Cómo dejar de fumar y no sufrir ni morir en el intento de lograrlo

“Nunca creí que pudiera llegar el día para dejar de fumar. Pensaba que me moriría en el intento porque yo soy de aquellos que las películas y los amigos influyeron mucho en el hecho de empezar a fumar y seguir fumando año tras año, día tras día; de los que fumábamos porque fumaba Humphrey Bogart y Sharon Stone, o porque  creíamos que con el pitillo en la boca teníamos más personalidad, o que gustábamos más a esas chicas que también fumaban porque creían que el tabaco era una liberación. Con el tiempo, el tabaco fue calando en mi cuerpo y en mi mente con tanta fuerza que llegó un momento que no sabía qué hacer con las manos, que no sabía iniciar el día ni el trabajo sin un pitillo en la boca, que comía y bebía pensando en lo bien que me iba a saber el cigarrillo. Por eso, quiero agradecerle que haya conseguido dejar de fumar gracias a su método, sencillo, sí, quizá el más elemental, pero el más efectivo al menos para mí, y además sin lucha ni psicológica ni física, sin terapias ni de grupo ni de apoyo médico. Gracias de corazón y de pulmón, por haberme enseñado a recuperar la vida y hacerlo con el método más sencillo y menos costoso. Firma:Un lector muy agradecido”.

Humphrey Bogart y Sharon Stone fumando en sus películas

            Cartas o llamadas de teléfono, incluso abrazos en la calle, he tenido en varias ocasiones siempre que he publicado este método que yo mismo practiqué y que fui el primer sorprendido después de haber intentado previamente todo lo que recomendaban los autodenominados “expertos” o “magos”, con terapias de todo tipo individuales y en grupo. Por eso, he decidido recordar de nuevo el sistema que empleé hace ya más de diez años y que me ha hecho recuperarme física, mental e incluso afectiva y hasta de ahorro… Cierto que yo estaba obligado a dejarlo, entre otras cosas porque en los año 1977 conseguí, con una serie de reportajes  en “La Gaceta del Norte”, que otros lo dejaran, como veremos…

“La Salud en Tu Vida”, en Kazetariak

            Y me he decidido a escribir de nuevo sobre este tema y hacerlo en Kazetariak al comprobar que hay dos compañeras amigas, Nekane Lauzirika y Marta Fernández, que suelen escribir en la revista sobre noticias relacionados con la salud, y además tienen un blog en Internet que supongo contará cada día con más seguidores, un blog que nos alerta y recomienda en todo lo referente a lo primero de nuestras vidas, lo que más importa. Se llama “Salud en Tu Vida”, y en la mayoría de los temas hay un protagonista maldito, el malo de la película: el tabaco, con  temas últimos como estos: “El 40% de los cánceres de vejiga los provoca el tabaco”; “Como evitar los millones de muertes por causas cardiovasculares producidas en la mayoría de los casos por el tabaco y la hipertensión”; “El tabaco y el alcohol causan el 80% de las nuevas 2.500 pancreatitis crónicas anuales”, etc, etc….

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            A la vista de todas esas buenas recomendaciones he decidido dedicar el artículo de este número al tabaco y en concreto a como dejarlo de una vez para siempre, un tema que siempre que he hablado o escrito de él me ha proporcionado numerosos agradecimientos de personas que han seguido mi método y han dejado de fumar. Advierto, eso sí, que es un método que nada tiene que ver con todos los demás, los que veremos antes de llegar a la feliz conclusión, métodos por los que yo mismo pasé puntualmente sin ningún resultado positivo. Eso sí, mi método sorprende por lo sencillo, y entusiasma por su logro tanto físico como psicológico, ya que no obliga, como ocurre en otros casos, a abandonar el tabaco de forma excluyente e inmediata, todo lo contrario…

Razones por las que engancha el tabaco, considerado “amigo”

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            Como todo extraordinario fumador que he sido lo primero de todo conviene advertir de las razones por las que engancha el tabaco, por las que se le ha mitificado peligrosamente. Fumar ha sido un tic social, una manía adquirida –como dice el lector de la carta— por copiar a lo que uno veía en el cine, por creerse más liberado o por otras distintas razones, que hacía que el encender un cigarrillo se convirtiera en un acto reflejo e incluso fuera un índice de igualdad y que llegó a ser, como se ha dicho repetidamente, la droga de casi todos. Pero también ha sido otras cosas que en determinados momentos nos han parecido muy agradables y que han contribuido en parte a nuestra forma de ser, facilitando (o creyendo que facilitaba) nuestra comunicación con los demás.

            Las cualidades que los fumadores veíamos en los cigarrillos eran innumerables. Cito algunas: el pitillo era el amigo de muchas soledades; un estimulante, sedativo, aguzador de ingenio y del diálogo, creador de un clima social. Arthur Schopenhauer (1788-1860) decía: “el cigarrillo es un sustituto voluntario del pensamiento”. Y más concluyente aún era Oscar Wilde (1854-1900): “El cigarrillo es el modelo perfecto del perfecto placer: es exquisito y le deja a uno insatisfecho… pero no del todo. ¿Qué más desear?…” Algunos simbolizaron en el fumar el agridulce de la existencia humana: hacemos –si podemos—lo que nos gusta, lo que pasa es que, a veces, lo que más nos gusta es lo que más nos perjudica. Era la concepción de la lógica humana del desgaste lento. Manuel Alcántara lo explicaba en uno de sus clarísimos artículos: “Hay que morirse usados, gastados, desgastados. Y, a ser posible, por igual. Esto es una solemne tontería porque se deja casi todo el organismo intacto y se emprende el viaje por un insignificante fallo”…

                        Los efectos nocivos y hasta mortales del tabaco

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            Vamos ahora con esos efectos nocivos y hasta mortales del tabaco. Lo primero, preguntamos por qué es tan dañino el tabaco,  qué le hace ser mortal, cuáles son sus componentes. Tomen nota: la nicotina (C10 H14 N2) es la sustancia química más adictiva del tabaco. Sin embargo, existen además componentes muy tóxicos como el amoniaco, acetona, arsénico, butano, cadmio, CO2, cianuro, DDT, metanol…  Los expertos hablan de que los fumadores llevan una chimenea con quinientos productos químicos entrelazados y más de 1.200 sustancias tóxicas, que son las que tiene la nicotina.

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            Tan grande es el peligro de graves enfermedades e incluso muertes por culpa del tabaco que ya en 1975 se le consideró como enemigo número uno de la sociedad civilizada, y en 1997 (hace 19 años) los productores de tabaco americano reconocían públicamente que el fumar causaba adicción y gravísimas enfermedades. Tan grande fue aquel “mea culpa” de los fabricantes de los cigarrillos más consumidos en el mundo que en un principio se sometieron a fuertes indemnizaciones.

            El informe que presentó el jefe de los Servicios Sanitarios de los Estados Unidos, doctor Luther Terry, tenía 400 páginas y declaraba: “El fumar cigarrillos constituye una amenaza a la salud suficientemente grave para justificar con urgencia la adopción de medidas correctivas”. A las pocas horas, todos los periódicos del mundo salían a la calle con titulares alarmantes. Hubo diarios norteamericanos que presentaron  el caso en primera página y a toda plana con este titular: “Ya es noticia oficial: el fumar cigarrillos puede matar”. Poco después, el Comité Federal de Comercio obligaba a los fabricantes de cigarrillos que en las cajetillas debían advertir del peligro de muerte por cáncer u otras enfermedades al consumidor. Entre esas enfermedades se citaba de que el tabaco excita considerablemente el sistema nervioso y el trabajo del corazón; produce bronquitis crónica: irritación de las mucosas respiratorias; con tos, flemas y alteración mucosa bronquial.

Normas y leyes contra el tabaco, en todo el mundo

            A  partir de esas fechas, en distinto países se fueron aprobando  normas y leyes para prohibir el consumo del tabaco en lugares públicos, y en las cajetillas de cigarrillos aparecían ya esas mismas indicaciones de “peligro de muerte”, incluso con dibujos de calaveras. Fue entonces cuando diversos estudios del Dr. Raimundo Pearl demostraban que cada cigarrillo que se fuma, la vida se reduce 15 minutos. En aquel estudio llamaban ya a los cigarrillos “clavos de ataúd”. Y en el caso de la mujer eran aún más duros: “no ataca su vida sino que la derrite”.

            Francisco Umbral (1932-2007), al que siempre le gustaba referirse a la mujer, en uno de sus artículos decía que “cuanto más guapas, peor fuman; se les nota mucho que fuman sin tragarse el humo, por hacerse una imagen de chicas modernas de Hollywood, y es que el hombre es mucho más suicida que la mujer, el hombre está siempre jugándose la vida en la Bolsa, en operaciones financieras o en un convoluto. Ellas son más cautas, más racionales, menos pasionales, y por eso hay tantas viudas”…

“Más amigos con el tabaco que con el talento” (Shaw)

            Yo he sido fumador compulsivo y coincido con el lector de la carta con la que encabezo el artículo de que fue el cine, la tontería y los amigos, lo primero que me llevó al tabaco; y el trabajo, la tensión informativa y la falta de voluntad para dejarlo lo que siguió a continuación para estar consumiendo tabaco desde los 13 años, y acortando mi vida unos cuantos años. Cierto que en la cabeza tenía aquella frase irónica de Bernard Shaw (1856-1950): “He hecho más amigos con el tabaco que con mi talento”.

            No hay que olvidar tampoco que el tabaco, el pitillo en concreto, era para el fumador o la fumadora el amigo de muchas soledades o esperas, y que los fumadores estábamos convencidos (están convencidos) de que el cigarrillo estimulaba (estimula) y agudizaba (agudiza) el ingenio, y le dábamos (le dan) protagonismo, por ejemplo, para dialogar con otras personas o para iniciar el diálogo o mantener el interés en una entrevista o la juerguilla en una salida nocturna. Los fumadores quizá nos engañábamos (nos engañamos) convencidos de que el pitillo es un suave estímulo, una suave delicia, unos suaves movimiento de aspiración, un lanzamiento de perezosas volutas de humo, ideal para esos momentos lentos del aburrimiento y del recuerdo tardío, o aquellos otros de nerviosismo y expectación. En fin, tratábamos (tratamos) de convencernos de que no se puede pedir más a tan pequeño y mortal capricho. Recuerdo que siempre fue tremenda y exagerada aquella frase de Moliére (1622-1673): “Diga lo que diga toda la filosofía, no hay nada comparable al tabaco… Quien vive sin tabaco no sabe ni merece vivir”.

De fumador compulsivo a ‘provocador’ contra el tabaco

            Mi caso personal fue de “juzgado de guardia”, porque  además de seguir fumando durante años y estar minando mi salud con serias advertencias de los médicos, publiqué una serie de reportajes sobre especialistas mundiales que conseguían, con una breve consulta, que se dejara el vicio del tabaco e incluso otros aún peores. Aquellos reportajes tuvieron un éxito extraordinario. Por tanto, confieso que no tenía perdón para continuar con el tabaco.

            En el año 1977, siendo redactor de “La Gaceta del Norte” de Bilbao fui de enviado especial a Suiza para conocer a unos “expertos” que gozaban de una enorme fama mundial, sobre todo en Europa, con métodos que decían infalibles para dejar de fumar.

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Algunos recortes de aquellos reportajes para dejar de fumar

            Se trataba de Herman Michel, que vivía en un pueblecito a 40 kilómetros de Zurich, en Seon, que se definía  neuro-terapéutico y que su método era el de un hipnotizador, un brujo, un curandero, que en unos minutos te decía que dejaras la cajetilla de tabaco y te olvidaras de ella; se sentaba frente a ti, colocaba sus dedos en tu frente y luego bajaba las manos hasta tus rodillas o tus brazos, se quedaba un par de minutos contigo, confiaba en su telepatía y… ¡sanseacabó!.

         Paliwoda, un caso universal que ‘cubría’ todas las drogas

            El otro “experto”, Albert Paliwoda, nacido en Basilea, director del Instituto de Psicología y Metafísica en Zurich, un ex empresario y practicante de yoga, gozaba de mucho más éxito en toda Europa central. Paliwoda era, en aquel entonces, 1977 (falleció pocos años después siendo portada en Der Spiegel), todo un fenómeno en los medios informativos alemanes, desde la televisión hasta las revistas y diarios de mayor prestigio. A él acudían miles de personas para dejar no sólo de fumar sino de beber o tomar cualquier otra sustancia nociva para la salud. Pacientes suyos habían sido desde la actriz Elke Sommer hasta el canciller de Austria Kurt Schuschnigg o los miembros de la familia multimillonaria Siemens. Siempre salían en su defensa artistas y políticos que dejaron sus “dependencias” en la consulta del considerado parapsicólogo al estilo del ilusionista Uri Geller, el dobla cucharas, gran amigo de Paliwoda.

Paliwoda tuvo pacientes tan famosos como Elke Sommer

            Su método para sacarte del vicio que fuera era semejante al de Herman Michel, aunque este se centraba más en ganarte a través de tu sereno convencimiento y su hipnotización; de efectos paranormales.

Cientos de vascos viajaron a Suiza para dejar de fumar

            Tengo que confesar que en ninguno de los dos casos, en el de Herman Michel ni en el de Albert Paliwoda, consiguieron que yo dejara el tabaco. No obstante, los reportajes en “La Gaceta del Norte” tuvieron tanto éxito que por la consulta de ambos pasaron cientos y cientos de vascos, sobre todo de Bizkaia, y las Agencias de Viaje hicieron el agosto con numerosos vuelos chárter. Uno de esos viajes fue aprovechando que el Athletic jugaba en Basilea competición europea.

            No todo lo hice yo con mis reportajes, muchos de aquellos cientos de pasajeros a Zurich consiguieron dejar, sobre todo, de fumar, aunque en algunos casos (la verdad, los menos) fue tan grande el fracaso que hubo cachondos que entraron en la consulta fumando un puro y encendieron otro al salir a la calle.

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El ‘efecto’ Paliwoda me ocasionó algunos problemas

            En cuanto a los reportajes sobre Albert Paliwoda, incluso advirtiendo en ese caso de mi escepticismo e incredulidad expuesta incluso en los titulares, el efecto en toda España fue más espectacular porque comenzaron a solicitarme entrevista en emisoras de radio y llamadas constantes de compañeros periodistas de distintos diarios y de  revistas gráficas.

            Y es que el hecho o fenómeno de Paliwoda trataba de remediar cualquier droga o dependencia y era tan reconocido, sobre todo en la televisión alemana, donde recibía los mayores elogios y éxitos incluso en los espectadores. Eso me obligó a manifestar mi opinión una y otra vez, considerando que la mentalidad de germanos y suizos era muy distinta a la española, que generalmente no admite ni  buenos consejos ni hipnotizaciones ni actuaciones paranormales de casi nadie.

            Recuerdo en concreto la censura de una azafata que en los días de descanso compraba varias botellas de ginebra y se encerraba en su casa hasta el momento en que tenía que volver al trabajo; entonces, lo que le había sobrado de alcohol lo arrojaba por el retrete, y hasta el siguiente “descanso”. Nunca dejó, que yo sepa, de depender del alcohol. En fin, ese remordimiento me duró mucho tiempo, sin dejar yo personalmente el tabaco. Tuvieron que pasar años y años hasta lograrlo y hacerlo por mi cuenta, por mi grandísima cuenta y riesgo, nada más y afortunadamente.

Cómo desprenderse del hábito o costumbre de fumar

         Volvamos a nuestro destino: dejar de fumar. Y la pregunta clave es cómo librarse de ese hábito. Desde luego, no es fácil desprenderse de él, no es fácil librarse de una costumbre arraigada, aun cuando con claridad comprendamos que perjudica nuestra salud. Muchas gentes fuman o beben incluso en contra de su voluntad, débil para eso y quizá no para otras cosas, a sabiendas de que se producen daños tal vez irreparables. Utilizando el humor se ha dicho que abandonar el tabaco parece empresa al alcance de cualquiera, por eso el genial escritor Mark Twain, del que siempre recuerdo la frase de “sólo le pido a Dios no llegar a ser director de un periódico”, refiriéndose al tabaco decía con humor: “Dejar de fumar es fácil; yo lo he conseguido cientos de veces”.

            Pero lo cierto es que el fumar tiene razones psicológicas profundas y abandonar el hábito una vez contraído es difícil e incluso en ocasiones parece imposible, por eso un histórico militar que había pasado por mil batalles tenía una frase que viene a cuento: “El que sea capaz de quitarse de fumar, es capaz de todo”. Los expertos decían y dicen que sin acudir a la consulta de los médicos sólo consiguen dejar el tabaco el 5% de los fumadores que lo intentan. Yo conozco algunos casos que lo dejaron todos ellos gracias a una voluntad a prueba de fuego y de humos.

            Ese no fue mi caso…, ni el de otros que gozan de enorme voluntad para otras cosas. Claro que hay fórmulas para dejar el tabaco. La primera de todas: querer dejarlo. Sin embargo a ese querer hay que añadirle otros dos verbos: saber cómo hacerlo y poder hacerlo. Al dejar de fumar hay un problema añadido y es el síndrome de abstinencia a la nicotina o “mono nicotínico”. Es decir, los niveles de nicotina en sangre a los que nos hemos ido acostumbrando disminuyen y es cuando sufrimos: ansiedad, irritabilidad y cambios de humor, nerviosismo, deseos irresistibles de volver a fumar, insomnio, dolor de cabeza, dificultades de concentración, aumento de apetito, tristeza, estreñimiento, etc. En todo ello influye mucho el cambio de ritual y hábitos al dejar de fumar. Por eso, lo ideal –como veremos en nuestro método– para dejar de fumar es… seguir fumando, pero de otra manera, hasta dejarlo del todo.

“Mi cuerpo arrojaba nicotina y alquitrán por todos los poros”

            Yo decidí intentarlo porque mi cuerpo ya no sudaba sino que arrojaba nicotina y alquitrán por todos los poros; mi tensión estaba para ingresar en urgencias y mi cuerpo me decía cada mañana: o lo dejas o nos vamos. No era de extrañar porque del primer cigarro habían transcurrido casi 50 años y en todos esos años el término medio de cigarrillos por día oscilaba entre 25 y 30, incluso en ocasiones de exceso de trabajo en las redacciones en las que trabajé o en aquellas de juerguillas con los amigos, los 35 pitillos parecían pocos. Fumaba uno tras otro desde que me despertaba, aunque había cigarrillos, en el trabajo, sentado frente a la máquina de escribir o el ordenador, que se quemaban solos en los ceniceros. Evidentemente, yo estaba entre esos 30% de españolitos (3,5 millones) que tenían una dependencia absoluta del tabaco. Y esa era la pregunta clave: ¿Por qué tenía esa dependencia?

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Dos dependencias del tabaco: la psicológica y la física

         ¿Por qué, por qué esa dependencia tan grande? Esa fue la pregunta clave para llegar a mi método para dejar de fumar, ya que había probado absolutamente todo: fármacos, parches, chicles de nicotina, técnicas diversas individuales y en grupo, sofrología, hipnosis, acupuntura, e incluso, como hemos visto, me había puesto en las mano mágicas de dos parapsicólogos de fama mundial. Sólo me quedaba un método, el mío, que probablemente desesperado soñé alguna noche de pesadilla casi mortal.

            Lo peor del tabaco y las drogas en general no es sólo el efecto que produce en la salud de quien consume esas sustancias sino que son hábitos que se adquieren no sólo por dependencia psicológica sino también, y sobre todo, por una dependencia física de la nicotina. Cuando fumamos estamos introduciendo en nuestro organismo una serie de sustancias que, dicho de alguna manera, provocan en nuestro cuerpo unas sensaciones más o menos placenteras a corto plazo, pero con unas consecuencias a medio y largo plazo muy perjudiciales. Estas sustancias requieren -una vez acostumbrado nuestro organismo a ellas- unos niveles mínimos para poder seguir “disfrutando” de sus efectos y evitar el síndrome de la falta de nicotina.

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            La necesidad de esos niveles mínimos supone una verdadera dependencia física, y en la mayoría de las ocasiones se ha planteado el intento de dejar de fumar sólo como una lucha psicológica, como algo relacionado con un factor de la personalidad; cuando muy probablemente está siendo la dependencia física que crea la nicotina en nuestro cuerpo, en nuestra sangre, en nuestros transmisores químicos del cerebro, la principal causa de que uno sienta la necesidad de fumar, independientemente de cuál sea el motivo por el que una persona empezó a fumar y sigue fumando.

            Para dejar de fumar atacaremos, por tanto, las dos necesidades que se han creado en el ser humano: la psicológica y la física (o fisiológica) Desde ambos aspectos, mental y físico, se han creado dependencias. Así, en lo mental es frecuente pensar que el fumar relaja, tranquiliza la mente… Desde el aspecto físico se ha creado en nuestro cuerpo la necesidad de nicotina (dependencia) antes citada. La nicotina requiere de unos niveles mínimos de concentración en sangre, y así, cuando este nivel disminuye, sentimos la necesidad de fumar para “nivelar” la cantidad de esa sustancia en nuestro organismo, que sólo se reducirá al introducir menos nicotina y alquitrán en el cuerpo.

En primer lugar, la voluntad firme de dejar de fumar

            Por todo lo dicho, lo importante en primer lugar es estar convencido de que uno quiere dejar de fumar y proponérselo firmemente. En mi método, como en todos, es lo primero que se exige: vuestro deseo, vuestra fuerza de voluntad y todo lo demás se os dará por añadidura. Y por eso, en aquellos que no buscan esa fuerza de voluntad y ese firme deseo (los curiosos) o aquellos que la tienen paralizada (los indiferentes o enfermos), mi método, como cualquier otro, fracasará. A esos, si lo único que desean es espaciar la “necesidad” de un cigarrillo lo mejor es hacer tres o cuatro inspiraciones profundas. Con ellas disminuye la ansiedad considerablemente y no se mete uno en otros berenjenales. Otro método para espaciar: el beber agua, sustancia sana, que no produce ningún mal, agradecerá el cuerpo y ni siquiera engorda.

            Esa voluntad firme de dejar de fumar es la que hacía que tanto Hermann Michel como Albert Paliwoda consiguieran sus propósitos con éxito, porque existía la inestimable colaboración del adicto, en este caso una persona que quiere dejar de fumar y está convencido de ello. Cuando uno no tiene interés en dejarlo yo recomiendo que no lo haga. Por tanto, voy a explicar mi método a aquellos que están decididos a dejar de fumar, y sólo esos aceptarán mi método o cualquier otro. Ese fue mi caso, al que se unen otras facilidades, como veremos. En mi caso (aplicado a mi método) había recomendaciones de esos llamados “expertos” que me traían loco. Una de ellas era la de “la preparación en los días previos para dejar de fumar”, por ejemplo, alejar el tabaco, tirarlo a la basura, o e escenario para dejarlo o las condiciones físicas, etc. En mi método lo importante, repito, es estar convencido de dejarlo y punto.

            Si esa es una ventaja, hay otras. Si el consumo del tabaco tiene, como hemos visto, razones físicas y psicológicas muy profundas que hacen fracasar la mayoría de los métodos, en el nuestro no te va a ocurrir eso. El tabaco va a seguir contigo hasta que no lo necesites, porque nuestro método no es dejar el tabaco de golpe y porrazo sino de forma gradual y con el tiempo, cada día menos, hasta que se deja del todo. En mi caso fueron unos cuatro meses. Mi método te sorprenderá por lo sencillo y al mismo tiempo te entusiasmará por su logro. Muchos han sido los ex fumadores que me lo han agradecido como el de la carta.

Vamos con mi método: elegir el día, rodearse de tabaco

            ¿Qué ventajas tiene mi método con respecto a otros muchos?. Vamos a verlo enseguida. Primero, elegir el día, estar decidido hacerlo y llenarse de tabaco. Si en otros casos el temor y la angustia de no disponer de tabaco es imposible de superar, en éste se puede y se debe tener tabaco, incluso con más tabaco que nunca en la mesa de despacho o en los bolsillos, ¡que no falte! Ahora: iniciar un sistema para que toda esa exigencia y dependencia física y psicológica del cuerpo habituado a los productos que contiene el tabaco vaya reduciéndose sin dejar de fumar.

            Cogemos el pitillo, lo encendemos, le damos la calada todo lo fuerte que se quiera, y… ¡aquí viene la nueva decisión, simplemente un gesto!: el de la inhalación del humo; en lugar de tragar el humo, echarlo fuera, expulsarlo. No apropiarse del humo, no tragarlo, no empaparse de humo. Repito: dar la calada correspondiente y de inmediato no succionar ese humo. Inicialmente, para el fumador convulsivo, eso le parecerá una tontería, si es así y no está dispuesto a superar esa tontería, mejor dejarlo.

            Se me dirá también que, de esa forma, el cuerpo pedirá más tabaco. Pues claro y tu se lo das, pero siempre expulsando el humo fuera, no tragándolo. Así seguirás el tiempo necesario y siempre con el pitillo cerca, muy cerca. En mi caso fueron unos cuatro meses. Irás notando, sin querer, que el cuerpo te va pidiendo cada vez menos tabaco y tu, repito, sin querer, le vas dando sólo lo que te pide de uso más que de consumo. Es decir, la dependencia física va aflojando y la psicológica sigue contigo… Y un día te sorprenderás porque en veinticuatro horas no habrás fumado ni un solo cigarro y te darás cuenta de lo fácil que ha sido dejar de fumar.

            Ya sé que te puede venir el “mono” de nuevo, eso que tienes impreso en ti, las ganas, las ansias, el “craving” que dicen los ingleses. Pues bien, tu sigue llevando y teniendo tabaco, ¡que nunca te falte!… ¡Que no te falte aunque pasen días e incluso meses!… ¿Que te pide el cuerpo fumar?, pues fuma, siempre con ese gesto que te he dicho, nada más. No lo olvides. Expulsa el humo, no lo tragues.

            Ha habido personas que me han dicho: ¡va pero si eso ya lo hago yo, no trago el humo! Bien, en ese caso, seguramente no tiene una fuerte dependencia física sino sólo psicológica, y eso me hace recordar lo que señalaba Francisco Umbral, que se hace por tener algo en la mano o por compañía o por tontería.

            En ese caso la costumbre adquirida de ese fumador, que, por cierto, el efecto físico no será demasiado grave, me recuerda a esas personas que después de comer se colocan un palillo en la boca y permanecen con él palillo tiempo y tiempo, que quizá hasta se acuesten con él. O el de esas otras personas que también se acostumbran o adquieren otro hábito: el de masticar chicle durante todo el día.

Bienvenidos al club de los no fumadores con talento

            Repito, mi método te costará al principio, por la manía de tragarte el humo hasta la bola, pero verás que te vas habituando a expulsarlo. Ese fue mi método (el de alguien que estaba convencido de que me moriría con un pitillo en la mano) y será el método tuyo si quieres dejar de fumar sin morir en el intento ni sufrir… ni arruinarte. ¡Suerte y que no te falte el tabaco para dejar de fumar, aunque tengas que hacerlo en la calle porque te persiguen las leyes o los chivatos!… Suerte, amigo. Espero vernos en el gozo de la recuperación sana de la vida, de la ganancia de otros gustos muy distintos, empezando por los sentidos y, de ellos, el del gusto por respirar, saborear mejor los alimentos, mejorar el habla, no toser, encontrar la compañía en los demás y  no en el pitillo, etc, etc.   Vas a corregir a esos genios que alabaron el tabaco y, frente a lo que decía Bernard Shaw, aumentarás el número de amigos y mejorarás tu talento, seguro. ¡Bienvenido!…

                                                                       José Manuel Alonso  , expresidente de la AVP-EKE

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