Deportes de alto riesgo

M.Urraburu. El deseo de aventura es algo natural en algunas personas. Los deseos del desafío de las propias posibilidades y acercamiento a los limites, han encontrado muchos seguidores  en este mercado. Y así, a los deportes de riesgo les han sucedido los de alto riesgo. Lanzarse desde lo alto de un puente sujetados a una cuerda elástica, ascender a grandes montes, dejarse llevar por aguas bravas de un cañón repleto de grandes rocas y cascadas son algunos de los desafíos que se  plantean muchos amantes del riesgo. Son personas que se juegan la vida gratuitamente y que, en ocasiones,  ponen en riesgo la vida de los demás y esto me hace pensar, en una actitud egoísta e irresponsable.

Los medios de comunicación, muchas veces nos hacemos eco de carreras clandestinas de coches en dirección prohibida, con resultados trágicos, de competiciones etílicas que acaban en las urgencias de los hospitales. A todo esto, tendríamos que sumar, las constantes ofertas, demandas de aventuras y el éxito de parques temáticos que buscan el vértigo de forma virtual, la simulación  del riesgo, y un amplio programa de sorpresas y emociones…

Claro que, no todos se conforman con eso. Otros buscan el clímax de la aventura con ofertas temerarias de alto riesgo. Es curioso que, al tiempo que reclamamos toda clase de protecciones y garantías en la cosa pública, en lo privado pongamos en riesgo nuestras vidas. A la cultura de la queja, sumamente escrupulosa en lo que toca, a las responsabilidades de la Administración, se opone una cultura en contra de nuestra integridad. Proponemos medidas a veces imposibles para la prevención de catástrofes naturales a la vez que protagonizamos retos suicidas contra la misma naturaleza.

Cuánta irresponsabilidad y desprecio de la vida  en estas actividades, y de respeto a la naturaleza que tanto reivindicamos.

Dentro de poco, y con el comienzo de la época estival, comenzaremos también, la práctica de distintos deportes y actividades de alto riesgo, sin preparación y conocimientos necesarios. Volveremos a los avisos y recomendaciones para quienes se adentren en las aguas de nuestras playas, poniendo en riesgo su vida y la de los socorristas. Tendremos, también, pescadores que, queriendo llenar su cesta, se han quedado aislados en una roca al subir la marea. Otros emprenderán una escalada sin posibilidad de regreso, teniendo que ser rescatados, después de haber sido informados de las condiciones meteorológicas adversas. Y, así, una larga lista de sucesos, en ocasiones con pérdida de vidas. Luego, claro, después del suceso y algún reproche, que ya no sirve para nada, viene el “ no nos asistieron a tiempo” o “para eso pagamos los impuestos”.

Cuando llega el buen tiempo y veo sobrevolar a parapentes o alas delta en nuestras playas me entran escalofríos pensar, que puedan caer sobre las miles de personas que disfrutan de sus arenales. Algunos ya han caído con el consiguiente susto para el practicante y bañistas.

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