De la extraña super-luna al tentacular teatro de Francisco Nieva

reticulada

 La luna: entre la luz, la verdad y la mentira

            Estudiamos en su día que la Tierra sólo posee un satélite natural, la Luna, que orbita a una distancia promedio de 384.000 kms, por lo que es nuestro objeto astronómico más cercano. La Luna no emite luz propia, sino que refleja la del sol mostrando sus características fases (luna llena, menguante, creciente y nueva) y cada una de ellas durante cada órbita alrededor de la Tierra que dura unos 28 días. El diámetro de la Luna es de 3.476 kms., un tamaño menor con relación al terrestre (12.756 kms.). Todo esto, tan natural, ha estado durante estos últimos días de plena actualidad, ya que ocurrió un fenómeno (la super-luna) que sólo lo habíamos podido observar los que tenemos más de 68 años y entonces no lo observamos porque éramos demasiado pequeños…

La “nimiedad” del ser humano y de la Tierra

image002

Andrómeda, galaxia grande más cercana a nuestra galaxia, la Vía Láctea

         Cada vez que uno se ocupa de mirar hacia el cielo o de tratar de entender lo que hay en las galaxias, para intentar así comprender a qué se debe su existencia de millones de siglos, nos damos cuenta de la nimiedad del cerebro y cuerpo humanos e incluso de la Tierra que habita, porque, la verdad, es que uno no puede entender tanta inmensidad y tanto espacio del que estamos rodeados, aparentemente incontrolado. Pocas cosas conturban o perturban tanto al hombre como ésta de descubrir que el escenario de su vida, donde lucha o goza, llora o ríe, sufre o muere; donde se desarrollan sus ansias, sus afanes y esfuerzos; donde se le plantean cada día problemas que parecen irresolutos e infinitos, todas esas cosas tan naturales, son, en el conjunto de las galaxias y comenzando por el mismo hombre, mucho menos que una gota de agua en el océano.

         Saber, en suma, que esta Tierra en que vivimos no es más que un planeta menor, el quinto en tamaño de los nueve que giran alrededor del sol, y que el sol que nos alumbra no es más que una estrella mediana (Betelgeuse / Orionis, por ejemplo, tiene un diámetro 250 veces mayor) que se encuentra perdida en un enjambre de cien mil millones de soles, agrupados en esa inmensa rueda de fuegos artificiales de nuestra nebulosa, esa Vía Láctea que comenzó a formarse hace aproximadamente doce billones de años y cuyo diámetro mayor es de 130.000 años-luz, todo eso se nos pierde en nuestra limitada mente de adanes y evas.

image004

         Y saber que, fuera de nuestra galaxia, a distancias enormes entre sí, hay otras galaxias, verdaderos universos-islas, en número superior a los mil millones, que se extienden en el espacio hasta una profundidad que sobrepasa los 8.000 millones de años-luz, y cada año-luz es la distancia que recorre la luz en un año, cuya velocidad es: 299 792 458 metros por segundo. Y saber, por último, que estos no son todavía los límites del Universo: son, tan sólo, los límites a los que llega la percepción de los medios físicos y científicos de los que dispone el hombre hasta el día de hoy…

La luna y los sentimientos y emociones humanas

         Por todo ello, lo mejor es conformarse con lo que uno tiene y con lo que abarca su vista y su mente, y por eso la luna y el sol y las estrellas forman parte de nuestras vidas y sueños diarios, y a ellos debemos mucho de cuanto nos ocurre o de cuanto imaginamos que nos podría ocurrir. Y por eso, este periodista disfrutó estas noches pasadas buscando ese resplandor ‘único’ de la super-luna al anochecer y al amanecer, como supongo lo hicieron millones de personas en todo el mundo mundial, como dicen los niños de ahora.

         La luna ha sido siempre un ente ligado a los sentimientos de la humanidad. Desde los albores de la inteligencia (incluso antes, cuando todavía el homínido no se había erguido o era un ser distinto) el astro de la noche ha llenado el espíritu y la imaginación humanas de un conjunto de múltiples vivencias. Divinidad de los pueblos primitivos, con culto y veneración en las noches plateadas del mundo antiguo: desde los ásperos montes de las tribus de Iberia o las elevadas crestas de los acantilados y playas cantábricas hasta los templos olímpicos de la culta Grecia y de la Roma pagana. Esa luna-musa que fue más tarde la inspiración de los poetas o la improvisación de los bertsolaris; que fue cantada en nostálgicas baladas, en encendidos poemas o bertsoak, y elegida confidente de los más románticos amores.

El hombre en la Luna, de Francis Godwin

El “Correo Volante”, nieto del “Presidente de Vizcaya”

        Ese ojo de la fantasía, de la imaginación, quedaba reducido por el ojo científico de Galileo. La fría visión de la Ciencia, estudiándola a través del telescopio, nos fue describiendo una luna más real y surgió el concepto de la Luna como astro, como una nueva Tierra en pequeño. Pero aún entonces hacia ella voló la imaginación para visitarla, para descubrirla dándola a conocer en aquellas descripciones también poéticas de Le Bovier de Fontenelle (1657-1757), Cyrano de Bergerac (1619-1655) o del clérigo inglés Francis Godwin (1562-1633), el cual toma por héroe de su narración a un aventurero sevillano, Domingo González, que arriba a la Luna en una nave arrastrada por el vuelo de unos pájaros. Curiosamente, este aventurero, conocido como Correo Volante, era nieto por parte de madre –según escribe el original obispo británico—“del famoso jurisconsulto Otón Pérez de Saavedra, Gobernador de Barcelona y Presidente de Vizcaya”. La novela de Godwin tuvo un enorme éxito de ediciones y traducciones, y fue considerada como el viaje espacial arquetípico durante los siguientes cien años. Incluso autores del siglo XIX como Julio Verne o Edgar Allan Poe lo mencionaban como una de sus principales influencias.

La luna: entre leyendas de dioses y películas de cine

         Desde la tierra, históricamente y con alguna imaginación, siempre se ha observado la luna descubriendo figuras ocultas en la geografía del satélite. Una de las siluetas más reconocibles es la de un conejo con largas orejas. Tan fascinante es la imagen que los mayas crearon una leyenda para explicar lo que entonces era un misterio. La leyenda involucra al dios Quetzalcóatl, el dios de la vida, de la luz, de la sabiduría, de la fertilidad y del conocimiento, patrón del día y de los vientos, el regidor del Oeste, que ante el acto de generosidad de un conejo que se ofreció para alimentarlo en un momento de extrema necesidad, decidió elevarlo hasta la luna en señal de agradecimiento.

image008

Imagen de Le Voyage dans la Lune, film de George Mèliés

         Observadores más agudos – Cleopatra y Abraham Lincoln entre ellos- dejaron escrito que habían visto un rostro humano en la superficie de la Luna. Seguramente fue el mismo que inspiró la famosa secuencia del filme Le Voyage dans la Lune (El viaje a la Luna), del pionero cineasta francés George Mèliés, película estrenada en 1902, con imágenes de las que disfrutamos los amantes del cine. O “La mujer en la luna”, 1929, film del alemán Fritz Lang, ese genial director del que disfrutábamos en aquellos años de cine-fórum.

“Vista” y “visita” para admirar la super-luna de estos pasados días

         Cierto es que durante la famosa “vista” y “visita” de estos pasados días, sobre todo los que fuimos al “puesto de observación” en grupo y con niños, aprovechamos el tiempo con juegos imaginativos para descubrir que veía cada uno de los presentes en la iluminada lunar. Desde luego, la cara con sus ojos y nariz, incluso con orejas, fue lo más frecuente de las “vistas” imaginadas. Otros vieron distintos espacios semejantes a los de la tierra como mares, desiertos y montañas, e incluso árboles. Desde luego no llegamos en ningún caso a quienes lograron ver a Elvis Presley, en plena actuación, un par de manos, mujeres, sapos, incluso a Jesucristo, y a un hombre cargando leña…

         La experiencia fue curiosa y las fotografías abundantes, aunque quienes mejor supieron reproducir la imaginación en imágenes reales fueron aquellos que “encontraron” la luna en su salida nocturna o en su despedida con la salida del sol, en amanecida… Desde luego, nada comparable al hecho de disfrutar de ese momento del comienzo del día cuando la noche aún no se ha despedido, como pudimos comprobarlo en otras ocasiones, y pongo algunos ejemplos ilustrativos: en un crucero por el Báltico; o en un atardecer en la desembocadura del Guadiana o en los campos salmantinos; o un amanecer o atardecer en la ría de Gernika o en San Juan de Gaztelugatxe; en la rioja alavesa o entre Irún y Hendaya…

image015

Llegada del hombre a la luna: ¿el 21 de julio de 1969?

            Volviendo al recuerdo del pasado y siendo fieles a la sección “Encuentros y Re-encuentros”, voy a referirme a aquel 21 de julio de 1969, cuando a las 2,56 (hora internacional UTC), presenciábamos a través de la televisión las primeras pisadas del hombre en la luna; cuando el comandante norteamericano Neil Armstrong era el primer ser humano que ponía sus pies sobre la superficie de nuestro satélite natural, y lo hacía al sur del Mar de la Tranquilidad (Mare Tranquillitatis), seis horas y media después de haber alunizado con el Apolo 11 junto a sus compañeros Aldrin y Collins. Este hito histórico se escenifico como si fuera una película de Hollywood y las primeras palabras de Armstrong (1930-2012) nos impactaron, fueron: “Un pequeño paso para el hombre, un gran paso para la humanidad”.

image017

         Todavía para muchos de aquellos espectadores, incluso ciudadanos norteamericanos, todo fue un fraude orquestado por la NASA. Los rusos suelen dar cierto pábulo a las teorías conspiratorias, apuntándose ellos el hecho de ser los primeros que consiguieron alcanzar la luna.

Hay quienes piensan que todo fue una mentira

         Personalmente, como periodista entonces en “La Gaceta del Norte”, cuando presenciaba junto a otros compañeros de la Redacción los pasos de los astronautas norteamericanos en la luna, se me presentó un hombre de unos cincuenta años que se hizo pasar por ex técnico de la NASA, incluso me mostró el carnet que lo identificaba. Con explicaciones que yo no podía entender por su carácter puramente técnico espacial, me dijo: “todo eso que se está mostrando en la televisión es falso; es un montaje, porque es imposible que en el tiempo y de la forma que dicen se ha llegado y alunizado sea verídico”…

         Naturalmente, el periódico no llegó a atreverse a publicar nada que contradijera lo que prácticamente todo el mundo estaba celebrando. Desde luego, pese a aquel hecho vivido por mí personalmente y a otros que se han mostrado, incluida alguna película, documental y estudio, la pregunta es sencilla: ¿cómo es posible coordinar un fraude de ese calado en el que participaron miles de personas, técnicos, ingenieros, empresas, astronautas y políticos? ¿Cómo va a ser posible engañar a todo el mundo y que ninguno desvelara el supuesto fraude?…

         Curiosamente, los partidarios de esa teoría conspiratoria aportan algunos datos como la posición de la bandera norteamericana que se mantiene en el aire como si estuviera ondeada por el viento, o que se vieron marcas de refrescos en las fotografías, o la pérdida de los datos de telemetría del Apolo 11… Pero más recientemente, subrayan un hecho relacionado con las palabras de Neil Armstrong, que murió (25 de agosto de 2012) manteniendo que la famosa frase la improvisó al pisar la luna, lo que es falso. Y lo es según la transcripción de un documental recientemente difundido por la BBC Two. El hermano más joven de Neil Armstrong, Dean, hablando en una entrevista para el documental “El primer hombre en la Luna”, emitido en enero del 2013, desveló que “Neil compartió las palabras con su hermano poco antes de salir hacia Cabo Cañaveral, y lo hizo unas dos semanas antes de la misión”, dijo el productor Chris Riley a la Agencia Reuters. Por su parte, Andrew Chaikin, autor de “Un hombre en la Luna”, que sirvió de modelo para la miniserie de la HBO producida por Tom Hanks, dijo que se preguntó muchas veces a Armstrong a lo largo de los años por esa cita y siempre respondió que le salió de forma espontánea, y Dean Armstrong sigue manteniendo que Neil le deslizó un trozo de papel con la frase escrita y le preguntó qué pensaba de ella y Dean contestó: “Es fabulosa”…

         De todas maneras, la misión está y sigue estando considerada como uno de los momentos más significativos de la Historia de la Humanidad y de la Tecnología y, dudas aparte, lo único cierto es que los norteamericanos, desde la NASA, consiguieron mostrar a través de las televisiones del mundo el sueño de John Fitzgerald Kennedy, asesinado el 22 de noviembre de 1963, ahora hace 53 años y casi seis años antes de que los astronautas Armstrong  y Aldrin caminaran sobre la luna –según datos oficiales– poco más de dos horas de las 22 que permaneció el módulo lunar Eagle en el satélite.

La “huella” de Aldrin y otros visitantes de la luna

         Durante ese tiempo de dos horas, los dos astronautas (Armstrong y Aldrin; el tercero de la tripulación, Michael Collins, piloto del módulo de mando, se quedó en el interior de la nave), aseguran que plantaron en el suelo lunar una bandera norteamericana, recogieron poco más de 22 kilos de rocas y tuvieron tiempo para hacer experimentos: entre ellos, colocar un láser para medir la distancia exacta de la Luna a la Tierra, un aparato para detectar terremotos en la Luna (o ‘lunamotos’), un detector de polvo lunar y otro de viento solar que se deposita en la Luna. Buzz Aldrin dejó “su” famosa huella, también muy discutida y que de ser cierta permanecerá  intacta durante centurias, debido a que en la Luna no hay lluvia, ni vientos ni acción erosiva, excepto la de los objetos que chocan contra ella. También se puede apreciar, en la famosa imagen de Aldrin, el reflejo del propio Armstrong en el casco de su compañero.

image018

Huella que  el astronauta Buzz Aldrin dejó en la luna

         Después del Apolo 11, hubo cinco misiones más que alcanzaron la Luna, al parecer, con éxito. En el cómputo global, caminaron por allí 12 astronautas. Aparte de Armstrong y Aldrin, los del Apolo 11 que pisaron la Luna (Collins nunca lo hizo), estos son los diez nombres restantes, mucho menos famosos y más desconocidos para el gran público: Pete Conrad y Al Bean, del Apolo 12; Alan Sheppard y Ed Mitchell, del Apolo 14; Dave Scott y Al Worden, del Apolo 15; John Young y Charlie Duke, del Apolo 16; y por último Gene Cernan y Jack Schmitt, del Apolo 17, en 1972. Nadie ha tenido el privilegio de caminar por la Luna dos veces. Y nadie más ha vuelto a poner el pie en nuestro satélite desde que se dio por finiquitado el programa Apolo.

¡Gran paso… para el turismo!: viajes y viviendas en la luna

         Lo cierto es que hoy en día todavía no hemos logrado eso que desde hace muchos años, antes de finalizar el siglo pasado, se preveía como viajes espaciales todos los días, incluso viviendas en la luna. Sólo falta transformar aquella frase histórica de Armstrong por esta otra: “Un pequeño paso para el hombre y un gran paso para el… turismo”. Se asegura que algo así podríamos escuchar dentro de unos años cuando el turismo espacial comience a ser una realidad más o menos cotidiana para los viajeros más pudientes. Y aunque nos parezca que viajar al espacio es algo de ciencia ficción o que aún quedan muchos años para que llegue, los expertos calculan que en cinco años estará de moda experimentar la gravedad cero y tomar fotografías de la curvatura de la Tierra a bordo de vuelos espaciales como SpaceX o Virgin Galactic.

         Además, existirá una estación espacial de explotación turística propiedad de Bigelow Aerospace, y que en 6 o 7 años se inaugurará el primer hotel espacial, con capacidad para 40 personas. Que en 10 años se volverá a viajar a la Luna. Y que en 15 años se supone que habrá un hotel en la Luna. Y que para entonces estarán de moda como deporte de aventura los saltos estratosféricos como el que hizo el paracaidista austriaco Felix Baumgartner, y la compañía Planetary Resources buscará agua y minerales en alguno de los 1.500 asteroides que circulan cercanos a la tierra.

         A mí, personalmente, 15 años me parecen muchos para poder pasar la noche en un hotel en la luna, aunque de todas formas es algo que no me quita el sueño, entre otras cosas porque serán viajes de precios inalcanzables y nosotros seguiremos disfrutando, si Dios lo quiere, de la visión de la luna desde nuestras propias vivencias, amores y hogares.


 

Francisco Nieva: la ficción, la verdad y la ‘posverdad

            “Mi patria es mi infancia”, decía Baudelaire, lo que también subrayaba Antoine de Saint-Exupery, el autor de El Principito: “la infancia es la patria de todos”. Este axioma es reiterado por otros escritores como Rilke: “la verdadera patria del hombre es su infancia”; o como Miguel Delibes: “la infancia es la patria común de todos los mortales, de ahí que el lector se identifique de inmediato con un personaje infantil sea de donde sea”; o como Francisco Nieva: “desde niño fui un mal estudiante que se entusiasmó por el teatro de la vida, esa fue mi patria: la infancia; luego, la inseguridad de la adolescencia me condujo al arte; y con los años sigo echando de menos aquellos años de mi juventud indecisa”…

La locura tentacular y transgresora del teatro

image019

         Francisco Nieva (Ciudad Real, 29 diciembre 1924 / Madrid, 10 noviembre 2016), personaje tentacular, iconoclasta, irredento, bohemio, transgresor, dramaturgo, director teatral, escenógrafo, director de escena (ópera, zarzuela y ballet), narrador, ensayista, articulista y dibujante, fallecía hace unos días en un descanso de su vida constante: el hecho de escribir o dibujar. A ese fenómeno de la literatura se le ha definido como “el torbellino que aportó al teatro español el postmodernismo de la innovación, el surrealismo de la provocación en sus variantes más extremas: espectáculo, ingenio, parodia, sexo, esperpento, religión y hasta  la cultura popular”. Los críticos mostraron el teatro de Nieva  como “vida alucinada, jubiloso furor sin tregua”, que nace con voluntad transgresora y alegórica, y se caracteriza por un lenguaje muy rico, repleto de imágenes sorprendentes, combinando con gran brillantez las improntas del barroco, el romanticismo y la vanguardia, tamizadas por un humor grotesco y esperpéntico…

         Francisco Nieva estaba en posesión de numerosos galardones, entre ellos el Nacional de Teatro (1979); el Príncipe de Asturias de las Letras (1992), o el Premio Nacional de Literatura Dramática y, más recientemente, el Valle-Inclán. El dramaturgo era autor de una treintena de piezas teatrales, además de novelas y ensayos. Entre su narrativa se destaca: El viaje a Pantaélica (1994), Granada de las mil noches (1994), La llama vestida de negro (1995), Oceánida (1996) y Carne de murciélago (1998).

         Por Francisco Nieva yo sentía, como modesto escritor de teatro, una admiración muy especial desde hace muchos años, desde que –como agradecía Albert Camus en la recepción del Nobel de Literatura en 1957—tuve la gran suerte de contar con “un maestro que con sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso” supo descubrir ‘mi verdad’, el gusto por la literatura, la lectura y la escritura y, sobre todo, el teatro, que ese maestro representaba con su lectura interpretada y comentada. En el caso de Camus, aquel maestro se llamaba Germain; en el mío, se llama Santiago, Santiago Coca, hoy en día el intelectual más aclamado del deporte en toda Europa y personaje que se disputan los clubes para inyectar psicología, sociología y sabiduría en las sociedades deportivas.

“Lectura, escritura, teatro, juego y  experiencias desde niño”

         Tanto fue mi despertar hacia el teatro que enseguida comprendí aquella bellísima comparación de Antonio Gala relacionada con el juego: “Cualquier juego es una prueba de nuestra libertad. El juego del teatro, sólo en castellano –tan recio— se llama representar o interpretar; en francés y en inglés se emplea un mismo término: jugar, jouer, top lay. Un actor es quien puede emocionar a los espectadores… Un juego, sí, porque lo mejor del hombre es el niño que aún conserva dentro, y, de niño se aprecia esa pasión, esa ceguera y ese sudor que exige el milagro de poner el teatro en la vida y la vida en el teatro; de convertir la risa en verdad, y la lágrima en acicate”. Yo comencé a escribir algunas obras, una de ellas, “Castillo de arena”, finalista del Premio de Teatro Ciudad de San Sebastián hace muchos años, a participar como actor en obras de grupos universitarios, a admirar a grupos como el Akelarre de Bilbao, o a numerosos dramaturgos, entre los que estaban Buero Vallejo (al que le hice varias entrevistas) y Francisco Nieva.

         Nunca olvidaré que éste manchego cervantino declaraba con insistencia que estaba convencido de que la vocación, sobre todo la de escritor, tanto de información de la realidad como de la ficción, “se descubre pronto y temporalmente”. Sus escritos, que son muchos y de distintos géneros y temas –sus obras completas tienen más de cuatro mil páginas—están modelados “por las lecturas y experiencias de niño”…

         Su primera comedia la escribió a los 15 años imitando “El sí de las niñas”, de Leandro Fernández de Moratín, y poco más tarde compondría una nueva pieza teatral basada en los artículos de costumbres de Mariano José de Larra, y a continuación partiría de textos de Arniches y Galdós. Y, en sus últimos años, Nieva definía su estilo como salido del dadaísmo, del surrealismo romántico o romanticismo surrealista, mezcla de épocas y estilos con múltiples tramas y disparatadas situaciones y realidades, todos esos “ismos” a los que añadía en ocasiones la lógica ilógica del absurdo.

Yo soy el otro; el Yo es otro”… la verdad y la posverdad

El año pasado, Nieva estrenaba: “Salvator Rosa o El artista”, escrita en 1983

        De una forma o de otra, lo mismo que hizo Buero Vallejo (del que por cierto hemos celebrado recientemente el centenario de su nacimiento) buscó la verdad a costa de todo, entendió que la vida es una obra de teatro con risas y lágrimas, y lo hizo por los entresijos oscuros del mundo y de las personas que lo dirigen, lo viven y lo padecen. Ramón Gómez de la Serna lo adelantó: “”ya nada es lo que es por definición, / porque en el cielo aquél que todos vemos, / ni es cielo ni es azul: lástima grande / que no sea verdad tanta belleza”. Todo se transmutaba y se transmuta, y en el teatro universal era válido (y sigue siéndolo) aquél dicho de Rimbaud al que nos referimos el número anterior de Kazetariak al escribir de Bob Dylan y sus canciones: “yo soy el Otro”; “el Yo es otro”.  Y como lo han hecho otros dramaturgos desde aquellos años sesenta del “mayo francés” y décadas posteriores, el intento de revolución de las aulas y los talleres, Francisco Nieva siempre ha estado en el lugar del que sufre.

         Por eso, en una reciente entrevista atacaba al poder político, al que calificaba de ambicioso, que se aprovecha exclusivamente del dinero: “te metes a político y ya te dicen: ¡aprovéchate!”. Es lo contrario de lo que señalaba como lección otro manchego, don Miguel de Cervantes, que lo hizo con quinientos años de antelación, a través del gobierno de Sancho Panza en la Ínsula Barataria, cuando escribe: “Desnudo nací, desnudo me hallo, ni pierdo ni gano; quiere decir que sin blanca entré en este gobierno y sin ella salgo”… Pero hoy no es así, el poder es un abuso. Lo que vivimos es un abuso. Y por eso –continua Francisco Nieva– siempre me sentí estimulado a representar una obra, Salvator Rosa o El artista, que escribí en 1983 y que estrené el 27 de febrero de 2015 en el teatro María Guerrero y en la que he participado activamente”. En esa obra, como en otras muchas de Nieva, la acción la acompaña a través de unos personajes de siglos pasados pero que reflexionan como actores de nuestro complejo presente.

         En esa búsqueda de la verdad estaba ya de alguna manera ese neologismo que se utiliza como palabra del año, la “posverdad” (post-truth, según el Diccionario Oxford), definido como “un híbrido cuyo significado denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”. La definición es una manera de describir “el contratiempo y hasta la conmoción que han supuesto el Brexit o la victoria de Donald Trump”, así como otros fenómenos que están en la boca de todos o asomando por el exterior. Dos posverdades en la medida en que una y otra noticia han sobrepasado cualquier expectativa ortodoxa o racional, reflejando por añadidura la miopía de la clase política en sus iniciativas plebiscitarias” o el escaso predicamento de los estudios y encuestas sociológicas así como en nuestros convencionales medios informativos en su esfuerzo de sensatez editorial…

“Un deslumbrante carnaval de la palabra”

         Toda la obra de Francisco Nieva, para lo que uno necesita meses de lectura, constituye un material formidable –escribe Víctor García de la Concha, antiguo Presidente de la Academia de la Lengua, de la que Nieva era miembro activo– “para arder en la imaginación y alumbrar un mundo nuevo, un deslumbrante carnaval de la palabra”. Y continúa: “Soy lo que quiero ser”, proclama Nieva por boca de uno de sus personajes, con palabras que son un eco de las de don Quijote a su vecino, el labrador Pedro Alonso: “Yo sé quien soy (…) y sé que puedo ser todos los Doce Pares de Francia y aún todos los Nueve de la Fama”…

Lecciones de “El Quijote”: con su vecino Pedro Alonso y con Sancho Panza

         Francisco Nieva explora la variedad de personajes de la comedia humana y los despoja de su máscara convencional para mostrar al descubierto una formidable galería de retratos expresionistas (…) “Es el gran festín de la teatralidad de la palabra; Aristófanes y Valle Inclán paseándose por la escena, y el lenguaje dominándolo todo hasta convertirse en el protagonista real de la obra. Ahí radica la genialidad y la magia de Nieva. A contrapunto de esa danza carnavalesca, con la risa como bordón, va transparentándose la sombra de lo que llamamos realidad. El mago genial nos invita a escaparnos de ella y a viajar por el reino manchego de su obra literaria, el de la palabra maravillosa”. En fin, palabras que nos ha ayudado a redescubrir para la literatura dramática de este país, la escena como un espacio de liberad. La que él adjudica a la palabra, a la que le pone alas, para que no se nos olvide volar…

         Francisco Nieva estuvo en varias ocasiones en Euskadi. Tuve la suerte de coincidir con él y aprender de su arte escénico. En las entrevistas se mostraba claro y contundente: “la imaginación es un estimulante de la mentira; las artes son una bella mentira; pero siempre se acaba confesando la verdad aunque no se quiera”… Y volviendo al “juego” de la niñez, afirmaba: “Hacer teatro sobre teatro me ha tentado siempre como un juego exquisito; me tentó abordarlo desde el principio de un modo, el mío, porque no tengo otro”…

“Me quedo perplejo ante el edifico del Guggenheim Bilbao”

         Del Francisco Nieva articulista voy a seleccionar tres ideas que nos implican de alguna manera: el Guggenheim Bilbao, el famoseo y la superchería actual. La primera, por cercanía, por fecha y por importancia, va dedicada a “nuestro” Guggenheim (“ABC”, 28-IX-1997), publicada unos días antes de la  inauguración oficial del museo (18 de octubre de 1997) y lo hace después de una durísima crítica a los museos ‘gobernados’ por los políticos. Escribe: “Me quedo un poco perplejo cuando veo el insólito y bello edificio del Museo Guggenheim de Bilbao (…) El edificio se contorsiona brillantemente, para demostrar que es un museo vivo, aunque es un cumplido “monumento al siglo pasado” (…) Y termina: “Los Estados, cuando levantan un museo, es siempre desgraciadamente un museo para conservar algo muerto. La sorprendente arquitectura del museo Guggenheim de Bilbao define y supera de tal modo su conformista contenido, que muchos se enterarán mejor de lo que ha sido un arte de época –que fue la nuestra—sino lo visitan por dentro”.

image038

         Otra idea reflejada en sus artículos es sobre algo que nos preocupa desde hace unos años, el hecho de ser famoso y que enloquece a los más jóvenes, como ha ocurrido desde hace un mes con esas chicas (y también chicos; uno recibió un puñetazo del famoso) que se han plantado desde hace un mes esperando al ídolo Justin Bieber que cantó en Madrid el pasado miércoles. Nieva, en el 2011, escribía: “Dada mi profesión, me ocurre muy a menudo encontrarme en una reunión en la que todos aspiran a hacerse famosos. Pronto echo de menos a gente más normal, inteligente y conforme con su vida. Pero, a la vez, existe una especie de aristocracia en individuos superdotados, de gran talento y personalidad, a los que ser famosos les importa un bledo, lo desdeñan, lo aborrecen, les parece una vulgaridad; les obliga a ser diferentes, a  salir de sus casillas y ser «artificiales». Les importa mucho no serlo y que así lo entiendan los demás. Y llegan a ser famosos contra su voluntad. Estos son para mí los interesantes, los admirables, con los que quisiera tratar”…

Francisco Nieva recibió numerosos premios, entre ellos el Valle-Inclán

         Y hay otro artículo, el último, publicado al día siguiente de la muerte de Francisco Nieva en “La Razón”, donde últimamente escribía. En él, comentaba: “Observo con estupor cómo se extiende por doquier esta peligrosa cultura de la superchería. Y no sólo en internet o las televisiones, también en las librerías y otros templos del saber, donde abundan libros de autoayuda y pseudo-ciencias varias, con sus frases milagrosas, capaces de sanar cualquier mal del cuerpo o del espíritu. Todo es poco para prevenir contra tanto zahorí y curandero como pulula por el mundo, engañando a tanto inocente desesperado, en busca de un remedio imposible”…

         Francisco Nieva nunca trató de mostrarse como curandero, con el teatro y a través todas sus obras y escritos continuó el precioso “juego” de la libertad, de la risa y la lágrima de la vida, que comenzó desde niño. Francisco Nieva nos invitó en sus obras a escaparnos de la realidad y a viajar por el reino de la palabra y el sueño de la imaginación tan deslumbrante como la luna de estos días de atrás…

                                               Francisco Allo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s