¿Estamos ya en la generación NoMo (Not Mother), la de mujeres que no quieren tener hijos?…

Últimamente asistimos a nuevas formas de periodismo directo y quizá más impactante por los temas que selecciona y transmite a través de medios tecnológicos modernos, bien sea por youtube, facebook, twitter o instagram. Uno de ellos es el denominado “Sin filtros”, que se define como “una apuesta por el periodismo, por el buen periodismo. No queremos filtros, porque no vamos a seleccionar la información ni los hechos según criterios previamente establecidos. Creemos firmemente en el derecho de los ciudadanos a recibir información. Vamos a pelear por estar en las zonas informativamente opacas del planeta. Vamos a estar donde estén los demás colegas pero con una visión diferente, contemporánea. Y cuando ellos se vayan, nosotros seguiremos. Nuestras secciones son un escaparate de lo que os vamos a ofrecer. Denuncia, investigación, información en zonas de conflicto, historias reales, imágenes sin palabras. Y documentales. Somos libres. Acertaremos o nos equivocaremos obedeciendo solo a nuestra conciencia. Estamos cuerdos de atar, y nos comprometemos a ser atrevidos, audaces, rigurosos, serios, divertidos, alegres y valientes, comprometidos con los más débiles y desfavorecidos y entregados a pelear por la excelencia en nuestro trabajo. Así, sin filtros. Ni más, ni menos. Ese es el periodismo que queremos hacer”

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Cada vez hay más mujeres que no tienen hijos

            Lo último que hemos leído a través de “Sin filtros” ha sido esto: “Cada vez hay más mujeres que no tienen hijos. Son las llamadas “mujeres NoMo”, abreviatura del inglés Not Mother, una nueva etiqueta para definir a todas aquellas mujeres que no pueden o no quieren tener hijos. Se trata de una tendencia común en todos los países occidentales: entre un 25% y un 30% de mujeres no serán madres, un cambio sociológico brutal en apenas una generación”.  En la España de hoy, según datos, alrededor de un 40%.

          Sin filtros añade que “indaga en un debate que cuestiona si esta nueva realidad se debe a la falta de estabilidad laboral y emocional de las mujeres o si por el contrario hay que buscar las explicaciones en que ser madre ya no es una obligación”, ni, por lo que veremos, un deseo e incluso una posibilidad dadas las trabas que pone la sociedad de hoy para que se cumpla esa frase bíblica, conocida como “palabra de Jesús” desde la Cruz: “Madre, ahí tienes a tu hijo; hijo, ahí tienes a tu madre”. Curioso que sea precisamente una referencia a una mujer (la Virgen María) y a un hombre (el apóstol Juan) que no eran ni madre de ese hijo ni hijo de esa madre. Por eso, me quedo al respecto con una frase del líder norteamericano Edwin Chapin (1814-1880): “Ningún idioma puede expresar el poder, belleza y heroísmo del amor de una madre”… Y al respecto hay un dato incuestionable; la edad más fecunda, activa y bella de la mujer ocupa, por lo menos, un tercio de su vida y es la etapa en la que la que si es madre dedica a sus hijos.

         Por otra parte, lo que parece evidente es que las situaciones nunca se perpetúan y los tiempos que vivimos nada tienen que ver (o muy poco) con los que vivieron nuestros padres y/o abuelos. Pongo el ejemplo de mi propia madre que tuvo diez partos y siete hijos vivos. Formó una gran familia y fue una gran mujer toda la vida pero sacrificada al completo, sin nada de tiempo para ella misma. Eso nos permitió a lo que formábamos la prole conocernos bien (tuve tres hermanas y tres hermanos) y disfrutar de la niñez sabedores de que nuestros padres se sacrificaban a diario (sobre todo nuestra madre) dedicados por completo a sus hijos. Ahí no queda el fenómeno de amplia familia, tres de mis hermanos han tenido, a su vez, tantos hijos como sus padres…

                   Un debate silenciado: arrepentirse de ser madre

         Por tanto, a estas alturas, comprender que la mujer quiere ser libre toda su vida, sin compromiso o incluso ataduras (?) de hijos, en algunos casos pagando el alto precio de la soledad, es muy respetable y digno de comprensión, incluso de reconocimiento de que hay mujeres que manifiestan que se han equivocado en la decisión de ser madres, tal y como se demostró hace unos meses en un estudio de Orna Donath, en una publicación titulada: “Madres arrepentidas” (Reservoir Books),.

         Esta socióloga israelí se ha adentrado en las vidas de un buen número de mujeres para romper un gran tabú en una sociedad que, subraya, “sacraliza la maternidad y analiza con prejuicios a quienes optan por otro camino, y ello no es ninguna patología ni está vinculado a ser buena o mala persona. Simplemente son mujeres que consideran que su decisión ha sido un paso desafortunado. La investigadora quiere poner en el debate público una cuestión de la que no se habla porque no se permite. “Arrepentirse de ser madre, escribe la autora, arroja luz desde un ángulo distinto sobre la (in)capacidad para tratar la maternidad como una relación humana más y no como un rol o un reino de sacralidad”. Pone así de relieve que las madres son sujetos individuales, dueñas de su cuerpo, sus pensamientos, sus emociones y de determinar, por tanto, “si todo ello valía la pena”.

Se empuja a la mujer a ser madre y luego se la abandona

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Si en la vida –insiste la socióloga– uno puede arrepentirse de todo, ¿por qué se niega al hablar de la maternidad? Esto no significa que estas mujeres no quieran a sus hijos, ni que no los cuiden debidamente, sino que sienten que no han podido vivir su vida tal como hubiesen deseado. La propia autora del estudio destaca dos aspectos a tener muy en cuenta:

         Uno, ser madre debe dejar de ser entendido como una obligada relación humana. Y dos, la sociedad empuja a la mujer a tomar una decisión pero luego la deja; una sociedad que ha establecido un modelo muy exigente de ser madre y que no tiene nada que ver con lo que se pide socialmente a un padre. La mujer madre ha de enfrentarse además del embarazo y el parto a “una crianza intensiva, una fuerte ­implicación emocional, intelectual y de entrega infinita. Cuestiones que la sociedad – y las mismas mujeres– tienen interio­rizadas desde hace siglos”…

         Volviendo a ese aspecto en el que la mujer-madre ha de enfrentarse prácticamente sola a situaciones de duplicidad e incluso mayores cuando hablamos de familia y trabajo, nos hace insistir en el hecho de que nuestra sociedad en España no se ha enterado aún de que la mujer, hace casi un siglo, se ha incorporado a la actividad laboral con las mismas obligaciones que los hombres (no los mismos derechos, al menos los salariales) y lo peor del caso es que la gran parte del mundo empresarial y el político, es decir, los que mandan, pasan del tema, algo que no están haciendo en algunos estados europeos, sobre todo los nórdicos. Pero hay también aspectos distintos, tan importantes como en las oportunidades y el trato salarial, e incluso más importantes…

Trato especial para las trabajadoras que deciden ser madres

         En esos países europeos la trabajadora no sólo tiene los mismos derechos que el trabajador (mismo trabajo; mismo sueldo) sino que dispone de una ventaja especial y  esencial para el futuro de esa su comunidad y/o sociedad: la exquisita consideración cuando la mujer se queda embarazada y da a luz un nuevo ser, un niño o niña que desde ese momento es un puro gozo de esperanza para el futuro, porque ese niño o niña, junto a otros u otras, será quien se encargue de la sociedad del mañana, incluso de sostener a los que le dieron la vida.

         Esa mujer y ese niño reciben un trato especial, necesario no solo para mantener el futuro de la sociedad local sino también responder al agradecimiento del pasado de forma digna, precisamente en la esperanza de vida de sus propios padres o de sus abuelos, es decir, de generaciones anteriores a la suya.  Ese trato administrativo especial se refleja en el hecho de que cuando la mujer es madre no pierde el puesto de trabajo durante tres años, y el primero de ellos recibe el mismo sueldo que percibía; y los otros dos una ayuda especial del estado. Eso sin olvidar la incorporación inmediata y gratuita de esos niños a la guardería y a la escuela correspondiente.

         Esto hace que en países como Noruega se vean (hemos visto) parejas muy jóvenes con dos o tres niños de la mano o en cochecitos de bebés. Con todo, esa sociedad está repleta de futuro y de agradecimiento del pasado… Se nos puede argumentar que eso obliga a fuertes impuestos y controles de Hacienda. Pues claro, lo cortés no quita lo valiente…

         Esas políticas de igualdad tan positivas son las que se desconocen en nuestro país, donde el drama se agudiza: casi quintuplica la tasa de desempleo femenino de la Unión Europea (UE). Así lo denunció un informe de la Unión General de Trabajadores (UGT) difundido con motivo del Día Internacional de la mujer trabajadora que se celebra cada 8 de marzo. Además, España es el segundo país de la UE con mayor índice de paro de mujeres y duplica dos veces y media la tasa europea, con datos de hace un par de años. La tasa española de paro femenino se sitúa en el 25,4%, frente a la europea que alcanza el 10,3%. España triplica la tasa de paro de países como Finlandia o Suecia y llega a quintuplicar la de países como Alemania, Austria y Reino Unido…

España ya está en la cola de la natalidad en el mundo

         En cuanto al fenómeno de la natalidad, cada año se produce una caída en el índice de fecundidad, siendo inferior a dos por mujer (1,3) lo que no se garantiza ni mucho menos una pirámide de población estable. En la actualidad, España es el número 181 en Tasa de Natalidad en el mundo y en el índice de fecundidad de los 192 países publicados por DatosMacro.com. Y a eso hay que añadir que, según el Fondo de Población de Naciones Unidas, España es, junto a Japón y Eslovenia, el país con la población más envejecida del mundo.

         Cierto que los avances médicos y el sistema de bienestar han alargado la esperanza de vida (en la actualidad, se sitúa en 82 años), pero lo que a nivel individual es un progreso, a nivel colectivo es un problema, que se manifiesta ya en el trágico futuro de las pensiones. Según David Reher, catedrático de sociología de la Universidad Complutense de Madrid: “El envejecimiento es, sin duda alguna, el principal reto social de este país para las próximas décadas. Pero es verdad que, de momento, la mala situación de la economía y el desempleo lo están ocultando”…

         Para enfrentarnos y poder solucionar todo este problema, habrá que iniciar el proceso desde los nacimientos, como lo hacen esos países señalados, porque, en nuestra sociedad, se está produciendo lo contrario: ni la mujer es tratada laboralmente como el hombre y tampoco dispone de la ayuda necesaria para trabajar y disponer de tiempo y ayudas como para tener hijos.

El mayor porcentaje de maternidad, en las funcionarias

         El último dato que hemos conocido esta semana pasada se lo debemos a una afiliada al Partido Popular que preparaba una propuesta para presentarla en el próximo Congreso de ese su partido (propuesta que dudo mucho se vaya a llevar a aceptar) en el que señalaba la falta de ayuda a la mujer trabajadora que tiene hijos, hasta el punto de que aportaba el dato de que estadísticamente sólo las mujeres funcionarias, con un puesto laboral fijo y un horario asequible (horas límite de trabajo), son las que están últimamente teniendo hijos, las demás o no los tienen o si los tienen han de valerse de ayudas externas implicando a otras personas. Los abuelos suelen ser una solución, pero no todas las mujeres tienen padres (o suegros), y si los tienen no están siempre dispuestos a colaborar porque no pueden o no quieren hacerlo.

“La mujer multiplica todo cuanto se le de” (W. Golding)

         Volviendo al comienzo del tema y por mi propia y feliz experiencia, nuestra admiración va para la mujer y punto, aunque esa admiración aumente en el caso (quizá egoísta y algo machista) de que además sea madre. Y aumenta aún más en aquellos casos (en nuestra profesión de periodista abundan) en los que además de mujer trabajadora ¡periodista! es madre de familia. Todo ello ha coincidido con la llegada a mi teléfono móvil de una significativa y oportuna frase dedicada a la mujer a cargo del Premio Nobel de Literatura en  1983, el novelista y poeta británico William Golding (1911-1993), conocido especialmente por su obra: “El señor de las moscas”.

William Golding junto a una típica mujer picassiana

          La frase dice: “Pienso que las mujeres están locas si pretenden ser iguales a los hombres. Son ampliamente superiores y siempre lo han sido. Cualquier cosa que le des a una mujer ella la hará mejor. Si le das tu esperma, ella te dará un bebe. Si le das una casa, te dará un hogar. Si le das comida, te dará un almuerzo. Si le das una sonrisa, te dará su corazón. Ella multiplicará todo lo que le den. Así que si le das cualquier porquería, te devolverá una tonelada de mierda”.

Madre-Hijo: perfecta y máxima comunicación

            Pero hay otro recuerdo o encuentro que viene al tanto de cuanto estamos escribiendo y que sirve de homenaje a la mujer madre, y más en el caso en que compatibiliza su trabajo con sus hijos. Se trata del comienzo de mis clases dedicadas a la Comunicación (“facultad o necesidad natural de dar participación a otro de lo que tiene o desea o piensa”) en los años en que tuve la suerte de ser profesor de la Unidad de Ciencias de la Información en Leioa, hoy ya Facultad con pretensiones mucho más amplias.

            Transcribo lo que decía entonces: Aunque parezca tópico, no hay mejor ejemplo de la perfecta comunicación que el de un ser en el vientre de su madre. Son 266 días fijados como permanencia del niño en el útero. En este tiempo, la comunicación es tan elevada que el cambio que experimenta el feto alcanza cifras que parecen carecer de sentido porque son inexplicables. La célula fecundada se va a convertir en 200 millones de células antes del parto, y esas células van a pesar seis millones de veces más que el óvulo fecundado. Si después de nacer prosiguiera este mismo ritmo de comunicación y de crecimiento conseguido durante el período embrionario, el niño llenaría el sistema solar a los 21 años.

Pinturas de maestros: Gustav Klimt (1862-1918)  y Julius Garibaldi (1860-1932)

            Para darnos una idea de lo que supone esta ruptura comunicativa tan perfecta, detengámonos en el momento del nacimiento, nacimiento que va a estar maravillosamente dispuesto por la naturaleza para aunar, juntamente, las necesidades del hijo y la capacidad de la madre.

Primer choque del ser humano en el nacimiento

            El niño ha madurado lo suficiente para nacer precisamente cuando ha aumentado de tamaño y la matriz de la madre se ha dilatado al máximo. El niño ya no tiene espacio suficiente para moverse ni para seguir creciendo. Así se pone en marcha el espectacular proceso del parto y sus dolores correspondientes. La situación del niño al iniciarse el proceso del nacimiento corre pareja con la de la madre. Si la madre pasa momentos difíciles, el niño los pasará también. Es una relación comunicativa directa madre-hijo. Más que directa, el niño es extensión (por el cordón umbilical) de su madre, física y afectivamente. Pero va a nacer… Van a desligarse físicamente, y va a producirse precisamente el primer choque importante que soporta el ser humano en lo fisiológico y en lo psicológico. Con razón se ha podido hablar de traumatismo del nacimiento. La gran ruptura o el gran corte comunicativo.

            El recién nacido hará continuos esfuerzos por respirar mientras sale al exterior y solo respirará por sí mismo en un momento muy concreto. Ese recién nacido manifestará entonces, inconscientemente, una angustia intensísima: la angustia de la asfixia, que le arranca su primer grito, ese grito que reclama el aire y la nueva vida, en busca de una comunicación (a poder ser tan directa) como la que antes tenía… Por eso esa primera respiración es la más difícil o brusca de la existencia, es probablemente el mayor esfuerzo hecho por la persona humana a lo largo de su vida, precisamente el primero que es autónomo.

            Se ha calculado que ese esfuerzo requiere por lo menos cinco veces el de una respiración normal, ya que el aire ha de dilatar los miles de sacos pulmonares que están vacíos. El niño que no pudiera reaccionar mediante estos primeros reflejos de angustia, si fuera perezoso al grito, no sobreviviría. De ahí la ayuda del ginecólogo o de la comadrona con uno o varios golpes. Porque seguramente, si el niño pudiera emplearse por sus propios medios intentaría volver al seno de su madre, para que así no se le rompiera la adaptación a un medio conocido y la comunicación existente. Hay una negativa por su parte de adaptarse a un medio que le es hostil (al que no está habituado) y un deseo de replegarse y agarrarse a estados anteriores…

Con “NoMo” o sin él, respetemos la libertad de las mujeres

            Hasta ahí, lo que tratábamos de mostrar en nuestras clases de Comunicación. Evidentemente al recogerlo ahora es por un sentimiento de admiración hacia la mujer y un deseo de que se le facilite por todos los medios posibles que pueda disponer de tiempo y ayuda para trabajar y ser madre. Y digo trabajar porque en la mayoría de las parejas en el mundo de hoy necesitan trabajar los dos para disponer de unos ingresos que les permitan tener hijos y mantener a una familia. Sólo así, además, estaremos facilitando el hecho de que exista un futuro mejor del que tenemos, con unos jóvenes que releven en el trabajo y en la vida de familia a sus propios padres, y no digamos a sus abuelos…

            Volviendo al principio, esta generación que llaman “NOMO” nada tiene que ver con aquellas antiquísimas divisiones territoriales del antiguo Egipto, palabra que designaba además la superficie cultivable, la que daba sus frutos que sostenían el presente y el futuro de aquellos pueblos milenarios. Ahora toca pensar en el futuro y eso es lo que, respetando a la mujer y su libertad de elección por encima de todo, nos preocupa a todos, sobre todo a nuestras descendencias… En fin, preocupación, sí, pero también respeto por la libertad de pensamiento…

                                                           José Manuel Alonso, expresidente de la AVP-EKE

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