Encuentros y Re-encuentros: Bob Dylan

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El mundo sigue cambiando: el asombroso cantante Bob Dylan, Nobel de Literatura 2016

       “Los que nacimos en los años 40 o los que ya estabais vivos y en alerta, podíamos sentir como el viejo mundo cedía paso al nuevo (de la guerra mundial, a la posguerra y la guerra fría). Era como pasar de AC a DC (es decir, la abreviación, en inglés, de corriente alterna a corriente continua: alternating current/direct current), que indica que todos los nacidos en ese período pertenecíamos a ambos mundos… Luego vinieron otros cambios y otros mundos. En la canción, primero fue el folk, luego vino el blues, el country, el góspel, el rock and roll y el rockabilly, pasando por el jazz y el swing…”.

         Todo eso escribía en sus “Crónicas” Bob Dylan, en una reflexión indicativa sobre la vida, las personas y los lugares que moldearon al hombre, a la mujer y al arte apelando siempre a la cultura emergente en cada época vivida desde los años 60; una reflexión del cantante más universal de todos los tiempos, el de más conciertos y discos, del que más se ha escrito e incluso fotografiado y filmado, al que se le ha comparado por su extensa obra con Picasso e incluso en el terreno literario con Shakespeare, “por haber creado combinaciones de lenguaje que el tiempo no puede marchitar”, al que más se ha premiado y del que más se ha discutido. Su primer disco sencillo, “Like a Rolling Stone”, fue elegido como la mejor canción de todos los tiempos; y para el cantautor Sabina, la más hermosa del mundo es aquella de “Llamando a la puerta del cielo”, Knockin’ on heaven’s door, uno de los temas más conocidos y versionados de Dylan, un Dylan que ha declarado en varias ocasiones que “cuando alcanzas la cima, te encuentras con que estás en el fondo”, un Dylan al que se le ha definido como un líder. John Lennon decía de Bob: “No hace falta oír lo que dice, lo importante es cómo lo dice”, y en muchos aspectos funcionó como tal, en otros fueron sus sentimientos los que ganaron al público. Jann Wenner, el fundador de varias revistas musicales, subrayaba: “Bob canta con un sonido que no necesita palabras porque el mismo ya tiene el sonido del alma y nos lo regala”

         De todos cuantos otros han hablado de Dylan, del Dylan más humano, destacaríamos a la cantante Joan Baez, con la que convivió durante unos años: “Yo nunca he visto carisma como el que exhibía Bob en sus actuaciones” // “Escucha, Señor, vela mucho por él, es más frágil que la mayoría” // “No había qué cantar hasta que él lo escribió. El escribió como nadie había escrito. La belleza de las cosas de Bobby estriba en lo que insinúan. Lo brillante es lo insinuado”.

Joan Baez y Bob Dylan (1963)

De la “dylanología” y “dylandia” al Nobel de Literatura

         A ese líder, a ese cantante universal, con más de treinta álbumes ‘oficiales’, con centenares de canciones e interpretaciones, un personaje asombroso que ha creado el fenómeno que ya se conoce como “dylanología” e incluso “dylandia”, del que existen grabaciones de sus más de seiscientos conciertos, más de cuatro mil referencias bibliográficas, así como centenares de películas de y sobre él, apariciones en televisión, miles de artículos y entrevistas en diarios y en revistas, dibujos y pinturas…. A ese ‘monstruo’ de la popularidad, el 13 de octubre pasado la Academia Sueca le concedió el Premio Nobel de Literatura 2016 justificándolo así: “por haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición de la canción americana”.

         Los favoritos para el galardón eran otros, los más sonados: el novelista japonés Haruki Murakami o el destacado poeta sirio Adonis. El revuelo por el premio ha sido enorme, unos a favor y otros en contra. El propio cantante ha tardado quince días en aceptarlo y no se sabe aún si acudirá a recogerlo al final de año, tal y como hizo en otras ocasiones en las que le concedieron distintos premios. El ejemplo más cercano es el del Príncipe de Asturias de las Letras. Pese a su silencio, enseguida salió en su favor otro de los más grandes del panorama musical de todos los tiempos, Leonard Cohen: “El premio Nobel a Dylan es como ponerle una medalla al Everest, la montaña más alta”.

Dylan no suele acudir a la entrega de los premios, Oviedo le está esperando

         Sorprende el premio, no sólo porque Bob Dylan no es un escritor literario, aunque pueda decirse que sus canciones son música y poesía. Sorprende mas porque siempre ha despreciado los premios, alguno con desprecio y graves repercusiones, siempre ha atacado muy duramente a la política y a la prensa en general, y ya en 1964 declaraba: “yo no quiero escribir para la gente, ser un portavoz. De ahora en adelante quiero escribir desde dentro de mí mismo y hacer lo posible por lograr volver a escribir como lo hacía cuando tenía diez años, dejándolo salir todo del modo natural, del mismo modo que camino o que hablo”. Y a finales de los sesenta se definía de esta manera: “Yo toco música; no tengo una bonita voz, no se cantar bonito, y además no quiero” // “Escribo canciones. Mantengo un cierto equilibrio respecto a las cosas y creo que en todo debe haber un orden. Pero no soy más que una persona que va tirando… Eso es todo”

         Los que han aplaudió el galardón subrayan el hecho de que llevaba años justamente nominado a ese premio y nadie lo había cuestionado, o que ya había recibido el Príncipe de Asturias de las Artes en el 2007 justificándolo el jurado con estas palabras: “es un mito viviente; un faro de una generación que tuvo el sueño de cambiar el mundo”; y un año después el reconocimiento honorario del Premio Pulitzer por su “profundo impacto en la música popular y en la cultura norteamericana, marcado por sus composiciones líricas de extraordinario poder poético”. En el sentimiento de varias generaciones amantes de la canción siempre se ha dicho que “Elvis Presley liberó el cuerpo, Bob Dylan liberó la mente”

Recordando a Homero, François Villon y al autor del Mio Cid

Homero era ciego y nunca escribió, y la gesta del Mío Cid fue cantada

         En este Premio Nobel de Literatura hay, además y según los que lo defienden, una especie de canto y reconocimiento explícito al juglar: Homero es tal vez el autor más leído e influyente de la cultura occidental y era ciego, es decir, él no escribió una sola línea, y sus traductores prefieren decir que “compuso” la Iliada y la Odisea y evitan cuidadosamente la palabra “escritura”- Como se ha publicado, “los relatos de Homero forman parte de una larguísima tradición oral que se prolongó durante toda la antigüedad hasta bien entrado el Renacimiento, donde la cultura escrita comenzó a tomar cuerpo con la imprenta. El bardo francés François Villon (aquel de “La balada de los ahorcados” cuando esperaba su ejecución en la horca) o el anónimo autor de El Mío Cid  han forjado la literatura occidental, al igual que los cuentos infantiles, relatos orales milenarios. Por tanto, se puede argumentar que Bob Dylan forma parte de esa vieja tradición de juglares.

Vargas Llosa: “Un premio que frivoliza la cultura”

         Los que se han manifestado en contra afirman que es un músico y no un escritor literario, que es un buen cantante cuyas obras en prosa han sido un fracaso y utilizan frases como la de Mario Vargas Llosa, Nobel de Literatura en 2010: “Es la frivolización de la cultura… El próximo premiado podría ser un jugador de fútbol”… El propio escritor peruano, con 80 años, que se encuentra en Berlín lanzando la edición alemana de su última obra, “Cinco esquinas” (novela de carácter sexual), ha afirmado que conoce las canciones de Dylan y le gustan pero que “el Nobel debe ser para una obra literaria de calidad y reconocida, o bien para una que tenga calidad y que no sea tan conocida, para que el premio le ayude a lograr ese reconocimiento… Debe ser un premio para escritores y no para cantantes… Repito: Yo creo que este último Nobel es una manifestación de la frivolización de la cultura en nuestro tiempo; de la civilización del espectáculo que estamos viviendo y que ha llegado ya a la Academia Sueca”…

         Desde esa fecha de la concesión del Premio Nobel de Literatura a Bob Dylan, por nuestra parte, hemos escuchado las canciones del líder norteamericano, hemos leído escritos suyos y de otros muchos sobre él, algunos de escritores y periodistas vascos, principalmente de nuestro ex compañero Vicente Escudero. Hemos presenciado antiguos conciertos cercanos y hemos visto documentales, películas, cientos de testimonios… Después de todo ello, espero escribir algunos artículos en Kazetariak y hacerlo, como decía Julio Cortazar, con “prosa de observatorio” puesto que nunca entrevisté ni hablé con este extraordinario y difícil personaje, difícil sobre todo para los periodistas, de los que decía: “son moscones que realizan su trabajo”…

Con 18 años, se marcha de su pueblo para siempre

         Bob Dylan nace en Duluth (Minnesota) y se marcha de casa para siempre con 18 años, en agosto de 1959. Los años de estudiante los convierte en años de aprendizaje, de amistad y de libertad (1959-1962). Presunto cantante en un café de Dinkytow, barrio bohemio cercano a la Universidad de Minneapolis, época y lugar en los que pasa a convertirse en músico porque –como él dice— sólo tenías que entrar y preguntar al dueño del café si podías tocar y/o cantar. Luego, Nueva York y su relación con Woody Guthrie y su pandilla de amigos (1961). “No podía entonces imaginarme cantar la misma canción dos veces seguidas; eso era espantoso” (1962), sin embargo su primer álbum es en Nueva York, en noviembre de 1961 y con él su primer gran éxito.

Bob abandona pronto aquel pueblecito Duluth (Minnesota) que le vio nacer.

 

Dylan: “Me comportaba como una esponja, todo lo absorbía”

         “Venid senadores, congresistas, por favor oíd la llamada, / y no os quedéis en el umbral, no bloqueéis la entrada, / porque resultará herido el que se oponga, / fuera hay una batalla furibunda, / pronto golpeará vuestras ventanas y crujirán vuestros muros, / porque los tiempos están cambiando”, cantaba así en 1964 un jovencito judío nacido el 24 de mayo de 1941 llama-do Robert Allen Zimmerman y lo hacía con su voz nasal en The Times They Are a Changing, anticipándose al revuelo social y político de una Norteamérica convulsa, en plena guerra del Vietnam y la Guerra Fría; dos años después de la crisis de los misiles en Cuba y uno del asesinato de John F. Kennedy en Texas.

         Se decía entonces: “Nuestra realidad es muy sombría: el miedo a que en cualquier momento explote una nube negra radiactiva y nos mate es permanente, en las calles predomina el pavor; calles en las que se reclaman cada día los derechos civiles de los ciudadanos. Y en las escuelas enseñan a los niños a cobijarse bajo los pupitres y se construyen refugios por todas partes y todo eso nos crea la paranoia de lo imprevisible”. Dylan declaraba años más tarde: “Todo cuanto ocurría estaba como en una batidora y yo me comportaba como si fuera una esponja que todo lo absorbía”…

Leyendo a poetas, devorando la prensa; primeras protestas

         En aquellos primeros años de la infancia, los 40 y de la adolescencia de los 50, las audiencias de radio, lecturas de libros y vivencias en un pueblecito norteamericano le engancharon tanto que le sirvieron para quedar prendado por la canción de otros, leer a poetas simbolistas/surrealistas franceses como Paul Verlaine (1844-1996) y Arthur Rimbaud (1854-1891), devorando la prensa diaria que le daba combustible para las primeras canciones que cambiaron la cara del folk norteamericano y le inyectaron un carácter contestatario, admirando para siempre a la música y a personajes como Woody Guthrie, un prolífico e influyente músico folk de Oklahoma conocido por su identificación con la gente común, los pobres y los oprimidos, así como contra el fascismo y toda explotación humana.

         Nuestro compañero José Madrid Santurtun, en “Domingo Deia”, el 11 de mayo de 1980, lo resumía con estas palabras: Los primeros años de Bob Dylan son muy inquietos. A los 11, ya escribía sus primeras poesías en hojas sueltas que fue perdiendo. Escuchaba mucha música, se pasaba todo el tiempo pegado a la radio, y todo le influenciaba, incluso el primero rock que se empezaba a hacer a finales de los cincuenta… Con los años, se esfuerza en aprenderlo todo, recogiendo gran cantidad de canciones de los propios autores, perfecciona todos los estilos del sindicalista y folksinger Woody Guthrie, que se convierte en su ídolo, su dios, y quiere hacer todo lo que Woody hizo años atrás”…

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Dylan, en 1963 en Greenwood (Misisipi)

         Los que mejor supieron adaptarse a la situación, aprovechando el desconcierto social e informativo de cada día, fueron los cantantes folk, entre los que ya destacaba un joven  nacido en Duluth, un pueblecito de Minnesota, que tomaba partido porque eran tiempos en los que los derechos civiles estaban en pleno auge y “había que tomar partido; estar al lado de la gente que luchaba por algo, esa gente que estaba abajo, por los suelos, y eso no significaba necesariamente que fueras un político; sólo era un cantante”

Extraordinaria película del laureado Martín Scorsese

         Hay una película documental de más de tres horas que recomiendo a los lectores realizada por el genial director Martín Scorsese: “No direcction home Bob Dylan”, que cuenta la odisea de los primeros años del cantante hasta completar su primera gira por Europa. Termina con su posterior accidente de moto (29 de julio de 1966) ocurrido en las cercanías de su casa en la aldea Woodstock de Nueva York, accidente  que le mantuvo siete años retirado y del que se ha dicho que “sirvió como una oportunidad para poner fin al mundo tal y como lo había conocido hasta entonces, e incluso a la furibunda carrera de conciertos y carreteras”…

         La película de Scorsese, uno de los directores más premiados de la historia del cine, “supone la electrizante narración de una vida sin precedentes, la historia jamás contada de una leyenda americana viva”.  En ella cuenta todos  aquellos primeros años de Robert Allen Zimmerman cuando llegó a Nueva York en 1961 y comenzó a deletrear el nombre de un escritor británico, Dylan Thomas que “atraía cual cantante juvenil por sus recitales poéticos”. Antes que eso, le gustó el nombre de Boody que proliferaba en aquel mundo de la canción, pero el de Bob le pareció una abreviatura más acertada. “Así que la primera vez que me preguntaron mi nombre en Saint Paul, Minnesota, instintiva y automáticamente solté Bob Dylan”…

Del juego de manos y palabras al cristianismo renacido

         Todo ello hizo que el joven de Minnesota se desplazara al “desafío libre y total”  y fuera “al cruce de caminos” que entonces ya era Nueva York, y comenzara a cantar canciones que afectaban a la conciencia y al gusto de la sociedad norteamericana en general y que fueron extendiéndose enseguida por todo el mundo. Se convirtió en el poeta laureado de los años sesenta porque su música captó de manera poderosa el paisaje subjetivo de la época, lo que la gente veía y sentía en el mundo que les rodeaba. Como los Beatles, Dylan fue un líder para su público y para los demás músicos, aunque la fuente que mantuvo siempre su liderazgo fue la voluntad de seguir, de seguir creando y cantando, lo que le permitió rodearse de un aura de oportunidad ‘permanente’  eternidad. Siempre fue así y ya se sabe que “siempre” es, a un tiempo, pasado, presente y futuro. No es de extrañar que Bruce Cockburn, el extraordinario cantante canadiense llegara a decirle a Dylan: “¡Déjame ser un poco de Tu aliento”. La crítica norteamericana llegó a afirmar que Dylan hace juego de manos y palabras con la literatura, el cine (hay varias películas en las que hace de protagonista), la música e incluso la religión, porque, como se sabe, a finales de la década de 1970, Dylan se convirtió al cristianismo, un cristianismo renacido, y publicó dos álbumes de música góspel con un importante trasfondo religioso: “Fuera, sonaban las campanas / y todavía están sonando”, frase que nos hace pensar su personal gusto por la literatura de Ernest Hemingway.

        Esa su vocación de músico itinerante, le permitió que desde 1988 ofreciera alrededor de un centenar de actuaciones al año, ritmo que ninguno de sus compañeros del rock se ha atrevido a imitar. Todos estos golpes de gracia y de volante artístico estuvieron rodeados de misterio. La mayoría de los encuentros periodísticos con Dylan se caracterizan por su tono evasivo o arisco. Para ser el cantante más analizado y aclamado del planeta, objeto de una inmensa bibliografía, ha sabido mantener muchos secretos sobre su vida privada. Solo en 2001, gracias a la investigación del británico Howard Sounes, se supo que estuvo seis años casado con la corista del grupo góspel Carolyn Dennis, con la que tuvo una hija. Y cada poco tiempo ha ido dando alguna sorpresa que sugiere una mente inquieta, que no puede detenerse: expone pinturas, trabajos de forja… Se ha dicho que a Bob Dylan no lo conoce nadie, no se sabe donde está ni donde vive, y mucho menos el dinero y la salud que tiene… Eso sí, ha realizado giras por todo el mundo, incluido Euskadi, como veremos en un próximo artículo, siendo Donostia uno de los lugares más llamativos y fotografiados para la prensa internacional.

Dylan vivió con la cantante góspel Carolyn Dennis, con la que tuvo una hija

 

Bob Dylan, ¿además de extraordinario cantante , es extraordinario poeta?

“Las poesías son palabras que te ponen los pelos de punta, que reconoces al instante como una forma de verdad subjetiva pero que tiene una realidad objetiva porque alguien, el poeta, se ha dado cuenta de ello”  // “Bob Dylan era un receptor, estaba poseído, expresaba lo que los demás queríamos decir pero no podíamos” (Afirmaciones de compañeros de Dylan en los años 60 y 70) // “Tengo que cantaros algo para contaros algo” (Bob Dylan)

            Se ha descrito a Bob Dylan como una de las figuras más influyentes del siglo XX desde el punto de vista musical y cultural. Fue incluido en el especial Time 100: The Most Important People of the Century, donde fue definido como “maestro poeta, crítico social cáustico e intrépido espíritu guía de la generación contracultural”.[] En 2004, se le elevó a la segunda posición de la lista de los mejores artistas de todos los tiempos en la revista Rolling Stone. Con un estilo inicialmente modelado a partir de las canciones de Woody Guthrie y de Robert Johnson, Dylan aportó técnicas líricas cada vez más sofisticadas a la música folk de comienzos de la década de 1960, infundiéndole “el intelectualismo de la literatura y poesía clásicas”.

“Las letras de Dylan deberían estudiarse en las escuelas”

         Pero la otra gran pregunta es si a Bob Dylan se le puede considerar como extraordinario cantante o como extraordinario poeta, o las dos cosas a la vez. Hace unos años, un periodista le preguntaba eso mismo, y Dylan respondía conjugando la verdad con el humor: “Me considero más un artista que canta… y baila”. Lo cierto es que se insiste mucho en el lenguaje de las canciones de Dylan y es porque plasmaba verdades de forma directa o con metáforas, como lo hacen los poetas; sus textos cantados parecían escritos hoy pero también sonaban (suenan) como si los hubiera escrito hace doscientos años, siempre canciones que nos afectaban o nos siguen afectando pese a sus momentos de dudas cuando decía: “Si con mis canciones no puedo complacer a todos / También puede ser que no complazca a nadie en absoluto”..

Christopher Ricks el profesor de Boston que más ha estudiado a Dylan

         Esa es la clave para entender la decisión de la Academia Sueca y el premio Nobel de Literatura. ¿Es o no es poeta o escritor o artista de la pluma Bob Dylan?… Para unos lo es. Para otros, la canción es siempre poesía, buena o mala, pero poesía… Incluso poesía analizada y estudiada, con creciente atención por parte de críticos literarios como el profesor Christopher Ricks, de la Universidad de Boston (EEUU) y presidente de la Asociación de Críticos Literarios, defensor de la poesía victoriana y del que se ha dicho que es “el tipo de critico mordaz que todo poeta sueña con interesar”. Ricks es un entusiasta de Dylan, cuya letra ha analizado en un libro de 500 páginas, emplazándolo en el contexto de autores como Eliot, Keats y Alfred Tennyson. Y el poeta laureado de Gran Bretaña Andrew Motion ha sugerido en varias ocasiones que las letras de Bob Dylan deberían estudiarse en las escuelas.

        Y hay otra pregunta más: ¿merece Bob Dylan entrar o no en el cuadro de honor de los mejores escritores del mundo literario?… Ahí se supone que están los Premios Nobel de Literatura, con algunas excepciones notables que están en la mente de los lectores.  Lo cierto es que literariamente, es decir, al margen de la canción, Dylan ha escrito algunos libros en prosa, ejemplo “Tarántula”, en 1966, y lo hace con una prosa poética que en más de una ocasión se confunde con el verso. La obra fue calificada de panfleto dadaísta por unos y de cajón de sastre por otros. Sin embargo, a Dylan se le incluye frecuentemente en la Generación Beat y nadie duda de su influencia en autores como Allen Ginsberg, Jack Kerouac, William Borroughs o Gregory Corso.

                  En 2004 apareció su segundo libro, “Crónicas, Volumen 1”, una obra de 304 páginas que relata su llegada a  Nueva York en 1961 y la grabación de su primer álbum. Además, hay libros que recopilan las letras de las canciones de Dylan y –se ha dicho- ahí está la clave para comprender por qué el comité sueco eligió esta vez que el Nobel de Literatura fuera para un músico: “sus canciones son poesía”. Incluso lla secretaria de la Academia sueca, Sara Danius, afirmó minutos después del galardón: “Si miramos miles de años hacia atrás, descubrimos a Homero y a Safo que tuvieron textos poéticos hechos para ser escuchados e interpretados con instrumentos”

El “manuscrito perdido”, poemas y fotos sobre Hollywood

Barry Feinstein fue fotógrafo de Dylan y publicó un libro de fotos y poemas con el cantante

                  Cierto es que hay también poemas o versos  muy libres escritos por Dylan e incluso no cantados. Hemos encontrado una serie de esos versos para las imágenes tomadas por el fotógrafo Barry Feinstein(1931-2011), quien fuera retratista exclusivo del cantante durante las emblemáticas giras de 1966 y 1974. Se trata de una mirada fotográfica de Feinstein con 70 imágenes y 23 poemas de Dylan (la mayoría inspirados en las imágenes) que muestran el lado oscuro del glamour, la decadencia y la soledad que rodeaba en aquellos años a Hollywood, la que fuera Meca del Cine. El libro, de 160 páginas, se publicó el 4 de noviembre de 2008 como “manuscrito perdido” bajo el título de Hollywood Foto-Rhetoric, the Lost Manuscript .

                  Para hacernos una idea de cómo son estos poemas de Dylan, ante una foto de Marlene Dietrich en el funeral de Gary Cooper, escribe: Sin querer saber el nombre de tu escultor / al clavar la mirada en el ayer / se paran los goznes del tiempo. Con la muerte de Marilyn Monroe casi recién sucedida, la foto de un frasco de medicamentos con el nombre de la actriz le sugiere el siguiente poema de estilo haiku japonés: La muerte enmudeció su piscina / el día que ella murió / y se cernía sobre / sus perrillos de peluche / pero no dejó / ni rastro / en su entierro…

                  Ni siquiera yo mismo / estoy aquí”

                  En los poemas de Dylan a esas fotos dedicadas a Hollywood se percibe ecos de canciones: “tócame mujer / no pasa nada / no importa / se ha demostrado / que ni siquiera yo mismo / estoy aquí” // (…) “devastadas ruinas / tuerce el día” // (…) no / deseo en verdad ser recordado / por mi sonrisa / aunque dándole más vueltas / cuando miro alrededor  / comprendo / que así será”.

                  Hay un dato curioso que recoge la escritora y filóloga Gabriela Bustelo en un comentario sobre ese libro de fotos y poemas, artículo titulado “El inmortal”: “En 2006 entrevisté al escritor británico Martín Amis, miembro de la Royal Society of  Literature) que se quejó amargamente de que la poesía esté en peligro de extinción. Cuando le pregunté  si no pensaba que una gran parte de la poesía actual está en la música pop, se quedó perplejo y respondió que no se le había ocurrido. Tal vez suceda lo mismo a los sesudos miembros del jurado del Premio Nobel. Sencillamente no se les ha pasado por la cabeza semejante posibilidad”…

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“Arte de la palabra cantada”, reconocido por los suecos

                  Diez años después el “arte de la palabra cantada” de Bob Dylan ha sido premiado con el Nobel porque a los sesudos suecos se les ha pasado por la cabeza y no se han hecho los ídem. Hasta ese momento permanecía aquello que dijo una vez Bob Dylan: “Es la diferencia entre la palabra sobre el papel y la canción; la canción se desvanece en el aire y en el papel permanece”. Desde hace menos de un mes, el 13 de octubre, también la canción de Dylan permanece con más fuerza y es reconocida como “literatura”, premiada seguramente como merece.

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         Por todo cuanto hemos recogido y señalado, se demuestra una vez más que el jurado sueco funciona de otra manera que el de cualquier otros grandes premios, como funcionan de manera muy distinta en política y en preocupaciones sociales y culturales. Todo ello lo demuestra el hecho de que los premios más importantes que se conceden en el mundo, incluido el de la paz (cedido a su vecina Noruega), llevan el nombre de quien fue inventor y fabricante de armas y famoso por la dinamita. Quizá sea también por considerarse Dylan parte de un sistema semejante al de los países nórdicos, de altos impuestos, “porque desde el momento –dice Bob—que pagas impuestos ya formas parte del sistema”. Hace unos meses estuve en un viaje en esos países nórdicos, incluido Suecia con Estocolmo y nos pusimos al día del Nobel, del qué, cómo, dónde y por qué se conceden los Premios Nobel, y de ello escribiremos en otro número de Kazetariak.

                                                                              Francisco Allo

Próximo número de Kazetariak: “Bob Dylan en Euskadi, conciertos: Donostia, Vitoria-Gasteiz, Bilbao, libros, informaciones y artículos de periodistas vascos”.

Espectacular concierto Dylan en la playa de la Zurriola, en Donostia, y portada de uno de los libros de nuestro compañero periodista Vicente Escudero

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