Encuentros y Re-encuentros

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 Bob Dylan en Euskadi, conciertos, libros, informaciones y artículos de periodistas vascos

            “El Premio Nobel de Literatura a Bob Dylan es como ponerle una medalla al Everest, la montaña más alta”… “Bob Dylan es uno de esos personajes que sólo aparecen una vez cada trescientos o cuatrocientos años”… “Dylan es un Picasso, con esa exuberancia, variedad y asimilación de la historia entera de la música” (Leonard Cohen)

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Leonard Cohen, fallecido el viernes, cantando con Bob Dylan

         Lo primero es la noticia más cercana: el pasado viernes fallecía Leonard Cohen a los 82 años, “el único autor que ha hecho sombra a Bob Dylan en excelencia poética”, incluso para algunos el cantante canadiense mereció el Nobel de Literatura antes que el norteamericano, ya que ha sido un cantautor “cuya sensibilidad literaria y elegancia a la hora de hablar del deseo le habían convertido en una de las figuras más indiscutibles de la música popular desde hacía varios decenios”. 

         Esteban Linés escribía en “La Vanguardia” un párrafo tan preciso y tan bello dedicado a Cohen que no puedo dejar de reflejarlo: “Hacía solo unas semanas que el músico y poeta de origen canadiense había dejado escrito y cantado –de una manera que muchos pensaron que era simplemente metafórica- en su álbum ahora póstumo ’You want it darker’ su pronto final. No solo eso. También no hará mucho más de un mes trascendieron las líneas que el trovador le había enviado el pasado mes de julio a Marianne Ihlen, su musa y antigua amante cuando de muy joven estuvo residiendo en la isla griega de Hydra, cuando le informaron que aquella padecía un cáncer que hacía temer lo peor. De aquella época, años sesenta, y de aquella intensa y zigzagueante relación Cohen hilvanó algunas de sus más apabullantes joyas, como ‘Bird on the wire’, ‘Hey, that`s no way to say goodbye’ y, especialmente, ‘So long, Marianne’. En aquella misiva, el autor de la también gloriosa ‘Hallelujah’, escribía líneas más que proféticas. “Bien, Marianne, ha llegado el momento en que realmente somos tan viejos que nuestros cuerpos se desmoronan y creo que te seguiré muy pronto”…

De la “contracultura” de los años 60 a la de hoy

         Vamos ahora con lo prometido, que es deuda. Bob Dylan, premio Nobel de Literatura 2016, segunda parte. Vamos, por tanto, con esa segunda parte, la que he dedicado como más cercana a Euskadi, la de sus actuaciones en las capitales vascas y la de numerosos escritos de periodistas, escritores y hasta aficionados cercanos o lejanos, porque Dylan siempre atraía público de casa o de fuera…

         En la primera entrega a través del número anterior de Kazetariak tratamos de explicar por qué se le había concedido con o sin justicia el Premio Nobel de Literatura a un cantante tan universal y único como Bob Dylan; a un hombre cuyas canciones son, digamos, el lado “puro” de su personalidad, el del éxito enorme, histórico. Y digo histórico porque el  primer disco lo grabó en tan solo 24 horas el 21 de septiembre de 1961. Con él, las letras de las canciones cobraron una importancia capital en el mundo del rock, que empezó a convertirse en un auténtico fenómeno cultural y sociológico. Y es que la “capacidad evolutiva” es la que siempre ha dominado en la carrera de Dylan.

         Ya dijimos que nuestra primera impresión al concederle el Premio Nobel de Literatura a un cantante fue la que reflejamos en el titular del artículo: “El mundo sigue cambiando”. Lo que no sabíamos es que al coincidir estos días con las elecciones del país de Bob Dylan, Estados Unidos, el titular de lo ocurrido ese martes después del primer lunes de cada cuatro años con la victoria sorprendente y alarmante del empresario republicano Donald John Trump como presidente, además de lograr mayoría absoluta su partido en la Cámara de Representantes (cámara baja) y en el Senado (cámara alta), podría ser el mismo que dedicamos al Nobel a Dylan: “El mundo sigue cambiando”…

         Esa victoria de Donald Trump ha provocado que el mundo reaccionara con estupor, temor e incredulidad, al que han definido como un “populista provocador (machista y xenófobo) que ha prometido cambios profundos en la política del país, afectando a los cinco continentes”. Después de ese hecho que, dicen, amenaza al mundo, Bob Dylan debería de nuevo anticiparse al revuelo social y político de Norteamérica como lo hizo en 1964 con “The times they are a Changin”: “Venid gente, reuníos, / dondequiera que estéis / y admitid que las aguas / han crecido a vuestro alrededor / y aceptad que pronto / estaréis calados hasta los huesos, / si creéis que estáis a tiempo / de salvaros / será mejor que comencéis a nadar / u os hundiréis como piedras / porque los tiempos están cambiando (…) //  lo ahora presente / más tarde será pasado / el orden  / se desvanece rápidamente / y el ahora primero / más tarde será el último / porque los tiempos están cambiando”…En aquellos años sesenta cuando Dylan estrenaba esa canción dicen que se ha dicho y repetido que se fraguó la “contracultura”, con enormes revuelos sociales y políticos tanto en USA como en Europa, ¿estaremos viviendo ahora una época semejante?…

Influencia reconocida por otros iconos de la canción

            El que aparenta ser muy distinto al de aquella época es el propio Bob Dylan, como lo somos los que crecimos con él, reconociéndole siempre que cambió como nadie el concepto de canción popular en el siglo XX, añadiendo una particular dimensión poética y política a la música cantada. De ahí su influencia reconocida por los Beatles, los Rolling Stone, Bruce Springsteen y cualquier icono del rock y del pop, así como de numeroso analistas y críticos tanto de la música cono de la literatura, fundamentalmente la poesía.

         Años aquellos en los que –escribía Fernando Navarro en “El País”— se veía a Dylan “como el portavoz generacional, sorprendiendo por su capacidad de captar la agitación, la desorientación, los desamparos y los ideales de aquellos convulsos años sesenta… Y lo hacía, como dijo el poeta negro estadounidense David Henderson, no sólo con canciones sino sobre todo con “epopeyas”… Dylan confiesa que “la vida se complica con los años; es lógico, te haces mayor… pero no tengo queja, conseguí lo que quería, siempre he hecho lo que he querido”

“Sacar de ti tu mejor tu, es lo que importa”

         Bob Dylan, sea distinta o no su manera de pensar y de ser de aquel chaval de poco más de veinte años, no ha hecho más que crecer e influir como personaje de la música y, con sus letras en las canciones, del lenguaje, la poesía, la literatura. El solía decir que “estar vivo es lo que importa” y en esa vida permanente hay que “sacar de ti tu mejor tú”… Y así, esa “capacidad evolutiva” es la que siempre ha dominado en la carrera del cantante norteamericano. Como escribe nuestro ex compañero en la prensa bilbaína, Vicente Escudero, “Dylan es de esas frutas que se aprecian con el tiempo, con él las primeras impresiones pueden ser erróneas. En sus actuaciones, muchas veces canta las canciones de siempre pero recreadas con nuevas fuerzas. La voz cascada sigue teniendo fuerza. Recita, se retuerce, llega. La guitarra es como un arrebato y la armónica modula”… Hay otros muchos testimonios, como artículos de compañeros en los medios informativos de Euskadi que recoge el propio Vicente Escudero en sus libros.

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         Ahora, con el Nobel unido a otros premios como el Pulitzer y el Príncipe de Asturias de las Artes, la onda expansiva de Bob Dylan da para otro siglo, más aún si incorpora otra nueva variedad de temas sociales, políticos, filosóficos y literarios que desafíen no sólo a la música sino que apelen también a la nueva contracultura que pueda emerger de los llamados populismos de derecha como de izquierda, que para los que nos tocó vivir el servicio militar a esa izquierda y derecha añadimos siempre el “ar”… Izquierda / derecha, // adelante / atrás, ar… Como la yenka pero con el ar, ar, ar…

El “aullido” que queda enganchado en los goznes del tiempo

         Desde la madrugada del pasado miércoles no puedo evitar el recuerdo de que Bob Dylan tiene numerosas canciones que podrían valer para la situación que vivimos con la última sorpresa electoral en EEUU, canciones que se derivan de la poesía contemporánea, sobre todo la de Allen Ginsberg (1926-1997), con quien Dylan mantuvo una prolongada relación y cuya obra “Aullido” produjo un impacto explosivo en el cantante como en cualquier persona atenta al signo de los tiempos. Ginsberg se opuso enérgicamente al militarismo, al materialismo económico y a la represión sexual. De Dylan el poeta dijo: “Al oírle pensé que un alma cogía la antorcha de América”.

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Bob Dylan con Allen Ginsberg, poeta autor del “Aullido”

         En ese poema “Aullido”, que condensa las inquietudes de la generación beat, denuncia lo que consideraba fuerzas destructivas del capitalismo y de la conformidad de los Estados Unidos, y, como se ha escrito, era aquella una libertad desatada por los creadores beat, aquel movimiento literario surgido en la década de los años 50 en EEUU como oposición a la sociedad contemporánea y los valores de la clase media, que se caracterizó por el anti-convencionalismo y la improvisación en su obra. “Dylan es bien conocido –escribe el poeta Billy Collins—por haber derribado varias fachadas de  cartón piedra. El artificio, la impostura, la adoración de la fama y, desde luego, la cursilería impenitente eran blancos irresistibles para los dardos de aquel veinteañero”. Un jovencito que escribía ya quizá pensando en este presente que vivimos, aquello de que “tu mirada vuelta hacia el pasado / se queda enganchada / en los goznes del tiempo…

El “impuro” Dylan o la poética de la arbitrariedad

         Pero si las canciones son el lado “puro” (o más puro) de Bob Dylan, hay otro personaje que podríamos calificar como el “impuro”, el de –como se ha escrito- la poética de la arbitrariedad, que “le permitía sacudir metáforas rigurosamente aleatorias, oraciones estrictamente agramaticales, neologismos inclementes, puntuaciones feroces,  hermetismos, equívocos, juegos o jugarretas de palabras, pasajes narrativos, sarcasmos, penas, cariños, bromas, vulgaridades, anécdotas privadas, alusiones literarias o cinematográficas, maneras de blues, tonos de balada e influencias líquidas o gaseosas… Es el Dylan de viejos tiempos y podría ser el de otros nuevos, el que canta versos como estos: “Sí, soy yo / quien aporrea tu puerta / sí, eres tú dentro / quien oye el ruido”…

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         Todo eso es, fundamentalmente, reflejo de los poemas de Dylan sin banda sonora y si se le pone la banda, la guitarra o la armónica, y se le lanza a través de la tecnología es cuando llega a nuestros hogares y a nuestros amares; o cuando Dylan se lanza (o, mejor, se lanzaba) para acercarse a ese otro nuestro mundo de tanto cante y tan poca vergüenza, cuando Dylan llega (o, mejor, llegaba) a nuestros lugares cerrados de polideportivos, semi-cerrados de estadios o de mar abierto en las playas. Es entonces  (o, mejor, era entonces) cuando saltaba la locura compartida, el canto que se quedaba en nuestros corazones y luego “salía volando como el viento”… hasta volverlo a escuchar de nuevo a través de la tecnología o a entonarlo o sentirlo con un grupo de buenos amigos… Volar, volar, no quedarse fijo, hermético, esa siempre fue la intención de este cantante…

“La definición, destruye; mejor que el “yo”, ser el “otro”

         “Puedo entender la avaricia y la lujuria –dijo una vez Dylan-, pero no puedo entender los valores de la definición y el confinamiento. La definición destruye”. En este sentido, Dylan se ha mostrado siempre renuente, reacio o rebelde  a verse atrapado en la red de ideas fijas o proyecciones fantásticas  acerca de él y su personalidad, a las tentativas de hurgar en su vida privada y exponerla, de transformar y diseccionar sus procesos creativos.

         Y de alguna manera todos sabíamos lo que el propio Bob Dylan declaraba con frecuencia, que “Bob Dylan nunca piensa como Bob Dylan, actúa, es, como dijo el poeta simbolista francés Arthur Rimbaud (leído y admirado por el cantante): YO SOY EL OTRO”…

         ¡Ah, esa expresión tan viva y repartida que nos recuerda a aquello que escribía el genial poeta cubano Eliseo Diego (1920-1994): “Únicamente de esta forma se podrá llegar al tercer y último estadio en que el poema (la canción) alcanza su consumación definitiva: la fase de la comunicación de lo iluminado, en que el lector (receptor), el “otro” sin el cual nada habría, re-crea la experiencia originaria a través de aquella misma sugerencia y aquellas significaciones, aún tibias de la vida, que el poeta-artesano (cantante-artesano) guardó cuidadoso para él en el cofrecillo vivo de la palabra”.

1984, año Orwell, primeros conciertos de Dylan en España

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         Bob Dylan da sus primeros conciertos en España en el año 1984, sí, en el año en que George Orwell (1903-1950) centra la famosa novela política de ficción dis-tópica, escrita por el periodista e intelectual inglés entre 1947 y 1948 y publicada en 1949. Novela que introdujo conceptos del “omnipresente” y el vigilante “gran hermano o hermano mayor” de la Policía del pensamiento y de la neolengua, adaptación del inglés en la que se transforma el léxico con fines represivos, basándose en el principio de que lo que no forma parte de esa lengua no puede ser pensado.

         Deberíamos decir y decimos, y seguramente lo hacemos coincidiendo con la forma de pensar de Bob Dylan y de otros muchos analistas de la actualidad, que hoy en día se aplica ya esa lección (ficción) de Orwell, es decir, vivimos en “sociedad orweliana”, una sociedad donde se manipula la información y se practica la vigilancia masiva y la represión política y social. El término “orwelliano” se ha convertido en sinónimo de las sociedades u organizaciones que reproducen actitudes totalitarias y represoras como las representadas en las novelas dis-tópicas del siglo XX, la de Orwell y las de Aldous Huxley (“Un mundo feliz”, de 1932) y Ray Bradbury (“Fahrenheit 451”, de 1953).

“Doningo Deia” (1980), un adelanto de Dylan en Euskadi

         Aquella primera actuación de Bob Dylan en España fue en el estadio de Vallecas (el del Rayo Vallecano) en Madrid, el 26 de junio, un maratoniano concierto desde las nueve de la noche hasta las tres de la madrugada. Y dos días más tarde en el mini-estadio del Barcelona. Se dice que en aquel año Dylan cerraba una etapa de su carrera artística y profesional superando el bache que había parecido desde “Desire”, decimoséptimo álbum de estudio del músico estadounidense, publicado por la compañía discográfica Columbia Records en enero de 1976.

         Cuatro años antes de esa fecha, el 11 de mayo de 1980, nuestro compañero José Madrid Santurtun, publicaba en “Domingo Deia” un hermoso artículo titulado: “Bob Dylan, un viejo tren que entra en los ochenta”, con este antetítulo: “Después de la tormenta, el duro granizo”. Comenzaba el texto con estas palabras: “Los años pasan demasiado  deprisa para Dylan. Los últimos acontecimientos le han dejado un poco maltrecho (por las nuevas visiones apocalípticas) ante un público ávido de nuevas sensaciones”.

         El artículo destacaba que Dylan “lucha desesperadamente para no perder el ritmo del pop, que en escasos diez años ha dado un vuelco total y en el que Dylan se encuentra desfasado”.  Las últimas palabras de Santurtun eran estas: “La soledad de un artista de rock que entra en los ochenta con cuarenta años machacados, aburrido de que nadie le comprenda, del hecho de que tenga que dar detalladas explicaciones a todo lo que hace. Un hombre de nariz aguileña, pelo acaracolado, y voz nasal desgarradora, como un gemido que quiere encontrar su identidad judía en Israel, acordándose ahora que se llama Zimmerman”.

“Como tiburones, los grandes del rock no puede detenerse”

         Ese hombre cantante de extraordinario éxito, que había entrado en una aparente depresión y que se tomó unos años de descanso tras el accidente de moto ocurrido junto a su domicilio en Estados Unidos, volvió a ponerse en carretera, es decir, volvió a los conciertos por el mundo. Lo explica así Vicente Escudero: “Lo que no era de extrañar porque, como ocurre a  los tiburones, muchos grandes del rock –y de la vida— no pueden detenerse, tienen que estar en permanente actividad, porque si no, mueren”…

         En 1988 se edita Down In The Groove, cargado de temas rockeros y de preciosas baladas. Y ya en 1989 aparecía el Live Dylan And The Dead que -escribe nuestro ex colega Vicente Escudero en Euskadi—“más allá del tiempo y la distancia significa la unión de dos estilos químicamente consecuentes de los años sesenta: Bob Dylan y Grateful Dead. Dylan And The Dead es una joya para los forofos, para los que vivimos y sentimos el espíritu de la Década Prodigiosa. Ahí están los Dead, un grupo en su época rompedor, tomándose en serio su papel junto a Dylan, volcados románticamente en la música”.

Junio 1989: 9.000 corazones de fuego lo reciben en Anoeta

         Un año después de aquel artículo de José Madrid Santurtun, en junio de 1981, varios autobuses de seguidores de Dylan viajaron desde Euskadi hasta el Stade Municipal des Minimes de Toulouse en la etapa creyente del “góspel”  de Dylan, acompañado de triple coro femenino vestido con kimono oriental. Y hubo que esperar ocho años más hasta que el 17 de junio de 1989 para que Bob Dylan actuara en Donostia y reuniera en el velódromo de Anoeta a nueve mil espectadores. El propio José Madrid Santurtún atestigua que Dylan se presentó “más rockero que nunca, con una fuerza increíble para sus 48 años”.

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         Y la imagen que el cantante USA quiere dar no es otra que la mostrada en su reciente interpretación en la película “Corazones de fuego”, se presenta el Dylan –escribe Escudero– autosuficiente, más allá, incluso, de la opinión del público: “a mí no me gusta repetirme pero, si os empeñáis, aquí va la de siempre”… ¿Por qué? Pues, sencillamente, porque lo que importa es estar vivo”… Se cuenta que en aquella estancia en junio de 1989 en Donostia, Dylan se registró en el Hotel Londres con su habitual seudónimo de Donald Pump y debió quedar tan prendado de La Concha que no abandonó el hotel más que para ir a Anoeta.

         Antes que en Donostia, Dylan actuó en Madrid una noche de elecciones para –como escribe Martínez Cascante—sustraerle una “e” y dejarla en una noche de lecciones. En hora y media el forajido de leyenda resumió los treinta años de su música, con un look años sesenta que lleva pegado al cuerpo como la nariz, guitarra y armónica, con un nombre que aparecía ya en los libros de texto y sus temas se cantaban en misa de doce”…

2 Julio 1993, Pabellón Áraba, “su mejor concierto”

         En el “Diario Vasco” del 24 de mayo de 2011, firmado por I. Z.,  se publicaba lo siguiente: “El 2 de julio de 1993 Dylan fue programado en el novísimo Pabellón Araba de Vitoria, luego llamado Pepsi y más tarde Buesa. Los ultra ‘fans’ desconfiaban de un concierto organizado por una entidad de ahorro con sus invitados ocupando sillas junto al escenario. Pero la furia musical dylaniana y el empuje físico de sus seguidores acabó por dispersar las sillas y el mito hizo casi tres espectaculares horas llenas de improvisación. Es hasta hoy su mejor concierto vasco. El rockero argentino Andrés Calamaro, que lo telonearía seis años más tarde en Donostia, viajó a la capital alavesa para bautizarse en las canciones en directo de su maestro. Confesó haber estado en primera fila en un espectáculo «supremo, hermético, improvisando y jugando con la guitarra. ¡Impresionante!”…

Debut en Bilbao, en la Plaza de Toros de Vista Alegre

         El 16 de julio de 1995 fue Bilbao quien recibía a Bob Dylan en la plaza de toros de Vista Alegre ante más de quince mil espectadores, muchos de ellos procedentes de todos los rincones de Euskadi. En unas dos horas, Dylan interpretó dieciocho temas como “All along de watchtower”, nada más comenzar el concierto, tema que termina con aquello de que “el viento dejó de aullar”. Y en la recta final, “Like arolling Stone”. Con traje negro, sin sombrero ni gafas, Dylan estuvo arropado por una sólida y experimentada banda , con William Templ y John Stigler a las guitarras, Anthony Martin al bajo y y Winston Augustus a la batería.

         “En su peculiar estilo, sin dejar el centro del escenario, Dylan tuvo una primera parte en la que cantó y tocó algunas de sus composiciones más rápidas y rockeras, haciendo al público bailar y acompañar con palmas las canciones. Cuarenta minutos después del comienzo Dylan dejó la guitarra eléctrica y y dio paso a unas piezas “unplugged”, es decir, concierto desenchufado o acústico de sonidos intimistas y sin ningún tipo de instrumento electrónico. Lo hizo entre grandes ovaciones, ya que inició esta fase de su actuación con “Mr Tamnbourine Man”, sin guitarra, sólo con la armónica, recreándose en una bellísima versión de este clásico y poniendo nostálgicos a todos sus seguidores. Después de Bilbao, Bob Dylan actuó el 19 de julio en Madrid; el 20, en Cartagena; el 21, en Valencia; el 24 en Barcelona; y el 25 en Zaragoza.

La cristiandad de Dylan y las críticas por su visita al Papa

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         Muchas voces críticas se levantaron cuando Bob Dylan actuó para Su Santidad el Papa (hoy santo) Juan Pablo II (Karol Wojtyla) al finalizar el mes de septiembre de 1997, un Dylan que veinte años antes se pasó del judaísmo (la religión de sus padres) al cristianismo. Con esta actuación en el Vaticano, se dijo: “este gesto le costó al cantautor USA un gran ramillete de seguidores, es posible que de forma parecida a los que perdió en su trasvase del “folk” al “rock”, allá por 1965”. Incluso el aclamado articulista Francisco Umbral (1932-2007), escribía: “Eran los sesenta y Dyñan cantaba una revolución y una contracultura que nunca vinieron. Es lo que Haro Tecglen (1924-2005) llamó definitivamente las revoluciones imaginarias. Dyñan ganó mucho dinero predicando contra el dinero. Han pasado treinta años, Dylan ya no puede creer en nada ¡, salvo en su arte, y canta para el Papa y se arrodilla frente al papa, delante de 400.000 jóvenes  en concierto”. Por cierto, el Papa también se ocupó del “viento” en sus palabras de entonces: “”La respuesta a las preguntas de vuestra vida flota en el viento, que es soplo y voz del Espíritu”, Y Umbral concluía: “Esas vaguedades líricas que se reserva el Papa para estos casos son lo peor que se puede hacer con la lírica, aplicarla a un programa/proyecto determinado, pero el Papa lo hace mucho. Y Bob Dylan se ha prestado al juego. Y es que hay que dar de comer a la guitarra. Por suerte, algunos no tenemos guitarra”… Sorprendieron aún más aquellas duras críticas al saberse, como se sabía, que Bob Dylan se manifestaba claramente como cristiano ferviente y difusor a través de sus canciones de testimonios de la Biblia y la palabra de Cristo.

         Como escribía Carlos Reviriego en “ABC”, “el despertar místico de Bob Dylan se reflejó claramente en el aspecto profesional entre los años 1979 y 1981, cuando grabó “Slow train coming”, un disco claramente influido por la religión cristiana y por la palabra de Cristo. Las nueve canciones del disco son auténticas letanías católicas en las que se escuchan inequívocas evocaciones del regreso de Cristo: “el tiene planes para establecer Su trono cuando El regrese”, o referencias a la serpiente como el símbolo original del pecado; o claras profesiones de fe como ocurre en la canción “I believe in You” (Creo en Ti). El álbum fue denostado cruelmente por parte del público y crítica, aunque su fuerza musical está libre de sospecha. Aún así, en los dos años siguientes, Dylan grabaría sendos álbumes en la misma línea: Saved (Salvado) y Shot love (Golpe de amor). En el primero de ellos, se oyen frases como: “Por Su gracia he sido sanado. Por Su mano he sido liberado. Por Su Espíritu he sido señalado. Salvado. Y estoy tan contento”. A esta etapa (1979-1981), la temática de Dylan fue pura y enteramente religiosa, aunque el cristianismo, así como las parábolas de de la Biblia, fueron y son siempre ya una constante en la obra del cantautor norteamericano.

Anoeta: éxito en 1999 y apoteosis en julio de 2006

Concierto por la paz, Mikel Laboa y Bob Dylan, en Zurriola

         Volviendo a los conciertos de Dylan en Euskadi, después de su debut en Bilbao en 1995, en abril de 1999 se celebró el segundo recital en Anoeta, ante unas seis mil personas y musicalmente impecable. La gira por España la inició en Santiago de Compostela  El cantautor norteamericano recaló en San Sebastián acompañado por los guitarristas William Baxter y Larry Campbell, el batería David Kemper y de Tony Garnier y con dos nuevos trabajos muy recientes a sus espaldas: Time out of mine y la edición de su famoso concierto de 1966 en Manchester Live. Dylan quiso que fuera el artista Andrés Calamaro quien dedicara al público donostiarra los primeros compases de la actuación.

         Pero la apoteosis llegaría en julio de 2006 con el concierto gratis “por la paz” de de la playa de la Zurriola, organizado por el Festival de Jazz donostiarra fuera de su programación habitual, y en el que colaborarán otras instituciones como el Ayuntamiento de la ciudad y la Diputación de Gipuzkoa, así como firmas privadas. Además, de Dylan, participaron otros artistas, todos ellos como el denominador común del carácter pacifista de la celebración. Lo más emotivo del encuentro fue la despedida del escenario del patriarca de la música vasca, el llorado Mikel Laboa (1934-2008) del que siempre recordaremos y escucharemos su álbum Bat-Iru, elegido en el “Diario Vasco” por votación popular como el mejor álbum vasco de la historia. El concierto demostró además dos cosas: el éxito de público en campo abierto y la dificultad de Dylan para agradar en esos espacios al aire libre.

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Aspecto de la playa de Zurriola en el Concierto por la Paz

         Fue en el 2007 cuando Bob Dylan recibió el Premio Príncipe de Asturias que no fue a recibir y un año más tarde, en junio de 2008, debutaba en Pamplona, donde se abarrotó el pabellón Anaitasuna. Se cuenta que fue un hermoso recital con una temperatura achicharrante.

Dylan en el Azkena Rock Festival 2010 de Vitoria-Gasteiz

         En junio del 2010, volvía Bob Dylan a Vitoria-Gasteiz para actuar durante 92 minutos dentro del festival Azkena Rock Festival. Según leimos a Antonio Cambronero, el cantante fue presentado como “el tipo que metió en la cama al folk con el rock; que se maquilló en los sesenta y desapareció dentro de una neblina de abuso de sustancias, que resurgió para encontrar a Jesús; de quién se habló como pasado al final de los 80 y quien de pronto metió la marcha y publicó alguna de la música más potente de su carrera al acercarse al final de los 90. Señoras y señores, den la bienvenida al artista de Columbia, Bob Dylan”. Y los fans de Dylan volvieron a vibrar con su música y su presencia, sin fijarse en los tópicos de que si la voz ronca, que si no saluda al público, que si hay canciones irreconocibles…

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         Fue aquel de nuevo un concierto de Dylan con la puesta en escena de un repertorio magistral cuidadosamente seleccionado. Y soberbiamente apoyado por una banda que interpreta el Rock’n’roll simple y llanamente, con una pureza única… A Bob Dylan se le vio feliz, moviéndose como nunca, tanto a los teclados como a la guitarra. Y los solos de armónica sonaron como música celestial, junto a un Charlie Sexton que parecía liderar una banda ya de por sí inigualable. Solo una pequeña pega: un “set list” (listado de canciones) demasiado corto (trece) y un único bis, el consabido Like a rolling stone, que siempre significa el fin del concierto.

         El setlist  fue el siguiente: 1. Rainy Day Women # 12 & 35 (Blonde on blonde) / 2. Don’t Think Twice, It’s All Right (The Freewheelin’ Bob Dylan) / 3. Stuck Inside Of Mobile With The Memphis Blues Again (Blonde on blonde) / 4. Just Like A Woman (Blonde on blonde) / 5. Honest With Me (Love and theft) / 6. Simple Twist Of Fate (Blood on the tracks) / 7. High Water (for Charlie Patton) (Love and theft) / 8. Blind Willie McTell (The bootleg series vol 1-3) / 9. Highway 61 Revisited (Highway 61 revisited) / 10. Shelter From The Storm (Blood on the tracks) / 11. Thunder On The Mountain (Modern times) / 12. Ballad Of A Thin Man (Highway 61 revisited) / 13. Like A Rolling Stone (Highway 61 revisited)

11-7-2012: en el Guggenheim se inundó la ría de canciones

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Concierto del Guggenheim del que hay videos hermosos en Google

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         Sorprendente fue la apuesta de la séptima edición del BBK Live de contar en la apertura de ese encuentro internacional con Bob Dylan y hacerlo en la explanada del Museo Guggenheim el 11 de julio de 2012, víspera del comienzo del festival de Kobetamendi. El “Correo” lo presentaba afirmando que “la gira interminable” (Never ending tour), con la que lleva desde finales de los 80 dando varias vueltas al mundo. En septiembre verá la luz su próximo disco oficial, el número 35 de su carrera, grabado en California.  Su visita a la capital vizcaína llega 17 años después de su otro concierto memorable en la ciudad, el 16 de julio de 1995, en la plaza de toros de Vista Alegre.

         Este concierto coincidió con la celebración del quince aniversario de la inauguración del Museo y veinte del concurso que ganó Frank Gehry. Por esa explanada del museo pasaron con anterioridad Smashing Pumpkins, Red Hot Chili Peppers y Björk marcando momentos ya míticos para la música en Bilbao. El concierto duró una hora y veinte minutos en los que los siete mil asistentes disfrutaron como nunca, según lo contaba el informático y blogger Antonio Cambronero: “Disfrutamos como nunca porque  no hubo otra cosa que el rock and roll de la potente banda (formada por los habituales George Receli a la batería, Don Herron con la mandolina y el violín, Stuart Kimball y Charlie Sexton a las guitarras, y el inigualable Tony Garnier al bajo) y la mágica presencia del poeta laureado del rock and roll. Mi disco preferido es Blood on the tracks, así que Dylan, a orillas de la ría bilbaína, me llevó al cielo con las extraordinarias versiones de Simple twist of fate y Tangled up in blue.

          Para otros comentaristas, Bob Dylan se mostró activo y dedicó sonrisas y gestos de afecto al público para cerrar con tres de los temas míticos: “Like a Rolling Stone”, “All along the watchower” y “Blowin in the wind”. El repertorio de la noche se compuso, además, de temas como “Highway 61 revisited” “Spirit on the water”, “A hard rain’s a-gonna fall”, “Ballad of a thin man” y “Thunder on the mountain”.

CONCIERTO BOB DYLAN   , FOTO DE BORJA AGUDO, 1172012

         Joseba Rodrigo, en Google, publicaba (con hermoso video incluido) un texto de cántico a la actuación de Bob Dylan en el Guggenheim, con este título: A reason to get excited”, “Un motivo para estar excitado o motivado. Y escribía a continuación: “Bajo las nubes grises reflejadas sobre el titanio hecho escultura espacial, ayer en Bilbao, no me sonaron las canciones del setlist sino todas las demás, no me sonó esa banda que trata de mimarle y quererle sino todo el  resto de sus alianzas y soldados. Diecisiete canciones son una gota de océano, un grano de arena (…) Dylan se ha convertido en verbos: comprender, disfrutar y amar. Suena cursi pero a mí me da igual (…) Ya sólo me importa del rock and roll, la amistad, los abrazos, los mimosin blues, generar familia. No soporto el viento idiota ni a los que dicen que Dylan no sabe cantar. Las arrugas te dan una libertad que no veas pero hacen que según te van saliendo contraste mucho tu vida según con quien te relaciones. (…) Su voz representa la edad, no está maquillada, nunca lo estuvo, siempre fue anciana, anciana más potente, más aguda o más grave, anciana con más registros pero siempre anciana. Anciana es su esencia porque los hard times (“tiempos difíciles”) vuelven y las penas se cantan desde tiempos inmemoriales (…) Dylan canta a la vida y ésta es lo que quiera el corazón que sea, el arte de cambiar mediante la emoción, independientemente de cuál sea el sentido de la misma (…) Y termina: La Ría se inundó, otra vez. High Water everywhere!

11 julio 2015: espectacular escenario, el Donostia Arena

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         En el verano del 2015, el músico de Minnesota realizó una gira por Europa presentando Shadows in the night, el álbum al estilo Sinatra que había publicado unos meses antes. Su periplo europeo le llevó por Alemania,, Eslovenia, Austria, Italia y España, donde triunfó en Barcelona, Zaragoza, Madrid, Granada y Córdoba, en el Festival de la Guitarra. De ahí, a Donostia, el 11 de julio, en el Donostia Arena, con un invitado de lujo: el músico argentino Andrés Calamaro, que ya abrió conciertos de Bob en 1999. Esta vez Dylan repite compañero.

         Para aquella fecha, el Escenario Verde Heineken, escenario Indie, sin limitaciones de aforo (toda la Playa de Zurriola) ni de estilos, había conseguido ya registros históricos: Bob Dylan (83.000 personas en 2006), Jamie Cullum (50.000 en 2013), B.B. King (41.000 en 2011), Patti Smith (20.000 en 2010) y Bobby McFerrin con el Orfeón Donostiarra (18.000 en 2008). El atractivo que ejercen los artistas programados, el extraordinario marco natural y la gratuidad de los conciertos convirtieron al Escenario Verde en uno de los festivales europeos y probablemente del mundo más populares, sobre todo entre el público juvenil.

         El gancho que atrajo a tantos miles de espectadores para ver a Dylan en ese año 2015 fue este: “En la historia de la música han quedado ‘Blowing in the wind’, ‘A hard rain’s a gonna fall’, ‘Just like a woman’, ‘Mr. Tambourine man’, ‘ I shall be released’, ‘It’s alright, ma’, ‘Hurricane’, ‘It Ain’t Me Babe’, ‘Don’t think twice, it’s all right’,  ‘Lay, lady, lay’, ‘Knockin’ On Heavens Door’…la lista es interminable. ¿Quién da más?… Y ese “más” se vio reflejado en la histórica afluencia de público en la playa donostiarra. Parémonos a ver una de las fotos del acontecimiento…

En Donostia, conciertos llenos de de público y de felicidad

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Dylan en la playa de la Zurriola, espectacular escenario

         Esta bellísima foto de la espléndida concentración de espectadores en la playa donostiarra de Zurriola para escuchar a Bob Dylan, nos hace recordar lo que el propio cantante expresaba sobre su obra: “Ahora soy bastante feliz” / “¿Por qué?” / “Porque estoy mirando tranquilamente al exterior y veo la noche desenvolverse” / “¿Qué quieres decir con ‘desenvolverse’?” / “Quiero decir algo como que no tiene final y que es tan grande que cada vez que lo veo es como si fuera por vez primera” / “… Pero, ¿qué tiene que ver con las canciones que tú cantas en el escenario?” / “No son más que el desenvolvimiento de mi felicidad”… Si nos fijamos de nuevo en la foto sólo se intuye la felicidad de casi 85.000 personas disfrutando de la belleza de Donostia, del reposo del mar y de las canciones de Dylan. Y si los conciertos organizados por Amnistía Internacional tienen como himno “Chimes of Freedom” (Campanas o repiques de libertad), un tema compuesto por Bob Dylan en el año 1964 “porque el cantante siempre se ocupó de los desamparados de la tierra”, no hay mejor recuerdo para disfrutar ni mejor acicate para este artículo que suponer desde la mirada de la foto esa felicidad compartida. Viendo la imagen uno no puede evitar ese deseo de que sean felices, pese a que “los tiempos sigan cambiando”;  y si es así confiemos, aunque sea mucho confiar, que cambien para bien…

 Bob Dylan, selección de “Palabras”, “Frases” y “Aforismos” de éxito 

                Nuestro ex compañero en distintos medios de información vascos, Vicente Escudero, ha dedicado muchos de sus escritos al cantante norteamericano e incluso varios libros. Uno de ellos es “Las Palabras de Bob Dylan” que más que palabras son frases e ideas destacadas de los muchos años de actividad del personaje. De todas ellas y de algunas más de otros libros, informaciones e incluso películas, hemos seleccionado algunas “palabras” que a nuestro juicio son representativas de la personalidad de Dylan. El mismo, en varias entrevistas llegó a decir: “Todo lo que yo he querido hacer siempre es que las palabras estuviesen bien, y que llegue al público esa música con la que se cantan las palabras, eso es lo importante”.

< Arte.- “Es el perpetuo movimiento de la ilusión. El más alto objetivo del arte es inspirar… ¿Qué más puede hacerse para todos sino inspirarlos? // El arte te tiene que mover. Cuando voy a ver una película espero que me mueva, que me sacuda, porque eso es lo que el arte se supone que es.

< Artista.-  “Un artista nunca debe pensar que ya ha llegado. Siempre tienes que star en estado de transformación”…

< Calidad.- “Sabía perfectamente cuando había creado un tema de calidad. Por ejemplo, “Song To Woody”, de mi primer disco, estaba convencido de que nadie había hecho algo parecido”

< Caminos.- “En los primeros años no me consideraba un compositor pero sí necesitaba decir muchas cosas… Fui al cruce de caminos y las cosas tomaban su curso natural… Tengo una costumbre, cualquier cosa que me vaya bien, no dejarla escapar”…

< Canciones.- “Son justamente pensamientos. Por un momento, paran el tiempo (…) No son más que imágenes de lo que veo, atisbos de cosas la vida, quizá, tal y como se desarrolla a mi alrededor. No se limitan a ser palabras que se oyen, que están desgarradas entre cosas distintas y la guía para el auditorio está en el título de la canción”.

< Folk.- “La música folk me transmitía algo que era lo que sentía sobre la vida, las personas, las instituciones, la ideología… y era como destaparlo todo”

< Ingenio.-  “Recuerda el consejo impartido por el poeta elegíaco griego Teognis: “Muestra un aspecto diferente de ti mismo a cada uno de tus amigos… Sigue el ejemplo del pulpo con sus tentáculos, que adopta la apariencia de la roca a la que se aferra. Asume una forma un día y, al siguiente, cambia de color. El ingenio es más valioso que el rigor”… //

< Inspiración.- “Yo no perseguí conscientemente el mito de Bob Dylan. Me fue entregado por Dios. Lo que uno busca es inspiración. Sólo hay que ser receptivo ante ella” (Bob Dylan en una entrevista a la revista “People” en 1975)

< Palabras.- “Las palabras tienen un significado o varios, incluso cambian de significado de unos años a otros y significar otra cosa muy distinta”. // “Lo que ahora (septiembre de 1993) es no utilizar demasiadas palabras. No hay una sola línea por la que se pueda meter un dedo, no existe un solo agujero en ninguna de las estrofas. Cada línea tiene algo” // Algunas personas preguntan que llega primero: las palabras o la música. Yo pienso que es muy raro que no lleguen juntas”

< Pasado, Presente.-  “Yo no miro el pasado, sino sólo el ahora” // “El sueño ha terminado. Hoy día las cosas son deprimentes”…

< Poeta.- “Las primeras chicas con las que salí sacaron el poeta que hay en mí” // “Intento hacer el discurso libre, sea poesía, prosa o simplemente una canción”…

< Política.- “La política es una mierda. Todo es irreal. Lo único real está en tu interior, en tus sentimientos” // “La política es un instrumento del diablo; la política es lo que mata; la política es corrupta” // “Estar al lado de la gente que lucha no significa necesariamente que seas político”…ºº

< Primeros años de cantante.- “Era como una esponja. Como si fuera un expedicionario musical. Podía aprenderme una canción al oírla dos o tres veces. Canciones que me sonaban como si lo que decían me estuviera ocurriendo a  mí. Me sentía como si no tuviera pasado y no podía identificarme con nada que no fuera lo que estaba haciendo en cada momento”…

< Rimbaud.-. En 1963, Bob Dylan reconocía la influencia de Arthur Rimbaud , poeta francés: 1854-1891 que abandonó la literatura a los  diecinueve años para emprender un viaje que lo llevaría por Europa y África. Para él, el poeta debía hacerse vidente por medio de un largo e inmenso desarreglo de todos los sentidos. “Rimbaud es el rollo, el tipo de cosas que significan algo. Es el tipo de cosas que yo voy a hacer”… Y en 1978, decía: “Todavía no he escrito nada que me haga dejar de escribir. No he llegado al lugar al que llegó Rimbaud cuando decide dejar de escribir y se fue a vender armas a África”

                        Aforismos de éxito, según Paul Willians

         Paul Williams, en su hermoso libro “Bob Dylan, años de juventud”, escribe: “Lo que Bob ha hecho es asombroso y de difícil consideración por la cantidad de obras que ha producido, aparte de la calidad consecuentemente alta. El único punto de referencia que tengo es Picasso, otro artista increíblemente prodigioso. Dudo que haya seres vivos que hayan visto toda o ni siquiera la mayoría de la obra significativa de Picasso… De la misma manera, cuanto más se conoce a Dylan mas se le aprecia, incluso se le adora”. Y entre las numerosas citas y variados análisis que hace sobre el artista, dedica un capítulo a los aforismos. Sus palabras exactas son estas: “Dylan, como Benjamín Franklin (1706-1709, considerado como uno de los fundadores de EEUU), puede relacionar entre sus máximos logros la autoría de una buena cantidad de aforismos de éxito” y recoge los del álbum “Bringing It All Back Home”, que “tuvo un efecto sustancial en el lenguaje de una generación”.

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Bob Dylan deslumbró en uno de los conciertos de Bilbao

         Mas aforismos: “El dinero no habla, suelta tacos” // “No sigas a los líderes” // “Aquel que no se ocupa de nacer cada día, se ocupa de morir” // “El artista nunca echa la vista atrás” // “No me preguntes nada de nada porque yo podría decirte la verdad” // “Trato por todos los medios de ser como soy, pero todo el mundo quiere que tú seas como ellos”

Leonard Cohen: en Bob Dylan está la historia de la música

         Terminamos como empezamos, recordando a Leonard Cohen, que en una entrevista para la revista “Musician, 1988, decía: “La mayor parte de la crítica musical está en el siglo XIX. Está muy por detrás de, pongamos por caso, la crítica de pintura. Todavía se basa en el arte del siglo XIX: vacas junto a un riachuelo y árboles y “yo sé lo que me gusta”. No se concibe el hecho de que Dylan quizá sea un cantante más sofisticado que Whitney Houston, de que él es seguramente el cantante más sofisticado que hemos tenido en una generación. Nadie identifica a nuestros cantantes populares como a Henri Matisse o Picasso. Dylan es un Picasso, con esa exuberancia, variedad y asimilación de la historia entera de la música.”

 

                                                                                  Francisco Allo

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