Homenaje a Manu Leguineche: del recuerdo periodístico más cercano a la felicidad de la tierra

Manu, con Delibes y Umbral, al inicio de su carrera que concluyó en Brihuega

            Nuestra Asociación Vasca de Periodistas-Euskal Kazetarien Elkartea y el Colegio Vasco de Periodistas-Kazetarien Euskal Elkargoa celebraron en el Club Deportivo de Bilbao, el pasado 28 de septiembre, miércoles, una mesa redonda sobre la vida y la obra de Manuel Leguineche Bollar (Arratzu-Arrazua, 28 de septiembre de 1941-Madrid, 22 de enero de 2014), nuestro querido, admirado y siempre recordado compañero Manu: periodista, escritor, corresponsal y viajero impenitente que siempre fue… “Una vida repleta del periodismo más intenso”

            Fundó las agencias de noticias Colpisa y Fax Press. Escribió una treintena de libros. Maestro siempre, viajero unos años, eremita otros, repleto de amigos y compañeros hasta su muerte. Seguidor acérrimo del Athletic y experto jugador de mus, juego del que tiene un libro. En sus propias palabras: “aldeano de Arratzu” pero vasco castellano también, como Baroja y Unamuno, al que recordaba siempre en estos versos: “En mi Vizcaya mi Castilla”: Es Vizcaya en Castilla / mi consuelo / y añoro en mi Vizcaya mi Castilla, / ¡oh! si el verdor casara con tu suelo”. Añoranza de la tierra madre, en la que se refugiaba como lo hacía don Miguel; éste en Salamanca, Manu en Guadalajara. Y lo contaba con estas palabras: “me refugio en Unamuno, que casó con Concha, una chica de mi pueblo”.

            Este Manu, como escribía Juan Cruz en “El País”, “fue un hombre tan extraordinario que un día conoció el dolor y no quiso decirlo. Un personaje del periodismo que siempre cumplió con la primera premisa del oficio: responder a la curiosidad. Si no estás interesado en descubrir, en indagar, en mirar desde otro  punto de vista, es que no te enteras de que la vocación de ser periodista no obedece al afán de parecer sino de ser”.

Manu recibió todos los premios que fueron y que son del periodismo internacional

            Estuvo en lugares de guerra y enfrentamiento y dio la vuelta al mundo porque añoraba la que dieron otros. Y en cada viaje y en cada estancia no sólo describía sino que paraba el reloj y quería parar el sol y todo lo que se mueve. Era, “como aquel bello poema de Rubén Darío (1867-1916), “Salutación del optimista”, un escritor que quería abarcarlo todo y contarlo todo como si no existiera el tiempo posterior o anterior, sino el presente continuo; como si las sombras fueran un espectáculo de un momento que jamás perece.

            Manu, en el corazón y en la memoria de Bilbao

            La fecha de la mesa redonda coincidió con la de su nacimiento: Manu hubiera cumplido el 28 del mes pasado 75 años. Y en la mesa estuvieron cinco de las personas más cercanas: su hermana Rosa; su amigo Joserra Plaza; un transmisor de la ciencia periodística de Manu, Fermín Galindo; y nuestro presidente y decano Jesús Coterón. Y como yo no pude estar presente y unirme al recuerdo de mi admirado y recordado compañero, envié este telegrama que pongo a disposición de los lectores de Kazetariak:

            Telegrama para recordar a Manu Leguineche, periodista que a través del tele y/o de la tele fue grama, es decir,  planta o conjunto de plantas del periodismo, de la crónica de la verdad, la realidad y la actualidad.-

         Sólo un problema familiar me impide estar ahí con vosotros recordando al vasco-castellano más comunicador, independiente,  afectivo y literalmente universal con Baroja y Unamuno, porque Manu  Leguineche permanecerá siempre en el recuerdo y aprendizaje de los que vivimos el periodismo de más horas y, por tanto, de más amistades, sentimientos y presentimientos cada día, y en momentos tan difíciles que no sabíamos si ese cada día podía ser el último de cada guerra o el primero de cada paz.

La cercanía de su hermana Rosa y la de su amigo Joserra

            Desde unos cientos de kilómetros de distancia quiero escuchar y abrazar primero a esa su hermana reflejada en su propio nombre, Rosa, la mujer que más claramente ha compartido algo tan difícil de compartir como el carisma, el talento  y el cariño a un tiempo, siempre sin pedir nada a cambio y repartiendo cercanía, ejemplo, amistad y periodismo.

Caricatura de Manu y Manu con un grupo de colegas vascos

            Quiero darle un tirón de orejas a ese otro fenómeno gernikés, Joserra Plaza (¿Dónde te metes tío?) que siempre hizo que la vida fuera imagen y que los peligros de lograr esas imágenes fueran ejemplo de sueños y realidades periodísticas. Joserra es el Manu de la cámara, torea siempre en la Plaza más difícil y frente a los miuras de cuernos más afilados, y lo hace sin darse importancia, estando en la ‘reserva’ de la verdad y en el callejón de la más anónima sencillez.

            De la voz del profesor Galindo a la de Begoña Marañón

            Me gustaría escuchar al maestro de nueva tarima de enseñanza, Fermín Galindo, que nos recuerda a Manu saliendo del bosque de la guerra para subirse a la velocidad de lo inmediato como enviado especial; o al Manu del adelanto de la agencia con la única intención de servicio en la verdad de los más duros hechos de cada día.

            Y escuchar a la voz radiofónica de Begoña Marañón que quiero que sepa que por la SER que ahora dirige han pasado personas y personajes que hicieron de la radio el medio más auditivo, caliente y participativo, y que eso nuestro Manu lo tuvo siempre en cuenta como lo tuvimos los periodistas de la pluma, el reportaje, la crónica y el oído.

Portada de dos de sus treinta obras, algunas compartidas

El periodismo más vivo en palabras de Txuskan Coterón

            Y finalizo con nuestro presidente y decano, Txuskan Coterón, porque ha sabido recoger y aumentar (si cabe) el cariño que todos cuantos pasamos por la Asociación vasca y trabajamos por ese Colegio vasco tuvimos con el Manu más independiente, honrado, sencillo, asequible, digno, riguroso, generoso, locuaz, cariñoso y divertido compañero de esta profesión, la mejor de todas y la más solidaria con la libertad, la palabra, la imagen y la verdad de cuantas se fundaron a partir de un árbol como el de Gernika, un amanecer como el de Arratzu o Arrazua arropado por la gran reserva de Urdaibai; una puesta de sol  o mosaico de paisajes de la Alcarria o de la histórica Brihuega, una imprenta como la de un tal Gutenberg, un enviado especial… y de Dios como Manu, y unas agencias como las que él fundó para servir a todos los demás.  Para recordar todo ello, Bilbao es el marco más cosmopolita e ideal, con ría y márgenes, con montes y puentes, con mucho más que siete calles y siete verdades. Manu: te debíamos una desde hacía mucho tiempo. Eskerri asko, periodista único, de verdad. Un recuerdo y abrazo de tu compañero y amigo hemingwayo, ese Hemingway que compartimos y que aplicaba su sabiduría en una frase que lo dice todo: sólo se tiene lo que se da. Tú, Manu, lo diste todo por la verdad. Eskerrik asko de siempre, como siempre y para siempre, por tu ejemplo y amistad.

Edición y Reedición de “La felicidad de la tierra”, el merecido descanso del “guerrero”

Manu: esa, tuya, y nuestra… “felicidad de la tierra”

            A ese telegrama, añado una recomendación a nuestros lectores: la lectura del reeditado libro de Manu: La felicidad de la tierra. En este libro poético y hermoso, que comentaremos cuando nos venga a la cabeza, es el relato del maestro periodista que se aleja de los grandes reportajes y las crónicas internacionales que lo encumbraron y nos acerca y nos hace vivir las tierras de Castilla y sus gentes más sencillas. En este libro aparece, eso, la felicidad de la tierra, con una nutrida galería de paisajes, de personajes, de cantos de pájaros y juegos florales, es decir, el día a día de los pueblos y las gentes más sencillas. Leer o releer este libro es, como se ha escrito en varias ocasiones, descubrir otra vez a aquel hombre que se parecía al verano. Está escrito en su lugar de reposo, El Tejar de la Mata, en la Alcarria, que fue su sitio antes de trasladarse definitivamente a Brihuega, donde murió a los 73 años.

“El intenso placer que siempre espera: la mirada y el beso”

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Manu en su último hogar, en el bello, histórico y siempre recordado pueblo de Brihuega

            Después de leer este libro de Manu uno recuerda aquella frase de Julie Myerson, en “The Guardian”: “Con ciertos libros, uno envidia a los que aún no los han leído, por el intenso placer que les espera”… Sobre todo, añadiría yo a los que aman la naturaleza, el silencio, a la gente sencilla o de pueblo… Por eso, otra frase que viene a cuento, es esta de Gustavo Adolfo Becquer (1836-1870): “El alma que hablar puede con los ojos, también puede besar con la mirada”. Y ahí estará siempre nuestro Manu Leguineche porque en todas sus crónicas periodísticas y en todos sus libros posteriores utiliza como nadie la palabra directa y clara, vista con los ojos y besada con la mirada, la voz y la palabra. Yo juraría que Manu no se enfrentaba al “folio en blanco” sino que una vez visto lo que ocurría y, si era necesario, documentado sobre ello, cuando se sentaba a escribir (si es que se sentaba) tenía ya escrito el folio o los folios en la cabeza y todo le surgía naturalmente, a sabiendas de lo que podía interesar al lector que lo leía o al espectador que lo veía y escuchaba.

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Manu con un grupo de periodistas de Guadalajara que le mostraron su admiración.

La espartana arcadia rural ideal para leer en otoño

            Esa obra de “La felicidad de la tierra”, felicidad que prefiero no desvelar demasiado, subraya, según su contraportada estos aspectos: “Sirve de reposo del guerrero, ermitaño radical en el que refleja el día a día de los pueblos, sus paisajes, sus gentes y colores, sus aromas y sus vientos, los ciclos de la naturaleza, los pájaros, los árboles, la caza, así como las historias de los lugareños, que a veces se prestan a las confesiones más inesperadas (…) Galería de personajes y momentos en La Alcarria: “una espartana Arcadia rural que reivindica la miscelánea de las cosas pequeñas, de la tierra, la sencillez y los valores, el cantor de los pájaros y el silencio, en suma y sigue: la felicidad (…) Por estas éstas páginas no sólo desfilan personajes anónimos, humanos al cien por cien, también nos topamos con la palabra, la obra y el recuerdo de escritores o intelectuales tan representativos como el Arcipreste de Hita, Cervantes, Delibes, Cela, Unamuno, Baroja o Pérez-Reverte… En suma –digo yo— un libro ideal para relajarse y ser feliz mientras cae la hoja del otoño… Con Manu os dejo, queridos (as) amigos (as), ¡que tengan buena lectura!…

                                                                       José Manuel Alonso, expresidente de la AVP-EKE

 

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