Sorpresa de Miguel Zugaza; ilustres de Bilbao: Sara Estévez y José Ángel Iribar; y medalla de oro de Navarra para Pedro Miguel Etxenike

 

Con el final de año llegan los premios y las sorpresas. Comencemos por estas. La mayor de todas ha sido la renuncia de Miguel Zugaza a la dirección del Museo del Prado de Madrid después de quince años de éxitos en todos los sentidos. En cuanto a los premios, voy a destacar en primer lugar los más cercanos, los del Ayuntamiento de Bilbao, los nombrados “ilustres de Bilbao”, galardón instituido con el comienzo del siglo XXI y que se concede a “aquellas personas o entidades que por su trayectoria contribuyen a difundir y extender el buen nombre de la capital vizcaína”. Como señaló el alcalde de Bilbao, Juan María Aburto, se trata de «un reconocimiento a una trayectoria, un espejo en el que mirarnos»…

Dos ilustres por y para el Athletic de Bilbao

Este año, la lista de ilustres comienza con la seguridad del ex portero del Athletic, José Ángel Iribar; y sigue con alguien que cantó las paradas de ese ilustre “txopo” y los éxitos de su equipo, el Athletic, nuestra compañera periodista radiofónica Sara Estévez.

No es de extrañar que el Ayuntamiento de Bilbao tenga siempre en cuenta al Athletic porque Bilbao es más Bilbao, incluso es Bilbao, con el Athletic. Y seguramente no podría entenderse el Bilbao de los últimos 118 años sin su Athletic, y siendo una sociedad deportiva también es un principio y una idea, una realidad y un sueño productivo y sentimental. Es una comunidad grande (la sociedad de Bizkaia con mayor número de socios) dentro de una comunidad mayor. Es lógico, por tanto, que tenga vida y viva como algo tan espectacular como íntimo, tan de uno mismo como de todos, con hechos e historias, realidades y quimeras, triunfos y fracasos, decepciones y sueños, sobre todo sueños. Su insólito empeño -el de sus directivos y el de su masa social- de mantenerse fiel a sí mismo, a valerse solamente de jugadores de la tierra vasca, le da una característica especial y única, aunque el margen de maniobra que queda sea pequeño en el amplísimo mundo futbolístico, pero por eso mismo es mucho más valioso, un permanente reto…

Otros ilustres de la cultura, la empresa y la solidaridad

Los ilustres de este 2016 van del estadio (“catedral” deportiva) y el micrófono a la cultura más académica y euskalduna, Xabier Kintana; y de ese pensar y crear sabe aprovecharse bien el empresario, y en este año el ilustre elegido es José Antonio Garrido; y como las personas más heroicas y por tanto ilustres son aquellas que se dedican por entero a los demás, se ha nombrado también y merecidamente ilustre a Begoña Rueda, una de las creadoras de la Asociación de Esclerosis Múltiple de Bizkaia.

El alcalde subrayó la trayectoria y la personalidad de cada uno de los premiados. De Iribar dijo que “es un hombre que ha unido su trayectoria vital y profesional a Bilbao, y que todavía hoy día lleva el nombre de Bilbao y del Athletic por todos los sitios”. De José Antonio Garrido, el alcalde ha señalado que “lo ha sido todo en el ámbito empresarial y es una referencia en el mundo de la Red de Ciencia y Tecnología, un hombre que trabaja la ambición de Bilbao”. A Xabier Kintana le presentó como “euskaltzale, un euskaldunberri miembro de Euskaltzaindia, un bilbaíno de la calle del Cristo, que merece nuestro reconocimiento”, al igual que Sarita Estévez, de la que dijo: “una periodista en un mundo que entonces estaba vetado a las mujeres, el del periodismo deportivo; una luchadora que hizo de su vida una referencia para el deporte, con su propia y documentada opinión a la que se le ponía voz de hombre obligados por las imposiciones de aquel entonces”. De Begoña Rueda, el alcalde recordó que puso en marcha ADEMBI, y ha asegurado que ha sido “una luchadora entregada a las personas que sufren esclerosis: ha trabajado lo indecible para la atención a las personas que sufren esa enfermedad que provoca discapacidad, y es un referente en el movimiento social de Bizkaia”

Y ha habido en estos días pasados otros dos premiados que quiero destacar aquí, los dos son de fuera de Euskadi, uno, sin embargo, ha trabajado con gran éxito durante años como consejero del Gobierno Vasco en algo tan importante como es la Educación, el físico Pedro Miguel Etxenike, medalla de oro de Navarra, máximo galardón de la Comunidad foral; y el otro, un barcelonés, Eduardo Mendoza, un gran tipo y un extraordinario escritor, Premio Cervantes 2016, del que escribiremos en próximo número de Kazetariak porque merece la pena. Vamos a detenernos en algunos de ellos, comenzando por la sorpresa: el durangués Miguel Zugaza Miranda.

ZUGAZA, 15 AÑOS EN EL PRADO, VUELVE A BIZKAIA

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Hace unos días, cuando noviembre daba sus últimos latidos, saltaba la noticia en todos los medios culturales e informativos: Miguel Zugaza, calificado como uno de los gestores más longevos, diplomáticos, eficaces y de mayores éxitos de la historia reciente de la cultura española, daba a conocer que abandona la dirección del Museo del Prado. El durangués Miguel Zugaza, con poco más de 50 años, llevaba casi quince al frente de la institución cultural de mayor proyección internacional de España en el mundo, una dirección en la que la mayoría de sus antecesores no consiguieron afianzarse y en la que aquel nombramiento de quien dirigía entonces (de 1996 al 2002) el Museo de Bellas Artes de Bilbao causó tanta incredulidad como sorpresa. Recuerdo que aquella ocasión las “quinielas culturales” barajaban como mucho el año en el cargo.

Después de estos 15 años de grandes iniciativas, exposiciones y logros en Madrid, Miguel Zugaza regresa al Museo de Bellas Artes de Bilbao y a residir en Durango, donde siempre lo hizo su familia; un pueblo tan atractivo que a él vuelven, si es que alguna vez se van, los durangueses, y donde han nacido granes personajes dedicados a la educación, a la cultura, a la industria y al periodismo. Miguel regresa al Museo de Bellas Artes para sustituir al actual director, Javier Viar, al que sólo la jubilación le aparta de su completa y comunicativa actividad.

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Leopoldo Zugaza puso en marcha la Feria de Durango y un museo en Zarutz

Zugaza: Un apellido ilustre y muy durangués

Entre los muchos elogios de los medios informativos que Miguel Zugaza (por cierto, apellido ilustre por lo que su familia ha representado en los últimos sesenta años en la cultura vasca) he recogido este de Borja Hermoso en “El País”: Miguel Zugaza es, ante todo, el culpable de la modernización del Museo del Prado, el viejo museo de colecciones reales, que se apresta a celebrar su 200 aniversario. Para ello, este vizcaíno de maneras distinguidas, gran negociador y excelente conversador, magníficamente informado siempre de (toda) la actualidad, florentino cuando es necesario y maquiavélico si se lo propone, ha tenido que moverse con igual destreza (y lo ha logrado con creces) en las turbias aguas de las luchas políticas. Ha sido director del Prado con Aznar, con Rodríguez Zapatero y con Rajoy, consiguiendo que entre el PP y el PSOE se estableciera una especie de pacto tácito en cuanto a la inviolabilidad del Prado y la no conveniencia de convertirlo en instrumento político. El ha sido el artífice de que El Prado atrajera a sus salas a millones de personas convirtiéndose en un auténtico fenómeno de masas”…

Durante todos estos días se han publicado en todos los medios entrevista con Miguel Zugaza y vamos a remitirnos a una charla de cuando fue nombrado director del Museo de Bellas Artes de Bilbao, creo que en 1998 y se titulaba:  “Lo tiene todo para triunfar: carrera específica (licenciado en Historia del Arte); formación cultural y artística pura, viva y natural”. Desde niño, con sus padres y familia; tuvo lección y colocación desde abajo (desde la empresa cultural y los sótanos de los museos y de los estudios de los creadores); tradicional constancia en el trabajo y en el riesgo; una presencia “guapa y elegante”; y un carácter “sereno y bonachón, que rezuma sosiego y tranquilidad”. Si a eso le añadimos su buena relación con artistas, instituciones y medios informativos, y su conocimiento de la pirámide de la gestión desde la base y la curiosidad, así como la experiencia de estar donde se debe estar (lo más arriba y los más abajo), heredada principalmente de su padre, podemos entender la carrera ascendente y para muchos insospechada que ha emprendido y consolidado este durangués de 34 años.

Seguimos con aquella entrevista en la que se dice: Miguel Zugaza, elegido director del Museo de Bellas Artes de Bilbao por razones puramente profesionales, es un tipo que cae bien y hace las cosas mejor y ha aparecido en los momentos oportunos, incluida la experiencia cultural desde la empresa de servicios (familiar, naturalmente), el Museo de Bilbao, como “aprendiz”, y en el Reina Sofía, como subdirector. Y todo eso le ha llegado y se lo ha labrado en un momento en que Bilbao y Euskadi están apostando por conjugar la tradición con la contemporaneidad, la base con la altura. Visto así, desde esa perspectiva, entendemos perfectamente que Miguel Zugaza sea ya un director poco discutido y muy admirado. El asegura que sigue aprendiendo y sosteniéndose en cuatro pilares necesarios para un director de museo: la historia del arte y del patrimonio, la creación, la investigación y la gestión.

Tesis doctoral sobre el Patrimonio del XIX en Bizkaia

Si examinamos su trayectoria nos sorprenderemos de su habilidad e inteligencia para aprender y aprovechar de todo lo que aprendía. Por ejemplo, su conocimiento en vivo del arte y de los artistas vascos, que es donde un museo como el de Bilbao se ha singularizado frente a otros museos, incluido el Prado: con un gran vacío en determinados años. Otro ejemplo, su tesis doctoral, “La gestión del Patrimonio Histórico-Artístico de Vizcaya”, que le sirvió para llenarse de conocimientos respecto a la gestión y el valor del patrimonio vasco en el siglo XIX, así como el nacimiento de grandes colecciones particulares y su donación al museo del que ahora Zugaza es director.

– ¿Por qué esa tesis y a que conclusiones llegas?

– Siempre me llamó la atención el hecho de que era el siglo XIX uno de los peores momentos de la historia de nuestro país, por las guerras con los franceses y las carlistas, y precisamente entonces se genera una sensibilidad especial en torno al arte y al valor de la conservación y de la memoria, así como a la gestión del patrimonio. Surgen las primeras colecciones privadas y con ellas, después, museos como el de Bilbao. ¿Por qué?. Probablemente porque se produce un proceso de modernización en las principales ciudades vascas, principalmente Bilbao, que trae un contacto con los grandes centros culturales y artísticos del exterior. Y coincide con el valor que se empieza a dar a la historiografía y a la investigación de lo que se tiene y que camina en paralelo con la política foral y la pérdida de unos derechos históricos. Es ese, por tanto, un momento muy apasionante,  momento en el que surge la vocación por las colecciones privadas que luego se transforman en públicas al donarlas a un museo que nacía entonces: el de Bellas Artes. Mi tesis termina precisamente cuando nace este museo.

“Colgado” por el arte vasco y recuerdo a Ruiz Balerdi

Se te ha acusado, con cariño y devoción, de estar “colgado” por el arte vasco de finales del XIX y principios del XX?…

Bueno, pero eso no es malo. A título personal, no tengo ningún problema en aceptarlo, como historiador y como vasco. Y desde el punto de vista general es un periodo muy significativo para el arte vasco porque surgen grandes artistas y se crea un escenario muy singular. Además, es el caldo de cultivo en el que se crea el Museo de Bilbao, museo que debe mucho a esa época, de la que se sirve, además, apara aportar un grado de singularidad y condición de la que otros museos carecen. Si se me acusa de eso respecto a la programación en el museo, no es acertado porque prestamos atención a distintas épocas y artistas, como se demuestra en las exposiciones y actividades. Cierto que me gustaría hacer, por ejemplo, una gran exposición de pintura renacentista italiana pero este museo no conserva un sólo ejemplo que sirva de excusa para hacerlo.

Se te ha valorado el hecho de la relación con los museos y los artistas desde pequeño. ¿Cómo fueron aquellos primeros contactos con el arte y la cultura?.

He tenido la gran suerte de conocer el mundo del arte y la vida de los artistas y su creación desde niño, con mi padre, del que aprendimos además todo lo relacionada con la cultura, el valor de la lengua y de la edición, y de las actividades culturales. En este sentido, he sido un  privilegiado adquiriendo experiencia viva y personal. De aquellos años tengo un recuerdo especial por el donostiarra Rafael Ruiz Balerdi (1934-1992), un artista referente, que me impresionó.

Rafael Ruiz Balerdi y una de sus muchas obras abstractas

¿Ejerció una función especial en su carrera y en su vida el conocimiento exhaustivo de este Museo?.

Pues sí, por lo rico y variado de toda su colección. A mí me gustaría convencer a la gente de que éste es un museo extraordinario para educarte en la mirada y aprecio y sentimiento de la obra de arte, porque es un museo de marcado carácter didáctico, con una proyección muy longeva y variada en el tiempo, que te permite conocer obras del pasado y llegar casi a las últimas tendencias del presente.

Una de las grandes virtudes que se le achaca es de que ha sabido aprovechar en favor de este museo el ‘efecto Guggenheim’.

– Todos estamos comprometidos con esta apuesta fuerte que se hace desde la cultura y el arte, incluso con vocación de servicio e imagen del país. El Guggenheim es beneficioso para todos y también para este museo. Bernardo Atxaga me regaló una metáfora: el Guggenheim puede ser una nueva catedral del arte que se ha levantado junto a otros edificios ya existentes, a la que acuden atraídos desde muy lejos. Este museo forma parte de ese conjunto y es indispensable. Si el Guggenheim es la catedral, este museo puede ser el edificio del baptisterio, el sitio donde se mejora y se perfecciona esa visita, donde se ve en profundidad, junto a lo que se ve en la catedral, todo el arte de siglos en su conjunto.

– ¿Qué porcentaje de esos visitantes que vienen para ver el Guggenheim hacen lo propio con este museo; que supone esto?.

Dos museos, Guggenheim y Bellas Artes, para una “sola” y cercana visita

– Aproximadamente entre un 10 y un 15%, lo que representa no sólo un crecimiento cuantitativo de visitantes en nuestro museo sino también y sobre todo cualitativo. Los que ven los dos son los que están más interesados por el arte, los más aficionados y/o profesionales. Y la verdad es que esos visitantes se sorprenden de lo que atesora este museo, y eso enorgullece a los actuales responsables, a los que nos han precedido y a la ciudad entera, porque en menos de un siglo este museo se ha convertido en algo necesario de ver para el experto y para el visitante más cualificado.

¿Cual es tu ideal de lo que debe ser un museo?.

Un museo, fundamentalmente, es una colección que se muestra al público, y el único ideal es conseguir que ese camino no se detenga, que esa colección sea cada vez más rica, más bella, e introducir nuevos elementos que sirvan para elevar el interés de calidad de la obra que se muestra y hacerlo con el mejor servicio al público. La ruina de un museo sería pensar que esa colección ya está cerrada, que no se pueden incorporar más obras, e incluso mejores, y que no se puede mejorar la atención al público.

Las maravillosas huellas en el Museo Bellas Artes de Bilbao

Sorprende que en el Museo de Bellas Artes de Bilbao algunos de sus visitantes encuentren no sólo valores de las obras en sí mismas, sino otros. Un ejemplo puede ser el del sociólogo M. Alain de Vulpian que, en una conferencia en la Universidad de Deusto, dijo: “En este museo he franqueado ocho siglos de pintura, y en los cincuenta cuadros que he contemplado he visto la huella de la evolución del vestido en Europa; y las huellas para un sociólogo son algo maravilloso”… ¿Qué significa esto?.

– En primero lugar, significa que este museo guarda muchas sorpresas. Para una mirada curiosa, siempre sorprende. A este profesor le interesó el vestuario y eso me recuerda lo que me dijo Eduardo Chillida un día, que una forma de leer la colección de este museo es a través de los pliegues, esos pliegues que tanto han influido en la escultura del Julio González que ahora exponemos, y en otros, incluido el propio Chillida. Y esto viene a demostrar que probablemente lo más importante es el visitante individual. Muchas veces nos obsesionamos con el público y nos olvidamos del visitante solitario, que es el que va a tener la visión más atenta y personalizada, la más sorprendente y rica. Y demuestra también que no hay que venir al museo a recibir una lección sino que la lección la puede dar el espectador. Debemos valorar ese poder que tiene la mirada individual, que cada cual sea capaz de hacer una lectura. Además, en nuestro caso, este museo mantiene esta dimensión de lo privado de la que nació (el edificio es en sí mismo una especie de palacete con espacios individualizados, como si fueran habitaciones particulares) y esto anima al espectador individual y le permite sacar un partido diferente y propio.

¿Un nuevo museo que responda a un museo universal?

¿Cuál crees que es el futuro de este Museo de Bellas Artes; en qué ha de cambiar o mejorar?.

Lo que se ha pretendido con las obras que ahora realizamos no es poner el énfasis en un gran proyecto arquitectónico sino en mejorar nuestras instalaciones para que cuando el visitante se encuentre en el museo esté como en cualquier otro de los mejores del mundo, no sólo por lo que está viendo sino por lo que está recibiendo de atención y servicio. Además, hemos pretendido que el museo tenga mejor relación con la ciudad, con Bizkaia y con Euskadi. Estaba lejano, distante de la ciudadanía, como dando la espalda, y ahora se pretende integrarlo más y que sea una pieza importante de la apuesta de calidad en las infraestructuras culturales vascas.

Recordando estas últimas palabras de Miguel Zugaza voy a exponerme a adelantar una noticia de futuro: ha llegado el momento de realizar ese gran proyecto arquitectónico que albergue las grandes obras que ya no tienen cabida en el actual edificio del Museo de Bellas Artes de Bilbao. De esa forma, el Museo no sólo tendrá, como decía hace casi veinte años Miguel Zugaza, una “mejor relación con Bilbao, Bizkaia y Euskadi, sino que en él se sienta como en uno de los museos mejores del mundo” e incluso pueda el visitante combinar la visita de este museo con la del Guggenheim. Y lo adelanto porque esta sería una apuesta de las que nos tiene acostumbrado Miguel Zugaza. Y otro aspecto que seguramente impulsará el director durangués será el de las donaciones, como ya adelantó en aquella entrevista de hace casi veinte años: “hoy en día el Museo tiene un 50% de obra procedente de particulares y otro 50% de instituciones públicas, y espero se recupere lo que fue una costumbre del mejor espíritu social y cultural que se extendió principalmente entre las familias vizcaínas. ¡Que así sea!…

SARA ESTÉVEZ, BILBAINA, PERIODISTA Y MARATONIANA

Ilustre bilbaína, ¡cómo no!, ilustre desde niña en el barrio obrero de San Francisco frente a la República, a la guerra, las huelgas, la dictadura y el hacinamiento y la superación solidaria, representado aquella difícil vida con actuaciones teatrales o muestras permanentes de cariño por los vecinos y por la comunidad bilbaína. Ilustre porque desde joven fue mujer que luchó contra la discriminación de entonces y compaginó el trabajo con el estudio, la secretaría en una gran empresa con el comienzo en la radio. Ilustre porque supo entender lo que era el periodismo desde el primer día, aunque fuera en algo donde en aquellas posguerras nunca se veía ni valoraba a la mujer: la información y el deporte. Ilustre porque supo entender desde el principio que la labor informativa, la de contar cuanto ocurre (“yo no me callaba nada”), puede suponer el desprecio del poder (fue castigada durante un año con sus compañeros a no pisar San Mamés para radiar los partidos por criticar al presidente), desprecio al que hay que hacer frente siempre, aún a costa de perder la salud o la vida, como le ocurrió al “mensajero” Maratón, del que heredó su seudónimo.

Ilustre porque sus propios compañeros la habían declarado periodista de honor en el año 2009, al año siguiente de darle el galardón a otro grande, Manu Leguineche. Ilustre porque ha sido un modelo de sensatez feminista: “la comparación con el hombre debe ser siempre positiva, nunca negativa, y estoy en contra de las cuotas de género y a favor de la excelencia; y son muchas, muchas, las mujeres que la tienen”. Ilustre porque ha sido periodista, además de en los campos de deportes, en la calle, “que es donde están las más claras y sinceras historias y, por eso, pese a la jubilación profesional, sigo paseando mucho, sintiendo a la gente, amando a Bilbao y escribiendo cuando quiero”…

Niñez en el barrio San Francisco y otras calles de Bilbao

Sara Estévez Urquijo, la “Maratón” bilbaína, la que aprendió en la radio y amó siempre la lectura y el periodismo bien escrito, hablado, grabado… y mejor contado, el difícil, “el que ahora se lleva menos”. De ella recordamos algunos aspectos: En plena guerra civil española, una niña llamada Sara, de poco más de diez años, sale de su casa de la calle San Francisco en Bilbao para refugiarse junto a sus hermanos y sus vecinos en los túneles de la estación del Norte, donde en alguna ocasión pasaron un día completo para librarse de las bombas. Otro día, “al salir del túnel protector presenciaron cómo habían derribado un avión militar alemán en el barrio de Larraskitu y un grupo de gente mostraba al piloto alemán y le pasearon por las calles entre gritos y golpes hasta acabar con él”…

La niña Sara, Sarita, años más tarde, declaraba: “aquellos hechos, aquellos acontecimientos, marcan a cualquiera. Como marca el hecho de que entonces no había disciplina, sino una anarquía total y eso a una niña le gusta porque no estaba comprometida ni a deberes ni a obligaciones. A nuestra madre lo único que le preocupaba era que no nos pasara nada y lo conseguimos gracias a la piña que formábamos todos los vecinos de aquel barrio obrero en el que crecimos rodeados entre huelgas interminables. La calle y los vecinos fueron mi verdadera universidad; la calle enseña mucho y más en un barrio del que siempre me he sentido orgullosa, no como otros que nacieron ahí y no lo suelen reconocer”…

Aquel programa “Stadium”, de máxima audiencia

Dieciocho años después, en 1954, se iniciaba en “Radio Juventud de Bilbao” un programa de deportes (“Stadium”) a partir de las 10,30 de la  noche (“cuando ya se habían retirado a su casa los txikiteros”) en el que se engancharon sobre todo los amantes del fútbol vizcaíno. Estaba dirigido por “Maratón” y con Maratón trabajaban tres grandes personajes de la radio: Francisco Blanco, Julio Garro y Jesús Morales. “Julio Garro –explica Sara “Maratón”—tenía una voz calderoniana, una dicción perfecta y un ritmo ideal, y leía los textos que los demás y el mismo habíamos elaborado gracias, eso sí, a la colaboración desinteresada y permanente de cientos y cientos de vizcaínos”.

Así, todo cuanto ocurría de noticiable en el deporte en Vizcaya se oía a través de aquel programa, cuya dirección, sin conocimiento del oyente durante años, estaba la primera mujer, Sara Estévez, que se especializó en periodismo deportivo en España, y que lo hizo porque desde joven (1946) era abonada a todos los partidos del Athletic en San Mamés, y de otros equipos vizcaínos en sus respectivos campos.

Especial reconocimiento de sus compañeros, en el 2009

fer_4864Sara Estévez,  ‘Premio Periodistas Vascos 2009’

El reconocimiento a su inmensa tarea periodística en la sección que más géneros se practican, Deportes, le llegó en junio de 2009, al concederle la Asociación de Periodistas Vascos su premio de honor en reconocimiento a una trayectoria y una extraordinaria labor periodística, generalmente radiofónica. Preguntada entonces Sara Estévez por la razón que le llevó al periodismo, cuenta una bella y dura historia: “En aquel barrio de San Francisco nos conocíamos todos desde niños y había una criatura maravillosa que se llamaba Sara Bustinduy que tenía un arte y un donaire extraordinarios. Siempre era la estrella de las comedias que organizábamos en la escalera. Un día, la animé a que ingresara en la Escuela de Arte Radiofónico de las Juventudes y como ella no quería ir sola, yo, pese a que trabajaba ya como secretaria en la Unión Química del Norte de España, me apunté en el curso 1952-53 para asistir en horas libres. Enseguida comenzamos a trabajar las dos en la radio, recuerdo que ella hacía de niño en las obras de radioteatro…, pero falleció en 1957, con 21 años, y fue un durísimo golpe para mí, dedicada ya como estábamos las dos entusiasmadas con y por la radio”. Seguramente que a partir de entonces Sara decidió que la radio y el periodismo era su mundo exclusivo y vital.

Al grano, sin paños calientes, “enfant terrble”

El éxito de Sara Estévez en el periodismo radiofónico estuvo en su entereza profesional. Sus comentarios no se andaban con rodeos, iba al grano, sin paños calientes, incluso se la llegó a calificar de “enfant terrible” por sus compañeros. Con el trabajo de Sara coincidí personalmente en varias ocasiones, sobre todo en los años que de muy joven, todavía de prácticas en La Gaceta del Norte, me encargaron la tarea de sustituir a una institución como cronista del Athletic, “Joma”, y lo hicieron argumentando que yo todavía era portero juvenil de Osasuna (estudiaba en Pamplona) y conocía el fútbol desde muy niño. Acepté ese compromiso con la condición de dejarlo cuando prefiriera otro trabajo periodístico.

En esos años de cronista deportivo, fundamentalmente de fútbol, aprendí de Sara Estévez (Maratón) su enorme cariño por el Athletic y su constante preocupación por lo que ocurría en el club rojiblanco con repercusión directa y muy viva sobre la ciudad (siempre gran villa de Don Diego) de Bilbao. Tuvimos entonces algún que otro roce de excesiva entrega a la profesión y a la responsabilidad, sobre todo en el preocupante descontrol del público en los recibimientos triunfales. Sara entendió mi crítica y fue fundamental en la idea de extender los recibimientos victoriosos por toda la ría, con lo que se evitaba la aglomeración y el peligro del excesivo peso en el puente frente al Ayuntamiento.

Ser del Athletic de Bilbao: “duros como robles”

Con los años, volvimos a coincidir cuando tuve que salir en defensa de Sara y su equipo de trabajo por el mal trato recibido tras el cierre de “Radio Juventud”. Posteriormente, en todas las ocasiones en que coincidimos siempre hemos hablado de la profesión pero sobre todo del Athletic, de “su” Athletic del alma, y por eso quiero dedicarle a Sara unas palabras escritas por otro compañero también ilustre de Bilbao y amante del Athletic, José María Múgica: “El  Athletic es siempre un río, o una ría como la del Nervión tan futbolística y tan nuestra (…) El Athletic es, para nosotros, algo muy especial. Una hoguera, encendida con el siglo que no se apaga (…) Todos los rojiblancos queremos ir leyendo, o adivinando, lo que escriban las primeras golondrinas de la renovada esperanza en el Athletic… Ser del Athletic es comprender que para esta hinchada, este pueblo, no hay frontera entre el sueño y la vigilia. Somos duros, como nuestro roble, y luchadores. Ser del Athletic es saber que el corazón de este león del fútbol es resistente, que nunca está en tinieblas, y que siempre alumbra dentro de él una luz (…) Una gabarra puede convertirse en el barco de todos los sueños de un millón de personas asomadas a la ría. En San Mamés, nuestro estadio, al que siempre se le llamó la Catedral, ocurren muchas cosas, y se siente siempre el latigazo de esa hinchada que se vuelca por sus colores (…) El Athletic es un club en el que hay que empezar a decir siempre y en adelante no volver a decir nunca”… Ese Athletic, para quien lo ha vivido más de 70 años, es el Athletic de Sara Estévez Urquijo, ilustre de Bilbao.

J.ÁNGEL IRIBAR, ILUSTRE “TXOPO” PLANTADO EN BILBAO

image026Dani entrega trofeo a Iribar con el alcalde de Bilbao de testigo

Ilustre de Bilbao, premio para un zarauztarra tan bilbaíno como las gradas de San Mamés o la torre de San Antón, José Ángel Iribar Kortajarena (1 de marzo de 1943) dotado, como ángel que es, de alas más que de brazos, con un físico, una altura, agilidad y preparación física y mental que durante dieciocho temporadas le permitió jugar un total de 614 partidos, la mayoría en la “catedral” del fútbol, San Mamés, defendiendo los colores del primer club bilbaíno, el Athletic, “caso único en la historia del fútbol”, según la sabiduría francesa (L’Equipe). Con el Athletic ganó dos Copas y un subcampeonato de la UEFA europea, y con la selección española un Europeo. Si de los jugadores del Athletic se ha llegado a decir lo de “corazón de león”, de Iribar se ha repetido hasta la saciedad lo de “mariscal de campo”, y más aún el calificativo de “txopo”, y no sólo por su estilo bajo los palos o su inconfundible figura tan oscura en la vestimenta como luminosa en la mente y en su postura bajo palos. Y es que la imagen que ofrece el álamo o chopo es alegre y juvenil, repleto de vida. Los celtas lo llamaban “Aeda”, que significaba “el que evita la muerte”. En el caso del guardameta del Athletic sería: “el que evita la derrota o la eliminación o el fracaso futbolístico”…

Zamora: “Iribar merece un arco de triunfo en Bilbao”

Este ilustre bilbaíno es tan ilustre (y no es una bilbainada) que fue calificado el mejor portero del fútbol mundial, sólo comparable a dos ‘monstruos’, Ricardo Zamora y Lev Yashin, con los que coincidió en San Mamés con motivo del I Trofeo Villa de Bilbao, 27 de agosto de 1971. Iribar recuerda como uno de los más grandes episodios de su carrera y guarda la fotografía de aquella tarde inolvidable: “Nunca olvidaré el detalle de acudir al homenaje de Bilbao”. El Dínamo de Moscú fue invitado a aquel torneo veraniego que ganó el Vasas de Budapest y que lo bautizaron como el “de los penalties”, porque entre los partidos de semifinales y la final se lanzaron cincuenta”. En <aquella ocasión, el mítico portero y entrenador de fútbol del Español, Barcelona, Madrid y otros durante la primera mitad del siglo XX, conocido como “Zamora el divino”, dijo: “Este chico, José Ángel Iribar, es un fenómeno y batirá mi record como internacional de 46 partidos; a mí me asombra lo bien que para por abajo siendo alto; pero su mejor cualidad es que siempre sabe donde tiene la portería; su colocación bajo los palos y en las salidas le permite cerrar casi todos los ángulos a los rematadores”.

Cuando Iribar, unos años después, batía el record de Zamora (el zarauztarra alcanzó la cifra de 49 partidos internacionales) tuvo el gesto de regalarle al “divino” el jersey con el que había jugado en Glasgow frente a Escocia, el 20 de noviembre de 1974, partido en el que España se clasificó para la Eurocopa al ganar 2-1 y parar el “txopo” un penalti. En aquel entonces, Zamora fue rotundo: “en Bilbao tenían que hacerle a Iribar un arco de triunfo”.

Del portero del Athletic se han dicho muchas otras cosas positivas, por ejemplo, un testimonio de su compañero Guisasola: “¡Le podía contabilizar grandes paradas!… Recuerdo una en la que yo vi, lo juro, el balón en la red y cuando me volví para mirar otra vez, el “txopo” lo tenía bien agarrado, ¡fue increíble!”… Como increíble le parecía al extraordinario jugador y entrenador húngaro Ladislao Kubala cuando llegó a decir: “Iribar llegaba donde los demás no podían llegar, el medio metro de más… Es decir, llegaba donde los demás y otros cincuenta centímetros más por los brazos que tenía y la posición que adoptaba, y por eso el balón dirigido por el delantero contrario nunca superaba los manos y el cuerpo de Iribar; era tan sereno y limpio en sus actuaciones que no sentías su presencia hasta que el balón estaba en sus manos”… Carmelo Alonso Bernaola, el compositor del himno del Athletic, además de muchas grandes obras musicales, decía: “Iribar lo para todo porque además de brazos tiene una batuta”…

Alfredo Di Stéfano, para mí el más completo y más grande jugador de fútbol después de otro argentino, Lionel Messi, completaba la idea de Kubala: “Iribar es extraordinario no sólo por sus intervenciones como portero sino por las veces que no interviene y el contrario sabe de su presencia grande y majestuosa; a uno le entra pánico frente a Iribar como le entra frente a los más grandes porteros, es una puerta blindada y muchas veces desistes en tu intento de abrirla”…

De Zarautz al Baskonia y traspaso record al Athletic

Ilustre de Bilbao ya desde aquel 28 de abril de 1962 en el que San Mamés se llenaba de luz (“mejor que la iluminación de Wembley”, se dijo), con 5-1 sobre el Flamingo con el nacimiento de otra luz: un chavalillo espigado que se había iniciado en la playa de Zarautz, su pueblo, y jugó inicialmente en la Segunda División, en el Baskonia de Basauri, y que ya el 11 de enero de 1962, nos confesaba: “Hay dos clubes que se interesan por mí, Valencia y Athletic”.

Precisamente aquel Baskonia glorioso eliminó de la Copa al equipo que ostentaba el título, el Atlético de Madrid (había ganado en la final del 61 al Real Madrid 3-2) y todos los periódicos deportivos titularon con aquel enorme chaval que estaba bajo los palos del equipo baskonista. El Athletic pagaría unos meses más tarde una cifra record en aquel entonces: un millón de pesetas. A partir de esa fecha, Bilbao se rendía ante el mejor guardián de su historia, y eso que el Athletic, como otros equipos vascos, los ha tenido muy buenos. Precisamente a Iribar, en cierta ocasión, se le hizo esta pregunta: “¿Por qué crees que la mayoría de los grandes porteros han sido vascos, auténticos mitos en su tierra?”. Y el “txopo” contestó: “En primer lugar, porque precisamente para los chavales vascos siempre hay un mito muy cerca en quien soñar y aprender; y por otra razón muy poderosa: porque la política futbolística que se sigue es la de cantera y se ha dado salida muy pronto a los chavales que destacaban en sus pueblos; esa tradición ha aportado grandes porteros y también grandes jugadores de campo”.

En estadios europeos se le comparaba con ‘Supermán’

Ilustre porque con la camiseta del Athletic de Bilbao tuvimos la suerte de presenciar en vivo y en directo en competiciones europeas los aplausos que le brindaban en Inglaterra, en Francia, en Alemania, en Italia…  En Suiza, después de jugar contra el Servette (1-0) así titularon los periódicos: “Iribar fue el auténtico héroe, vestido de Supermán”.

Ilustre por el permanente recuerdo en Bilbao de las sensacionales paradas, la salida a hombros pese a perder los partidos, y aquella canción improvisada por los miles de aficionados en el Santiago Bernabeu (final contra el Zaragoza de los cinco magníficos: 29 de mayo de 1966) de: “Iribar, Iribar es cojonudo; como Irirbar, no hay ninguno”… El Zaragoza conseguía el título al enfrentarse a un Athletic diezmado por las lesiones y con un Iribar que durante los 90 minutos hizo paradas increíbles “volando entre los tres palos”… O aquella dedicatoria de una calle (por cierto, creo que en Donostia), premios, trofeos, reconocimientos, admiraciones, su personalidad y serenidad, su exquisito trato –que lo hemos visto—a chicas jóvenes a las que negaba su ofrecimiento con la delicadeza de una sonrisa o posando con ellas en una foto…

Ese gran hombre, ilustre, que se emociona cuando los chavales de hoy todavía le reconocen, le aplauden y le llaman “txopo”… Un José Ángel tan sincero que en ocasiones, como aquella que el Athletic perdió 2-0 en Budapest, con un gol tan de antología del delantero Torosick que el “txopo” fue directamente al jugador contrario a felicitarle. O en aquella otra frente al Aston Villa (3-0) que Iribar, con la sinceridad que le caracteriza, reconoció que en dos de los goles ingleses él había sido el culpable… Recuerdos como aquel del “¡Ángel volador!”, calificado así después de un triunfo en Liverpool o elogiado por otros clubs ingleses que en su visita a San Mamés afirmaban: “no olvidaremos esa talla de portero ni ese gran y único público tan culto como deportivo”…

Talla de “ángel volador” y la admiración de Zubizarreta

Ilustre bilbaíno porque cuando llegó al Athletic tenía una muy difícil misión: sustituir al querido y legendario Carmelo Cedrún, pero en su primera oportunidad dejó constancia de que la cantera vasca de porteros no se agota, como se demostraría después con guardametas como Arkonada o Zubizarreta. El vitoriano fue quien le sustituyó en el Athletic y siempre comenta dos hechos puntuales, además de su disgusto (¡caso insólito!) en el traspaso al Barcelona. Un primer hecho: “siempre fui admirador de Iribar, mi ídolo de siempre, y guardo una foto que me dedicó cuando yo tenía ocho años. La dedicatoria dice: Nere adiskide Andoneri biotz biotzez (A mi amigo Andoni de todo corazón)”. ¡Quién le iba a decir a Andoni que años después iba a ser discípulo y sustituto de Iribar en la portería del Athletic, jugando el vitoriano más partidos que el zarauztarra en la liga y en la selección! Y segundo hecho: “Cuando yo empezaba –dice Zubizarreta— y el era mi maestro e incluso mi entrenador, no me atrevía a mirarle a los ojos, me parecía un gigante”.

Ilustre e inolvidable cuando en la temporada 1969-1970 se convirtió en el portero menos goleado de la Liga española y conquistó el Trofeo Zamora al encajar tan solo 19 goles en 29 partidos disputados y 500 minutos con su puerta a cero. Ilustre porque después de su retirada pasó a engrosar el cuerpo técnico del club vizcaíno. Ascendió el Athletic B a Segunda A y se hizo cargo del primer equipo en la temporada 1986-1987, maldito año con traspasos históricos al eliminarse el derecho de retención en los clubes, y por eso esa temporada el Athletic tuvo que jugar el play-off para evitar el descenso, único club junto al Barcelona y Madrid que nunca ha descendido a Segunda. Ilustre porque siempre estuvo muy cerca de Lezama y de los cuerpos técnicos y directivas del Athletic, aceptó la responsabilidad de dirigir a la selección de Euskadi y de presidir la Asociación de Veteranos del club rojiblanco.

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Kortabarría e Iribar portan la ikurriña en Atocha: diciembre de 1975

Ilustre Iribar cuando junto a Kortabarría de la Real fue la cabeza visible de aquel primer homenaje del gran público en el viejo estadio de Anoeta (5 de diciembre de 1975) a la ikurriña, colocándola ambos de manera ceremoniosa en el círculo central del campo. O después con su significante implicación política apoyando a la izquierda abertzale de Herri Batasuna y respetando a todos los demás partidos y las demás tendencias o posturas políticas.

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Iribar junto a otros porteros del Athletic en un homenaje en San Mamés

En su carrera guarda un lugar de privilegio tres momentos con la camiseta del Athlétic, las dos Copas conquistadas, en 1969, ante el Elche, y la otra en 1973, cuando el Athlétic se impuso al Castellón. El tercer momento es el de la temporada 1976-1977, cuando el Athlétic realizó un extraordinario torneo en Copa UEFA, perdiendo la final ante la Juventus de Turín. En esa misma temporada el Athlétic llegó también a la final de Copa, en la que cayó ante el Betis en la tanda de penaltis donde Iribar y Esnaola se batieron en un duelo épico que terminó perdiendo “El Txopo” en muerte súbita y que aceptó la derrota siendo el primero en felicitar a su rival y a su antiguo entrenador, el mítico Rafa Iriondo, entonces entrenador del Betis…

Bilbao se lo “debía” desde el homenaje de 2012

Ilustre pregonero de las Fiesstas de Bilbao de 1994; ilustre bilbaíno desde hace muchos años y, por tanto, Bilbao le debía este reconocimiento público, se lo debía, por ejemplo, desde aquel 23 de septiembre de 2012, cuando se cumplieron y celebraron en la “catedral” del fútbol los 50 años del debut del “txopo” zarauztarra en el Athletic. Aquella tarde del 23 de septiembre de 1962 en La Rosaleda, frente al club antecesor del rival que precisamente visitó ‘La Catedral’ esa fecha del 2016, el Málaga. Iribar defendió por primera vez la camiseta del Athletic, con apenas 19 años, tras sustituir a media hora para el final a otro de los mitos del club bilbaíno, Carmelo Cedrún. Tras el debut en Málaga, el partido de Mestalla frente al Valencia de la siguiente temporada le abrió definitivamente las puertas de la Primera División. Sus actuaciones tanto con el Athletic, en la liga y en Europa, como con la selección española despertaron la admiración de todo el planeta futbolístico durante casi dos décadas. Entonces y después su entrega al club y a Bilbao ha sido merecedor de esta reconocimiento de hace unos días, que celebramos desde Kazetariak.

PEDRO MIGUEL ETXENIKE, MEDALLA DE ORO DE NAVARRA

Pedro Miguel Etxenike Landiribar (Isaba, Navarra,  8 de junio de 1950), científico especializado en Física del estado sólido, con numerosos premios internacionales y miembro de las más prestigiosas academias, primer Consejero de Educación del Gobierno Vasco en la presente democracia, catedrático en la actualidad en la Universidad del País Vasco, elegido Vasco Universal el mismo año (1998) en que le dieron el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica , recibía hace unos días la Medalla de Oro de Navarra, el máximo galardón de la Comunidad foral, en una ceremonia en el claustro isabelino y como saben hacerlo los navarros: con la intervención de la Orquesta Sinfónica de Navarra y el Coro Julián Gayarre, del Roncal.

Personalmente nunca olvidaré a Pedro Miguel Etxenike como Consejero de Educación (1980-1983) porque, como se ha dicho en repetidas ocasiones, “supo introducir a Euskadi en la sociedad del conocimiento y ayudó a crear un ecosistema de aprendizaje que durante años ha dado su fruto”.

Hay una de sus frases que recuerdo desde hace años: “en materia educativa, sobre todo en determinadas materias, lo que hay que tener es inteligencia y afecto”. Creo que se refería entonces a la lingüística, pero siempre la “limpieza, nobleza, bondad, han sido valores ponderados por el físico navarro”, valores a los que el escritor pamplonica Miguel Sánchez-Ortiz añadía: “empeño, dedicación, sentido del arraigo de la tierra que se pisa, voluntad de invención; no buscar por encima de todo el halago, lealtad a los propios sueños, entereza”…

Formas diferentes de sentirse navarro”

Por lo dicho, no es de extrañar que en el acto celebrado en Pamplona, la intervención de Etxenike, incluso la de la presidenta del Gobierno de Navarra, Uxue Barkos, fueran para enmarcar o titular a toda página. Don Pedro Miguel afirmó que “hay formas diferentes de sentirse navarros y, siempre que se acepten respetuosamente las de los demás, ninguna debe ser excluida ni denostada; siendo navarro de nacimiento y sentimiento, me siento y soy vasco y euskaldun”…

El ilustre físico de Isaba afirmó también que “las sociedades que mejor saldrán adelante serán las que mejor sepan integrar en un diálogo tolerante visiones dispares de la propia identidad”. Así, aseveró que “si nos abrimos a la posibilidad de entender el mundo, la política y nuestras relaciones de convivencia con diferentes perspectivas, podemos enriquecer nuestra visión y aprender tolerancia”. Y en cuanto a la ciencia y al sistema educativo, afirmo que “la ciencia es parte esencial de la cultura y del humanismo moderno” que “puede actuar como una fuerza aglutinante para la humanidad”, y en cuanto a la educación: “hemos de impulsar en el sistema educativo la pasión por aprender” y “la misión del profesorado debe ser la de despertar el afecto por el conocimiento”, entusiasmar e indicar el camino. Y añadió: “El conocimiento de los principios básicos y la aptitud y actitud para adaptarlos creativa y productivamente a los imprevisibles cambios futuros es más útil que el dominio de materias especializadas, por importantes y urgentes que estas parezcan, o incluso lo sean en un momento dado”. De esta manera, Etxenike abogó por “combinar en el sistema educativo competencia técnica con dejar volar la imaginación”…

Por su parte, Uxue Barkos, después de repasar la extensa carrera profesional del premiado y de destacar de Etxenike que es “un hombre interesado por todas las ramas del saber que da impulso decidido y entusiasta a sus proyectos”, afirmó: “una sociedad científicamente informada es más culta y, por tanto, más libre, capaz de tomar decisiones correctas y menos susceptibles de ser manipuladas”. Y finalmente resaltó la importancia que para Etxenike tiene la educación cuando afirma que “la sociedad será lo que quiera su sistema educativo, y conseguirá el éxito si logra transmitir conocimientos, comportamientos y valores”.

Pedro Miguel Etxenike, además de recordar a sus padres y familia, a otras personas e instituciones que le ayudaron a lo largo de sus estudios y carrera profesional, especialmente a Francisco Garmendia, el rector Iñaki Goirizelaia y también al lehendakari Carlos Garaikoetxea, que “con brillantez, elegante coherencia y pragmática firmeza, sentó las bases fundamentales del autogobierno”. Nos unimos a la felicitación y al deseo que manifestaron los asistentes al acto de que “Etxenike siga siendo ejemplo para los jóvenes atraídos por la ciencia y por conocer los avances e investigaciones que se lleven a cabo en materia educativa, en las distintas partes del mundo, porque en ello está la clave de nuestro futuro”.

Felicitaciones para todos los premiados y expectación ante la vuelta de Miguel Zugaza…

José Manuel Alonso, expresidente de la AVP-EKE

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