“Repúblicas” de Universitarios en Coímbra y Pamplona, y del barrio Užupis, Vilnius (Lituania)

                      En toda República (res publica, “cosa pública”) es el pueblo o la comunidad o el grupo el sujeto de la soberanía ya que es el único representante a diferencia de otras formas de gobierno. El interés de la mayoría o interés general es otro de los principios de esta forma de gobierno y de su funcionamiento. A los que vayan a gobernar (incluso al que va a presidir la república) se les elige por votación y de forma temporal, bien a través de unas elecciones o bien por una asamblea general. Normalmente, todas las repúblicas democráticas se rigen por una constitución donde se establece el marco  jurídico general y, además de unas leyes soberanas (con derechos y deberes), que obligan por igual a todos los ciudadanos, hay una serie de elementos comunes como es la imposibilidad del secreto de los actos de gobierno; la responsabilidad de los que dirigen; la práctica absoluta del respeto y no la intolerancia; la idoneidad o capacidad (incluso talento) como condición de acceso a los cargos, etc. etc.

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            Hay Repúblicas de carácter político, generalmente utilizadas como formas de organización de los estados, y otras menores en número de ciudadanos representados, pero igualmente válidas. Y estas “repúblicas” (las ponemos entre comillas) son a las que nos vamos a referir por haberlas conocido, dos de ellas en viajes recientes a Coimbra (Portugal) y Vilnius o Vilna, capital de Lituania; y la tercera república, de otros tiempos, en Pamplona, por haber tenido la fortuna de participar en ella muy activamente, en años muy pasados y difíciles, en plena dictadura, mis años universitarios.

            Las “Repúblicas” de Coimbra y la de Pamplona son y han sido espacios comunitarios de estudiantes auto-gestionados y con identidad propia. La de Vilnius, es la “República” de un barrio en el casco viejo de la ciudad báltica, con una pretensión: crear un ambiente de comunidad e identidad propias a través del arte, aunque esté resultando más un fenómeno social que un movimiento artístico, pero que en todo caso –se ha dicho con razón— “ayuda a los lituanos a abrirse y afirmarse”…

Vilnius: intento fallido de crear el Guggenheim-Hermitage

            Por cierto, Vilnius o Vilna, es la ciudad que a raíz de ser declarada Capital de la Cultura Europea en el 2009 –lo que es este año 2016 Donostia–, pretendió imitar a Bilbao y superarla en un proyecto de Museo Guggenheim-Hermitage, diseñado por Zaha Hadid, la famosa arquitecta anglo-iraquí, fallecida recientemente (el pasado 13 de marzo), artista que ha recibido los mayores galardones del mundo. Se trataba de un museo que pretendía unir, en la Europa Occidental, Nueva York y San Petersburgo a través del arte, y albergar dos de las colecciones más importantes y numerosas del mundo, además de cine experimental y vanguardista, una biblioteca de arte, un museo de cultura hebreo-lituano y distintas colecciones de figuras internacionales.

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Proyecto ganador de Zaha Hadid para el fallido Museo Guggenheim-Hermitage

            El proyecto fracasó por algo de lo que estamos acostumbrados en España: por corrupción relacionada con el Centro de Artes Visuales nombrado al efecto y donde estaban implicados diversos políticos, incluso el alcalde de la capital.

            La idea se la apropió posteriormente Helsinki, en Finlandia, que aún sigue empeñada en el proyecto y que tiene ventajas con respecto a Vilnius, ventajas que comprobamos en nuestra visita en la capital finlandesa: primera ventaja, cuenta con un espléndido puerto que se comunica fácilmente con otras capitales europeas; segunda ventaja, Finlandia está económicamente mucho mejor que Lituania para realizar un proyecto de este tipo; tercera ventaja, desde Helsinki se puede viajar en ferry a San Petersburgo, Estocolmo y Tallín; los viajes son cómodos porque con la capital de Estonia son dos horas, y con Estocolmo y San Petersburgo se suele viajar por la noche con camarotes para dormir. Además, un museo de esas características sería un foco de extraordinaria atracción  para una ciudad como Helsinki que nos sorprendió por el turismo y el nivel de vida.

Repúblicas de estudiantes en Coímbra desde el siglo XIV

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La Universidad de Coímbra está en la parte alta de la ciudad

            Comencemos por las “Repúblicas” de Coímbra, una ciudad que respira ambiente universitario por todos los rincones. No es de extrañar, porque la Universidad es la más antigua de Portugal y una de las primeras del mundo, fundada en 1290 y declarada en 2013 Patrimonio de la Humanidad.  Tuve la suerte de presenciar hace un mes el final de curso y nunca podré olvidar, por ejemplo, su Biblioteca barroca, construida entre 1707 y 1750, visita obligada para todo el que ame el arte y los libros.

            Indisolublemente unidas a la Universidad se encuentran las “Repúblicas”, espacios donde los estudiantes viven de manera comunitaria. Se trata de centros auto-gestionados y con reglas propias. Las decisiones se toman generalmente en asamblea y los miembros que allí habitan (los repúblicos) se responsabilizan de la gestión de la casa donde todos son iguales.

            Para ser un repúblico ha de ser invitado y aceptado de manera unánime por los que ya habitan en la “República”. Tan sorprendente como la existencia de esas “Repúblicas” durante los años que uno está en la Universidad es el papel que juegan los antiguos repúblicos, que siguen unidos a “su casa” a través del tiempo, reuniéndose incluso en ocasiones y participando y ayudándose de parecida manera a lo que hicieron durante los años de estudiantes. La reunión anual que celebran se llama “centenario”, porque –dicen— “vivir en una República un año es como vivir cien”.

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Dicho popular: “Braga reza, Oporto trabaja, Lisboa se divierte y Coímbra estudia”

            El origen de tan particular institución como es esta Universidad de Coímbra se remonta a principios del siglo XIV, fundada por Don Dinis (1261-1325), hijo de Alfonso III y la princesa Beatriz de Castilla, nieto de Alfonso X de Castilla. La fundación se hizo a través de un decreto Carta Magna Priveligiorum. El mismo Don Dinis, amante de la literatura, poeta, promovió una serie de casas que debían ser habitadas por estudiantes, mediante el pago de un alquiler, que era marcado por una comisión formada por estudiantes y un conjunto de hombres buenos de la ciudad. De este modelo derivan las actuales “Repúblicas” y otras que se “exportaron” posteriormente a Lisboa, Oporto y varias ciudades de Brasil.

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Coímbra cuenta actualmente con 26 “Repúblicas”

            Actualmente, Coimbra cuenta con 26 Repúblicas, las cuales se organizan a través del Conselho de Repúblicas (CR), órgano de decisión común, que funciona de manera asamblearia y por unanimidad, con tres opciones para la propuesta en el voto: a favor, en contra y abstención. Sin embargo, al ser el espíritu de algunas Repúblicas muy progresistas en lo ideológico y otras un tanto conservadoras, hacen que el funcionamiento del CR sea sumamente complejo. No obstante, independientemente del corte político y social que tengan, la autodefinición, la autogestión, la defensa y el cuidado de la comunidad son las partes más importantes de las Repúblicas estudiantiles. En cuanto a la ubicación, la mayoría de ellas están situadas cerca de la Universidad, en la parte alta de la ciudad. Cada casa tiene sus normas, algunas más estrictas que otras; normas que están definidas y marcan la forma de inclusión y participación de los estudiantes en las repúblicas, su compromiso, las responsabilidades de sus miembros, etc.

            Cada República es independiente y goza de la libertad de pensamiento de cada uno de sus miembros, y en lo que concierne a la propiedad del espacio que ocupan hay distintos modelos. En algunos casos, las casas han sido compradas por los propios repúblicos, otras son propiedad de la universidad o del ayuntamiento de Coímbra, y las restantes son de propiedad privada pero con alquiler social. En todos los casos, cada república tiene su funcionamiento económico, con fondos comunes y generando sus propios recursos o aceptando aportaciones de los antiguos repúblicos u organizando fiestas para autofinanciarse. En algunas repúblicas se contratan cocineras para el mantenimiento mientras que en otras se reparten las tareas entre sus miembros.

Desde 1957, un estatus jurídico regula su funcionamiento

            A lo largo de los siglos, estas repúblicas ganaron fama y tradiciones propias, y en 1957 el primer código de “praxe” (del latín, praxis) les otorgó un estatus jurídico y reguló su funcionamiento. En los años sesenta, cuando Europa era un hervidero de luchas estudiantiles y reformas democráticas, las Repúblicas de Coímbra jugaron un papel destacado en la política nacional, defendiendo la democracia y la libertad. Hoy en día, mantienen los valores que definen su carácter excepcional en el medio universitario: la vida en comunidad y la defensa de la democracia.

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“República” feminista Marías do Loureiro

            Actualmente, la Praxe se encarga de coordinar en lo posible actos, actividades, fiestas e incluso las clásicas “novatadas”, con el propósito de incentivar la integración de los estudiantes nuevos (caloiros) conociendo a los más viejos (doutores) y así dinamizar y conjuntar la comunidad estudiantil. En los últimos tiempos, las novatadas y bromas pesadas que provocaban humillación, descalificación y severos daños psicológicos a las personas que las sufrían, han sido eliminadas y la mayoría de los estudiantes las consideran alienantes.

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Harry Potter con capa y vestimenta copiada de las estudiantes de Coímbra

            Los praxistas visten unos trajes y capas típicas universitarias para así diferenciarse la población académica de la que no lo es. Curiosamente, esta vestimenta inspiró a la escritora J.K. Rowling para sus novelas sobre Harry Potter, según lo ha declarado ella misma. Tampoco es de extrañar porque la autora de estas novelas tan famosas estuvo viviendo en Portugal y, en Oporto, una de las visitas obligadas es a la librería que ella frecuentaba y cuya escalera a la planta primera es protagonista en sus películas.

            La vestimenta de los praxistas y la publicidad que se ha conseguido a través de la imagen de Harry Potter quedarán también recogidas en la larga historia de las repúblicas, dándose la curiosa circunstancia de que hay algunas donde han coincidido en épocas distintas generaciones de una misma familia.  La mayoría de las repúblicas han estado formadas por hombres, aunque la casa de las Marias do Loureiro siempre ha tenido mayoría de mujeres, así como comportamientos muy reivindicativos de lucha por la igualdad y en contra del sistema patriarcal. En esta “casa”, como en otras, no se admiten comportamientos ni comentarios xenófobos, sexistas y homófobos.

República de Adefagia, Pamplona, años 60 , en plena dictadura

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Precioso rincón de la Media Luna de Pamplona

         Quizá el mayor éxito de aquella “República Independiente de Adefagia” en Pamplona fuera el hecho de haber nacido y haberse mantenido unos años en tiempos muy difíciles, en plena dictadura, y entre unos estudiantes matriculados en una Universidad privada, del Opus Dei, donde se exigía muchísimo a la hora de estudiar y donde parecía que todo estaba controlado al milímetro. He de decir que en nuestro funcionamiento, tanto en la Universidad como en la entonces muy conservadora ciudad de Pamplona, se desarrolló sin el menor problema y cuantos conocieron la existencia de nuestra demócrata e insólita institución la alabaron, incluido los profesores y los políticos de entonces.

            El 10 de octubre de 1962, primer día de curso en la Universidad Privada de Navarra (todavía no existía la pública), conocida previamente como Estudio General de Navarra, un grupo de nueve estudiantes de diversas carreras (Medicina, Derecho, Sociales, Periodismo) y procedentes de distintos lugares, coincidíamos en una pensión en la Calle Olite de Pamplona y enseguida conectamos. Esa empatía nos unió de inmediato.

            A medida que fuimos conociéndonos surgió una amistad tan grande que en unos meses después decidimos  alquilar un modesto chalecito en la Medina Luna de Pamplona y aprobar unas normas de convivencia que enseguida nos llevaron a crear, “con el debido respeto al  único y extraordinario reino de Navarra”, una República estudiantil, a la que además de los habitantes del chalet se unieron otros, unos pocos vecinos de Pamplona y otros residentes en otras casas o Colegios Mayores. En total, formamos un grupo de unas 20 personas y redactamos una Constitución con normas muy estrictas para los residentes en el chalet y otras para todos en conjunto.

Adefagia, el ‘hambre’ de libertad, cultura, amistad…

            Hubo distintas propuestas para el nombre de la República, y como los que estábamos de ‘prestado’ en Pamplona, es decir, los que procedíamos de otros lugares comíamos malamente, decidimos darle el nombre de Adefagia, que en el más puro castellano significa “voracidad” y tiene otra acepción: “tener hambre”, que es la que nos gustó dadas las necesidades, no solo alimenticias sino también de libertad, de conocimientos, de cultura, de participación, de amistad…

Escudo universitario y Cámara de Comptos, lugar de estudio y actos diversos

            Por cierto, para solucionar el problema alimenticio contratamos una cocinera para la comida y optamos por solucionar las cenas gracias a una buena costumbre que había entonces en la capital navarra, la de las invitaciones a merendar, lo que conseguimos gracias a la amabilidad de las jóvenes pamplonicas, la mayoría de ellas socias del Club de Tenis, al que conseguimos entrar gracias a la colaboración de un estudiante campeón  nacional de juveniles en la especialidad de tiro, que consiguió ganar el campeonato de ese club participando con el nombre de “Adefagia”. Nos resultó después más fácil lograr nuevas invitaciones porque en nuestra “República” había un par de bailarines que aprendían antes que nadie lo más sonado y movido de entonces: el rock, el twis, el madison, etc. y lo enseñaban a bailar en el club o lo bailábamos todos juntos.

Antonio Fontám, uno de nuestros maestros, y una escena de la representación del “Zoo de Cristal”, de Tennesse Williams, en el Teatro Gayarre de Pamplona

 

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Desde la República de Adefagia organizamos festivales y numerosas actividades para estudiantes con la participación de figuras como la entonces jovencita Rocío Durcal

            Por cierto, entre las normas de obligado cumplimiento –además de las habituales en una república democrática— estaba la obligación para los residentes en el chalet de no echarse novia porque eso podría poner en peligro la permanente unión del grupo, y por eso solíamos salir con las chicas en gozoso grupo, lo que también ellas agradecían respetando así la ausencia de su novio. Esto hizo que las invitaciones a cualquier acto público de Pamplona se invitara a los “republicanos”.

“Impulsamos muchas actividades de música, literatura y cine”

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Teatro Gayarre, siempre activo, en el pasado y en el presente

         Desde Adefagia impulsamos actividades culturales, la mayoría en el hermosísimo Teatro Gayarre, como el Certamen Nacional de Grupos Universitarios de Teatro, o los Festivales Musicales para recaudar fondos para los viajes de estudios de los que terminaban el bachillerato; o Premios Literarios, obras de teatro, Cine Fórum y algún recital de poesía. Sacábamos tiempo para todo y éramos muy felices, conviviendo incluso en vacaciones, con la suerte de que gracias a un miembro de la República, hijo del entonces conservador de la Alhambra de Granada, pasábamos la Semana Santa viviendo y disfrutando del interior de esa joya de arte musulmán nazarí y de su extraordinaria sonoridad para escuchar música clásica, nuestra música preferida…

Esplendor en la hierba: “La belleza, siempre en el recuerdo”

            La República Independiente, Libre y Solidaria de Adefagia llevaba inscrita también una frase latina: “Omnes pro ómnibus” (Todos para todos), y una intencionalidad basada en el sublime valor de la belleza a través una frase de una película norteamericana que nos impactó a todos: “Esplendor en la hierba”, frase procedente de un poema de William Wordsworth: “Cuando ya nada pueda devolvernos el esplendor en la hierba, de la gloria en las flores, no hay que afligirse porque la belleza siempre subsiste en el recuerdo”. Posiblemente ese sea uno de los finales más tristes y a la vez más hermosos de la historia del cine. Como se ha escrito, “Esplendor en la hierba nos envuelve con la magia de la poesía, el lirismo que sólo se puede conseguir con la sensibilidad de quién abraza el mundo de los sentimientos”. Fascina, sigue fascinando la capacidad de extraer la esencia de unos versos y convertirla en historia, la capacidad de convertir una sucesión de fotogramas en poesía. Y la capacidad de vivir de nuevo lo ya vivido y sentirlo hace más de cincuenta años, todo aquello de la “República de Adefagia”, en Pamplona.

La influencia del cine en nuestra “república” fue muy importante

            Cada día, desde la música hasta el cine, pasando por las excursiones por Navarra o el disfrute con la belleza de las chicas pamplonicas, teníamos un objetivo, disfrutar de la belleza, una belleza que tuviera además sentido onírico y un fondo moral, incluso encontrarla allá donde pareciera que no la había, y el ejemplo estaba en otra película, esta francesa y modernista, “El año pasado en Marienbad”, del ‘revolucionario’ Alain Resnais, en la que nada es lo que parece y lo más bello no es el chateau donde se desarrolla la película sino el mundo complejo  (de alucine) en el que transcurre la narración de personajes que pudieron haberse conocido el año pasado, otro año o en otra vida… Nos impacto por su aparente semejanza con lo ocurrido a los repúblicos de la “República”… Se ha escrito, con razón, y supimos entenderlo así, que “todos estamos en los dominios atemporales, casi angelicales, de la experiencia platónica; estamos metidos en la rueda del eterno retorno”…  Y como el cine nos servía de ejemplo para nuestra vida, en la película de Resnais descubrimos un juego al que denominan Nim y que se convierte en “la esencia misma de los juegos que jugamos en esa vida”, y un personaje que dice que en alguna ocasión podría perder pero que nunca pierde. En fin, que el cine, repito, fue un continuo amigo en nuestra experiencia y rara era la semana que no acudíamos al Cine Fórum de la ciudad o que organizáramos nuestro propio fórum cinematográfico.

Omnes por ómnibus”: todos para todos, en todo

         En la Constitución y estatutos de la República estaba el nombramiento por un año, no del presidente, sino del “Camarlengo”, que se ocupaba de la economía y el funcionamiento de la República. Los miembros que vivían en el chalet disfrutaban por igual de todos los beneficios y tenían las mismas obligaciones. Entre los beneficios estaba el uso y disfrute de todo cuanto se tenía, no sólo de la economía sino incluso de los objetos y hasta de la ropa; todo era de todos: “omnes pro ómnibus”. La forma de abastecerse era por medio de ingresos propios, bien a través de lo que algunos de sus miembros ganaban trabajando al tiempo que estudiaban o por medio de ingresos paternos o de la familia, pero todo iba a una hucha común de la que disfrutábamos todos o ninguno.

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            En cuanto al comportamiento diario, fueron años de disfrute cultural, sobre todo de la música (desde nuestro despertar con Tchaikosky hasta música clásica de fondo en el chalet); literatura (leíamos a un tiempo obras que comentábamos después; y organizábamos premios literarios, de poesía y relatos), y asistíamos a los actos y las diversiones conjuntamente.

            Pero lo más sonado fue la participación de todos en los estudios. No sólo cada uno estudiaba sus lecciones sino que hacía que participáramos de ellas los demás. Y no sólo las lecciones o los trabajos (en Periodismo comenzábamos ya a trabajar en prensa y radio) sino también a conocer a los profesores y la materia que daban. Cada domingo, sobre todo cuando llegaban las épocas de los exámenes, además de darles bien de comer y beber, tratábamos de “repasar” con ellos su asignatura y desvelar lo que más les interesaba de ella y, por tanto, aquello que casi con toda seguridad iban a poner en los exámenes.

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El despertar de cada día lo hacíamos con música de Tchaikovsky

            Los resultados de aquella experiencia “republicana” y sobre todo de conocimientos, libertad, compañerismo, y gozo, fue muy satisfactoria. Se sacaron las carreras adelante y sólo la marcha de Pamplona y el tiempo, con accidentes y fallecimientos imprevistos, impidió que la República continuara a fecha de hoy. Desde luego, cuando me toca a mí personalmente recomendar algo a los jóvenes siempre recuerdo la República de Adefagia, y recomiendo una experiencia como esa a todo universitario, sobre todo a los que van a estudiar fuera del hogar paterno o materno. En mi caso particular, Pamplona y con ella la República de Adefagia permanecerán siempre, como la belleza, en el recuerdo, porque gracias a ella y a sus repúblicos aprendí a ser libre, responsable, comunicativo, solidario y amante de la cultura… y el buen cine.

“República” de Užupis, en Vilnius/Vilna, Lituania

            Užupis  es un pequeño barrio de Vilnius o Vilna, la capital de Lituania, localizado en el Centro histórico declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1994. Užupis significa, en lituano, “al otro lado del río”, el rio Vilna, de donde deriva el nombre de la ciudad, y el canal que lo cruza ha servido de frontera natural. La zona permaneció aislada del casco antiguo por dos puentes construidos en el siglo XVI. Durante cientos de años fue el hogar de los residentes rusos y judíos, sobre todo judíos y, por eso, durante la Segunda Guerra Mundial la casi totalidad de la población desapareció, fue asesinada, dejando las casas que fueron ocupadas por vagabundos y prostitutas. Con la independencia de Lituania, esas casas pasaron a ocuparlas numerosos artistas que son los que han ideado esta otra “independencia”, la de la República de Užupis.

Uno de los puentes que dan entrada a Užupis y una simbólica señal

            El 1° de abril de 1997, este distrito de Užupis declaraba su carácter de República Independiente, con una superficie de poco más de medio kilómetro cuadrado, con menos de doscientos habitantes; dos iglesias y un obispo; una embajada en Moscú y cientos de embajadores distribuidos por todo el mundo; cuatro banderas, una por cada estación del año. Y con la declaración, se redactaba una Constitución, un texto traducido a varios idiomas y expuesto en las paredes de una de sus calles principales; un texto con 41 artículos algunos de ellos un tanto descabellados, por ejemplo, “todos tienen derecho a ser felices”; “todos tienen derecho a cometer errores y a vaguear y no hacer nada en absoluto”.

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            Ese 1 de abril es el de la fiesta nacional, fecha en la que se ‘cierra’ el barrio y sólo se puede acceder con carnet de identidad o pasaporte, que te sellan al entrar. Es una fecha que coincide con el día de las bromas de abril, también conocido como “Pez o Pescado de Abril”, algo así como el de los Santos Inocentes, que se celebra en media Europa y América. A partir de ese día, con las acciones satíricas y la redacción de esa Constitución original (de la que hablaremos más tarde), un presidente, un ejército de doce personas, y numerosas acciones de carácter cultural y social, Užupis se ha consolidado como punto de referencia para artistas y creativos europeos, como un espacio para la promoción de las ideas.

Vilnius, capital europea de la cultura en el 2009

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El distrito de Užupis está en el “casco antiguo” de Vilnius

Para identificar el barrio, así como las razones que le han llevado a declararse “República Independiente” o “República de los Ángeles”, hemos de dar primero unos datos significativos sobre Lituania y su capital Vilnius o Vilna, que cuenta con 555.000 habitantes, 840.000 con la provincia, y que se encuentra al sureste del país, a unos 30 km de la frontera con Bielorrusia. Es la segunda ciudad en cuanto a población de los Países Bálticos, después de Riga (Letonia). La primera mención escrita de Vilnius data del año 1323, en cartas del rey Gediminas. Su centro histórico o “casco antiguo medieval” es uno de los mayores y mejor conservados de la Europa del Este. En el año 2009, la ciudad fue lo que es este 2016 Donostia, Capital Europea de la Cultura, título compartido por los lituanos con los austriacos de Linz.

            Užupis fue durante años el distrito judío por excelencia de Vilnius hasta que lo arrasaron durante el Holocausto nazi, y entre sus propios escombros, el barrio permaneció olvidado y muy deteriorado, convirtiéndose en una de las zonas más marginales de la ciudad. Con la independencia del país, numerosos artistas escasos de fondos encontraron en Užupis el lugar ideal para sobrevivir mientras daban rienda suelta a sus creaciones, proporcionando con sus obras al barrio un aire bohemio que le ha hecho incluso ser comparado exageradamente con Montmartre en París o el de Christiania en Copenhague, distrito este auto-gestionado, hippie y rebelde. Y digo exageradamente porque parece ser que la comparación más precisa es la del barrio Metelkova, de Liubliana (Ljubljana) en Eslovenia, por su atmósfera bohemia y por las galerías de arte y talleres de artistas, así como los cafés populares. Desde 1954 y hasta la independencia de Lituania en 1991, “todo el mundo temía –comenta un artista de Užupis – al monstruo de la KGB, policía secreta rusa. Con la independencia de Lituania de la Unión Soviética (1991) empezó la transformación de Užupis. Sus calles se llenaron de galerías de arte y, seis años más tarde, tras la iniciativa de algunos artistas declararon su propia “República”, con este divertido slogan: “Si Lituania se ha independizado de la URSS; nosotros no nos conformamos y lo hacemos, además, de Vilnius”.

Países Bálticos, una historia repleta de invasiones y asesinatos

            Para comprender la existencia de intentos como este del barrio de Vilnius de mostrar su aparente “independencia” y su originalidad libre y artística, hay que remontarse al pasado histórico repleto durante siglos de contrastes en el mando del país y de la ciudad, pero sobre todo a una esclavitud casi absoluta durante siglos sufriendo, además, devastaciones, persecuciones y exterminios constantemente.

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En Vilnius se han encontrado los cadáveres de miles de solados del ejercito de Napoleón, muchos de ellos niños o adolescentes que murieron congelados.

            En los días que he pasado en los Países Bálticos, no sólo en Lituania sino también en Letonia y Estonia, he apreciado que son países que han sufrido durante siglos el más amargo resurgir de guerras y vandalismos. Por referirnos sólo a los últimos siglos, pongo algún ejemplo: el ejército de Napoleón dejó en este territorio miles de muertos, la mayoría niños y adolescentes, en su intento de invadir Rusia, tal y como se ha descubierto hace unos años; y en las Guerras Mundiales sufrieron como ningún otro pueblo y después de las Guerras una dictadura férrea como fue la soviética. En los 70 años de opresión política, física y mental, estuvo la matanza del holocausto judío, que sobre todo en Lituania fue de miles de personas y estuvo la persecución comunista.

            Hay que decir también que paralelamente a todos esos siglos de plena esclavitud y persecución, Lituania (y Vilnius en particular) vivió momentos de gran esplendor, sobre todo debido a los monarcas polacos e incluso rusos, y también y sobre todo a los Jesuitas. Los herederos de San Ignacio levantaron numerosas iglesias (en Vilnius hay un total de 65 templos católicos, romanos y ortodoxos) y una Universidad de gran influencia en la vida científica, cultural y social de toda la zona báltica.

            Tras la Segunda Guerra Mundial, el gobierno soviético decide repatriar a todas las personas de origen polaco residentes en Lituania y Bielorrusia. Esta situación, junto con el exterminio de los judíos, se convirtió en las mayores causas del cambio en la demografía de Vilnius. Solo después de 1960 la población de la ciudad comenzó a crecer rápidamente en el número de habitantes gracias a la inmigración de campesinos del interior de Lituania.

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Una de las galerías de arte en pleno centro del barrio

“Lograr un barrio, además de céntrico, excéntrico, creativo”

         El 11 de marzo de 1990, el Soviet Supremo de la República Socialista Soviética de Lituania proclamó su independencia de la URSS, restaurando la República de Lituania. Fue solo en agosto de 1991 cuando la Unión Soviética, debido a los cambios que tenían lugar con la Perestroika y bajo las presiones de muchos países del mundo, entre ellos la recién unificada Alemania, se reconoce la independencia de Lituania. Desde entonces Vilnius se ha considerado una ciudad de Europa Occidental. Muchos de los palacios y edificios han sido restaurados, pero necesitaba un nuevo impulso, una mentalidad abierta, libre. Como dice uno de los artistas dinamizadores de la “República”, “teníamos que lograr la reconstrucción de un barrio que no fuera sólo céntrico sino también excéntrico, porque la excentricidad está asociada a menudo a la originalidad, la genialidad, la creatividad y la libertad; porque el comportamiento excéntrico no es, como suelen pensar los mal pensados, una forma de locura sino la expresión más natural y única de la inteligencia personal, además de un impulso creativo”.

            Hoy, todos los países bálticos, disfrutan de una liberación casi absoluta (dentro de la Comunidad Europea) y se nota en manifestaciones exageradas, por ejemplo en el culto religioso (la colina de miles y miles de cruces es un ejemplo claro), probablemente por los años de prohibición, sobre todo en Lituania; se nota en muestras de olvido total de la influencia de la Unión Soviética y el comunismo para reverenciar ahora la influencia norteamericana con bellas exhibiciones en lugares públicos y privados del arte de la mitad del siglo pasado, la de los ‘benditos’ años del rock y del Hollywood más clásicos, sobre todo en Riga (Letonia); y una vuelta al viejo recuerdo de otros tiempos, a las muestras del más puro folklore, sobre todo de la época medieval y moderna, y el mejor ejemplo lo vimos en Tallín (Estonia).

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El ejército comunista soviético no pudo con la devoción católica de Lituania, y la muestra está en esta increíble Colina repleta de Cruces

            El enorme sufrimiento y despojo de la ciudad de Vilnius durante gran parte del siglo XX, padeciendo en sus carnes las dos Guerras Mundiales con invasiones y dominaciones rusas, alemanas y soviéticas, y en las que los habitantes hablan de opresión mental, económica, social, cultural y política, obligaba a los lituanos en general y a los de Vilnius en particular a derribar toda esa herencia. Uno de los líderes y presidentes de la “república” de Užupis, declaraba: “La gente tiene que darse cuenta de que puede hacer que las cosas sucedan gracias a ellos mismos, a su creatividad y a su quehacer, y no a lo que se les imponga desde fuera”.

Derribados Marx y Lenin, a la búsqueda de nuevos símbolos

            Una buena parte del espíritu fundador de la República de Užupis está contenido en una película inglesa del año 1949, nominada para los Oscars, “Pasaporte para Pimlico”, que narra como el descubrimiento de una carta constitucional provoca que una pequeña comunidad en medio de Londres despierte, se proclame independiente e intente actuar como tal. Pero eso no bastaba, había que dinamizar una comunidad que estaba paralizada, demasiado asustada, arrugada y hacerlo a través del arte, aunque hoy sea más un movimiento social e incluso turístico que artístico.

            Durante los años de dominación soviética, las calles de Vilnius y en concreto las del barrio de Užupis se llenaron de símbolos comunistas a través de esculturas con las figuras de Marx, Lenin y sus discípulos lituanos. Con la salida del dominio de la URSS, los vecinos del barrio eliminaron todas esas figuras y se preguntaron qué hacer con los pedestales vacíos… Necesitaban nuevos símbolos, nuevas figuras…

            Es cuando tratan de elegir a un personaje tan real como insólito, tan universal como revolucionario, que simbolizara el fin del comunismo y expresara a un tiempo que el pesimismo fue de otra época, y que se había producido ya una rebelión del barrio contra su pasado, así como la admiración hacia otros tiempos, otra filosofía e incluso otra música distinta, o , como dice el que fuera presidente en 2009, Romas Lileikis: “demostrar que la destrucción y decrepitud de este lugar fue de otros tiempos, que la plaza central con la inscripción soviética “calle de la muerte”, se había transformado en la calle de la vida y que la República que iba a ser creada se oponía radicalmente a toda agresión, ya fuera física o mental, y a la falta de apertura y libertad de la mente”. Había otra intencionalidad: “el dinero y el poder no lo son todo”…

            Deciden entonces, mostrar su admiración por Frank Zappa (1940-1993), una leyenda del rock y de toda clase de música norteamericana, incluso alguna difícil de clasificar; compositor, guitarrista, cantante, productor discográfico y director de cine. Escribía las letras de todos sus temas, frecuentemente humorísticas.

            Fue crítico con lo políticamente correcto y, pese a tener rasgos judíos, con el abuso de la religión, y se manifestó un gran defensor de la libertad de expresión y de la abolición de la censura. Dos de sus frases más famosas son: “la estupidez es el bloque básico con el que el universo está construido” y “la política es el departamento de ‘espectáculos’ de la economía”.

Caricaturas y esculturas en el barrio de Užupis dedicadas a Frank Zappa

                        En principio, el hecho de levantar una estatua que representara la figura de Frank Zappa fue muy mal recibida por las autoridades de la ciudad, que consideraron que la idea era abominable. Sin embargo, el conocimiento de las obras del artista norteamericano con la creación de un club de fans y la fama que adquirieron las mejores intenciones de los nuevos vecinos del barrio , obligó a las autoridades a ceder y levantar en 1995 una efigie de Zappa de 4,2 metros, instalada frente a un hospital infantil. A la inauguración fue invitado el más famoso bohemio de aquellos años, el presidente checo Vaclav Havel (1936-2011), último presidente de Checoslovaquia y el primero de la República Checa.

Del gran huevo que simbolizaba un renacimiento al ángel anunciador de la libertad

            Pese al éxito, los vecinos siguieron pensando en otros símbolos que representaran el nacimiento de algo nuevo y de nuevo crecimiento, y así se plantó un hermoso pino y un gran huevo, un objeto que se prestaba a numerosas anécdotas no siempre edificantes, y por eso se optó por otra figura más centrada y no sólo más universal, con floridas alas y una gran trompeta. Esto ocurría unos años más tarde, el 4 de abril de 2001. Se levantaba en la plaza principal de Užupis una gran escultura de bronce, un hermoso ángel con una trompeta que simboliza el renacimiento del barrio, la libertad y el carácter creador e idealista, casi utópico de los vecinos que viven en este barrio. La figura fue promovida personalmente por el Dalai Lama durante su visita en el 2001, con la esperanza de que difundiera los ideales de libertad, paz y amor por todo el mundo.

            Zeonas Steinys, el artista creador de la escultura del ángel, declaraba: “Estábamos buscando un símbolo que marcara el final del Comunismo pero al mismo tiempo que no fuera pasajero e incluso algo inmaterial o espiritual”. Por eso siguen pensando en nuevas iniciativas para darle al barrio un aire internacional. Por ejemplo, dice uno de los presidentes de la república, “levantar una especie de Torre Eiffel y una nueva estatua esta vez dedicada a Nelson (1758-1805), el valiente almirante inglés muerto en Trafalgar y herido en numerosos combates, tantas veces como hirieron al mismo barrio durante las numerosas invasiones históricas de Vilnius”. Incluso uno de sus poetas y director de una revista cultural, Milosz, ha tenido una visión de “hacer de Vilnius desde Užupis la Atenas del siglo XXI, porque aunque creemos que el término es grandilocuente y pomposo, podemos soñar que con la ayuda de otros artistas europeos se convierta en realidad”. Es decir, los vecinos de Užupis siguen creyendo en la excentricidad creadora universal.

41 artículos en una Constitución muy especial y divertida

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Los 41 artículos de la Constitución están expuestos en distintos idiomas y en las calles

            Esa excentricidad creadora de la que hemos hablado se manifiesta en el humor de la Constitución tan especial, con estos 41 artículos: (1) Todos tienen derecho a vivir cerca del río Vilna y el río Vilna tiene derecho a fluir cerca de todo. (2) Todos tienen derecho al agua caliente, a la calefacción en invierno y a un tejado. (3) Todos tienen derecho a morir, pero no es su obligación. (4) Todos tienen derecho a equivocarse. (5) Todos tienen derecho a ser únicos. (6) Todos tienen derecho a amar. (7) Todos tienen derecho a no ser amados, pero no necesariamente. (8) Todos tienen derecho a ser insignificantes y desconocidos. (9) Todos tienen derecho a ser perezosos y a no hacer nada. (10) Todos tienen derecho a amar y a proteger a un gato. (11) Todos tiene derecho a cuidar de un perro hasta que uno de los dos se muera.  (12) Un perro tiene derecho a ser un perro. (13) Un gato no está obligado a amar a su dueño pero le debe ayudar en los momentos difíciles. (14) Todos tienen derecho a no saber de vez en cuando que tienen obligaciones. (15) Todos tienen derecho a dudar, pero no es su obligación. (16) Todos tienen derecho a ser felices. (17) Todos tienen derecho a ser infelices. (18) Todos tienen derecho a guardar silencio. (19) Todos tienen derecho a tener fe. (20) Nadie tiene derecho a usar la violencia. (21) Todos tienen derecho a darse cuenta de su irrelevancia y de su grandeza. (22) Nadie tiene derecho a usurpar la eternidad. (23) Todos tienen derecho a comprender. (24) Todos tienen derecho a no comprender nada. (25) Todos tienen derecho a tener varias nacionalidades. (26) Todos tienen derecho a celebrar o a no celebrar su cumpleaños. (27) Todos tienen la obligación de recordar su nombre. (28) Todos pueden compartir lo que poseen. (29) Nadie puede compartir lo que no posee. (30) Todos tienen derecho a tener hermanos, hermanas y padres. (31) Todos pueden ser libres. (32) Todos son responsables de su libertad. (33) Todos tienen derecho a llorar. (34) Todos tienen derecho a ser incomprendidos. (35) Nadie tiene derecho a echarle la culpa al otro. (36) Todos tienen derecho a ser subjetivos. (37) Todos tienen derecho a no tener ningún derecho. (38) Todos tienen derecho a no tener miedo. (39) No venzas. (40) No te defiendas. (41) No te rindas.

             Este barrio de Vilnius que adora la libertad y ha declarado –con la boca pequeña y con mucho humor—su independencia, sueña con que un día pueda ser el símbolo de lo excéntrico, entendido, como decía uno de sus repúblicos, como un centro de ideas nuevas, creativas, libres y, además, divertidas. El humor y la libertad por encima de todo. Con todo ello, cuentan desde hace unas semanas con un embajador más en el mundo, este que lo es…

 

                                                           José Manuel Alonso, expresidente de la AVP-EKE

 

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Un comentario en ““Repúblicas” de Universitarios en Coímbra y Pamplona, y del barrio Užupis, Vilnius (Lituania)

  1. José Manuel, ¡gracias por tu gran artículo! Informativo, formativo y muy, muy interesante… lástima haber carecido de iniciativas así en la (ya muy lejana) época estudiantil…

    ¡Un abrazo!

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