Los periodistas fueron la clave para conocer la verdad del bombardeo de Gernika y para el “Guernica” de Picasso

        

La destrucción de Guernica: Periodismo, diplomacia, propaganda e historia: Este libro está dedicado a los periodistas hombres y mujeres, y en especial a George Lowther Steer, a Noel Monks, a Christopher Holme, a Mathieu Corman, que desde Bilbao o desde la frontera franco-española dieron al mundo la noticia de la destrucción de Guernica; a Jean Richard y al canónigo Alberto de Onaindía, que rompieron el mundo del silencio alzado en Francia para impedir toda información sobre la destrucción de Guernica” (Herbert R. Southworth).

Los periodistas “extranjeros” Noel Monks y George L. Steer

                “He visto muchas escenas de espanto en la guerra civil española desde hace seis meses, pero no he visto nada tan terrible como la destrucción de Guernica, aniquilada por los bombardeos extranjeros al servicio del general Franco” (Noel Monks, enviado especial del “Daily Express”).

            “Juan Larrea, el poeta vasco amigo de Picasso, que residía el 26 de abril de 1937 en París, oyó por la radio la noticia del bombardeo de Guernica –lo cuenta José María Ucelay, el que fuera director general de Bellas Artes del Gobierno Vasco durante la guerra civil—, cogió un taxi y se dirigió al domicilio del pintor malagueño para darle la noticia convencido de que era el tema que Picasso estaba buscando para realizar la gran obra que representara a España en la Exposición Universal de París (…) Al día siguiente –según otras versiones— , la amiga de Picasso, la marchante norteamericana Gertrude Stein, se presentó en el domicilio del pintor con una serie de periódicos, destacando la portada de “The New York Times” y la contraportada del “Times”, crónicas firmadas por el periodista George Lowther Steer, presente en Guernica aquel 26 de abril” (Distintas publicaciones).

            “Yo creo que la crónica de Steer sobre el Bombardeo de Guernica causó más impacto que ninguna noticia sobre la guerra civil española. Luego, con el “Guernica” de Picasso –que nos hace recordar a “Los horrores de la guerra” de Rubens— ocurrió algo parecido al éxito y la repercusión de los “Fusilamientos del 2 de mayo” de Goya, en la Guerra de la Independencia contra Napoleón” (Santiago Amón) .    

            “Picasso leyó y vio las fotografías del bombardeo de Guernica en los diarios franceses e ingleses, periódicos que están señalados y recordados en su magistral obra, concretamente en el  cuerpo plano del caballo lastimado con su boca abierta y su lengua puntiaguda” (Dorothy Koppelman).

            “Pasión Picasso: Toda una vida para ser niño, para pintar como un niño. Siempre niño, dejándose hacer; durmiéndose con la misma ilusión que pintaba, esperando volver a hacerse niño, confiando en que le despertaran como a un niño” (José Manuel Alonso: “Picasso, Neruda, Casals, Pablos Universales”. Bilbao 1973)

            Salvador de Madariaga (1886-1978), escritor y ministro en 1934 de Instrucción Pública, Bellas Artes y Justicia de la II República, dijo del “Guernica” que el pintor que la hizo lleva un caos en la cabeza que es el de su época”. Y el humorista Máximo solía afirmar que “ningún gran muerto hará correr tanta tinta en los periódicos de todo el mundo como este “descomunal muerto” que es Pablo Picasso.

Más de tres horas de bombardeo sobre Gernika

         El 26 de abril de 1936 era lunes de mercado en la villa foral (y “sagrada”) de Gernika, con el centro de la villa lleno de puestos de aldeanas. A partir de las doce de la mañana se observaron distintos aviones, al parecer de reconocimiento, que sobrevolaban Gernika. Previamente al bombardeo, otros aparatos intentaron derribar el puente cercano a la villa foral y cortar distintas carreteras…

            A las 4,40 horas de la tarde, de repente –comentan testigos presenciales–, un avión de bombardeo Heinkel 111 sobrevoló la población lanzando sobre ella cerca de tonelada y media de bombas. Poco después, repitió la operación acompañado por tres aviones del mismo tipo. Tras esta segunda operación, tres escuadrillas de bombardeos Junkers 52 –en total, 23 aviones-, un grupo de cazas Messerschmidt BF-109 y otro grupo de cazas Heinkel 51, volvieron a atacar la villa, en sucesivas oleadas, bombardeándola y ametrallándola a muy baja altura”.

            Según distintos cálculos, la operación duró hasta las 7,45 de la tarde e intervinieron cerca de 40 aviones, que arrojaron unos 40.000 kilos de bombas –10.000 explosivas y 30.000 incendiarias– con las cuales destruyeron el centro de la villa que quedó envuelto en llamas.

            Tal y como escribía Antonio Elorza en “El País”, sesenta años después, el 26 de abril de 1997, “los aviadores de la Legión Cóndor que destrozaron Guernica con sus bombas no debieron ser conscientes de su condición de protagonistas en uno de los acontecimientos emblemáticos del siglo. La indiferencia era el rasgo común en los supervivientes de la hazaña que se asomaron a nuestros televisores, tiempo atrás, para declarar que ellos se habían limitado a cumplir con su deber  y que atacaron objetivos militares. Seguramente, si el entrevistador les hubiera recordado que su acción fue propia de unos criminales de guerra nazis, lo habrían rechazado airadamente. Los avatares políticos de la posguerra se unieron a la larga supervivencia del franquismo para echar una cortina de humo sobre los datos esenciales: la responsabilidad de quienes vinieron a España, obedeciendo a Hitler, para cooperar con la insurrección contra un Gobierno legítimo y, por encima de todo, la puesta en práctica por vez primera de una forma de guerra en que la aviación servía de instrumento para sembrar masivamente la muerte entre la población civil, en una ciudad abierta”.

Advertencia de que Bilbao y otras poblaciones serían arrasadas

            El ritmo del bombardeo tenía su lógica: primero, granadas y bombas pesadas para sembrar el pánico en la población. Luego, ametrallar a los vecinos para obligarles a refugiarse bajo tierra. Y después, bombas incendiarias para derribar las casas sobre sus víctimas. Se entendió que “la finalidad del bombardeo era aparentemente desmovilizar a la población civil y destruir la cuna de los vascos”.

            De cara al adversario, la muerte se asociaba para Franco con la ejemplaridad y, en este sentido, la destrucción de Guernica encajaba perfectamente con la necesidad de doblegar la voluntad de resistencia del Gobierno vasco. De un lado, suponía la destrucción de un símbolo sagrado para el nacionalismo. De otro, constituía la advertencia de que Bilbao y otras poblaciones vascas serían también arrasadas de ser mantenida la alianza con la República. Bilbao sufrió bombardeos, es cierto, pero no de la intensidad y gravedad de Gernika ni de otros lugares de la geografía vasca.

El Puente de Deusto, en Bilbao, destruido por la aviación nazi

            Franco nunca reconoció –continúa Antonio Elorza—  la responsabilidad de la acción genocida sobre Guernica. “Los rojos la incendiaron, contesta en julio de 1937 al corresponsal de un diario inglés, como Oviedo en 1934 y 1936, y lo mismo que Irún, Durango, Amorebieta, Munguía y muchas ciudades durante esta campaña”. “Los rojos destruyeron a Guernica premeditadamente y con fines de propaganda”, declara a otro corresponsal, esta vez de la United Press. “La aviación nacionalista nunca ha bombardeado ciudades abiertas de retaguardia”, insiste. Es la versión oficial que el franquismo mantendrá durante décadas, contra toda evidencia, mostrando hasta qué punto la mentira y la represión eran piezas claves de su arsenal político”

            Una vez más se comprobaba que la información dictada, controlada y dirigida desde el poder es desinformación y/o propaganda.

            En Gernika ocurrió sin embargo –concluye su artículo Antonio Elorza– que, como en tantos otros designios de destrucción franquistas, los resultados acabaron siendo opuestos a los perseguidos. Aunque pésimamente coordinadas, desprovistas de aviación y traicionadas en momentos cruciales, las unidades vascas conseguirán hasta la caída de Bilbao con su tenaz defensa hacer de la derrota una victoria moral sobre el adversario, constituir un capital político de cuya persistencia dieron fe los resultados en las primeras elecciones democráticas de 1977.

Periodistas extranjeros, en Gernika, transmiten la única verdad

Recortes de distintos periódicos sobre el bombardeo de Gernika

            Aquel mismo día del bombardeo, probablemente por la noche y desde el Hotel Carlton de Bilbao, donde se hospedaban los periodistas y también el Gobierno Vasco (en el sótano del edificio), George Lowther Steer, corresponsal del “Times” inglés y “The New York Times” norteamericano, había conseguido en Gernika pruebas evidentes de lo sucedido y añadía a la noticia del bombardeo y la destrucción de la villa foral vasca estas o parecidas palabras:  “Eran bombas incendiarias, brillantes y plateadas, que tenían grabadas la cabeza del águila alemana y la identificación RH 1936. Tenían las marcas del fabricante y esa era la prueba que necesitaba un periodista, bombas que se utilizaron años después en los bombardeos de Londres”

            Se ha llegado a decir, en alguna publicación, que George L. Steer en su texto añadía una advertencia clara: “ha sido un brutal ataque y bombardeo de aviones alemanes e italianos, por tanto, mirad lo que nos espera”. Lo evidente es que gracias a un periodista (al que siguieron otros en paralelo, como Noel Monks, enviado especial del “Daily Express”) Guernica se convirtió en un potente símbolo en el mundo, incluso antes de que Picasso pintara el famoso cuadro, del que escribiremos con detalle en el próximo artículo de Kazetariak.

“Periodismo, diplomacia, propaganda e historia”

            Tal y como hemos comenzado en el artículo de hoy, el libro del escritor, catedrático emérito, periodista e historiador norteamericano Herbert R. Southworth (1908-1999) La destrucción de Guernica , con subtítulo tan claro como: Periodismo, diplomacia, propaganda e historia” comienza con el capítulo titulado: “Las noticias procedentes de Bilbao”, y escribe: “Desde los primeros estudios de su desarrollo, la historia de a destrucción de la ciudad vasca de Guernica es antes que nada un asunto de despachos de prensa, debidos todos ellos a la iniciativa de los corresponsales extranjeros. Puede decirse que sin la presencia de estos y de representantes españoles de la prensa extranjera en Bilbao en la noche del 26 al 27 de abril de 1937 el acontecimiento de Guernica no habría aparecido tal como lo conocemos hoy en día. Las fases siguientes también estuvieron determinadas en amplia medida por la prensa”.

            Según escribe Herbert R. Southworth, “los cuatro periodistas profesionales extranjeros presentes en Bilbao la noche del 286 al 27 de abril, hospedados en el Hotel Carlton, fueron: George Lowther Steer, de “The Times” de Londres; Noel Monks, del “Daily Express”, igualmente de Londres; Christopher Holme, de la agencia de prensa Reuter de Londres, los tres británicos; y el belga Mathieu Corman, corresp0onsal del diario parisino de la tarde “Ce Soir”, fundado hacía poco. Otras cinco personas extranjeras (probablemente británicas o en todo caso en comunicación con l prensa inglesa) se encontraban de paso por Bilbao y enviaron cablegramas a Inglaterra a raíz del desastre de Guernica.

            No hay ninguna duda de que esos cuatro periodistas profesionales extranjeros en Bilbao y  algún corresponsal español para distintos periódicos se enteraron de que Guernica estaba siendo bombardeada, recorrieron en coche los treinta kilómetros que les separaban de la localidad bombardeada tan rápidamente como pudieron y cada uno de ellos observó los incendios, habló con los supervivientes y telegrafió sus informaciones a su regreso a Bilbao ese mismo día 27 de abril.

126 muertos en Gernika; 169 aviones “enemigos” sobre Euskadi

            El número de muertos no fue superior a 200. Un vecino que intervino directamente en el traslado de los fallecidos al cementerio nos declaraba años después que fueron 126. Pero no es sólo el número de muertos lo que impresionó e impresiona sino además los daños inútiles allí causados en una población inocente por el bombardeo de la aviación de un país, Alemania, que no estaba en guerra con España. Es ése el motivo principal por el cual se destaca a Guernica en el drama español con fisonomía propia: lo mismo que ocurrió en Durango, Amorebieta, Munguía, Irún y Eibar, en donde también los alemanes dejaron profundas huellas a su paso. Un piloto italiano declaraba años más tarde que “la campaña del País Vasco comenzó con una fuerza aérea de 73 aviones seguidores de Mussolini, algo más de 80 seguidores de Hitler y unos 16 seguidores de Franco. Estos enviados por Franco iniciaban el reconocimiento; los de Hitler aportaban la masa de bombardeos pesados con sus Junquers y los de Mussolini poníamos los cazas”.

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Gobierno Vasco, reunido  durante la Guerra Civil

El 28 de abril los periódicos de todo el mundo recogían la noticia, que se extendió rápidamente. Hubo numerosos intentos por parte de las tropas nacionalistas de afirmar que el bombardeo y los incendios habían sido producidos  por dinamiteros asturianos y otros incendiarios del ejército republicano en retirada, por orden del Gobierno Vasco, con lo cual redondearon la mentira e hicieron más grande la falacia. De todas maneras, costó encontrar toda la verdad de los hechos, pese a las permanentes informaciones oficiales del Gobierno Vasco y la insistencia de los periodistas extranjeros presentes en Gernika donde acudieron desde Bilbao al conocerse previo al bombardeo de la villa el intento de destrucción del puente y carreteras próximas a la villa foral. Por eso, no es de extrañar que los sacerdotes vascos, encabezados por el canónigo Alberto de Onaindía, y algunos de ellos testigos oculares del bombardeo, se dirigieran al Papa con fecha 11 de mayo de 1937, subrayando la fidelidad del pueblo vasco a la historia religiosa y mostrando “la voz de la realidad, que nosotros afirmamos y atestiguamos, coincidente con la del Gobierno Vasco, y opuesta a “la difamación a nuestro pueblo por parte de las tropas y los medios públicos del General Franco”.

Vivas declaraciones de testigos presentes en los bombardeos

El día 29 de abril las tropas del coronel Alonso Vega entraban en Gernika, en los restos de la villa foral, donde el árbol cantado por José María Iparraguirre (Gernikako Arbola) y el ‘templo’ de la jura de los fueros vascos quedaron indemnes en medio de la Gernika destruida, una Gernika muy católica. Recuerdo precisamente que en una de las entrevistas que realicé personalmente coincidiendo con un aniversario del bombardeo, una vecina presente en aquella mañana de lunes, me decía: “Ellos (tropas fascistas españolas e italianas) entraron en la ciudad con muestras de catolicismo unos días después del incendio del 70% de los edificios del pueblo, y tan católicos o más que ellos éramos nosotros, con la Parroquia de Santa María, un ejemplo del gótico vasco y desde donde se volteaban las campanas para acudir a los refugios, y conventos como los de las monjas de Santa Clara, el de las Mercedarias, el de los Agustinos….”.

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Trataron de convencer al mundo de que el incendio lo habían producido los vascos porque las tropas denominadas nacionales estaban cerca. Personalmente nunca olvidaré lo que me declaraba una mujer que sobrevivió de auténtico milagro: “Los aviones pasaban por encima de nosotros. Pasaban, daban la vuelta y volvían a pasar. Junto a mí, cuando huíamos al refugio, una pobre mujer indignada al paso de un avión empezó a insultar al piloto moviendo los brazos con claras muestras de ira, ¡qué manera de insultarle!… El avión bajó en picado, tan en picado que siempre digo que yo le vi las gafas a aquel piloto, y ta, ta, ta, ta y más ta, ta, ta… y allí la ametralló y la mató. Fue terrible”…

Voces de famosos intelectuales cristianos

Otros vecinos nos comentaron que “Gernika entonces era la mitad de lo que es el pueblo ahora; “era un pueblo muy católico con cinco mil habitantes donde nos conocíamos todos (…) Ante las acusaciones de que habíamos sido nosotros los incendiarios, yo siempre he dicho que como pudo creerse alguien esa barbaridad, ¿cómo íbamos a ser tan estúpidos o tontos, además de otros calificativos no tan tiernos, de matar a nuestros propios vecinos y/o compañeros vascos, y ni siquiera compañeros de armas como se dijo en referencia a los asturianos”.

François Mauriac y Jacques Maritain, escritores franceses

Unos días después del bombardeo surgieron distintas voces de famosos escritores cristianos. El francés Emmanuel Mounier (1905-1950), fundador del movimiento personalista y de la revista Esprit, escribía: “Guernica ha sido arrasada sin razones de guerra, con el salvajismo más extremo. Una población católica ha sido ametrallada por aviones al servicio de un supuesto catolicismo”. François Mauriac (1885-1970), filósofo católico francés, herido grave en la I Guerra Mundial y simpatizante de los republicanos españoles: “Puede que llegue un día en que se reconozca que ese pueblo vasco de Guernica sufría y moría por nosotros. Dios quiera entonces que no encontremos sus muertos en el mismo lugar en que haya que enterrar a los nuestros”. Jacques Maritain (1882-1973), también escritor católico francés: “En estas civilizaciones en que lo temporal está perfectamente diferenciado de lo espiritual, la noción de guerra santa pierde toda significación. La guerra no se hace santa sino que corre el riesgo de hacer blasfemo lo que es santo”.

Y eso ocurría pese a que la destrucción de Guernica fue reconocida por Hermann Goering, lugarteniente de Hitler y comandante supremo de la Luftwaffe, fuerza aérea alemana. La operación se realizó “como banco de pruebas” tal como subrayó el jefe de la Legión Cóndor e incluso por el propio Hitler, bautizándola como operación “fuego mágico”, título del último acto de “Las Valquirias”, la obra de Wagner. A partir de esa fecha, la Legión Cóndor en el mundo se convirtió en lo que sería para el resto de la Guerra Civil Española y la II Guerra Mundial: una fuerza aérea desplazada, autónoma y compactada al máximo”.

En 1997, el presidente alemán culpó (por fin) a la Legión Cóndor

            Pese a todo, tuvieron que pasar sesenta años para que el presidente alemán, Roman Herzog (1934-enero 2017), en abril de 1997, al cumplirse los sesenta años del bombardeo de Gernika, envió un mensaje a la villa foral culpabilizando a la Legión Cóndor de haber arrasado la ciudad en plena guerra. Sus palabras fueron estas: “Yo quiero asumir ese pasado y reconocer expresamente la culpa de los aviones alemanes involucrados. Mi mensaje conmemorativo y conmovido es de condolencia y duelo. Evoco el recuerdo de aquellas personas”… No pidió perdón y tenía que haberlo hecho.

            Asumir culpas pareció un paso importante cuando en Gernika, todavía, se recordaba con espanto aquellas horas de sangre y fuego, tal y como nos lo expresó un vecino en palabras claras, muy hermosas, tan vividas de niño, porque lo recordaba así, textualmente:

            “Hablo en nombre de los supervivientes. Hace sesenta años tuvimos en Guernica una visita inesperada. Muchos éramos niños aún. Llegaron a nosotros hombres de otras tierras, que no nos conocían y a quienes no conocíamos. Pero que no nos veían tal como éramos porque ellos estaban arriba y nosotros abajo. Si hubieran estado a nuestra altura, todos abajo, hubieran visto que éramos niños, como los que había en su país, probablemente en su pueblo. Posiblemente desde allí arriba nos veían como hormigas que huían desesperadamente. No pudimos hablarnos. Los hombres y las hormigas no pueden hablarse, y nos lanzaron una lluvia de fuego, metralla, muerte, y destruyeron nuestro pueblo. Aquella noche no pudimos volver a cenar en nuestra casa ni dormir en nuestra cama, ya no teníamos hogar. Pero aquel acto incomprensible para nosotros no nos dejó un sentimiento de odio y de venganza, sino un deseo enorme, inmenso, de paz para que aquello no volviera a suceder nunca más. Y que desde nuestro pueblo debía surgir una bandera de paz para todos los pueblos del mundo”.

            Creemos que fue en aquella fecha del sesenta aniversario, 26 de abril de 1997, cuando el entonces lehendakari José Antonio Ardanza recibió la visita de un hijo del periodista británico George Lowther Steer, agradeciendo no sólo los relatos periodísticos de su padre sobre el bombardeo de Gernika como ejemplo de la barbarie en todo el mundo, sino de otros periodistas que se arriesgaron también contando la verdad.

            “A los muertos le debemos una cosa: la verdad” (Voltaire)

            En la nueva edición del famoso libro que hemos señalado de  Herbert R. Southworth, “La destrucción de Guernica”, editado, revisado y actualizado por Ángel Viñas, éste escribe: “Bajo la presión del análisis de los hechos, de su contextualización crítica, y de la hermenéutica histórica, la obra termina englobando una reflexión profunda sobre la manipulación de la información, el periodismo en tiempos de guerra o el manejo de la propaganda y de la desinformación. Son estos aspectos que nunca se habían estudiado en conexión con el caso de Gernika y que tienen una validez intemporal. En la guerra, se ha afirmado con acierto y razón, la primera víctima es la verdad. (…) Voltaire expuso un desiderátum al que Southworth se atuvo rigurosamente: “Hay que tener respeto para con los vivos. A los muertos les debemos solo una cosa: la verdad”.

            Y para Gernika, la verdad ha terminando imponiéndose, ya sea en el periodismo, en la pintura o en la literatura, en la información, en el ensayo, en la narrativa, en la poesía y en la investigación. Gernika es una denuncia permanente del horror de la guerra que Picasso plasmó sorprendentemente, como veremos, y de la que también escribió, entre otros, Rafael Alberti con esta frase: con el “Guernica”, la pintura se hizo “juego explosivo”, y con estos versos imborrables: “Y embestiste con furia , / levantaste hasta el cielo tu lamento, / los gritos del caballo / y sacaste a las madres los dientes de la ira / con los niños tronchados / presentaste por tierra la rota espada del defensor caído, / las médulas cortadas y los nervios tirantes afuera de la piel, / la angustia, la agonía, la rabia…”. O estos versos con los que finaliza un soneto que me encontré por casualidad un día de un poeta abulense, Joaquín Fernández: “Tu Guernica es el mundo, la canción / de su eterno morir. Es su fracaso”.

Gernika debería hermanarse con Lovaina, ciudad bombardeada

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            Gernika está hermanada con tres ciudades en el mundo: la catalana Berga (desde 1986), la alemana Pforzheim (desde 1989) y la norteamericana Boise, Idaho (desde 1993).

            Las razones de esos hermanamientos están en distintos hechos. Con Berga hay una razón probablemente histórica ya que los bergistanos fueron un pueblo íbero emparentado con los ilergetes, que vivían en el valle del río Saiarra y parece que Berga puede ser la antigua Castrum Bergium citada por Tito Livio. El casco antiguo del municipio fue construido en 1360.

            En cuanto a la alemana Pforzheim, ciudad del sur de Alemania, en el valle del río Enz (norte de Selva Negra) fue bombardeada con 1.551 toneladas de bombas en la noche del 23 de febrero de 1945 siendo destruida casi por completo en un ataque aliado que mató a 20.277 personas, un tercio de la población de la ciudad, y lo fue pese a no producir ningún bien significativo para la industria bélica durante la confrontación mundial.

            El hermanamiento con Boise, Idaho, al pie de las Montañas Rocosas,  tiene una razón muy distinta fundamentada en la cogida que durante años han dado a los pastores vascos que emigraron para buscarse la vida, constituyendo lo que se ha llamado la diáspora vasca. Probablemente también porque al área metropolitana de Boise-Nampa se le ha conocido siempre como el Valle del Tesoro. Hoy, los vascos son una población de gran influencia y peso en toda esta zona del condado de Ada.

            Sin embargo, hay otra población que a nuestro entender debería estar hermanada con Gernika, la ciudad belga y universitaria de Lovaina, fundada en 1425 y que en el verano de 1924 el ejército alemán la arrasó, destruyendo la biblioteca universitaria fundada en 1425 y que albergaba  más de 230 mil volúmenes, incluyendo 900 manuscritos y 800 incunables, de los cuales ninguno sobrevivió. Gracias a un amplio movimiento de solidaridad, fundamentalmente norteamericano, la biblioteca de Lovaina fue abierta en 1928, y de nuevo destruida totalmente por los alemanes en mayo de 1940, durante la II Guerra Mundial, desapareciendo la mitad del patrimonio bibliográfico europeo.

“El recuerdo sigue vivo, bizirik bizi, muy vivo”

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            Quiero terminar este primer artículo sobre el Bombardeo de Gernika y el Guernica de Picasso sirviéndome de los dos últimos párrafos de un artículo titulado “Gernika y la memoria”, que el 22 de abril de 1997 escribía en “El Correo” María Jesús Cava Mesa, catedrática de Historia Contemporánea de la Universidad de Deusto.

            “¿Tiene para usted algún significado especial con el paso del tiempo el Bombardeo de Gernika?, se les ha preguntado a algunos testigos que lo vivieron en primera persona. Las respuestas son muy distintas. De la idea de destrucción, mentiras, muerte y dolor, a la idea de paz, de libertad, de nacionalismo, de lo vasco, de solidaridad y concordia… -entre otros significados-, surge una representación reelaborada de este símbolo, que se traduce en posturas tan divergentes como las que expresan ¿para qué este lío después de sesenta años?, hasta la actitud que reafirma ¡Cómo olvidar!… está en el corazón y en el alma! (Biotzan eta arimen!) Porque ante todo, tal y como expresan muchos supervivientes: perdonar sí, pero olvidar imposible… (orain barkatu bai, baina ahaztu ez).

            La gran lección de estas personas, en este mundo nuestro tan necesitado de una cultura de paz, ha sido el declarar su deseo de concordia desde la diversidad. La asunción de la realidad vivida en ningún caso pretende abrir heridas gratuitamente. Ahora bien, tampoco resiste negar la evidencia, es decir, emborronar la historia de lo sucedido. Ya que el recuerdo sigue vivo, bizirik bizi, muy vivo”.

                                                                       José Manuel Alonso

 

Nota.- Las grandes sorpresas del Guernica de Picasso, en el siguiente artículo.- El tema de hoy podría extenderse mucho más, incluso en el próximo número de Kazetariak queremos dedicar el artículo a algo que ya hemos avanzado aquí: la obra de Picasso, Guernica, que representó a Euskadi en el Pabellón Español en la Exposición Internacional de París y que se admira en todo el mundo desde aquella fecha de su exposición: el 25 de mayo de 1937, 29 días después del Bombardeo de Gernika, y que el propio Picasso hubiera deseado que estuviera expuesta en la villa incendiada y nunca en un Museo que lleva el nombre de una reina, ya que el siempre se sintió republicano y del pueblo llano. Ese mural en blanco, negro y gris, pintado “al turco”, con pintura que se usaba para pintar los coches de la época, tiene unas características geniales y muy determinadas e interesantes, lo mismo que toda la obra de Picasso, que hemos estudiado y de la que hemos escrito repetidamente. Por eso,  desvelaremos algunas sorpresas así como su comparación con las obras de Goya y, sobre todo, con “Los horrores de la guerra”, del maestro Rubens, y pondremos algunos ejemplos de distintas “versiones del Guernica de Picasso”, entre las que hay las de algún pintor vasco.

 

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