Hasta cuándo

M.Urraburu. La tormenta desatada por los casos de corrupción han puesto de manifiesto que, efectivamente, hay dos Españas: La de los despachos y la que se vive en la calle. La primera quiere ver la botella medio llena; el clima generado por los escándalos es preocupante, pero cree que el ciudadano podrá aguantar y que la sangre no llegue al rio y, si no, a que vienen los consejos que Rajoy pide a sus asesores sobre ¿hasta cuándo creen que los españoles podrán aguantar la situación? Están tentando la suerte.

En la calle, lo que se pide, es que se termine el desfile de acusados por los juzgados y empiece su paseo camino de la cárcel. Y, sobre todo, que devuelvan el dinero todos los que lo han robado, durante años. Con qué cara pueden pedir estos políticos – y demás imputados- esfuerzos y sacrificios a los ciudadanos.

A veces pienso, que la gente lo tiene asumido. Que hay falta de conciencia colectiva y que cada uno, busca salvarse individualmente. Tenemos la legislación con menos controles de Europa y me temo, aunque Rajoy diga lo contrario, que no hay voluntad de cambiar.

El Consejo de Europa ha denunciado la existencia de malas prácticas en la política española. La primera condición que impuso la Unión Europea a España, antes incluso que la reforma laboral, fue que se dotase de una autoridad fiscal independiente. Los expertos consideraron que había aspectos por mejorar para garantizar la transparencia de la finanzas de los partidos, como la opacidad de los ayuntamientos, o la ausencia de información sobre las fundaciones vinculadas a los partidos políticos, además de muchas otras. Dos años después, los expertos de la Comunidad Europea elaboraron un nuevo análisis: ninguna de sus recomendaciones se habían cumplido.

La corrupción ha acompañado tradicionalmente a la financiación de los partidos en España. Así los partidos pueden seguir endeudándose lo que quieran y los bancos condonar sus deudas hasta un máximo de 100.000 Euros; pueden recibir donaciones inmobiliarias sin límite y dinerarias, también sin tope, a través de las fundaciones; y aunque deben hacer públicas sus cuentas, no están obligados a difundirlas hasta que el Tribunal de Cuentas no haya emitido el informe de fiscalización correspondiente.

El problema es que, el análisis contable tarda cinco años y las sanciones que impone esta ley prescriben a los cuatro. Solo una cosa más: presten mucha atención a las fundaciones, de las que les prometo hablar en otra ocasión. Un escándalo. Estamos rodeados de “trileros”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s