Padres, hijos y fútbol

M.Urraburu. Domingo 8 de enero 2.017. Durante el partido de juveniles entre la Unión Deportiva Telde y la Unión Deportiva Guía de Gran Canaria, dos padres, uno de cada equipo, se enzarzaron a puñetazos. Uno de los padres se llevo la peor parte. Fue ingresado en el hospital por fuertes golpes, teniendo que ser operado de un ojo.

Le  preguntaron a un entrenador de fútbol qué le gustaría cambiar en el trabajo que desarrollaba para la preparación de deportistas de corta edad. Mi mayor ilusión, dijo, sería entrenar a un equipo de huérfanos. Con eso quedaba dicho todo acerca de la frecuente tendencia de muchos padres y madres a inmiscuirse en la tarea de los entrenadores. Solo tienen que acercarse un fin de semana a un campo de fútbol donde se celebren partidos para futbolistas de base, y verán. Raro será el partido donde algún padre exaltado no la tome con el árbitro, o fuera de las bandas, no se oigan gritos de ánimo que más parecen arengas de guerra.

Y todo a la vista de unos chicos desconcertados por los gritos contradictorios: de un lado hacia la sana rivalidad, de otro la competitividad exagerada, el desprecio del rival, el triunfo cueste lo que cueste. El chico que practica un deporte quiere, sobre todo, divertirse. Tratándose de un deporte de equipo aspira al triunfo colectivo. En el caso de un deporte individual intentara  una superación personal. Fuera de estos planteamientos, casi todo lo que contamina negativamente la práctica deportiva, es producto de influencias externas.

Es licito que los “papás” que ven a su hijo marcar el primer gol o ganar su primera carrera experimenten orgullo, euforia, ilusión…o, si los resultados adversos se sientan contrariados. Los hay que les fuerzan a practicar el deporte de su gusto y no el que gusta al niño, con la excusa de que “es más completo” . Luego están también quienes no distinguen los límites entre su papel y el del entrenador al que critican si no alinea a su hijo. Y, luego, hay quienes ven en determinados deportes, como por ejemplo, el futbol, la posibilidad de éxito y enriquecimiento. El sueño de tener en casa un fenómeno y de paso una buena pensión asegurada, provoca muchas veces, conductas erróneas. Es decir, todo lo contrario de los valores que priman en los otros ámbitos de su educación, con la justificación de “querer solo lo mejor para su hijo”.

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