Ararteko: “El 90% de las reclamaciones al Ararteko acaba en solución; hay una docilidad institucional encomiable”

MANUEL LEZERTUA RODRÍGUEZ ARARTEKO-DEFENSOR DEL PUEBLO VASCO

Desde su epatante currículum jurídico, el bilbaino Manuel Lezertua, reconoce que le encanta ser ‘Ombudsman’ del País Vasco “porque es tocar realidad en vivo y en directo”

 

UNA ENTREVISTA DE NEKANE LAUZIRIKA / FOTOGRAFÍA DE JOSÉ MARI MARTÍNEZ

Manuel Lezertua Rodríguez

BILBAO – El Defensor del Pueblo Vasco inició su carrera profesional como abogado del Gobierno vasco y posteriormente se trasladó a Estrasburgo para trabajar como letrado del Tribunal Europeo de Derechos Humanos y del Constitucional. Lezertua ha sido también responsable de la división de la lucha contra la criminalidad financiera del Consejo de Europa y asesor jurídico de dicho organismo. El 28 de mayo del pasado año fue nombrado Ararteko, pero un inoportuno cáncer le mantuvo alejado unos meses del cargo. Superada la enfermedad se incorporó ilusionado a la Defensoría. “Me gustaría transmitir a la ciudadanía que el Ararteko está a su servicio e intentar ayudarles, que es una institución accesible, gratuita y con un equipo de gente muy comprometida con los derechos humanos, sociales. Que sepan que nuestra razón de ser es el intentar solucionar las fricciones que pueden surgir entre la ciudadanía y las instituciones”.

Algunas personas al alcanzar ciertos puestos confiesan haber logrado su objetivo en la vida. ¿Se había planteado usted ser Ararteko antes de que se lo propusieran?

-Sí. Era una idea que asociaba a Euskadi. Siempre pensé que mi estancia en el extranjero, donde he estado treinta años, iba a ser breve; quería volver a Euskadi. En función de la profesión y el tipo de actividad que tenía en las instituciones internacionales, el objetivo de ser Ararteko parecía una prolongación relativamente armoniosa de lo que había estado haciendo hasta entonces.

A un jurista de prestigio y saber reconocido, ¿le está mereciendo la pena?

-Sí. Estoy muy contento de lo que estoy haciendo, del equipo que tengo y de tomar contacto con la realidad cotidiana y con los problemas con los que se encuentran todos los días los vascos. Cuando uno está en una institución internacional hay una parte importante que es muy abstracta; estás muy lejos de los problemas cotidianos; se elaboran las acciones, principios, códigos, tratados internacionales que están un poco por la estratosfera. Ser Ararteko es tocar suelo, tocar realidad; los derechos humanos en vivo y en directo. Y me gusta.

Su currículum jurídico administrativo es epatante. ¿Qué le está sirviendo más en su hacer legal como Ararteko , ese saber legal o empatizar con los problemas que le llegan al límite de la legalidad?

-El equipo jurídico que sirve al Ararteko es de alto nivel, con lo cual el análisis de la problemática jurídica, el argumentario legal lo tengo bien cubierto y tratado por los colaboradores pudiendo yo discutir con ellos algunas soluciones alguna vez. Creo que lo que sí me viene muy bien es esa capacidad de empatía, de entender, de compadecer e intentar ayudar a las personas en situaciones concretas.

¿Cuándo y en dónde la jurisdicción no llega o lo hace con dificultad, allí puede la ciudadanía encontrar al Ararteko?

-La vía del Ararteko es mucho más fácil que la jurisdiccional. Además este Ararteko y los anteriores han demostrado que poner en funcionamiento un tema es flexible, sin procedimientos complejos, sin gastos, lo que permite a los ciudadanos contar sus problemas sin toda la parafernalia que rodea al proceso judicial y hacer uso de eso se consigue muchas veces de manera directa, de manera oficiosa. Porque desde fuera pueden padecer problemillas poco importantes, pero para las personas que los sufren son los problemas de su vida.

¿Cuáles han sido los asuntos que más le han planteado este año?

-Como en los últimos años el mayor número de casos tienen que ver con los derechos sociales; concretamente con la aplicación de la legislación compleja en materia de renta mínima. Son más del 45% de las quejas; el año pasado el Ararteko tuvo 9.000 actuaciones, la mitad relacionadas con estos derechos

¿Se ve como una oficina de reclamaciones, como el conseguidor, como el bueno de la película social, como el contrapunto a los administradores del sistema, como el ‘pepito grillo’ de las instituciones…?

-La verdad es que no son excluyentes con ninguna de las definiciones. Me veo un poco como todo eso; me gusta sentir que lo que yo hago sirve para ayudar a las personas. Forma parte de mi personalidad, intentar ayudar. Me agrada la labor de mediación; intentar solucionar los problemas que están muy enconados entre personas y administraciones que no se hablan, intentar abrir vehículos de comunicación, pero también soy el pepito grillo que tiene que recordar a cada uno cuáles son sus obligaciones y la ley en todos los casos. La mayor parte de esos calificativos me pegan muy bien.

Cómo cree que le toman las administraciones, ¿por incordio, ‘ziriquero’, entrometido, convidado no deseado, enemigo solapado, contrapunto imprescindible, cortocircuito del sistema…?

-Contrapunto imprescindible. Lo mejor de la Administración vasca se da cuenta de que instituciones como el Ararteko existen en muchos países y son esenciales para el buen funcionamiento democrático. Un sistema democrático funciona sobre la base de poderes y contrapoderes. El que lo ostenta, sobre todo si lo ocupa durante mucho tiempo, tiene tendencia a abusar de él o a tener poco en cuenta lo que piensan los demás porque se siente envestido de una especie de aura. De ahí la necesidad de contrapesos que le recuerden que está al servicio de los ciudadanos, al servicio de la convivencia, al servicio de la sociedad. Por eso las Defensorías son imprescindibles. Los tribunales hacen en parte ese trabajo. Las defensorías de derecho, como es el Ararteko, lo hacen de una manera más flexible, más directa y rápida. Esa es la parte más noble de nuestro trabajo: decir a la Administración lo que hace mal para que lo corrija.

¿De quiénes recibe más quejas y reclamaciones…: ayuntamientos, diputaciones, Gobierno vasco, Gobierno central, sanidad, educación, Ertzaintza, policía, hacienda…?

-Todos los colectivos que has mencionado son objeto de quejas por parte de la ciudadanía. Pero en la medida que el Departamento de Empleo gestiona la Renta de Garantía e Ingresos, la mayoría de las reclamaciones van a ellos. También el Departamento de Vivienda, que es un macrodepartamento, recibe numerosas quejas; los ayuntamientos, sobre todo en cuestiones medioambientales, urbanísticas también, así como las haciendas locales y forales en cuanto a multas, cuestiones urbanísticas y permisos de licencias generan igualmente una gran cantidad de demandas.

Tras una queja y sus posteriores investigaciones, cuando presenta sus resultados y petición de atención y cambio a una entidad pública ¿Cómo le suelen responder? ¿Se acaloran, se azoran, se enfadan, le ignoran, le dicen sí y hacen no…? ¿O tratan de arreglar el desaguisado?

-En Euskadi tratan de arreglar el desaguisado. El 90% de las recomendaciones del Ararteko acaban con un cumplimiento por parte de la Administración; hay una docilidad encomiable por parte de las administraciones que son muy sensibles a las quejas de los ciudadanos y a la opinión del Ararteko. Yo, en general, aunque algunas veces les pueda molestar o incluso pensar que no tenemos razón, he de reconocer que hay un grado de cumplimiento muy alto. Y queremos que siga siendo así.

¿Qué instituciones son las más receptivas a sus reclamaciones y solicitudes? ¿Y cuáles las menos proclives a hacerle caso?

-El Gobierno vasco en general es muy proclive y el ayuntamiento de Bilbao, especialmente desde la época de Azkuna, es uno de los mejores cumplidores. La respuesta que dan a las peticiones del Ararteko son siempre rápidas, buenas y muy cumplidoras. Sin embargo, algunos ayuntamientos -que no se sabe todavía muy bien por qué motivo, porque no me ha dado tiempo a estudiarlos y pienso visitar personalmente a los alcaldes- como Laguardia, Fuenterrabia, Motriko… son más recalcitrantes en no hacernos caso y no sé por qué.

Su ejército reclamante de justicia está compuesto sólo de leyes, razones y razonamientos. Sin poder coercitivo, ¿cómo consigue que le hagan caso? ¿Su tirón de orejas suele ser suficiente?

-Creo que hay una cierta credibilidad que no me la he inventado yo, si no que es fruto de la trayectoria de la institución que en sus 28 años de existencia se la ganado a pulso la fiabilidad y el respeto de las instituciones a las que tiene que controlar. Nosotros utilizamos esa naturaleza de la institución, como alto representante del Parlamento que a su vez representa al pueblo, altura moral y ética y luego análisis muy competentes desde el punto de vista jurídico que sustentan nuestras conclusiones. Esto nos da una autenticidad aún mayor.

¿Cuál es hasta día de hoy el asunto más peliagudo al que se ha enfrentado en el cargo?

– La participación de las mujeres en los alardes de Irun y Hondarribia es un tema que nos ha dado un cierto quebradero de cabeza, no a mí, que es el primer año, sino a mis antecesores; estamos en proceso de alcanzar soluciones, pero diría que es un tema muy enconado. Creo que el momento actual es propicio; trabajamos en coordinación con Emakunde, con la Diputación foral de Gipuzkoa y con los alcaldes de Irun y Hondarribia, sobre todo, para ver si podemos desbloquearlo. Como me decía alguien, si logras en estos cinco años arreglar esos problemas sales en los libros de historia. A mi me sorprende que un problema así todavía sobreviva.

¿Cómo ve la evolución de la integración festiva en Irun y Hondarribia?

-La de Hondarribia la veo peor. En Irun se han dado pasos; hay una cierta segregación que no debía de producir; tendría que ser una fiesta para todos. Aunque ahora hay dos fiestas separadas por lo menos se puede participar. Ahora no hay agresiones ni insultos; en Hondarribia aún hay que calmar un poco más el ambiente porque es donde existe más agresividad.

¿Cómo cree que puede evolucionar legalmente lo de la dación en pago?

-Desde el punto de vista humano y desde los principios jurídicos lo que parece una cuestión injusta es que a una persona después de que la embargan tengan que seguir pagando su piso. A la pena máxima, que es que tenga que dejar su casa, le añaden el escarnio de tener que seguir pagando algo que no es suyo. A mi me parece perfectamente injusto. Sin aún haberlo estudiado a fondo, sí creo que hay que encontrar soluciones a todos los problemas de desahucios. Hasta el Tribunal Europeo de Derechos Humanos está dictando sentencias en las que dice que los desahucios en determinadas circunstancias son contrarios a los derechos humanos.

¿Recibe muchas quejas de colectivos de inmigrantes?

-Muchas de ellas con relación a los derechos sociales, a la RGI, quejas de discriminación, de falta de respeto.

Nunca he necesitado acudir a su institución. Si lo precisara, ¿es fácil acceder a su oficina? ¿Es costoso? ¿Lo hacen en presencia física, por escrito…?

-Si algo caracteriza al Ararteko es la facilidad de acceso. Aquí todos los medios son buenos. Sin ningún tipo de restricción; no existe exigencia alguna formal. Hay tres oficinas de atención ciudadana sitas en cada una de las capitales vascas a donde acuden diariamente las personas a contar sus problemas. Allí se les escucha, se les orienta y si puede haber materia se atribuye el tema a un especialista en el área. También aceptamos las quejas por internet y por teléfono. Cuando son inmigrantes que no hablan bien el idioma los casos los gestionan las ONG. No cuesta nada y estamos abiertos todos los días. Si la persona no sabe formular la queja por escrito se lo hacemos por ella y se la leemos a posteriori para que si está de acuerdo la firme.

¿Cree que su Defensoría es suficientemente conocida entre la ciudadanía? ¿Se podría hacer algo más para ampliar este conocimiento?

-Yo creo que con 28 años de existencia es relativamente conocida. Es un recurso que la gente sabe que existe. Igual no conoce bien cómo funciona, pero intentamos dar toda la información posible. Nuestras oficinas y delegados de atención ciudadana dan toda las referencias. Es cierto que tal vez podríamos hacer un esfuerzo suplementario para dar a conocer mejor los resultados, las gestiones. Muchas veces en el hecho de venir al Ararteko está ya la solución del problema, porque nosotros contactamos con la Administración que ha dictado una resolución, con el ayuntamiento e inmediatamente nos dicen “Es verdad, no lo habíamos pensado y lo vamos a cambiar”. Nosotros debemos de constatar que se ha arreglado el problema y que no tenemos que intervenir más. Eso es un aspecto muy positivo.

¿Tras su paso qué le gustaría que quedara de Manuel Lezertua?

-Creo que mis antecesores han hecho muchísimas cosas bien y que han puesto al Ararteko en el mapa institucional de Euskadi con mucha altura. Quisiera abundar en esta línea, en que sea más conocido todavía y que la ciudadanía sepa que aquí tiene una posible resolución de los problemas. En segundo lugar me estoy esforzando, por mi trayectoria profesional anterior, en poner al Ararteko en el contexto europeo en el que vivimos; en el trabajar e intercambiar con los arartekos de otros países y lugares y en eso estoy poniendo mucho empeño. Quiero, y en ello estoy, que se conozcan también en Europa las cosas que se hacen bien en Euskadi y las instituciones que funcionan correctamente, así como dar una buena imagen de nuestro país.

Las claves

“Ser Ararteko es tocar suelo, tocar realidad; los derechos humanos en vivo y en directo, y me agrada”

“Me gusta ser útil, sentir que lo que hago sirve para ayudar a las personas; forma parte de mi personalidad”

“¿El asunto más peliagudo? La participación de las mujeres en los alardes de Hondarribia e Irun”

“El Ayuntamiento de Bilbao, ya desde la época de Azkuna, es de los más cumplidores a nuestros requerimientos”

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