Expresionismo Abstracto en el Guggenheim

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Estamos a favor de la simple expresión del pensamiento complejo.
También estamos a favor de los formatos grandes porque poseen el impacto de lo inequívoco.
 Estamos a favor de las formas planas porque destruyen la ilusión y revelan la verdad.
(Mark Rothko y Adolpeh Gottlieb) Carta al New York Times (1943)

 

NICO DEL VAL

Hasta el 4 de junio en la planta segunda del Guggenheim Bilbao, la consagrada a las grandes exposiciones temporales, podemos disfrutar con la exposición  Expresionismo Abstracto que reúne más de 130 obras entre las que encontramos cuadros emblemáticos de la denominada Escuela de Nueva York que integraron, entre otros, Jackson Pollock, Mark Rothko y Willem de Koonin.

Se trata de la mayor retrospectiva de Expresionismo Abstracto estadounidense de los últimos cincuenta años que hasta enero también ha podido verse en Londres, en una versión ampliada de la Royal Academy of Arts que logró reunir más de 160 piezas, entre las que se encontraba la considerada principal obra del expresionismo abstracto Blue Poles (1952) de Jackson Pollok que ha sido valorada en más de 300 millones de dólares tras su adquisición en 1973 por la National Gallery de Australia que pagó 1,3 millones de dólares; la obra era propiedad de un amigo del artista que la había comprado en 1957 por 32.000 dólares. Hace poco más de un año el financiero estadounidense y fundador del fondo de inversión CITADEL, Kenneth Griffing, anunció la compra de un cuadro de Willem de Kooning, Interchange (1955), por 277 millones de dólares; la obra había alcanzado los 20 millones de dólares en una subasta de Sotheby’s celebrada en 1989. De Kooning, fallecido hace 30 años, fue el pintor más cotizado en vida.

image003Willem de Kooning (Sin título,1948 / …Cuyo nombre estaba escrito en agua,1975 / Sin título V, 1976.  FOTO: NICO DEL VAL

Entre los cuadros más valiosos que se exhiben en Bilbao destaca el lienzo más grande pintado por Jackson Pollock (Mural, 1943), que fue un encargo para el salón de la vivienda neoyorquina de su mecenas, Peggy Guggenheim, sobrina del fundador de la Fundación Solomon R. Guggenheim. El cuadro fue expuesto el pasado verano en el Museo Picasso de Málaga, es propiedad del Museo de Arte de la Universidad de Iowa y tras ser restaurado durante 18 meses en el Instituto Getty de Los Ángeles se ha exhibido en Venecia, Berlín, Málaga, Londres y ahora en Bilbao.

 image005Mural, 1943 (Jackson Pollock)                                                                   FOTO: NICO DEL VAL

En la producción de la exposición que reúne las obras de 33 artistas, además de la Royal Academy of Arts y del Guggenheim Bilbao, también han colaborado la Fundación BBVA y Terra Foundation for Merican Art. Destaca el trabajo de comisariado realizado por el historiador y crítico de arte británico, David Anfam, especialista en Expresionismo Abstracto y autor del catálogo razonado de la obra de Mark Rothko.  David Anfam trabaja para el Clyfford Still Museum del condado de Denver (Colorado), depositario de la mayor parte de las obras del artista, que por primera vez y coincidiendo con su quinto aniversario, ha autorizado la salida de 9 pinturas creadas entre 1944 y 1958. En compañía de otras tres, una de ellas propiedad del Guggenheim Bilbao, las obras de Still tienen un destacado protagonismo en la Sala 208 del museo bilbaíno.

image007PH-1123 (1954), PH-1140 (1957), PH-150 (1958) Clyfford Still                 FOTO: NICO DEL VAL

Tanto David Anfam, como las también comisarias, Lucia Aguirre (Guggenheim Bilbao) y Edith Devaney (Royal Academy of Arts), coinciden en que el Expresionismo Abstracto es un “fenómeno poliédrico, fluido, heterogéneo, complejo, sin destacadas relaciones estilísticas entre sus miembros” y nos presentan la Escuela de Nueva York, como un “fenómeno” que surgió sin manifiestos y en el que sus principales figuras, Jackson Pollock  y Mark Rothko, siempre defendieron su independencia como artistas y rechazaron la existencia de un movimiento artístico; pero no es menos  cierto que a mediados de los años 30, Rothko y Adolph Gottlieb -entre otros- crearon el grupo The Ten y el New York Artists Painter y que enviaron una carta de protesta al New York Times, en 1943, por considerar que sus pinturas eran  menospreciadas por los críticos de arte de la época. Años después, en 1950, las reivindicaciones de los expresionistas abstractos estadounidenses alcanzaron una gran notoriedad con motivo del texto público que el denominado grupo de “Los Irascibles” envió al presidente del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York , al que criticaban por ofrecer una visión conservadora de la pintura americana y despreciar el arte moderno. Una buena representación del grupo (15 de los18 artistas) quedó inmortalizada en la fotografía de Nina Leen para un artículo de la influyente revista Life, en la que aparecen, entre otros, De Kooning, Rothko, Pollock, Still, Robert Motherwell, Barnett Newman y Hedda Sterne (la única mujer del grupo) que por cierto está ausente de la exposición del Guggenheim Bilbao.

image009Artículo de la revista Life sobre el Grupo de los Irascibles (15-1-1951)

Para entonces, comienzos de la década de los cincuenta, el grupo de expresionistas abstractos ya había sido seleccionado por la recién creada Agencia Central de Inteligencia (CIA) para jugar un papel destacado dentro del plan de ofensiva ideológica diseñado para Europa. La trama fue desvelada a mediados de los años sesenta por la prensa estadounidense, con el New York Times al frente, pero muchos de los detalles se conocieron en 1999 gracias a la periodista e historiadora británica Frances Stonor Saunders que en su libro “La CIA y la guerra fría cultural”  puso al descubierto los resortes de la campaña de propaganda ideada para el denominado Plan Marshall de la Cultura aprobado en 1947 por la administración del presidente Harry Truman y que tuvo su continuación durante el mandato de Eisenhower con la creación de la Agencia de Información USIA, encargada de velar por la imagen de EE.UU. en el extranjero.

Según el historiador Jeremy Lewinso, con los expresionistas abstractos se conseguía resaltar el carácter espontaneo de la nueva pintura norteamericana como “producto de la libertad y la democracia frente a la propaganda  comunista y su amenaza para el mundo libre y los valores de occidente”. Después de la II Guerra Mundial, el descredito de la derecha europea era el reflejo de su cooperación con el fascismo y el nazismo, mientras que la izquierda y especialmente los comunistas  disfrutaban de un alto prestigio entre las elites culturales europeas. La tarea fundamental de la CIA fue la penetración cultural e ideológica a través de fundaciones interpuestas (Rockefeller, Ford, etc...) que se encargaban de administrar los importantes fondos financieros destinados a contrarrestar el rechazo de la cultura norteamericana, superar las resistencias ideológicas e intentar ganar la batalla de las ideas. En el ámbito del arte, los servicios secretos estadounidenses pasaron a controlar el MoMa, el Museo de Arte Moderno de Nueva York  que realizó una importante compra de obras  y organizó varias e importantes exposiciones itinerantes de Expresionismo Abstracto que en la segunda mitad de los años cincuenta recorrieron las principales ciudades europeas. La primera en llegar a España, con más de 200 obras, se enmarcó dentro de la III Bienal de Arte Hispanoamericano celebrada en Barcelona en 1955; la segunda, tres años después, correspondió a Madrid dentro de la última de las giras que se realizó en Europa bajo el título La nueva pintura norteamericana.

image011Banda amarilla, 1956 / Sin título, 1952-53 / Nº4 Sin título, 1953 (Mark Rothko)  FOTO.NICO DEL VAL

Para los estrategas de la CIA los expresionistas abstractos eran  perfectos para la confrontación con los ideales del arte soviético y para modificar la imagen negativa, en Francia en particular, sobre la historia cultural de los EE.UU. Incluso, la mayoría de los artistas militaban en la izquierda y habían sufrido el desprecio público de la administración y de buena parte del establishment estadounidense. Hasta el  presidente Truman les había definido como “…auténticos desertores de la brocha gorda. Si esto es arte, – exclamó- yo soy un nómada hotentote de Botsuana”.

Según Donald Jameson, uno de los principales agentes de la CIA encargados de organizar las expediciones culturales, el Expresionismo Abstracto era ideal para mostrar lo rígido y estereotipado de la iconografía del realismo socialista que imperaba en Rusia: “¿Habláis de un hombre nuevo? Aquí los tenéis, en Estados Unidos, nuestros artistas son individualistas e inflexibles, son auténticos”. Algo parecido ocurrió dentro del campo de la literatura con la promoción de escritores estadounidenses como Ernest Heminway y Willian Faulkner o de europeos con pasado izquierdista como Arthur Koestler y George Orwell.

 image014Sala 202: Escultura Volton XVIII, 1963 (David Smith)                            FOTO: NICO DEL VAL

 Pero dejemos el tema de la CIA y volvamos con el arte y sus artistas. Son pocos los que discuten que los expresionistas abstractos lograron situar a los EE.UU. en lo alto del escenario  artístico mundial, desplazando a París como la capital del arte y las vanguardias y poniendo el foco de interés sobre todo en Nueva York. El Expresionismo Abstracto pasó a ser la tendencia principal de la pintura hasta mediados de los años sesenta en los que surgió el minimalismo y el Pop Art.

En el Expresionismo Abstracto confluye la intensidad emocional del expresionismo alemán y la estética formal de la abstracción europea, al tiempo que logra integrar gracias a la espontaneidad expresiva del inconsciente una cuestión clave que las tendencias artísticas surrealistas tenían pendiente de materializar. Dore Ashton, autora del libro La Escuela de Nueva York, sostenía que el colectivo estaba integrado por “individuos perplejos e inseguros esforzados en encontrar una dirección y una intuición sobre sí mismos”. También hay quienes consideran que el expresionismo abstracto no fue el principio de nada sino el final de algo que en la actualidad se traduciría en la desaparición de la pintura dentro de las tendencias creativas más vanguardistas.

 image015Penumbra, 1959 (Adolph Gottlied) / Perfil de luz, 1967 (Barnet Newman)    FOTO:NICO DEL VAL

El armenio exiliado en Nueva York en 1925, Arshile Gorky, está considerado como el precursor del Expresionismo Abstracto, puente entre la pintura europea de entreguerras y la denominada escuela norteamericana. Influenciado por el surrealismo, a mediados de los años treinta, se alejó de la figuración para avanzar  por la abstracción y la espontaneidad del trazo, pero sin renunciar al control del pincel, ni prescindir del dibujo.

Dentro del Expresionismo Abstracto, los teóricos diferencian dos claras tendencias; la que apostaba por un procedimiento espontáneo e improvisado basado en el “automatismo del gesto” con Jackson Pollock, Willen de Kooning y Franz Kline como principales exponentes; y otra centrada en el color y sus posibilidades expresivas, en la que destacaron Mark Rothko, Clyfford Still, Barnett Newman y Ad Reinhardt, considerado precursor del minimalismo y que fue el único que se opuso al patrocinio encubierto de la CIA a través del MoMA. Además, entre ambas tendencias podemos encontrar las obras síntesis de Franz Kline y Robert Motherwell. También recordar que dentro de la corriente expresionista abstracta desarrollada en EE.UU. encontramos a dos españoles nacionalizados estadounidenses: José Guerrero y Esteban Vicente que lamentablemente no han sido incluidos dentro de la exposición de Guggenheim Bilbao, en la que sí se puede apreciar con claridad que el Expresionismo Abstracto desborda los ámbitos de la “pintura de acción” y el “campo de color” confirmando la libertad y diversidad del colectivo que contó con un reducido número de mujeres entre las que sobresalen: Helen Frankenthaler (esposa de Robert Motherwell), Lee Krasner (esposa de Jackson Pollock), Joan Michell, Louise Nevelson y la fotógrafa Barbara Morgan. Dentro de la escultura el artista más destacado adscrito al Expresionismo Abstracto es David Smith. Hasta los años cincuenta sus obras revelan la influencia de Picasso, Miró, Calder y Giacometti, para posteriormente girar hacia una escultura basada en los principios de la monumentalidad, verticalidad y equilibrio entre peso y volumen.

 

image017Tanque tótem III, 1953 (David Smith) / Número 7, 1950 (Jackson Pollock)      FOTO: NICO DEL VAL

 


 

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Teléfono: 944 35 90 00  (horario oficinas)   944 35 90 80  (horario Museo)

Email: informacion@guggenheim-bilbao.es

https://www.guggenheim-bilbao.es/

HORARIO: De martes a domingo  10:00 a 20:00

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