Maristas de Pamplona, compañeros de estudios universitarios, e incluso de la Mili en el Campamento de Araca, y sobre todo compañeros de profesión, coincidiendo los tres en “La Gaceta del Norte” de Bilbao, y Fernando e Iñaki en “Deia”, además de continuar su amistad íntima y directa, con encuentros y charlas interminables…, no hace falta decir de qué o sobre qué… Por tanto, nos guiaremos de sus palabras, además de mi coincidencia personal con Fernando.

            Epitafio: “Razonablemente feliz, pero el 11-M me mató”

            Si tuviera yo que referirme a Fernando Múgica para recordarle en dos o tres frases suyas muy características que lo definan a la perfección, citaría cuatro: (1) “El mejor periodista es el que sobrevive para contar lo que ve o lo que descubre”; (2) “La noticia no sólo está en responder a lo que es elemental, el qué, quién, cuándo, cómo y dónde sino que está también (y la mayoría de las veces sobre todo) en el por qué y para qué ha ocurrido, ocurre y/o tal vez ocurrirá”. (3) La frase dirigida a sus alumnos o compañeros de prácticas: “¿Tú qué quieres ser: un periodista de éxito o un gran periodista?. Porque no es lo mismo”. (4) Y la frase más personal de todas y quizá la más definitoria de su personalidad, la que eligió como epitafio: “Fui razonablemente feliz, pero el 11-M me mató”…

            Con ese titular, repito: “Fui razonablemente feliz, pero el 11-M me mató”, Lorena G. Maldonado, discípula de Fernando Múgica de Fotoperiodismo en el Máster de “El Mundo”, escribe en “El Español” un artículo que recomendamos y que puede leerse integro en Internet, aunque advertimos que pone los pelos como escarpias. Su titulo ya dice bastante.

            Lo primero que hace Lorena es definir a su profesor o maestro: “Crudo, divertido y poderoso desde su verbo diáfano; un dique rebosante de anécdotas, de estrategias vitales, de verdades molestas. Difuminaba los riesgos, se saltaba a la torera los protocolos. Nos hizo ver que teníamos que sacudirnos la patología esa de ser animales de redacción, niños con ordenador, funcionarios de la historia. Que sólo sabes lo que ves; que conoces, sobre todo, lo que tocas. Que hay que escribir como nos diera la gana, pero hay que ser punzantes pero no repartir panfletos (…) Fernando conserva en la piel Vietnam y Sarajevo y es que Fernando Múgica nunca parece Fernando Múgica porque su uniforme es el paisaje en el que esté. Empuña la cámara. Encuadra la historia. Consigue la foto. Y es que él se tira en paracaídas donde sea…  Y dice: “Lo que me gusta es hacerlo. La acción. Acción. Todo es acción”…

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“Los agujeros negros del 11-M”: 4 años de heridas mortales

         Pero Múgica –asegura Lorena G. Maldonado— es también animal político. No en cuanto interés en su incidencia, sino en cuanto a conciencia de su realidad. Y aquí ¡el arrojo!. El personaje incómodo. Firmó los treinta reportajes de investigación en torno al 11-M publicados en “El Mundo” titulados Los agujeros negros del 11-M y colaboró en el libro A tumba abierta, de Francisco Javier Lavandera (La Esfera de los Libros, 2006), acerca de estos mismos acontecimientos.

            Fernando afirma: “Yo dediqué cuatro años de mi vida a la investigación del 11-M. Enteros. Viajando miles de kilómetros, hablando con miles de personas. Y me costó personalmente muchas cosas: un matrimonio, que todo el periódico me dejara prácticamente de hablar, el desprecio de mis compañeros de tantos años… que creyeron que estaba loco, que estaba mintiendo. No me preocupa. Lo cuento con dolor, pero no me preocupa… Esto no es el evangelio San Mateo. Me ha costado mi propia vida… y me he preguntado muchas veces, ¿merecía la pena?… Es una causa inútil”, sentencia. (…) “Mi argumentación fue ¿por qué los llamados culpables no pueden serlo?… A partir de ahí trabajé. Pero supe quiénes son. Por eso era el momento de escribir”. .

“La realidad siempre sorprende”… y la verdad asusta

            Fernando Múgica añade: La realidad siempre sorprende. Siempre es más sencilla, más absurda, menos novelesca… No fueron los islamistas. ETA tampoco. Mira, yo predico algo de periodismo gráfico. De lo demás nunca, nada. No quiero convencer a nadie de nada, pero creo que puedo ayudar a abrir alguna mente. El problema es que la gente no quiere saber la verdad. ¿Voy a convencerles yo ahora de quién es Obama o de cómo funciona el CNI…? Los cuerpos de inteligencia… eso es el infinito insondable. Las cloacas. A mí me interesa la verdad. Lucho por ella. ¿Sabes? Tengo ya una capacidad física, económica, empírica… que defeco en todo. A mí ya no me van a echar de ningún lado”…

            Si tuviera yo que comentar cuanto dice Fernando Múgica quizá en la última entrevista de su vida sobre el 11-M, a esa afirmación de que “la realidad siempre sorprende” añadiría que también, muchas veces, asusta… En este caso, solamente recordaría  que, efectivamente, existen “agujeros negros”, muy negros, porque la Sentencia definitiva sobre el caso cuando uno la lee no aclara quien fue el autor intelectual, tampoco quien fue el autor material, y, además, hay dos hechos insólitos: nunca se supo que clase de explosivos utilizaron los criminales y además se ordenaron desguazar los vagones de la tragedia. Claro que existen agujeros negros, como han existido en  muchos, muchos golpes (ejemplo, el 23-F) o atentados y sucesos criminales, desde el asesinato de John F. Kennedy (yo estuve en el lugar donde se dice que Lee Harvey Oswald disparó al presidente y me llené de dudas) o el accidente de Diana de Gales en París…

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Todo comenzó con un lápiz, una Leika y “La Gaceta del Norte”

            Iñaki nos cuenta que el primer trabajo en el periodismo realizado por Fernando Múgica fue una tira cómica en “Norte Express”, editado en Vitoria-Gasteiz, con una cabecera titulada “Machuca”, no se sabe si en homenaje al pintor del siglo XVI o al patio de la Alambra de Granada que lleva ese nombre. Hay, es cierto, una famosa película chilena con ese título pero se estrenó en el 2004.

            Fernando ingresaba en “La Gaceta del Norte”, poco después de la mili, en el año 1969, y lo hacía de la recomendación de su amigo Iñaki Iriarte, una Gaceta cuyo redactor-jefe era Alfonso Ventura, también periodista y famoso escritor navarro. El primer trabajo en Bilbao para Fernando fue el periodismo local y regional, que dirigía como jefe de sección el compañero asesinado José María Portell (1933-1973). Múgica, sin embargo, empezó pronto a soñar con el periodismo internacional y a ofrecer posibilidades de máximo interés para el periódico como enviado especial.

Cuatro millones de enloquecidos en el funeral de Nasser

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            La primera salida como reportero fue a los funerales de Gamal Abdel Nasser, a finales de septiembre de 1970, funerales del presidente de Egipto desde 1956 hasta su muerte (a los 52 años, de infarto de miocardio) y principal líder político árabe, con una obra maestra “Filosofía de la Revolución”. Seguramente aquellos reportajes de Fernando, subrayando la devoción y excepción de un personaje histórico que después de sufrir una gravísima derrota militar – frente a Israel, en la Guerra de los 6 días— fuera admirado y levantado en vilo por todo un pueblo, me animaron a mí para responder favorablemente a la petición de la Editorial Moretón y la distribución de Asuri Ediciones, ambas de Bilbao, a escribir la biografía del líder egipcio en la colección “Grandes Biografías”, en un tomo en el que están incluidas otras dos biografías: “Lawrence de Arabia”, del siempre recordado y admirado getxotarra Ramiro Pinilla; y “María Estuardo”, escrita por Elena Agüero.

            De aquel viaje a El Cairo Fernando Múgica recordaba la “marea humana”, con cuatro millones de egipcios, muchos de los cuales habían caminado durante días hasta llegar a El Cairo. “Había gente incluso en las farolas y grúas instaladas en las calles para presenciar la despedida. Despedida que provocó numerosas interrupciones y accidentes durante la marcha, cortada una y otra vez, y en la que muchas personas (también autoridades y periodistas) corrieron el peligro de ser arrolladas e incluso arrojados involuntariamente al Nylo”.

Yom Kipur, guerra del Ramadán, árabe-israelí

            Fernando no queda muy satisfecho de aquel viaje y quiere completar lo que ha estudiado sobre el conflicto árabe-israelí y por eso se empeña en estar presente en la guerra de Yom Kipur, guerra del Ramadán o guerra de Octubre (del 6 al 25), también conocida como la guerra árabe-israelí de 1973. Las acciones militares de combate tuvieron lugar en territorio árabe, sobre todo en el Sinaí y los Altos del Golán, y allí estuvo nuestro compañero, lo más próximo posible al mando del sucesor de Nasser, Anwar Sadat, presidente de Egipto, y una Golda Meir y Moshé Dayan como figuras israelíes.

            Terremoto de Managua: más de 20.000 muertos

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            Pero a Mùgica no le bastaban las guerras o los líderes políticos, quería estar allí donde se producía la gran noticia internacional, y por eso acude a Nicaragua porque se ha producido un grandísimo terremoto, concretamente en Managua y en vísperas de la Navidad: 23 de diciembre de 1972. Fue un sismo de magnitud 6.2 en la escala Richter. Destruyó el centro de la ciudad y causó cerca de 20.000 muertos y otros tantos heridos, aunque no se sabe el número exacto de fallecidos debido a que hubo cadáveres que nunca fueron sacados de los escombros y que al descomponerse causaron un fuerte hedor durante casi 5 meses hasta la llegada de la estación lluviosa en mayo de 1973. Recordamos aquellas fotografías de Múgica que mostraban el espanto de la tragedia.

Los misterios indisolubles de los OVNIS de Perú

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            Antes de dejar “La Gaceta del Norte”, Fernando Múgica se embarca con su íntimo amigo y compañero JJ Benítez hasta Perú, donde se especulaba constantemente sobre la aparición de “Objetos Voladores no identificados”, es decir, de OVNIS. El interés lo producían unos misterios indisolubles, en Nazca, con las famosas e inexplicables líneas sobre el terreno que sólo se ven desde el cielo y los testimonios de algunos paisanos. Fue JJ. Benítez, su compañero de fatigas desde muy niños, quien animó a Múgica para que le acompañara como fotógrafo convencido de que traerían imágenes que darían la vuelta al mundo y resolverían muchos enigmas. La potente imaginación demostrada por Benítez años después en todos sus “best seller”, chocó con la máxima fidelidad de su compañero por lo que ve, aunque fuera mucho más lo que siente. Tanta fue la diferencia de percepción de ambos, que al llegar a la redacción de “La Gaceta del Norte”, en la calle Henao, 8, de Bilbao, nos chocamos con ambos y les hicimos la pregunta fácil: “¿Cuántos Ovnis habéis visto?”. Respuesta de Múgica: “Yo, ninguno; Jota Jota, unos cuantos. Pero tampoco los ha visto mi cámara, que es una Nikon con motor que todo lo graba”.

¡Vietnam!, la guerra más cruel, la salida más complicada

Y de aquella curiosa e insólita experiencia, Fernando Múgica se embarca hacia Vietnam con su máquina de fotos al cuello y una mochila de equipaje. ¡Vietnam!…  Y en Vietnam, además de meses enviando crónicas a “La Gaceta del Norte” desde distinto puntos del más sangriento conflicto, una guerra denominada de los “diez mil días”, y que enfrentaba a norteamericanos y vietnamitas del sur, por un lado, y vietnamitas del norte, por el otro, apoyados por la URSS y la China de entonces. Después de quince años de la presencia militar de USA en Vietnam, llegó la victoria de las tropas comunistas con la entrada en Saigón. Múgica estaba presente pero en situación grave, no sólo por las dificultades para salir de aquella encerrona  sino por una enfermedad, contagiado por un virus que nunca se supo definir con detalle, y que se especuló entre la malaria, la fiebre tifoidea o cualquiera de las producidas por las armas biológicas utilizadas en aquella brutal guerra denunciada constantemente por los reporteros internacionales.

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La imagen de la guerra que nunca, nunca, olvidaremos

 

En Saigón, atrapados dos periodistas navarros y un vizcaíno

Juan Ramón Martínez y Manu Leguineche, junto con Fernando Múgica, periodistas presentes en los últimos días de la guerra, en Saigón.

Y llegó esas horas de insólito día de la salida de Vietnam con un ejército norteamericano en completa retirada, una población vietnamita que deseaba a toda costa salir (volar) fuera del país, y un reportero, Fernando Múgica, en estado grave.

Iñaki Iriarte nos recuerda que al parecer eran tres los periodistas españoles que estaban en aquel mes de abril de 1975 en Vietnam: dos navarros y un vizcaíno.  Los navarros: Fernando Múgica, por “La Gaceta del Norte”, y Juan Ramón Martínez, de “Cambio 16”, entonces corresponsal en Bilbao; y un vizcaíno, nuestro admirado Manu Leguineche, que trabajaba como enviado especial en el conflicto para distintos medios y publicaciones. Recordamos precisamente a nuestros tres compañeros, ya fallecidos, porque Juan Ramón Martínez, ex director de “Egin” a partir del 2 de mayo de 1978, moría seis meses después al ser arrollado por un camión en la autopista Bilbao-San Sebastián junto a Tomás Muro, entonces jefe de sección de Economía del periódico. El accidente se produjo cuando ambos periodistas cambiaban una rueda pinchada del coche.

Aquellos momentos dramáticos que sirvieron para salvar o rescatar con vida a los dos periodistas navarros comenzaron cuando las tropas comunistas del Viet Cong o Vietnam del Norte intentaban cerrar la última salida norteamericana y con ellos a los periodistas internacionales, acorralados en Saigón. Cinco bombardeos norvietnamitas destruyeron el aeropuerto la capital. No quedaba otra opción para salir de aquella encerrona que utilizar los helicópteros. Esperando junto a la costa había desplegados tres portaviones estadounidenses con buques de apoyo e Infantería de Marina.

“Sueño con unas Navidades Blancas”

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Al mediodía del 29 de abril estaba a punto de empezar el éxodo final. La balada “Sueño con unas navidades blancas” consistía en la señal en clave para la partida final. Manu Leguineche lo cuenta así: “En la Radio de las Fuerzas Armadas de EEUU sonó la canción Navidades Blancas, de Bing Crosby y se advertía de que daban tres horas de plazo para llegar a los helicópteros. Aquello fue el caos. Numerosos periodistas se quedaron tirados sin saber dónde acudir puesto que los primeros helicópteros ya habían despegado de un bloque de apartamentos (…) Funcionarios norteamericanos, con una copa e champán en la mano, cantaban: “Volvemos a casa en los pájaros de la libertad y no volvemos envueltos en sacos de plástico”. Más de sesenta periodistas se quedaron bloqueados”.

Juan Ramón y Fernando consiguieron llegar hasta la embajada USA, donde comenzaron a descender los helicópteros. Fernando Múgica iba muy enfermo, con  fiebre muy alta, pero consiguió con sus compañeros entrar en la embajada pese a que miles de  vietnamitas intentaban unirse a la evacuación y romper la verja de la entrada al recinto. Los helicópteros, que durante años habían representado el símbolo de una guerra de amplio alcance, ahora sólo podían aterrizar en el tejado de la embajada o en algún recinto cerrado y con terraza. Cada helicóptero tardaba una hora en llegar a la flota de evacuación. Aquel último día en Vietnam los aparatos voladores trasladaron a siete mil estadounidenses, vietnamitas y periodistas. Tantos aparatos y personas llegaron a los portaviones que no había espacio suficiente para aterrizar o instalarse y hubo que arrojar al mar numerosas armas y helicópteros, máquinas de 250.000 dólares eran tiradas al mar para dejar espacio a las que iban llegando (En Internet puede verse este espectacular detalle)

“Estoy vivo. Estoy bien. Decidle a mi mujer que la quiero”

En uno de esos últimos helicópteros fue rescatado Fernando Múgica, gravemente enfermo. Eran las 7,35 horas de la mañana del 30 de abril cuando las últimas topas de EEUU y los últimos periodistas abandonaban Saigón. Terminaba así 15 años de presencia militar USA en Vietnam. De Fernando Múgica, en “La Gaceta del Norte”, nada sabíamos sus compañeros…

El 20 de mayo, tres semanas después de la salida de Saigón de las últimas tropas norteamericanas y cuando dábamos por desaparecido a Fernando Múgica, recibíamos en el periódico un télex desde la base militar Subic Bay en Filipinas: “Estoy vivo. Estoy bien. Decidle a mi mujer que la quiero”. En la redacción de “Cambio 16” se recibía un mensaje parecido firmado por Juan Ramón Martínez. “Una semana después, llegaba a Bilbao Fernando en un estado lamentable –comenta Iñaki Iriarte—, cenó con su familia en mi casa y al día siguiente le ingresamos en la Residencia de Cruces, donde no consiguieron descubrir el virus que le permitió sobrevivir de milagro y se recuperó gracias al buen hacer de los extraordinario médicos que le atendieron”

“Durante la misma guerra –comenta también Iñaki Iriarte– Fernando estuvo a punto de perecer dos veces por pillarle en duros combates. Una de esas veces, cuando Fernando estaba resguardado en un cementerio, en un extremo de una tumba, cayó una potente granada en el otro extremo. ¡Se salvó por milímetros!”.

El nacimiento de “Deia” en 1977 y su salida a Madrid

Después de Vietnam, ya recuperado, Fernando fue enviado especial al Sáhara Occidental para informar sobre la famosa “Marcha Vede”, y de ahí, enseguida, al nacimiento de “Deia”, el 8 de junio de 1977, al que fue junto a otros compañeros de “La Gaceta” que fuimos contratados  por el entonces Consejero Delegado, José María Gorordo, con Iñaki Iriarte de director. Fernando durante su estancia en el “Gure lurraren deia” formó parte de la Redacción como “libero”, cubriendo informaciones de todo tipo, incluso dibujando páginas o haciendo maquetas junto a otro navarro extraordinario profesional, Manolo Igarreta.

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De “Deia”, a Madrid. Y en Madrid trabajó en distintos medios y revistas, incluso en la televisión, para con el tiempo ser contratado para “Diario 16” y luego “El Mundo”, donde también hizo de todo, incluso dirigió la sección de Opinión. No obstante, sus salidas a los conflictos y acontecimientos internacionales continuaron.

Ultimas coberturas de conflictos como enviado especial

Irán fue la siguiente aventura reporteril en 1979, revolución contra el Sha y la posterior restauración de la República Islámica. En Camboya, Fernando fue uno de los primeros occidentales en entrar en el país tras la caída de los jemes rojos en 1979. Allí, pudo visitar en solitario los templos de Angkor, rodeado de campos de la muerte. Ya en 1990 y hasta 1996, el reportero viajó a Guatemala para documentar el conflicto que desangró el país desde 1990 hasta 1996. Mújica viajó después en innumerables ocasiones a Oriente próximo, a cubrir las guerras entre árabes e israelíes; una de las más célebres fue el conflicto civil en el Líbano de 1975 a 1991. El Golfo Pérsico fue la siguiente aventura de Múgica, que publicó reportajes sobre el mismo terreno en la operación Tormenta del desierto en 1991, donde avanzó con las tropas de Estado Unidos hacia el corazón de Irak.

La última ‘salida’ internacional de Fernando, que yo recuerde, fue a las Guerras Bálticas, comenzando por la guerra en Croacia hasta el asedio a Sarajevo (1992-1996) y la masacre de Srebrenica (junio de 1995), también conocida como el genocidio de Srebrenica: asesinatos de ocho mil personas (entre ellos numerosos niños y adolescentes) de etnia musulmana por pate de los serbios de Bosnia. Esta fue su última cobertura de gran conflicto. Luego, vino el 11-M del 2004 y lo que ya hemos contado.

Cansado, sí, pero siguió soñando en aventuras, en la acción

Fernando Múgica cuando comienza con su última y definitiva enfermedad, el verano pasado, junto al mar gaditano, llega cansado y un tanto desilusionado. En esto del periodismo es normal porque a él se le dedican las veinticuatro horas del día y los 365 días del año, y porque la situación actual es preocupante… Sin embargo, antes de morir creo que Fernando manifestó que le gustaría volver a Vietnam porque para él fue lo máximo en el aprendizaje de la profesión y del dolor de esta vida. Vietnam fue también para él un ejemplo de libertad absoluta para contar cuanto se veía y se grababa de un país tan natural como roto y destrozado… “Quienes estuvimos en Vietnam –confesaban— seguimos soñando en aventuras”…

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Cierto. Tú fuiste uno de esos periodistas de esa generación deslumbrante de reporteros (todavía perdura y perdurará) que exponían su vida para mostrarnos todo aquello que no podíamos ver y entender: tragedias de millones de seres con mucha menos fortuna que la nuestra, o, mejor, sin fortuna y con apenas vida. Y lo hacías para descubrirnos lo que otros que mandan en el mundo querían y quieren que no consigamos descubrir. Gracias, Fernando. Gracias a los Múgica y a los Goñi, a todos aquellos navarros compañeros y amigos, siempre recordados, los de “eros, fueros y huevos”…

Termino con un preciso y acertado dibujo lineal de Ricardo en “El Mundo” y con palabras que no son mías pero si de alguien que conoció y sufrió con Fernando: Cuarenta y un años después, al día siguiente de la muerte de Fernando Múgica, acaecida el 12 de mayo de 2016, Mónica García Prieto, esposa de Julio Fuentes, reportero asesinado en Afganistán, explicaba con claridad en “El Mundo” lo que el periodista navarro pensaba: “Lo único importante es estar vivos. No importa el dolor, cuando sólo es una etapa de una aventura maravillosa”. Y añadía: Fernando disparaba sus consejos profesionales con el tono reposado de quien los ha aprendido a fuerza de hambre, de sueño y de miedo por su vida. “Piensa en comer –añadía Múgica— antes que en dormir. Come cuando puedas, no cuando quieras, porque nunca sabes cuándo será la próxima vez que veas comida. No te acerques tanto a la acción: el periodista muerto no sirve de nada. El mejor periodista es el que sobrevive para contarlo”.

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Fernando Múgica se nos fue pero sobrevive y sobrevivirá en nosotros. Su familia completó todas las lágrimas de estos días con un detalle que debo destacar. Fernando, navarro de la Plaza del Castillo, de la Navarra abierta, natural, bella, única y plural, siempre tuvo en cuenta algo que en un tiempo formó parte de aquel reino: el mar. Y hablaba del mar como algo que llevaba muy dentro… Quizá por eso las cenizas, sus cenizas reposan en el Cantábrico y yo recuerdo ahora aquellos preciosos versos de Quevedo que enamoran… porque las cenizas de Fernando, sí, son ya cenizas, pero enamoradas… del periodismo y de la aventura, de la verdad y de la imagen, de la acción y del darse a los demás. Fernando, muchas, muchas gracias por la lección y la amistad.

 

José Manuel Alonso, expresidente de la AVP-EKE

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