Las vacaciones y el anciano

Llega el verano y las vacaciones. Y no son pocas las familias que buscan solución residencial para los mayores que viven a su cargo, sobre todo cuando el anciano no está en condiciones de emprender el viaje programado. Los ancianos que cambian de domicilio en verano son un fenómeno creciente que desde hace unos años viene siendo objeto de atención por parte de los especialistas. Se trata de personas mayores dependientes, atendidas por sus familiares más próximos pero, a veces, no en el mismo lugar, van cambiando de domicilio por temporadas, según el acuerdo  al que, en cada caso, hayan llegado sus parientes.

Lo que para algunos no plantea dificultades, para el anciano dependiente supone una sacudida permanente de efectos devastadores. Los puntos de referencia afectivos y emocionales se confunden, tanto en el paisaje físico como en el humano. Por grande que sea el esfuerzo de los suyos para facilitarle la adaptación el abuelo sabe, que pronto tendrá que someterse a otro traslado. Sera otra casa con otra cama, otros muebles, otra decoración. Tendrá que despedirse de sus amigos y hacer otros nuevos, y reconocer calles y barrios distintos. El abuelo quedara desconcertado, cuando no lastrado por el sentimiento culpable de ser una carga para los demás. Nunca llega a verse como un elemento más de la unidad familiar porque no participa de las decisiones del grupo. Esta con un pie dentro y otro fuera y con la maleta preparada para el siguiente traslado. Además del desarraigo, la desorientación y el miedo al rechazo, la sucesión de estancias cortas en diferentes domicilios crea un problema de atención sanitaria.

Los médicos de familia topan con dificultades para el seguimiento del paciente por falta de información. Cuando no es un historial incompleto, es la resistencia del mismo paciente a explicar sus antecedentes., sea por falta de confianza con el médico, sea por las limitaciones propias de su estado.

El médico de toda la vida que sabía de las dolencias y de las manías del paciente ya no existe para estos nómadas  de ambulatorio a quienes resulta, poco menos que imposible, prestar en una consulta, una atención en condiciones.

 El drama está en que, a veces el afecto no lo resuelve todo. Y menos aun si ese afecto no puede llegar a su destinatario porque nunca para quieto en el mismo lugar, convertido en un viajero aturdido que pasa de largo.

Hoy ha quedado difuminado aquel concepto de residencia estable. Los cambios en las estructuras familiares, las dificultados de acceso a la vivienda y los cambios en lo laboral y domestico propician estas situaciones de nomadismo.

Y de esta tendencia no podían quedar excluidos los mayores. Solo te quedan los recuerdos, y algunos difuminados, pero no eres viejo. Que pases un buen verano.

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