Acertar o equivocarnos

M.Urraburu. Preferimos acertar que equivocarnos y, todos también,apostamos por las ganancias y no por las pérdidas. Nuestra cultura, y pienso que muchas otras, están orientadas al éxito. Tomamos nuestras decisiones para mejorar nuestro entorno, nuestras vidas… Pero, la vida es, como una carrera de obstáculos, una sucesión de logros y derrotas. Para los éxitos, siempre estamos preparados, pero no para los fracasos. Nos ilusionamos con distintas iniciativas y, a la primera dificultad abandonamos. Unas malas notas en el colegio, la pérdida de un negocio, una bronca con el jefe – como les gusta a algunos decir “ yo soy, o he sido el jefe de fulano”- o el desengaño afectivo, puede crearnos la perdida de entusiasmo y decepción. Sé que es difícil pero, la clave del triunfo esta en aprender  a fracasar.

El fracaso tiene mucho que ver con la propia naturaleza de la persona. Hay fracasos y fracasos. No es lo mismo la perdida de una relación sentimental que el intento fallido de sacar el carné de conducir. El mal cálculo de nuestras posibilidades, el querer lograr muchas cosas al mismo tiempo, la prisa por resultados inmediatos, puede dar al traste con cualquier negocio o iniciativa. Creo que no es bueno ser pretencioso y si conocer las propias limitaciones.

Muchas personas, con demostrada inteligencia carecen de esta cualidad. Su miedo a fracasar, les condena al fracaso. También he conocido, de  cerca, a quien se presentaba o buscaba el momento para anunciar que él era… un intelectual. Les permito que ustedes mismos  añadan el adjetivo que deseen a este tonto. En ambos casos, sobre todo en el segundo, son personas que hablan mucho y hacen poco, no son de fiar.

No soy docto en nada, pero creo que, sería bueno saber encajar los contratiempos sin hundirse, y de esto sí sé. Se trata de no esperar nada de nadie y, de la vida, no más de lo que te pueda dar. Pero, la vida, puede dar mucho, si somos pacientes y constantes, teniendo en cuenta el riesgo del fracaso.

Cualquier cosa con tal de aprender a levantar la cabeza y pensar que, al día siguiente, el sol vuelve a salir, o quizá la lluvia con tormenta incluida. Pero amanece, seguro.

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