Las vacaciones de antes

M.Urraburu.  Las vacaciones de antaño – las de la época del 600 –  eran objeto de ensueño y despreocupación. La crisis, es decir, los despidos y la caída de las rentas familiares han acabado por disolver, para muchos, cualquier proyecto vacacional. Antes, el  trabajador se olvidaba de cualquier obligación con su empresa, viajaba a otro lugar, rural o marítimo, y se construía durante un mes un mundo diferente con hamaca, terraza o chiringuito, fiesta del pueblo y largas partidas de mus. Hoy, apenas rasca para viajar una semana, el precio de la gasolina,  (aunque ha bajado)  el de los alojamientos turísticos, está permanentemente conectado a través del móvil y la televisión ( que si se descuida se entera de que su empresa no cuenta con él a su regreso) y desde el primer minuto de sus vacaciones, está obsesionado por el regreso, porque le han hablado del síndrome pos vacacional. . .

Ahora nos dicen – no se para que – que los españoles necesitan más de una semana de vacaciones para desconectar del trabajo y que a los que más les cuesta desconectar , es a  los trabajadores con estudios universitarios.

Y así, sin casi darnos cuenta nos encontramos  en las vacaciones posmodernas  donde está prohibida la vagancia, porque lo que se lleva es el deporte. Se recomienda obsesivamente hacer ejercicio. Los especialistas en estas cosas han llegado a la conclusión de que las vacaciones son una necesidad médica, y nos informan de que durante la primera parte de las vacaciones “es necesario el descanso físico” y durante la segunda “ hacer lo que nos gusta” y que el no hacer absolutamente nada nos puede crear ansiedad.

Ya,  ¿ Y si lo que nos gusta, para dar descanso al cuerpo y a la mente, es no hacer nada? ¿ Y si lo que crea ansiedad es la falta de empleo, los salarios rebajados o el futuro de nuestros hijos y de nuestras pensiones? Y, pensar de paso, en los corruptos que nos han robado y disfrutan de una vacaciones que les hemos pagado, a la vista de las decisiones de nuestros jueces y de las listas de morosos que nos facilitan desde hacienda.

Bien lo sabía Alfonso Guerra cuando recomendaba veranear en el pueblo, con botijo y pañuelo de cuatro nudos. Jesús que cruz. . . .

Felices vacaciones, a los de agosto , y hasta la vuelta.

 

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