¡A-LA-VI (toria), A-LA-VA, A LA VIN, VON, VA, EL GLORIOSO, EL GLORIOSO, Y NADIE MÁS!

“A-la-vi, a-la-va, a la vin, von, va” es grito vitoriano de los años 30 que se cantaba en todas las hinchadas deportivas (Patxo Unzueta, “Clamores del graderío”) // “En fútbol siempre hay que salir a ganar, nadie es más que nadie” (Juan Arregui Garay, ex presidente del Deportivo Alavés en cinco ocasiones: 50 años) // “Las leyendas deportivas también pueden alimentarse de una derrota, sobre todo si juegas bien al fútbol, te has entregado defendiendo los colores de tu equipo y al final dejas tan buen sabor de boca en los aficionados, e incluso más sabor que los que han vencido” (Johan Cruyff, jugador, entrenador y genio futbolístico: 1947-2010) // “Hemos sido ganadores todos, club, equipo y afición” (Mauricio Pellegrino, entrenador del Alavés en declaraciones tras la final de Copa de hace unos días).

Un Alavés que se enfrentaba a una ‘epopeya balompédica’

            Hace unos pocos días, Álava-Araba y Vitoria-Gasteiz han vivido un acontecimiento histórico en Madrid relacionado con el deporte rey en el mundo: la final de una Copa del Rey donde se practica el mejor fútbol y frente a uno de los mejores equipos, si no el que mejor fútbol hace (con permiso del Madrid proclamado de nuevo campeón de Europa), un Barça que cuenta con un jugador argentino único en la historia de este deporte: Leonel Messi. En fin, que el “Glorioso” equipo babazorro, como se le conoce al Alavés, durante unos meses y muchos minutos del enfrentamiento sintió unas vibraciones que se apreciaban incluso muy lejos de Vitoria.

            Ese encuentro, choque, enfrentamiento, partido, final o finalísima de  la Copa 2016-17, efectivamente se vivió, como una “epopeya balompédica”. Y así fue porque en una epopeya no bastan héroes y hazañas sino también gigantes a derrotar. Y para que la epopeya sea recordada y tenga héroes es necesario contar con un contrincante no mucho más grande sino con ‘armas’ mucho mayores con respecto al otro.

            Era la ocasión y todos los cronistas de fútbol, e incluso los que no lo son, estuvieron preparados para contarla. Soñar, ya se había soñado: 1-0, 2-0, 3-0… Incluso con alguna concesión de algún gol al ‘enemigo’. Hubo quienes ya le daban al Deportivo Alavés como ganador. Lo malo era que esos, salvo excepciones, eran también rivales de ese enemigo con el que el Deportivo se iba a enfrentar. Por ejemplo, en muchos lugares de Madrid, esta vez en todos, se iba a favor de un equipo vasco porque se enfrentaba al Barcelona… Incluso también quienes no éramos del Madrid sino que vivimos al margen, preferíamos al Alavés, precisamente por ser un equipo vasco y además de Vitoria, donde habíamos dejado gran parte de nuestra epopeya profesional en el periodismo y donde tenemos un aluvión de amigos, y sabíamos que el fútbol no es sólo cuestión de matemática pura, porque en esto del balón con cabeza y pies muchos grandes castillos han caído. De momento, el Alavés, contra la opinión de todos los entendidos había llegado ya a la finalísima de Copa un año después de subir de la Segunda División.

Recogemos pie de fotos de la prensa internacional cuando el Alavés se clasificó para esa final de la  Copa, soñando ya con la “epopeya balompédica”: Deportivo Alaves players celebrate after winning the Spanish Copa del Rey (King’s Cup) semi final second leg football match Deportivo Alaves SAD vs RC Celta de Vigo at the Mendizorroza stadium in Vitoria-Gasteiz on February 8, 2017.AFP

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            Existe también, como dice Valdano, ex jugador del Deportivo Alavés y del Madrid, el miedo escénico, y el miedo le entra al grande porque está ‘obligado’ a ganar.

            Por eso, aunque las cifras o las estadísticas se tuerzan, los cronistas encontrábamos otras materias para contar. De momento una: la de un Deportivo Alavés actual que no se arruga, que no decae, que incluso le ganó a su gigante rival unos meses antes.

            Contábamos, además, con que ese Alavés tiene unos jóvenes que corren más que el contrario y corren mejor. Y enfrente tendrán otros, quizá más técnicos, mucho mejor pagados y con más experiencia, pero nunca tan motivados como los jóvenes que iban a defender los colores blanquiazules motivados por el calor de la ciudad que les protegía y protege, hacia el triunfo imparable, y era el último escalón de un ascenso tan histórico como ‘epopéyico’. Si el Alavés ganaba iba a celebrarlo en Álava hasta la intelectualidad e iba a abrirse un nuevo capítulo en la historia de las hazañas balompédicas.

            Sin embargo, todo ocurrió como por otro lado se temía, aunque no exactamente así. Cierto que quien resolvió el encuentro, choque, enfrentamiento, final o finalísima, fue el Barcelona, gracias al juego del mejor jugador de la historia del fútbol, un argentino llamado Leonel Messi, que lo hizo con su gol y sus dos asistencias de pase para que marcaran otros, Neymar y Alcácer. Eso le dio la victoria a su equipo, aunque, como veremos, continuó la epopeya…. Y esta quedará gravada con mayor calado en la historia del “glorioso” Deportivo Alavés.

image011Los jugadores del Alavés, tras el partido, responden a los aplausos del público

            El 3-1 del descanso fue el mismo resultado con el que se llegó al final del encuentro. Los jugadores del Barça celebraron el triunfo y disfrutaron en el césped del estadio con sus familiares durante muchos minutos. Los jugadores del Alavés, además de felicitar a sus rivales, respondieron al caluroso y reiterado reconocimiento de admiración y entusiasmo de su afición, e incluso del público objetivo,  por el esplendido, valiente y emotivo partido que habían jugado.

            Una final de Copa que pasará a la historia por cinco razones

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            Esa final de Copa pasará a la historia y se recordará siempre en el mundillo deportivo de Álava y Vitoria (e incluso mucho más allá) por cinco razones. La primera, por la temporada de este equipo blanquiazul que en la Liga ganó al Barça (1-2) en el Nou Camp y quedó noveno en la competición, por delante del Valencia y del Celta, equipo gallego finalista reciente en la Copa de la UEFA Europa League, que consiguió el millonario Manchester United dirigido por el siempre polémico José Mourinho.

            La segunda razón, porque siendo una plantilla joven y que acababa de subir a Primera ha sorprendido a todos gracias al nuevo equipo directivo (procedente de los éxitos en el deporte de la canasta) y su entrenador argentino Mauricio Pellegrino, que antes del partido mostraba su optimismo con estas palabras: “podemos ganar, estoy convencido de ello y estamos preparados para ello”. Tampoco era de extrañar porque, como hemos dicho, en la Liga el Alavés le había ganado al Barça (1-2) en el Nou Camp o Camp Nou quitándole los tres puntos que hubiera necesitado el equipo del entrenador asturiano Luis Enrique para ser campeón de Liga en lugar del Real Madrid. Y tras el encuentro, supieron perder porque se habían ganado a toda la afición al fútbol, y por eso Pellegrino declaraba: “Vivir este día y el partido de la final de Copa con los jugadores y la afición ha sido y seguirá siendo inolvidable. Hemos ganado todos”.

            En tercer lugar, la final se recordará por ser el último partido oficial que se disputaba en el estadio Vicente Calderón del Atlético de Madrid, inaugurado el 2 de octubre de 1966. El estadio tiene un aforo de 54.907 localidades, con su graderío dividido en dos niveles, formando dos anillos continuos a excepción de su tribuna oeste o de preferencia, situada a orillas del Manzanares, sobre la autovía de circunvalación M-30. La temporada próxima, el club rojiblanco dispondrá de un nuevo estadio, el denominado (con polémica) Wanda (por el capital chino con el 20% del capital y que pretende hacerse con 100 por 100 en cinco años) Metropolitano, que es el viejo nombre del primer estadio construido por los fundadores bilbaínos residentes en Madrid entre los años 1920 y 1923, e inaugurado el 19 de mayo de ese 1923, y se ubicaba cerca de la calle Reina Victoria. Durante la guerra civil aquel Metropolitano quedó prácticamente destrozado y se recuperó de nuevo.

Último partido oficial en el Vicente Calderón con medidas de seguridad históricas

            Cuarta razón del valor histórico de esa final Alavés-Barcelona fueron las extraordinarias e insólitas medidas de seguridad, tomadas por el gobierno español tras el atentado yihadista del 22 de mayo en el Manchester Arena, al final de un concierto de la cantante estadounidense Ariana Grande; explosión que causó 22 muertos y 59 heridos y que reivindicó el Dáesh. Este brutal acto terrorista fue el más mortífero en el Reino Unido desde los atentados de Londres de 2005. Por todo eso, por temor a otra acción terrorista, hubo en el Vicente Calderón hasta tres controles de seguridad para los aficionados, que debieron aportar con su entrada personal el DNI para acreditar su identidad. Un total de 2.500 agentes y sanitarios se desplegaron en la zona desde primera hora de la mañana (el partido se jugó a las 20,45 horas) para acorazar el campo y los alrededores.

            Y una quinta y última e importante razón: el extraordinario desplazamiento e impecable comportamiento de la afición del Deportivo Alavés, que, pese a la derrota final, celebró con sus jugadores y entrenador el extraordinario partido. Lo peor: el precio de las entradas, cerca de 300 euros las más decentes, precio, pese a todo,  que queda un poco lejos de lo que se pagó días más tarde en la final de la Copa de Europa en Cardiff, capital de Gales, donde algunas entradas alcanzaron (suponemos que en la reventa) hasta los 20.000 euros. El fútbol se está convirtiendo así en un gran mercado olvidándose en algunos lugares de que no deja de ser un deporte, ese al que Albert Camus se sintió tan agradecido que al recibir el Nobel de Literatura comentó: «Todo cuanto sé de transcendente en la vida, se lo debo al fútbol». El fue portero, como lo fue nuestro escultor internacional Eduardo Chillida, que tuvo que retirarse de defender a la Real Sociedad tras una grave lesión; o como han sido otros muchos escritores, artistas o intelectuales, o como les hubiera gustado ser a muchos otros. Además de esas y otras bellas historias del fútbol, yo me quedo aún con su valor pedagógico porque con un balón pueden entenderse once niños de distintas razas, idiomas y religiones del mundo, lo cual viene muy bien en los tiempos que vivimos… En fin, confiemos en que esto del fútbol recupere algún día su valor puramente deportivo.

El entrenador argentino Pellegrini deja el club después de una temporada de éxito

            El entrenador argentino, con el que club, jugadores y afición estaban encantados, anunció después de la final de Copa que deja el banquillo del cuadro vitoriano. El técnico ha basado su decisión en razones de índole familiar, al tiempo que ha agradecido al club y a la afición el trato que le han dispensado durante toda esta temporada. “Me he beneficiado yo más del Alavés que el Alavés de mí. Siempre quise devolver al club esa espinita que me quedó de mi etapa como jugador”, afirmó. Pellegrino jugó el último año de su carrera (2005-06) en el Alavés y el equipo descendió con Piterman de presidente. Ahora, es otro Pellegrino: “Cumplimos el objetivo. Creo que el Alavés tiene todo lo idóneo para seguir compitiendo a gran nivel”, ha añadido el míster, que ahora suena para hacerse cargo del Olympiacos griego.

Al Glorioso Alavés le fallaron, como en el 2001, los dioses de la gloria

            Todos los periódicos habían avanzado que la final de Copa era un choque entre David y Goliat, y tras el partido coincidieron en que fue gracias a los pies y la cabeza del “rey Messi” como Goliat supo aprovechar tres minutos finales del primer tiempo para ganar, tres minutos de despiste del Alavés y de demostración de la superclase del jugador argentino hecho desde niño en Barcelona y para el Barcelona.

            Se adelantó el Barça pero antes de ese gol el Alavés tuvo la suerte en contra, ya que un disparo del delantero Ibai Gómez, ex jugador del Athletic de Bilbao, recorrió la línea de la portería del Barcelona sin llegar a atravesarla.  Al gol de Messi respondió el Alavés de inmediato con otro golazo en falta de su jovencísimo jugador Theo Hernández, hijo y hermano de jugadores profesionales de fútbol, joven nacido en Marsella (1997) mientras su padre jugaba en el Olympique de la ciudad francesa. Durante meses, se ha hablado de que siendo Theo jugador del Atlético de Madrid cedido al Alavés, el Real Madrid ha roto el acuerdo de no interferir un club madrileño en la plantilla de jugadores del otro, y lo ha fichado pagando la cláusula de rescisión que suele ser en muchos casos de millones de euros.

Golazo de Theo Hernández pero muy mala fortuna en un gran disparo de Ibai Gómez

            Se ha dicho con cierta ironía que “Theo quiso ser el último jugador con contrato del Atlético de Madrid (equipo donde también jugó su padre) en marcar en el Vicente Calderón y curiosamente lo hizo con una camiseta que no era ni la rojiblanca ni la blanca”. El gol de Theo fue de los que se seleccionarán como goles del año, ya que se le ha considerado “como obra de arte”. El lateral izquierdo botó una falta cerca del pico del área y puso el esférico en la escuadra de la portería del Barça. ¡Ah, por cierto, cosas de la vida, el fichaje de Theo lo pretendía también el Barcelona!…

            Con ese resultado, al Deportivo Alavés, bien conocido como “El Glorioso”, y a sus jugadores, como muestra de su simpatía y  apego a los colores, los “babazorros” , le fallaron de nuevo los dioses de la gloria, como ya le ocurrió en la final de la Copa de la UEFA el 16 de mayo de 2001 en partido jugado contra el Liverpoll Football Club en el campo de Westfalenstadion de Dortmund, Alemania, que ganó el equipo inglés cebándose la mala suerte sobre el Deportivo Alavés, ya que después de un 4-4 al final del precioso partido (Jordi Cruyff empato faltando dos minutos), un gol en propia puerta (repito, “en propia puerta”, autogol) de Geli en la prórroga, y la aplicación de la regla del “gol de oro” significó el definitivo triunfo de los Reds ingleses.

            Con aquella victoria dolorosa para el Deportivo Alavés, el Liverpool completó un triplete, ya que anteriormente había ganado la FA Cup (Football Association Challenge Cup; una especie de Copa a la inglesa y torneo más antiguo del mundo) y la Copa de la Liga.

            Pese a perder injustamente aquella final de la Copa de la UEFA en Dortmund contra el Liverpool, se consiguió que recordemos para siempre su proeza deportiva no sólo por el corto resultado adverso (5-4), sino por cómo jugaron y cómo se entregaron los jugadores, así también por los minutos de buen fútbol que nos regalaron.

Alineación inicial del Alavés en aquella Final de la UEFA: Martín Herrera, Cosmin Contra, Dan Eggen, Antonio Carmona (capitán), Oscar Télle, Delfi Geli, Javi Moreno, Jordi Cruyff, Ivan Tomié, Hermes Desio y Martín Astudillo. También jugaron: Pablo Gómez, Magno e Iván Alonso. Entrenador: José Manuel Esnal (Mané) Marcaron:  Alonso (26’), Moreno(47’ y 49’) y Cruyff (88’)

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“Orgullo, casta y mucho fútbol”, palabras del entrenador Mané en la final de la Copa de la UEFA del Alavés frente al Liverpool en 1978. “Los jugadores terminaron medio muertos y la afición se portó de sobresaliente”.

            Eso confirma lo que hemos adelantado de Johan Cruyff  (1947-2016), al que recordamos y echamos de menos en esta últim final de Copa, con el que hubiéramos aprendido de nuevo técnica y táctica de fútbol, y recordado también aquel partido en el que precisamente su hijo Jordi forzó la prórroga en el minuto 88, partido que fue para muchos, como dijo Alam Hansen (antiguo jugador escocés, seleccionador nacional de fútbol y considerado como uno de los cronistas más sinceros) “la mejor final de la historia”, y, para el hijo de Johan, “una verdadera hazaña que me gusta recordar con frecuencia”…

Cruyff, padre e hijo, y aficionados dolidos por la mala suerte del Deportivo Alavés

            Recordado tanto que antes de la final de hace unos días, Jordi Cruyff, ex jugador también del Barcelona y actual director técnico del Maccabi de Tel Aviv y entrenador accidental del equipo israelí, reconoció en declaraciones a la Cadena Cope que si tuviera que apostar por uno de los dos finalistas preferiría que ganaran los vascos, y explica sus motivos: “En Vitoria viví algunos de los mejores momentos de mi carrera como futbolista”, rememorando sus tres temporadas en la capital alavesa. “Mi alegría por su pase a la final fue inmensa porque del Barça me lo podía esperar pero lo del Alavés es la confirmación de un club que realmente se lo merece, después de unos años malos”. Por este motivo, el hijo de la leyenda holandesa Johan Cruyff, reconocía sus preferencias y añadía: “firmaría que el Barcelona ganara Liga y Champions y la Copa para el Alavés”, dice Jordi apostando por un reparto que firmaría también cualquier aficionado del Barça.

La emotiva declaración del actual capitán del Alavés, Manu García

            Aquella final de la UEFA, en junio del 2001, que el Alavés perdió sin merecerlo y en la prórroga, con dos jugadores menos y con un autogol, dejó estela en jóvenes de entonces como el actual capitán del “glorioso”, Manu García, que una vez terminado el partido de la final de Copa del Rey contra el Barça levantó del suelo a todos sus compañeros que con lágrimas en los ojos parecían derrotados. Y lo hizo porque “no quería ni una foto como la de Desio en Dortmund”, la del delantero Desio y otros (como se aprecia en la foto), porque “no podíamos ser recordados con ese dolor que yo conservo desde los 15 años”.

            Posteriormente –tal y como recogemos de la Agencia EFE–, en una emotiva carta publicada en su web personal, el futbolista vitoriano relataba los días previos, los momentos antes y los instantes posteriores de la histórica final bajo el título “Mi final”. Decía, por ejemplo: “Cuando el “míster”, bajo la lluvia de Ibaia (lugar de entrenamiento del Alavés), me explicó su plan para la final, me fui a casa convencido de que íbamos a ser campeones”, sentenciaba Manu en su escrito, e indicaba que pasó “dos semanas extrañamente tranquilo, cuidando todos los detalles”, preparándose, descansando, escuchando consejos, juntándose con la gente que más quiere, acudiendo a “decenas de actos promocionales, ruedas de prensa, entrevistas, cenas”, pero, matizó, “todas las noches dormía con el sentimiento de que seríamos campeones”…

El ‘capi’ Manu García, celebró el ascenso, hizo una gran temporada y alentó a los suyos

            Manu recordaba que “mientras miles de alavesistas comenzaban su viaje hacia Madrid” el viernes, los jugadores entrenaron y, “con todo preparado”, cogieron el avión que les llevaba “a la gloria”. En esta misiva ha relatado los momentos en el hotel, en los que compartieron su “último “cola cao”, sobre la camilla de los fisioterapeutas” y realizaron una video-llamada con Víctor Laguardia -operado de su lesión que no pudo estar en Madrid con el equipo-, además de reír con otros compañeros, cantar y hacerse fotos.

            “Nos fuimos a la cama y le dije a Gaizka (Toquero) que ganaríamos”. Y en el día del partido, Manu García sostiene que durmió “genial” y descansó. “Me levanté con ganas de comerme el mundo”. Sus padres fueron a darle su bendición, antes de que Mauricio Pellegrino apurara los últimos detalles del partido, pero no pudo dormir después de comer. Entonces decidió ver los vídeos preparados por el cuerpo técnico sobre el seguimiento de jugadores como Messi, Busquets, Iniesta y Rakitic.

            “Quería hacer todo lo que estuviera en mi mano para ganar ese partido”. Confiesa que “después de fotos, vídeos, llamadas y mensajes”, vio Madrid “en azul y blanco. Compartí la última hora con Gaizka Toquero, Sergio Llamas y Einar Galilea, los jugadores vitorianos del equipo… Estaba preparado para sufrir, para pasarlo mal, para luchar, porque sentía que al final, saldríamos campeones”. Manu incidió en que  después de la derrota, con gran parte de los graderíos llenos de aficionados alaveses,  disfrutó, se emocionó, miró a la grada y guardó momentos que jamás olvidará.

            Y añadía: “Pensé en Segunda División, Raúl (García) me recordó Jaén -donde el equipo evitó el descenso a Segunda B-, crucé miradas con mi novia, mis padres, mis amigos, mis hermanas, y vi a toda una afición orgullosa de su equipo”, concluía el capitán babazorro. ¡Toda una lección de gran capitán!

            Recordando aquellos años de Juan Arregui, babazorro presidente

            Precisamente aquellos pasados años de los Cruyff y de la final de Dortmund fue cuando personalmente eché de menos a Juan Arregui Garay (1907-1999), como lo he echado de menos estos días de la final de Copa. A don Juan, el “empresario elefante”, tercero de trece hermanos nacidos en un caserío de Aretxabaleta, cincuenta años ligado al Deportivo Alavés como presidente y vicepresidente (“dejando siempre la economía saneada”, me comentaba), le escribí el relato de su vida tratándole de “empresario elefante” porque fundó más de cuarenta empresas entre Gipuzkoa y Álava, con la creación de miles de empleos. Escribí su biografía como lección válida encargada para el Instituto Superior de  Marketing del País Vasco, un Juan Arregui Garay, don Juan, que fue toda su vida, desde muy joven, babazorro, forofo del Deportivo Alavés al que dejó en primera división y sólo por prescripción facultativa.

            Recuerdo que este gran empresario del hierro, me decía: “Hubo años históricos en los que el Deportivo era de los más grandes y podría codearse y exhibirse con los mejores. Por el Alavés, además, pasaron jugadores que han formado parte de la Historia del mejor fútbol español. Por eso, no sería de extrañar que el Alavés, el glorioso, lo fuera también esta temporada. Esta, toca”… Para él siempre era la que tocaba.., la más gloriosa…

            A don Juan Arregui los últimos años de su vida e incluso en la última época de Presidente, el corazón le pesaba mucho (era el decano de presidentes de futbol) y no podía aguantar los segundos tiempos de su Glorioso Alavés. Me recordaba siempre su época de chaval: “Cogía la bicicleta en Aretxabaleta porque era todo un ciclista, y me venía hasta Vitoria para gozar con el Alavés, aquel Alavés que me entusiasmaba… Nunca me ha gustado estar con la gran mayoría. Cada uno es como es. Había también una razón de proximidad  y sobre todo de entusiasmo… Fueron años gloriosos de aquel equipo, con los Montero, Ciriaco, Quincoces, Beristain de portero… Cada tarde de domingo cogíamos la bici e íbamos dos, tres o cuatro amigos a ver jugar al Alavés. Salíamos de Aretxabaleta a la una de la tarde porque el partido, para que pudiera terminar con luz natural, era a las tres menos cuarto. También seguíamos al equipo en desplazamientos a Bilbao, Donostia, Pamplona, e incluso a Madrid…

“Juan Arregui, empresario elefante”, siempre aficionado del Alavés y 50 años de presidente

            Así –continuaba-, estoy ligado al Alavés prácticamente desde que se fundó. Me entusiasmaba aquel equipo: Beristain, Ciriaco, Quincoces, Camio, Antero, Roberto, Modesto, Crespo, Unanumo, Albeniz y Pachi, equipo completo, y también Etxebarría, Errasti, Olivares, pero sobre todo Quincoces, que ha sido para mí el mejor jugador de toda la historia del Alavés y uno de los mejores defensas que ha dado el fútbol europeo, no sólo por lo que jugaba y mandaba en el campo, a sus compañeros, sino también por la calidad de su fútbol. El hacía la chilena (el despeje en voltereta) mucho mejor que un delantero. Era genial, de verdad. La pena fue que él, Ciriaco y Olivares se fueron al Real Madrid, porque el fútbol se profesionalizó»…

¡A la vi , a la va!, a la vin, von, va!…, viejo grito alavés

Unzueta nos recuerda, en “Clamores del graderío”, el grito creado por el Alavés

            La trayectoria del Alavés esta temporada nos está obligando a examinar el pasado glorioso de este club de fútbol. Y, por ejemplo, nos hemos encontrado con una historia divertida repasando el capítulo de un libro del compañero periodista en “El País”, Patxo Unzueta, libro que titula: «Clamores del graderío», y en el que dice que «el fútbol sin coro no es nada, sin acompañamiento coral –himnos, cánticos, clamor–  las jugadas carecen de densidad, son planas, no emocionan».

            Y cuenta algunas historias de los ‘gritos de guerra’ de los hinchas, gritos que subrayan lo que acontece, ha acontecido o se quiere que acontezca en el césped. Entre esos gritos, uno de gran solera, que todos hemos cantado muchas veces, el «¡A-la-vi, a-la-va, a la bin, bon, ba!», y que es coreado en la mayoría de los campos de fútbol e incluso adoptado por las hinchadas de muchos equipos de baloncesto u otros deportes. Pues bien, el origen de este grito es vitoriano, «lo que está plenamente acreditado».

            Patxo Unzueta lo cuenta así: «la evolución fónica y ortográfica de la retahíla constituye un ejemplo singular del destino de aquellas expresiones que se definen, antes que por su significado gramatical, por su función afectiva. (Por cierto, en este caso, en la mayoría de los lugares donde se canta se ha deformado) El primer elemento de la serie (a la bi) es, en efecto, una deformación de “a la Vi”, apócope de ¡Hala, Vitoria!, mientras que “a la ba” designa, sencillamente, a la provincia que da nombre el histórico equipo de Ciriaco y Quincoces: A-la-va. Fue precisamente a comienzos de los años treinta, época de la célebre pareja de defensas, cuando la hoy casi imprescindible retahíla prendió en la capital alavesa». Y sigue contándonos que «durante muchos años la serie culminaba con el enunciado del nombre del equipo al que se trataba de alentar, seguido del desiderativo ganará. Últimamente, sin embargo, esa expresión tiende a ser sustituida por el exclusivista «¡y nadie más!»…

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            Ese “Ha-la vi, a-la-va” que se inauguró en aquellos viejos tiempos de los años treinta lo cantaría con toda seguridad nuestro recordado y admirado Juan Arregui Garay, y me van a permitir que ese “¡y nadie más!” se lo dedique a Don Juan que dejó la presidencia del club (por cierto, en Primera División) solo obligado por el corazón. Hasta los últimos días de su vida siguió en la brecha sin desmayo. Su frase preferida era: “No me gustaría morirme sin ver grandes  triunfos del Deportivo Alavés en Primera División y sin ver un periódico de Álava”. Ambas cosas las consiguió porque él fue socio fundador y presidente de “El periódico de Álava”, que tuve personalmente la suerte de dirigir; breve suerte de unos años, la verdad, porque fallaron también los dioses de la gloria, como al Deportivo Alavés hace unos días.

            Siempre recordaré también una frase del amigo de Juan Arregui, otro gran empresario vasco, de Oñati, conocido en todo el mundo, Juan Celaya, fallecido, en agosto, hace un año, que me decía: “Yo estaré siempre donde esté don Juan Arregui. Yo invertiré donde él lo haga. Yo cantaré donde haga falta todas las excelencias que tiene un hombre extraordinario como don Juan Arregui, con el que compartí en Vitoria muchas actividades, aficiones y amistades”.

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            “Ha-la Vi-to-ria, a-la-va, a la vin, von, va, Alavés, Alavés, Glorioso, siempre adelante será”… Y, como decía Juan Arregui: ¡este próximo año también será!… Porque, al Glorioso, la suerte y la gloria le deben ya más de una y, por eso, será…

                                                                       José Manuel Alonso

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