Charles Fiesel, peregrino del Camino Ignaciano: «Hay experiencias que solo se pueden vivir en este Camino, es una ruta espectacular»

El neoyorquino Charles Fiesel narra su experiencia en la ruta que une Loiola y Manresa

A1-54580521.jpgEl neoyorquino Charles Fiesel en uno de los puntos entre Azpeitia y Manresa. / CF

Alex Silva. El Camino Ignacio va ganando adeptos de año en año. Poco a poco la travesía que parte desde Loiola y finaliza en Manresa congrega a más peregrinos que quieren rememorar los pasos que siguió San Ignacio de Loyola en su peregrinación a Cataluña, en 1522, siendo caballero. El neoyorquino Charles Fiesel es uno de ellos. Consultor digital de profesión, viajó desde América a Azpeitia con el objetivo de realizar el Camino, una experiencia que le ha marcado tanto que ya está realizando dos proyectos personales que tienen mucho que ver con el mismo: una web, todavía en desarrollo, (www.CaminoWithIgnatius.com) y un libro: ‘Camino with Iñigo’. Este último quiere mostrar las reflexiones y los ejercicios del fundador de la Compañía de Jesús a través los ojos de un peregrino moderno y sus nuevas herramientas, como por ejemplo Instagram. DV ha hablado con él sobre el Camino, así como el tiempo que le dedica al desarrollo de la nueva web, la escritura del libro y la dirección de su empresa en el sector de la innovación.

-¿Cómo decide viajar a Euskadi para realizar el Camino Ignaciano?

-Gracias al Camino de Santiago. Al paso por Navarrete en 2015 conseguí también información de este camino que poco a poco está tomando fuerza. Mi entusiasmo me empujó a cambiar el recorrido y dirigirme al Norte, hacia Loiola; pero necesité un nuevo equipo: brújula, más equipación de montaña… Por lo tanto, me tomé mi tiempo para prepáramelo. Para mí ha sido importante. Estudié en 2009 en una universidad jesuita de NY y me recuperé de una grave infección acompañado por los ejercicios de San Ignacio. Me llamaba mucho el poder conocer más de su vida. Ver como aquel joven vasco rico y arrogante cambió su vida para ayudar a los demás. He tardado 33 días caminando y 7 días de descanso. Una experiencia espectacular por un camino que no está masificado y te da muchas horas caminando solo abandonado a tu pensamiento.

-¿Cómo ha sido la experiencia?

-Muy especial. Todavía es una ruta desconocida. En muchos pueblos, los vecinos ni siquiera saben que su pueblo es parte de ese Camino. Es un poco desconcertante. No me he encontrado a ningún otro peregrino caminante, solo cinco en bici. Es raro que el Camino se realice entero. Dos mujeres irlandesas me dijeron que iban a realizarlo, pero saltándose el desierto de los Monegros. Pero ves paisajes muy diferentes: montañas, desiertos, ríos, ciudades, pueblos… Una experiencia como la que se podría vivir hace 50 años en el Camino de Santiago, con senderos mal señalizados, lugares tomados por la naturaleza que te imposibilitan el paso y hasta encuentros con animales, en mi caso con una víbora. ¡Pasé bastante miedo! Por otro lado, la gente es muy amable en este Camino. La falta de servicios es grande y en Genevilla, por ejemplo, me dieron de cenar en una casa particular, ¡no hay restaurantes!

-¿Como para repetir?

-Claro. Yo quiero volver a hacerlo a principios de primavera u otoño, porque en verano el calor aprieta mucho en el desierto. Animaría a todo el mundo a hacerlo, pero tienen que tener claro que también existe una lucha contra los elementos. En Arantzazu tuve que esperar dos días por la espesa niebla. Hay que prever las provisiones de comida y agua, los lugares para parar… un vasco en el Camino me dijo que «la sabiduría está en saber cuándo parar». Es un Camino que te exije adaptarte cada día y cambiar tu planificación. Aconsejo preguntar mucho y acercarse a las oficinas de turismo y los bares del camino, mezclarse con los locales, eso enriquece tu experiencia. Algunas personas que me encontré en mi ruta me han acompañado todo el viaje, como es el caso de Oihana, de la oficina de Loiola, que me ha servido de mucha ayuda en todo momento.

-Por lo tanto, un recorrido difícil de seguir.

-Algo sí. Todavía no hay una imagen unificada ni una señalización adecuada. Lo más correcto lo han realizado en Cataluña. La parte navarro-aragonesa está bastante mal señalizada y eso dificulta la labor. Yo propongo una imagen unificada de una calabaza de agua amarilla para el Camino, igual que la concha en el Camino de Santiago. Este elemento está relacionado con el Camino Ignaciano y puede ser un buen recurso.

-Anécdotas no le faltarán.

-¡Claro que no! En Tudela me confundí al entrar en el museo de la catedral, y acabe´en el interior del convento de clausura. Las monjas me trataron muy bien, me dieron té y pastas además de unas escrituras para reflexionar. Y en Castelloi, uno de los pueblos más pequeños del camino, me perdí. Acabé tomando café en la oficina del alcalde, junto a las señales del Camino todavía sin colocar. Me han invitado a volver cuando publique mi libro. Para un newyorker como yo es difícil sentirse como en casa a tantos kilómetros, y aquí lo han conseguido. No he tenido problemas en donde alojarme, los pueblos pequeños han acondicionado pequeños hoteles o casas de estación para los peregrinos.

-¿Anima a la gente a realizarlo?

-Sí, pero estando seguros de lo que van a hacer. Es un Camino duro pero muy enriquecedor. Yo he hecho el Camino de Santiago, y hay experiencias que solo se pueden vivir en el Ignaciano. Todavía es una ruta salvaje y eso lo hace especial, espectacular.

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