…28 de junio…, 7 de julio: San Fermín: “¡La fiesta empieza, la ciudad estalla!”…

                Después de tantos meses de politiqueo engañoso y de mentiras repletas de transformismo, hemos llegado, en España, a unas elecciones bis y, en el Reino Unido, a un revoltoso y peligroso Brexit, en este caso con intervención de la Reina que pidió “tres buenas razones” para seguir en Europa. A fecha de hoy, martes 28 de junio, aún no sabemos dónde nos van a llevar esos dos resultados y, por eso, por no especular con el futuro, bueno es sentirse tan satisfechos como los colombianos después del acuerdo del cese bilateral y definitivo del fuego entre el Gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo  (las FARC-EP), acuerdo firmado en La Habana, la tierra de Castro, del Che y donde vivió Hemingway, hoy protagonista de nuestro artículo. Acuerdo de paz después de un enfrentamiento que ha durado 50 años.

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Noche de San Juan en Lituania, la más breve y la más intensa

            Hoy para levantar la moral aquí, entre nosotros, vamos a escribir de otro tema, el festivo, ya que hemos gozado con la intensa luz de las hogueras de San Juan en la noche más corta del año. Por cierto, y lo he comprobado personalmente, donde más se celebra esta fiesta es en el Báltico, sobre todo en Lituania, jovencísimo país de la Unión Europea con tres millones de habitantes que acuden a la llamada fiesta de los Rasos, el Joninés, una noche (más que breve, brevísima, en esos lugares) en la que los lituanos cantan, bailan y se divierten hasta el amanecer con guirnaldas de flores silvestres y ropa de lino, y tratan de encontrar una flor de un helecho y convertirse así en visionarios para entender el lenguaje de los pájaros. Y todo ello trae la riqueza y la felicidad, que es lo que anhelamos todos los humanos, y que el verano con las vacaciones y las semanas grandes también nos lo facilita. 

            Ya sé que el número anterior de Kazetariak había prometido dedicar una segunda parte al recuerdo de “nuestro” mejor cronista  aventurero, Miguel de la Quadra-Salcedo y Gayarre, centrándolo en el éxito del documental (súper-premiado, censurado y desaparecido) dedicado al asesinato del Che Guevara en Bolivia. Adelanto que habrá otra ocasión para ocuparnos de ello dentro de unos meses, al cumplirse en el 2017 los 50 años de esa fecha, que ha quedado en los anales sobre el argentino-cubano, toda una leyenda de nuestro pasado siglo, de los años 60… años que cambiaron el mundo.

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            Pero sin olvidarnos del Che y recordando a Cuba por la noticia de estos días y, sobre todo, por referirnos a nuestras fiestas, comenzando por los “Sanfermines”, quiero adelantar, con el permiso de los queridos lectores, un atrevimiento: la recomendación de un documental de 1999 dirigido por Manuel Leguineche, con guión  mío; grabación de “Joserra Producciones “y realizado por Fermín Aio para la productora Pausoka por encargo de ETB. Posteriormente fue adquirido por TVE para proyectarlo en vísperas de Sanfermines, tal y como yo lo he visto dos veces en el canal internacional. El documental puede bajarse de Internet con esta simple solicitud: “Fiesta, Hemingway y los vascos”. En él puede apreciarse toda la estrecha relación del escritor norteamericano con los vascos, incluso con su confesor don Andres Unzain, vizcaíno de Mundaka, así como con los sanfermines, la pesca en el Irati, valorando sus estancias en Navarra (“así en Navarra como en el cielo”, decía) y las fiestas taurinas de Bilbao o sus descansos y paseos en la admirada San Sebastián, o su cercanía con los cubanos y sus dirigentes de entonces, Fidel Castro y Che Guevara, así como los personajes de “El Viejo y el mar”: Gregorio Fuentes, el viejo, y el niño Paquito Garay, de padre vitoriano, que intervienen en el documental. Hemingay –como se dice— marca en 1959 un hito en los sanfermines hasta el punto de que pasan de ser unas fiestas locales a fiestas cosmopolitas, extendidas desde entonces por todo el mundo.

            Ahora sí, ahora, por tanto, dedicamos el artículo de hoy a las grandes fiestas como son, sin ninguna duda y en el mundo entero, los sanfermines navarros, los de Pamplona y también los de Lesaka. Ambos arrancan el mismo día y a la misma hora y de la misma manera, con chupinazo… De las dos fiestas, la más conocida mundialmente es la de Pamplona, vamos con ella…

Sanfermines: 410 actos para todos los gustos y edades

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            Más de 410 actos conforman el programa oficial de las fiestas de San Fermín de 2016 que entre el 6 y el 14 de julio ofrecerá actividades para “todos los gustos, edades y franjas horarias”. Del total de actos, el 67% son actos musicales, el 22% están destinados a público familiar e infantil y un 6% están vinculados al mundo taurino.

            Música, verbenas, actos para los menores como marionetas, el teatro de calle familiar, festivales de distintas modalidades de deporte o danza, los paseos de la Comparsa, los fuegos artificiales, los encierros, las corridas de toros (Feria del Toro) y la procesión de San Fermín conforman el programa de unas fiestas que el Ayuntamiento quiere que este año sean “más populares, participativas y plurales”. Todo ello supone una inversión municipal de casi dos millones de euros (un 3,5% superior al presupuesto del 2015) que generan muchísimo más millones en beneficio de la ciudad.

Nueve jornadas intensas y un grito: “Gora (Viva) San Fermín”

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“Las cosas que ocurrieron sólo podrían haber ocurrido durante una fiesta”, los Sanfermines” (Ernest Hemingway, en “Fiesta”)

         San Fermín.- Del 6 al 14 de julio es la cita y/o el recuerdo vivido apasionadamente, es la canción, el emblema, el ritual anualmente cumplido hasta en sus más mínimos detalles, hasta en aquellos gestos que parecían difícilmente repetibles. Como escribe María Ángeles Sánchez en una guía titulada “Fiestas Populares” y que, para Julio Caro Baroja, es “la guía hecha con más escrúpulo”, se dice: “Los mozos (que, periódicos doblados en alto, se encomiendan cada mañana al santo, para que les proteja en el encierro), la peñas, el peligro, la calle, el alcohol, las madrugadas. Y los toros… No hay encierros como los de la Estafeta. Ni despertares de riesgo como los de Pamplona. Cuando la fiesta se eleva a categoría de mito, con las pasiones –a favor o en contra— encendidas, uno, o está lejos, o no tiene más remedio que dejarse arrastrar por ella. Entre el chupinazo anunciador y el Pobre de Mi de la despedida, nueve jornadas intensas como pocas y un grito único, aunque de voces múltiple y, a menudo, dispares: “¡Viva San Fermín!”, “¡Gora San Fermín!”.

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         Además, durante los sanfermines se puede presenciar la actuación de grupo folklóricos, desfiles de gigantes y cabezudos, salida cada noche de un toro de fuego; y  momento tan emocionantes como la tradicional procesión de San Fermín, seguida de misa en la capilla y actuación del grupo de dantzaris. En palabras de Hemingway: (…) Había mucha gente en la misa de once. San Fermín es también una fiesta religiosa (…) Y el café era como un barco de guerra en zafarrancho de combate”…

            Sanfermines es el chupinazo (“como una granada de metralla reventada”) y es el pobre de mí (“al final todo se tornó completamente irreal”), pero también todo lo del medio: “música y baile riau-riau, y fiesta”. Y son los encierros y las corridas de toros… Quien vive los sanfermines sabe que la vida guarda alegrías y que los periódicos diarios son útiles incluso para citar a los toros en los encierros, como lo fueron en otros tiempos para envolver los humildes bocadillos.

“Manos alzadas, espigas al viento… ¡estalla el chupinazo!”

            6 de julio. 12.00 horas.-  Manos alzadas / espigas al viento / surtidor vital que / desgarra siluetas. / Aires que atrapan / otros cantos y saltos. / Unida luz de pueblo / que en su plaza descalza / por piedra e historia, / muestra consenso de fiesta. / Brazos desnudos chocan / en el con junto que reclama / un mismo gozo de amor / centrífugo, hacia el cielo. / Y a la hora en punto / ¡estalla el chupinazo!…

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“Lo que más me gusta de la fiesta es como empieza, cuando la ciudad estalla” (“Fiesta”, Ernest Hemingway)

            Pocas escenas hay tan hermosas y conjuntadas como esa del txupinazo sanferminero, cuando los mozos, con sus brazos desnudos, elevan sus manos al cielo impulsados por la misma ilusión de conjunto y ganas de divertimento. Txupinazo (o chupinazo) que podrá verse en directo en la Casa Consistorial pero también, retransmitido por pantallas gigantes, en el Parque de Antoniutti, Paseo de Sarasate, Avda. Carlos III, Plaza del Castillo y Plaza de los Fueros. Música en la calle, con salida desde Plaza Consistorial y Paseo de Sarasate.

            Y para los que no estemos en Pamplona, podremos verlo a través de la televisión en muchos lugares del mundo, incluidos nuestra propia casa o lugar de trabajo o estancia con aparato televisivo. Y no sólo el chupinazo, las televisiones retransmiten día a día, cada mañana, el encierro correspondiente.

            ¡Qué momento único, insólito, repleto de música y colorido, con abundancia del rojo gracias al pañuelo sanferminero…

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            Recojo palabras de Hemingway, del capítulo XV de su novela “Fiesta”: “Al mediodía del sábado 6 de julio, la Fiesta estalló. No hay otra manera de expresarlo. La gente había ido llegando desde los alrededores, pero se iba asimilando a la ciudad y uno no la notaba (…) El cohete que anunciaba la fiesta subió en la plaza. Estalló y abrió una bola gris de humo… La bola de humo se colgó en el cielo como una granada de metralla reventada, y cuando miré subió otro cohete dejando un reguero de humo en la clara luz del sol. Vi el brillante relámpago que produjo al estallar y apareció otra pequeña nube de humo… Desde todos los lados estaba llegando gente a la Plaza y en la calle se oyeron los caramillos, pífanos y tambores que iban llegando, tocando la música riau-riau; los barullos agudos y los tambores batientes, y tras ellos los hombres y los muchachos, bailando… Cuando los pífanos se detuvieron, todos se agacharon, y cuando las dulzainas y pífanos daban los tonos agudos y los tambores iniciaban un redoble, todos saltaban al aire, bailando.

“La fiesta empieza de verdad: día y noche, durante días”…

            Bajando la calle vinieron más bailarines. La calle estaba completamente llena de bailarines. Bailaban a un tiempo detrás de sus propios pífanos y tamborileros. Llevaban… pañuelos rojos alrededor del cuello y un gran estandarte con dos palos. El estandarte bailaba, arriba y abajo con ellos, rodeado por la multitud (…)

             La fiesta había empezado de verdad. Siguió día y noche durante siete días (ahora son nueve días). Continuó el baile, el beber y el ruido. Las cosas que ocurrieron sólo podrían haber ocurrido durante una fiesta. Al final, todo se tornó completamente irreal y pareció como si nada pudiese tener consecuencias durante la fiesta. Se tenía la sensación de que todo estaba tan quieto que uno tenía que gritar sus observaciones para hacerlas entender (…) Era una fiesta y duró siete días”.

“Los toros, persiguiendo y empujando a la multitud”

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EFE/Jesús Diges

            Madrugada del 7 de Julio: De nuevo, “la fiesta estalló (…) De pronto una multitud bajó por la calle. Todos corrían apiñados estrechamente, pasaron y subieron la calle hacia la plaza de toros y en pos de ellos vinieron otros hombres corriendo más rápido (…) Tras estos últimos había un espacio vacío; y luego los toros, formando un estrecho grupo, iban galopando y sacudiendo sus cabezas arriba y abajo (… ), persiguiendo y empujando a la multitud (…) Podría apreciarse por el grado de intensidad del grito la gravedad de lo que ocurría”. Después que pasaron, un gran estruendo vino desde la plaza de toros. Luego, finalmente, la detonación del cohete que significaba que los toros habían pasado a través de la gente en la plaza y estaban ya en los corrales” (…)

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            Todo eso que he recogido lo escribe, en Fiesta (1926), es de Hemingway (Julio de 1989-Julio de 1961) y lo que cuenta sucedía hace 90 años, y eso mismo sigue sucediendo ahora, en Pamplona, donde “las cosas que ocurrieron sólo podrían haber ocurrido durante una fiesta”. Y es que quien haya vivido los sanfermines cada julio sobrevive gozosamente a ellos, como sobreviven los escritores que lo cantaron o los grandes corredores de los encierros, entre los tablones de Santo Domingo y de la Plaza de Toros.

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Bella imagen del encierro comparado con el arte de escribir

            Esos encierros están marcados por unas normas que pueden reducirse a una: conducir a los toros hasta la Plaza haciéndolo limpio, preciso, elegante, de corrido, eliminando lo que obstaculiza la carrera. Es decir, como Hemingway nos enseñó a escribir: claro, rápido y breve, contando la distancia, eliminando lo que obstaculiza la carrera, la prosa o la historia; despertando y satisfaciendo la emoción, el interés. Porque el encierro es como el contenido de una narración: se lleva por delante todo cuanto pilla, con un claro peligro, que algún toro (o personaje en el escribir) quede suelto o tome la dirección equivocada. Quienes narran y quienes siguen o leen la narración son como los que corren y los que presencian un encierro. Han de enfrentarse a una historia cerrada con tablones, con todos que avanzan “galopando y sacudiendo sus cabezas arriba y abajo (…), persiguiendo y empujando a la multitud”…

            “El mundo entero es como un ruedo para mí” (Hemingway)

            Nuestro admirado escritor Ernest Hemingway siempre estuvo vinculado al mundo mundial: nacido en Illinois, donde estudió; conductor de ambulancia en el frente italiano en la I Guerra Mundial; casado cuatro veces; corresponsal en el París de las corrientes más innovadoras de comienzos del siglo XX; amante del Pamplona sanferminero y pescador en la Navarra truchera; paseante y admirador de la Donostia playera; componente de la “generación perdida” y del “nuevo periodismo”; enviado especial en la guerra civil española; presente en la II Guerra Mundial: desembarco de Normandía y liberación de París; cazador en África y pescador y residente en Cayo Hueso (Florida) y en Cuba. Al final de su vida, en 1959, compró una casa en Ketchum (Idaho), donde –como hizo su padre— se suicidó, el 2 de julio de 1961. La muerte fue una de sus obsesiones y por eso le deslumbraban las corridas de toros y la competencia de los toreros, a los que siguió en las mejores plazas como la de Bilbao.

            Hemigway escribe: De la multitud que elevaba un gran grito y pasando la cabeza a través de los tablones vi a los toros salir y seguir por el largo corral entre las empalizadas. Iban persiguiendo y empujando a la multitud… Los gritos llegaron desde dentro del redondel. Cada grito significó una carga de algún toro a la multitud. Podría apreciarse por el grado de intensidad del grito la gravedad de lo que ocurría. Bien sabemos que la muerte es la inevitable realidad, la única cosa de la cual un hombre puede estar seguro, la única certidumbre.

            En el ruedo, frente a él, siempre esperaba encontrar una acción especial capaz de darme ese sentimiento de vida y muerte que buscaba con tanto ahínco, porque ha de morir el toro pero también el torero… Sí, el mundo entero es como un ruedo para mí, todo el mundo está en el redondel. Y la única manera de sobrevivir es luchando, y yo siempre me encuentro dispuesto”…

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            “Lo mismo que un ruedo es la vida. La distancia se mira muy hermosa y excitante, pero cuanto más se acerca uno más cicatrices se advierte. Basta con mirar mi cuerpo. Mirar mi rostro. Mirar lo que hay debajo de la barba”…

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El encierro, una prueba difícil y gozosa para muchos navarros

            Para las mayoría de los navarros o los que sin haber nacido se sienten navarros agradecidos, correr en los encierros sanfermineros es como una prueba de fuego, un riesgo o un examen de valentía que hay que correr y eliminar o mantener, según los casos.

            En el número anterior de Kazetariak ya contamos lo que supuso para un aventurero como Miguel de la Quadra-Salcedo y Gayarre, hasta el punto de que de todos los muchos peligros que corrió en su vida, estando en algunos al borde de la muerte, los encierros fueron los momentos en los que más se expuso, y lo hizo según sus palabras: “El mayor peligro lo corrí (nunca mejor dicho) en Sanfermines, con el “Diario de Navarra” en la mano dándole al toro junto a los cuernos y para que me viera mi novia, hoy mi mujer, que estaba asomada a un balcón  de la calle Estafeta. Pero eso es lo mínimo que hacemos los navarros para ganarnos y/o casarnos con una mujer navarra, siempre exigente”

Un ejemplo de lo que son los sanfermines para los jóvenes

            A los periodistas, como es lógico, nos gusta poner ejemplos claros, indiscutibles, vividos… que reflejen la realidad más palpable. Y de Sanfermines pongo un ejemplo del que fui protagonista el primer año que acudí a las fiestas, a principio de los años sesenta. En otra ocasión, me arriesgué tanto sin dormir que me quedé con unos amigos tirados en la carretera de vuelta a casa…

            El ejemplo increíble es el de dos jóvenes inglesas, de muy buen ver, coincidieron conmigo la mañana el día 6 de julio de 1961 para solicitar cama y ducha (fundamentales en estas fiestas de tanto calor y juerga a cualquier hora del día y de la noche) y la patrona de la pensión en la calle Olite para estudiantes las ofreció una habitación con dos camas.

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            Las jóvenes inglesas, como es precedente en estos casos, pagaron por adelantado la estancia de ocho días. Poco después de su llegada, se disfrazaron de caluroso verano y salieron a la calle porque el chupinazo no espera…

            A aquellas jóvenes nunca se las volvió a ver ni por la pensión ni siquiera a recoger las maletas. Seguramente encontraron cama y ducha en otro lugar y se olvidaron por completo de donde habían dejado el dinero de la pensión y las maletas repletas de ropa de verano…

            Para muchos, sobre todo los más jóvenes, eso son los Sanfermines: una locura repleta de diversión que engendra olvido de todo lo demás, incluido sus maletas y su memoria, distorsionada desde el primer riau-riau.

            “Por unas fiestas libres de agresiones sexistas”

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                Precisamente, coincidiendo con este artículo, el Ayuntamiento de Pamplona ha hecho público una Campaña contra la violencia sexista en sanfermines. El mensaje es: “Por unas fiestas libres de agresiones sexistas / Eraso sexistarik gabeko jaien alde”, uniéndose así a la idea de unos Sanfermines en igualdad. La iniciativa busca ayudar a detectar las situaciones de riesgo y a explicar qué hacer ante una agresión de este tipo. Catorce medios de comunicación navarros se han sumado ya hace días a la campaña contra esa violencia sexista.

            De esta forma, Pamplona se suma a la propuesta que hace el Instituto Navarro para la Familia e Igualdad a los Ayuntamientos de Navarra de utilizar una mano roja para mostrar el rechazo a la violencia machista en fiestas. Las ideas clave de la campaña son estas: (1) Las fiestas son para que disfrutemos todas las personas, hombres y mujeres. (2) En fiestas NO TODO VALE. (3) Ni el uso ni el abuso de ninguna droga justifican una agresión. (4) Que alguien exponga su cuerpo no es razón para agredirle, ni desnudarle y menos, en grupo. (5) En entornos en los que hay mucho descontrol, la autoprotección para evitar agresiones es razonable y recomendable. ¡Piensa y decide! (6) Si necesitas ayuda frente a una agresión, llama al 112. ¡No estás sola! (7) Si presencias una agresión machista , del tipo que sea, no te unas, no mires para otro lado, ¡Responde, rechaza y presta tu ayuda! (8) Que alguien “no te siga el rollo” forma parte de su derecho a decir NO. ¡Presta atención y respeta! En fiestas, el NO sigue siendo NO  (9) Adopta una actitud activa frente a las agresiones sexistas, SEAS HOMBRE O MUJER ¡¡¡ NO LAS PERMITAS!!!

Fiestas y Zubigainekoa, en los sanfermines de Lesaka

            Ya hemos señalado que no son los de Pamplona los únicos sanfermines navarros. Al santo se le venera también en Lesaka, pueblo situado en la merindad de Pamplona, en la comarca de las Cinco Villas, a 75 kilómetros de la capital navarra. San Fermín es santo con mucha devoción en la villa, aunque el  patrón de la localidad es San Martín.

            El mayor espectáculo en Lesaka son las danzas. Entre ellas destaca el zubigaineko, o baile sobre el puente. Finalizada la procesión, se baja a Eskol-Ttiki, donde, sobre los pretiles del río Onín, los ezpatadantzaris bailan el Zubigainekoa, en recuerdo de la paz que se firmó en el siglo XV entre los barrios de la Villa, baile muy espectacular que pone a prueba el equilibrio de los dantzaris que deben cuidar de no caer al río Onin, afluente del Bidasoa y arroyo que divide de forma llamativa a Lesaka en dos partes.

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             En este ritual bailado, un capitán dirige a la comitiva formada por un número par de jóvenes en dos filas, unidos entre sí y al capitán por vistosas makilas. Su atuendo es blanco con escapularios y cintas de colores, alpargatas y cascabeles en las pantorrillas. Por último, la bandera de la villa será ondeada sobre el puente. Bellísimo y espectacular espectáculo, ante el que uno no puede dejar de gritar lo mismo que en Pamplona: “Gora (Viva) San Fermín”…

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José Manuel Alonso, expresidente de la AVP-EKE

 

 

 

 

 

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