Al examinar el Guernica de Picasso, nos examinamos a nosotros mismos

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Una estremecedora habitación en la que la única salida parece ser una pequeña puerta entreabierta a la derecha. La estancia está completamente a oscuras, tan sólo la iluminan un sol-ojo-bombilla, una lámpara que es empujada hacia el centro y la claridad que arrojan los luminosos y desgarradores personajes que se aglutinan y enmarañan recreando una escena devastadora y cruel: un toro erguido, de aspecto agresivo y duro; una madre que grita al cielo rota de dolor con el cuerpo inerte de su hijo en brazos; un pájaro posado en una mesa que chilla asustado y parece querer huir del lienzo; un guerrero muerto, despedazado y esparcido por el suelo, de cuya mano emergen una espada rota y una flor; un incontrolable caballo atravesado por una lanza; una mujer que huye despavorida sin saber muy bien adónde; una mujer que se asoma a la ventana de una casa vieja impulsando una lámpara violentamente hacia el caballo; y otra mujer que grita mientras cae envuelta en llamas al vacío. (Una de las muchas descripciones del “Guernica” de Picasso)

Dostoievski: “SI Dios no existe, todo está permitido”

            “… gritos de niños de mujeres gritos de pájaros gritos de flores gritos de maderas y de piedras” (Pablo Picasso) // “El artista que hizo el Guernica lleva un caos en la cabeza  que es el de su época” (Salvador de Madariaga) // “Ningún gran muerto hará correr tanta tinta en los periódicos de todo el mundo como este descomunal muerto que es Pablo Picasso” (Máximo) // “Si Dios no existe, todo está permitido” (Dostoievski por boca de Vanya Karamázov; el filósofo Jean-Paul Sartre admitió que esta frase era el punto de partida de la filosofía existencialista) // En la lápida sepulcral de Dostoievski puede leerse el siguiente versículo de San Juan, que sirvió también como epígrafe de su última novela, “Los hermanos Karamázov”: “En verdad, en verdad os digo que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere produce mucho fruto”.// “No  creo que haya habido en la historia otro cuadro de mayor resonancia que el Guernica” (Juan Larrea)

            Querido lector: te habrás sorprendido de que comenzara el tercer artículo de la serie dedicada al bombardeo de Gernika y al “Guernica” de Picasso (al cumplirse los 80 años) con unas citas entre las que están un par de ellas relacionadas con Dostoievski. Lo explico: hace unos días acabo de tener la gran suerte de viajar a una de las ciudades más extraordinarias, hermosas y de mayor número de canales y puentes del mundo, San Petersburgo, y admirar en su museo Hermitage obras de Pablo Picasso (principalmente de sus épocas azul y otras previas al Guernica) y, además, de rendir homenaje a dos personajes que han formado parte de mi vida: el autor de “Crimen y Castigo” y “Los hermanos Karamazov”, Dostoievsk (1821-1881)i; y el compositor que me hizo participar de mi experiencia universitaria en Pamplona plena de libertad y compañerismo, Tchaikovsky (1840-1893), con el que despertábamos cada mañana escuchando “El Capricho italiano” y nos dormíamos cada noche con “El lago de los cines”. Incluso en mi vida profesional hubo un compañero que cada vez que se producía un atentado de ETA escuchaba ese “Lago” del compositor ruso en memoria de la víctima o las víctimas. A ambos genios visité en su tumba del cementerio del Monasterio de Alejandro Nevski (Alejandro del Néva, santo ortodoxo), frente al hotel donde residí en la ciudad de los zares, y participé recordando a esos dos grandes creadores de aquella época.

         Tumbas de Dostoievski y Tchaikovsky, en el Monasterio Alejandro Nevski, San Petersburgo

            Al escritor lo recordé también visitando la cárcel de San Pedro y San Pablo, probablemente la más dura de la historia del mundo, donde estuvo encarcelado durante años como estuvo condenado a muerte y confinado en Siberia; y al compositor lo “visité” en “su” lago de los cisnes, en Moscú, junto a otro monasterio, el de Novodevitchiy.

            ¡Esos profundos conocedores del corazón y del alma humana!

            De Dostoievski se han dicho muchas cosas de las que me quedo con la de uno de los más grandes escritores del siglo XX, el austriaco Syefan Zweig (1881-1942): “era el mejor conocedor del alma humana e todos los tiempos”. Y eso nos hace recordar, inevitablemente, a que el propio escritor ruso ponía como modelo de observador del corazón humano a Cervantes, y más que eso, decía: “Veréis en Don Quijote, en cada página, revelados los más arcanos secretos del alma humana”. Un Dostoievski que escribió gran parte de su obra, como Cervantes y otros muchos, en la cárcel. Precisamente –según estudio de la Fundación Picasso de Málaga—don Quijote fue una de las figuras literarias que más interesaron al pintor. “Ya en sus libros de clase −cuando estudiaba en La Coruña− y en sus primeros óleos y dibujos barceloneses, aparecen referencias a este personaje o a su autor, los cuales entroncarían en un futuro con otras imágenes de la literatura del Renacimiento, como la Celestina, a las que no fue ajeno el artista, quien siempre demostró un especial interés por las tradiciones, novelas y leyendas españolas”.

“Don Quijote” (1955) de Picasso y montaje sobre el “Trigal” (1889) de Van Gogh.

            De entre todas estas obras destaca el dibujo a la aguada sobre papel de Don Quijote y Sancho, cuyo original se halla hoy en el Musée d´art et d´histoire de Saint-Denis, cerca de París. El dibujo en cuestión está fechado el 10 de agosto de 1955. Ese día, en su residencia de La Californie (Cannes), Picasso recibió a su amigo y biógrafo Pierre Daix, quien le expuso que el semanario Les Lettres françaises deseaba reproducir una obra suya con motivo del 350 aniversario de la aparición de “Don Quijote de la Mancha”. Fruto de la petición de Daix fue este Don Quijote y Sancho, el cual apareció en el número 581 de la revista el día 18 de aquel mes. Posteriormente, con una tirada especial en offset −exigida por Picasso para su mayor difusión−, fue puesto a la venta en Vincennes, en el stand de Les Lettres françaises, el 4 de septiembre, durante los actos de la “Fête de la Humanité”, así como en la llamada “Six heures du Livre”, organizada por el Comité Nacional de los Escritores del Partido Comunista Francés. Reproducido en los más variados soportes, en 1961 sirvió como cartel por vez primera a la muestra “Picasso: Lithographies. Estampes. Reproductions”, celebrada del 19 de noviembre de 1960 al 14 de enero de 1961 en la Librairie Saint-Germain y en L´Art et la Paix de París.

Salvador Dalí: “Picasso dice que es comunista; yo, tampoco”

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Pablo Picasso y Salvador Dalí, genios irreconciliables

            Las obras de Picasso, en versión de nuestra guía en San Petersburgo, se conservan en el cinco veces museo (cinco edificios) del Hermitage, porque en la época soviética se almacenaron en el sótano y no se destruyeron debido a que el pintor se declaraba comunista, un comunista que en este sentido jocoso lo definió mejor que nadie Salvador Dalí: “Picasso dice que es comunista; yo, tampoco”…

            Es evidente que Picasso se declaró, al menos, como una persona de mentalidad de izquierdas, republicano y defensor acérrimo de la paz, y oponente a fascismo y nazismo. Durante la ocupación alemana circuló una anécdota de Picasso y los nazis por toda Francia. Contaban que un día los nazis preguntaron a Picasso (para ellos, representante del “arte decadente”) y pusieron ante los ojos una fotografía del cuadro del Guernica, diciéndole: “¿Eres tu el que hizo esto?”. A lo que Picasso, fríamente, repuso: “No, lo hicisteis vosotros”. ..  En otra ocasión, ante las críticas a un dibujo a la muerte de Stalin, con una cabeza de aquellos toscos juguetes de cartón, contestó: “Cada uno pinta lo que siente, y eso es lo que he pintado yo”.

            Para conocer con más detalle cómo pensaba y sentía Pablo Picasso quizá el más indicado sea un intelectual, escritor y periodista francés, Pierre Daix (1922-2014), el que fuera director durante tres décadas de la revista ya citada Lettres Françaises, una de las más influyentes publicaciones del pasado siglo, y probablemente el principal biógrafo de Picasso, amigo personal, y experto en su obra y en el arte moderno. Para Pierre Daix, “Picasso no era, como se ha dicho a menudo, un hombre apolítico antes de los años 30. De hecho, se le podría ya considerar como un hombre de izquierdas que había sido contrario a la Guerra de 1914-18, pero fue después de haber conocido a los surrealistas, que eran mucho más jóvenes que él pero ya muy comprometidos políticamente: Breton, Eluard, Aragón, cuando se sintió verdaderamente comprometido resistiéndose al fascismo y a la subida de Hitler al poder”.

Desde el surrealismo, Picasso sintió la ”carga” política de su tiempo

            Daix, activista desengañado de un comunismo que le costó, entre otras cosas, la deportación a Mauthausen en 1944, aseguraba en sus escritos esa clara postura de izquierdas de Picasso en los años 30 y posteriores, claramente en favor de la República Española, postura que era la que mantenía cuando estalló la guerra civil, una guerra que le impidió regresar a España y tomar posesión de  la dirección del Museo del Prado para la que había sido elegido. “Picasso se sentía directamente afectado durante la guerra y la posguerra al tratarse de su país, porque, aunque vivía en Francia, nunca, hasta su muerte, dejó de considerarse español. Y para él se trataba del enfrentamiento de dos Españas: la España negra, la que había abandonado al venir a París, y otra España, en la cual tenía puesto su corazón”.

            “En cuanto se puso a pintar el Guernica en 1937 no fue sencillamente un impulso sentimental sino que era algo para lo cual le había preparado su pintura anterior. Hay libros suyos que expresan ya una tensión, un combate contra la violencia, precisamente ante la llegada de Hitler al poder. El Guernica es un tema de España, con cosas que ya habían aparecido en sus pinturas: las corridas, el caballo destripado, el toro, las mujeres llorando. El Guernica es una obra –continúa Pierre Daix– en la que puso realmente todo lo que pensaba sobre la España de entonces y, a partir de ese momento, su pintura se bifurcó hacia una pintura histórica, porque, al fin y al cabo, el Guernica está en el límite de un lienzo histórico y eso es algo que encuentran después todos los grandes acontecimientos bélicos con lienzos del mismo orden”

            Hay posteriormente al Guernica una respuesta en la obra “Charnier” (fosa o tumba común en castellano), pintada en 1945 en París, y que representa a una familia sencilla: el padre, la madre y el niño muertos alrededor de la mesa sobre la cual se encuentra su comida. “La experiencia aplastante de la guerra española primero y mundial después, todas las tensiones y dramas vividos, invitan a Picasso a reconquistar temas que lo hacen salir de sí mismo.

Con “Charnier”, Picasso cierra el paréntesis abierto con el Guernica

La obra picassiana “Charnier” de 1945 y el intelectual y periodista francés Pierre Daix

            Así es, afirma Pierre Daix, con Charnier, Picasso cierra el paréntesis abierto con el Guernica. La extrema sencillez de los colores y la composición central en triangulo ofrecen a primera vista un paralelismo. Pero la realidad, entonces, se ha unido a la visión. Fue un tiempo en el que millones de personas tuvieron, literalmente, que amontonarse bajo la mesa, como Picasso lo enseña en el esperpento de esqueletos del lienzo.

            Con la destrucción de las formas y el martirio sufre por los personajes de sus cuadros. Picasso quería traducir su propia visión de la guerra y traducir su estado del alma durante este periodo. Necesitaba expresar su visión a través de su pintura para exteriorizar sus sentimientos. Charnier es el único cuadro en el que Picasso representa los horrores de la Segunda Guerra Mundial, pero toda su obra contemporánea lleva la marca de esa guerra. Muchas de sus obras de la época están cargadas de sufrimiento y enseñan la desgracia universal y la muerte que impresiona en cualquier rincón del mundo.

            Es evidente que la guerra fue un acontecimiento que perturbó y marcó a Picasso en sí mismo y en su arte. Pero también quiso manifestar su adhesión al Partido Comunista francés de entonces con una pintura comprometida, se trata, por ejemplo, de “Masacre en Corea”, en 1951, de la que posteriormente hizo distintas versiones en 1954 y ese último gran conjunto lo denominó “La guerra y la paz”.

La influencia de Durero sobre las obras de Picasso

Durero: obras que influyeron en Picasso:  “San Juan devorando el libro” y “Apocalipsis”

            Las obras picassianas que se exponen en el Hermitage de San Petersburgo coincidieron bien guardadas en la época soviética con otras muchas, entre las que están algunas de Alberto Durero (1471-1528), otro de los precedentes que se dice tuvo el pintor malagueño para realizar sus obras relacionadas con los horrores de las guerras. Hay dos obras de Durero que nos llevan a las de Picasso: San Juan devorando el libro y Apocalipsis, con las que se atrevió a relacionar Picasso en esa misma aventura de la forma desmaterializada, pues una cabeza, dos manos y sendas columnas, definen el todo, un ser espiritual y angélico, viviente en un mundo distante, precisamente, del mundo.

Juan Larrea: “El Guernica va a suponer un gran mensaje, una profecía”

                Tal y como hemos señalado en artículos anteriores, en plena Guerra Civil Española, al gobierno de la República le vino un problema más: el de atender el compromiso  adquirido para el Pabellón en la Exposición Internacional en París que iba a dar comienzo el 25 de mayo de 1937. Entre los artistas que fueron seleccionados para representar al País Vasco estaba Aurelio de Arteta y Errasti (Bilbao, 1879-México, 1940), Premio Nacional de Pintura en 1930 y miembro fundador de la Asociación de Artistas Vascos. Sin embargo, la oferta la rechazó porque iba a exiliarse a México, donde falleció tres años más tarde. Hubo otros candidatos y después de dimes y diretes se eligió al pintor malagueño Pablo Ruiz Picasso.

Cartel de la Expo de París y Juan Larrea junto a una reproducción del “Guernica”

            Para llegar a esa resolución, hay un personaje fundamental: Juan Larrea Celayeta (Bilbao, 1895-Córdoba, Argentina, 1980), extraordinario poeta y ensayista, considerado como una de las mayores figuras de la poesía vanguardista llamada Generación del 27. Larrea utilizaba una frase que definía su filosofía de la vida: “el arte y la poesía son un problema y un deseo de generosidad”.

            Y esa generosidad le llevó a escribir la primera exégesis en torno al Guernica de Picasso, fuente y estímulo de cuantas otras se hayan producido con posterioridad a 1947, fecha en la que él divulgó la suya aún permaneciendo cuarenta años en el exilio. La idea fundamental de Juan Larrea sobre el Guernica de su amigo Picasso era esta: “Es un signo apocalíptico y, aún simbolizando la paz, es un arma de guerra… No  creo que haya habido en la historia otro cuadro de mayor resonancia; una resonancia mundial que difícilmente cabe achacar a simples razones de estética”. Larrea, incluso, va más allá: “Todo el quehacer antecedente de esa obra de Picasso no es otra cosa que la morosa preparación de un gran mensaje, o la iniciación a una gran profecía”.

“Sueño y mentira de Franco”, de Juan Larrea al Museo de Durango

            Durante la guerra civil española, Juan Larrea se puso del lado de la Republica y se trasladó a París donde hizo gran amistad con Picasso y donde, en compañía de otro escritor, José Bergamín (Madrid, 1895-Fuenterrabía, 1983), organizó la ayuda a los intelectuales refugiados en Francia y editó, por encargo del Gobierno de la República, los aguafuertes “Sueño y mentira de Franco”, del pintor malagueño. Larrea obtuvo tres carpetas de aquellos bocetos, que llevó consigo cuando emigró a América y los conservó hasta su muerte en Argentina en 1980.

            Hace poco más de un mes, el Museo de Arte e Historia de Durango expuso al completo una de esas carpetas en una muestra: Picasso: Durangotik Guernica’ra / Picasso: De Durango a Guernica”. La alcaldesa de la capital del Duranguesado, Aitziber Irígoras, recordó que la villa de Durango fue el 31 de marzo de 1937 bombardeada por la aviación italiana. Sus palabras fueron estas: “Nuestro municipio fue salvaje y cruelmente atacado y destruido, criminalmente arrasado, ocasionando un gran número de víctimas y de personas heridas”.

Mural de la reciente exposición en Durango y la alcaldesa en  la exposición

            Volviendo a la elección del Guernica para la Expo de París, Juan Larrea fue testiguo directo y asiduo espectador en el proceso de composición del cuadro, en el que posteriormente intervino para su traslado de París a Londres. Se ha dicho que el poeta bilbaíno aconsejaba al pintor malagueño por donde debía disponer las figuras del cuadro: “el toro aquí”…, “el caballo allí”, etc.

            Hasta conseguir que fuera Picasso el artista elegido para el reservado vasco en el Pabellón Español, Juan Larrea hubo de convencer a Juan María Ucelay Uriarte (Bermeo, 1903-Busturia, 1979), extraordinario pintor y entonces director vasco de Bellas Artes, y que éste a su vez convenciera al Gobierno Vasco, como quería el Ejecutivo de la República, porque había algún dirigente receloso y poco entusiasta de las obras de Picasso. Le convenció, sin embargo, la rápida respuesta del artista malagueño ante la noticia de la destrucción de Gernika-Guernica, así como su propósito expreso de reflejar en el cuadro, decía su autor, “mi horror frente a la casta militar que ha sumido a España en un mar de sufrimiento y de muerte”. Este pudo ser el último aldabonazo para que fuera Picasso el artista representante en la Exposición de París, aunque hubo otro quizá más decisivo, el de que el entonces ministro de Hacienda Juan Negrín entendía como una razón más poderosa al elegir a Picasso: “la presencia de un mural pintado por el artista malagueño equivalía, en cuanto a propaganda para la República, a una victoria militar en el frente”.

            Y como ya hemos señalado, unos meses antes del bombardeo, el pintor  había dado muestras claras de lo que pensaba con la serie de grabados del “Sueño  y Mentira de Franco”, que inauguraban la vertiente política de la obra picassiana.

            Juan Larrea razonaba la decisión de Picasso porque el pintor ya había revolucionado el mundo del arte desde hacía treinta años con “Las señoritas de Avignon”, realizado al óleo sobre lienzo, que marcó el “periodo africano” del proto-cubismo, obra que se expone en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMa), donde estuvo durante  muchos años junto al Guernica. El cuadro de las “señoritas” era ya la referencia clave para hablar del cubismo, del cual el artista malagueño fue el máximo exponente, rompiendo con la tradición del “realismo”. Porque, además –concluía Larrea en su justificación- “más que la propia expresión del arte en un momento dado está la experiencia y el reclamo de la vida, inducida por el espíritu que la rige, en el ejemplo de Picasso por su obra siempre rompedora y de futuro”

El Realismo Estético o “la unidad estética de los opuestos”

            En el artículo anterior (“80 años del Guernica de Picasso”) vimos ya diversos estudios sobre la obra realizada por el pintor malagueño, sus precedentes, sus influencias bastante claras relacionadas con obras de otros pintores admirados por Picasso como Paul Cézanne, Matthias Grünewald, Velázquez, Goya, incluso Ricardo Baroja, pero sobre todos Pedro Pablo Rubens, con sus “Horrores de la guerra”. Influencia no sólo en la pintura sino incluso en el teatro (Bertolt Brecht y su ‘teatro épico’ y la técnica del distanciamiento) y en el cine: en la película “Adiós a las armas”, realizada en 1932 por Frank Borzage y basada, lógicamente, en la novela del mismo nombre de Ernest Hemingway, amigo personal del artista malagueño.

            Hay otros muchos estudios, como hay ensayos, artículos, poesías, etc. en torno a Picasso y su Guernica, y citaremos algunos casos incluso no muy conocidos. Pero antes queremos hacer mención a todo un fenómeno al que se le ha relacionado al artista malagueño e incluso también a Velázquez. Se trata de un fenómeno creado por el poeta y educador norteamericano Eli Siegel (1902-1978), que impartió una filosofía que ve la realidad como la unidad estética de los opuestos, y que cada persona, lugar o cosa tiene en realidad algo en común con todas las demás personas, lugares y cosas, como expresó Siegel en sus poemas.

            Este Realismo Estético enseña que el deseo más grande y más constante de toda persona debe ser el gustar del mundo honestamente, sin evasiones, es decir, en una base estética. Todo arte nace de ese deseo, y afirma el hecho de que la estructura de la realidad es estética y, por lo tanto, debemos hacer todo lo que podamos para quererla honestamente. “El mundo, el arte y el ser humano se explican uno al otro; y cada uno es la unidad estética de los opuestos”

            La clave de este Realismo nos llena de satisfacción porque nos enseña que los opuestos están unidos, tal y como lo demuestra el arte. Un realismo que es una forma nueva de ver al mundo y a las personas, basado en el deseo más profundo en toda persona, el gustar del mundo de una forma honesta y precisa, y hacerlo sin restarle valor a lo que es diferente y teniendo siempre en cuenta que la belleza es la unión de opuestos, y que unir opuestos es lo que estamos tratando de lograr en nosotros mismos.

Estudios sobre “realismo estético” en Picasso y en el Guernica

            A partir de las lecciones de Eli Siegel se creó la Fundación de Realismo Estético, una institución educativa sin ánimo de lucro y que se desenvuelve desde Nueva York al mundo entero, con numerosos discípulos y divulgadores, encontrándose entre ellos la antropóloga Meryl Simon, y la pintora y escritora Dorothy Koppelman, que realizó numerosos ensayos sobre ese Realismo Estético, la mayoría de ellos en compañía de su marido Chaim Koppelman.   

            Nos preguntamos, sin embargo, ¿qué tiene que ver este fenómeno con Picasso y su Guernica? Y la contestación con respecto al pintor es todo un estudio realizado primero por Meryl Simon a través de la obra de Picasso “Dora Maar sentada: la cara de frente y de perfil, y cómo muestra dos aspectos distintos de la personalidad humana”… La amante de Picasso, Dora, es presentada en perfil y de frente a la vez.  Un ojo apunta hacia dentro, hacia sí misma.  Mientras que las pestañas de este ojo son pintadas de tal forma que enfatizan esa dirección interior, la pupila mira hacia fuera.  El otro ojo, que Picasso pinta sorprendentemente en rojo, mira hacia el mundo y hacia nosotros.  Aunque el color rojo denota intensidad, la curvatura y la simetría de este ojo transmiten un sentido de serenidad.

Ejemplo de realismo estético: “Dora Maar sentada”, y retrato de la amante de Picasso

            Según la antropóloga Meryl Simon, Picasso “fue el primer pintor que mostró los dos aspectos de una cara simultáneamente, y este hecho tiene un significado importante para nuestras vidas.  En su libro El Yo y el Mundo, Eli Siegel escribe acerca del perfil y la cara de frente con relación a la personalidad de toda persona: Según nociones que han estado presentes a través de la historia, el ser humano tiene dos lados, al igual que su cara tiene un perfil y un frente (…) No importa qué lado de la persona esté en acción; el propósito, en cierto modo, es el mismo, ya que una persona está tratando de complacerse. Pero un lado del ser humano desea complacerse pensando sólo en sí mismo y apartado de la realidad en su totalidad; mientras el otro lado desea verse la persona relacionada con el exterior”. Cuando pensamos solo en nosotros mismos, “apartados de la realidad y del mundo del cual venimos –añade M. Simon–, tenemos que sentirnos avergonzados”. Y después de analizar el resto del cuadro, concluye: “Picasso quiso mostrar el deseo vivaz en una mujer por lucirse hermosa y de criticarse a la misma vez”.

Dorothy Koppelman: “el arte, opuesto a la injusticia y a favor de la vida”

            En cuanto a Dorothy Koppelman, ésta describe la pintura y el propósito de Picasso en un precioso ensayo titulado: “El arte se opone a la injusticia, está a favor de la vida”, estudio basado en ese Realismo Estético de Eli Siegel, es decir: “en un modo de ver al mundo y a uno mismo, y ver ambos con la unidad estética de opuestos”.

            El Realismo Estético lo dividen en tres partes: el desprecio; lo opuesto; y la buena voluntad” (…)El único modo de ser justos con el mundo y las personas, es ver al mundo y a las personas como la unión de opuestos—lo que es bueno y lo que no es tan bueno; lo que se puede elogiar y lo que es imperfecto—; y ver que los opuestos están presentes en todas las cosas y que forman la estructura de la realidad, del mundo”. Y concluye: “Lo único que hará posible que una persona tenga una vida que le guste, será tener buena voluntad, es decir, ver a una persona completa y exactamente como es en lo bueno y en lo malo, en lo débil y en lo fuerte. Y lo que es más, que lo que pensamos de esa persona en ese momento cuente con la esperanza de que en el futuro será más fuerte, mejor persona, y esté también en mejor relación con el mundo”.

“Al ver el Guernica debemos examinarnos a nosotros mismos”

            Como ya hemos señalado, el Guernica fue visto como la pintura simbólica de los horrores de la guerra: su destrucción, su crueldad. La belleza de la pintura, según Dorothy Koppelman y otros muchos analistas,  proviene sin embargo de otro origen. Este mural es importante porque “demuestra que, con toda la crueldad y la falta de sentido aparentes en el mundo, existe al mismo tiempo una forma, una organización, y algo tan grave como la inhumanidad de hombre por otros hombres”.

            Y por ello, Dorothy Koppelman dedica su estudio a las personas del mundo que ahora sufren de la crueldad, la ignorancia y el desprecio, que el Realismo Estético describe en una doble dirección, cada uno de nosotros mismos y el mundo exterior. Al ver, examinar y discutir al Guernica y su verdadero mensaje, debemos de examinarnos a nosotros mismos, porque “uno de los grandes propósitos del arte, que Siegel me enseñó, es hacer la fealdad de las cosas más tolerable, y mostrar a través de esa “presencia indisoluble de relación” la continuidad y discontinuidad entre esas cosas feas y lo que vemos como hermoso. Esto es lo que Picasso ha logrado en Guernica con un impacto que ha afectado al mundo entero”.

            Y añade: “La discontinuidad más grande en la vida es el cambio repentino de vida a muerte.   Mientras tanto, en esta composición la quebradura atroz y su progresión simétrica, afirma la vida. Picasso, en su monumental y furiosa obra que honra a Guernica, presenta la repentina y gratuita matanza en formas planas, claramente bosquejadas, y con figuras cortadas angustiosamente. Las formas se superponen, se topan, cambian de lugar, y todas ellas son grises, blancas y negras. “El misterio más grande en la pintura,” comentó Siegel, “es cómo una cosa se convierte en otra cosa”, y “el otro misterio es cómo la tridimensionalidad de las cosas puede ser mostrada en una superficie plana”.

            Picasso leyó lo ocurrido en Gernika aquel 26 de abril de 1937 en los periódicos y vio detenidamente las fotografías que ilustraban el drama. Esos periódicos están representados en el cuerpo plano del caballo lastimado con su boca abierta y lengua puntiaguda. La blancura absoluta en las formas de la cabeza del caballo, la cabeza del toro, y en la cabeza de la sufrida mujer a la izquierda, con su bebé muerto y colgando en sus brazos, adquieren una variedad de emociones. Hay un sentido de algo pesado, y también un vacío que causa un impacto de vida y muerte simultáneamente.

             Lo blanco y lo negro—la presencia y ausencia de color—se juntan para crear el gris de entremedio. Los sentimientos intensos, profundos y claros del artista están presentes en estas formas violentas y colores refrenados (…) Picasso utilizó el arte para oponerse a la injusticia; él aplanó las figuras para mostrar el significado, “la presencia indisoluble de relación;  la estructura sensata de las cosas que nos anima a gustar del mundo en una base honesta” (…) “La quebradura de las cosas” que Siegel describe está presente en los pesados cuerpos caídos en la orilla inferior, en la espada rota, y las bocas abiertas mostrando los dientes. Todo esto está en un triángulo clásico, eterno, “un diseño que causa continuidad,” en cuyo ápice aparece una luz. El ver la muerte en la luz es dar continuidad a la discontinuidad, la vemos con ojos vivientes. Y Picasso ha puesto una bombilla, hecha por el hombre, en el sol eterno y muy cerca de la lámpara sobre el caballo lastimado.

La visión de los niños sobre el Guernica suele ser natural y muy imaginativa

            El mural de Guernica tiene, en sus detalles particulares y su magnífica totalidad, lo que el Realismo Estético dice que todo arte debe tener: “un diseño que causa continuidad, de vida, de muerte, y de realidad. La presencia duradera de los opuestos, como los describe Eli Siegel y el Realismo Estético, es lo que puede relacionar lo bueno y lo malo del mundo, y hacer que la humanidad sienta que el mundo tiene sentido, que la belleza es la unión de los opuestos.

            De un mercado de frutas a un palacete en Grands Agustines

            Volvamos a la ejecución de la obra: Una vez le fue adjudicado el trabajo, Picasso encontró la dificultad de no tener un estudio apropiado para realizarlo, ya que su complicada situación matrimonial (vivía ya con Dora Maar, la fotógrafa) le obligó a desprenderse de algunos bienes e instalarse en un hotelito junto a un mercado de frutas.  Se cuenta una anécdota de que cuando fueron a convencer a Picasso para que realizara la obra para la Expo de París quisieron gastarle una bromas, y alguno se disfrazó de vendedor de frutas con banda y polainas, asegurando a Picasso que se trataba de un pintor americano muy famoso. Cuando llegaron al modesto estudio de Picasso se lo encontraron charlando y bebiendo con dos camioneros de frutas y verduras procedentes de Alcira, que se habían hecho amigos de Picasso.

El tamaño del Guernica obligaba a inclinar el cuadro y a Picasso subirse a una escalera

            Para facilitar un estudio en mejores condiciones, el Gobierno español adquirió entonces un antiguo palacio del siglo XVII en la calle de Grands Agustines, que se habilitó y entregó al genial pintor en propiedad. Fue una especie de pago indirecto por el Guernica, ya que Picasso no quiso cobrar nada por hacerlo, aunque algunas otras fuentes hablan de que la República le pagó 150.000 francos, tal como aparece en el libro de contabilidad de la Embajada de España en París.

             El Guernica conoció muchos esbozos y planteamientos distintos. Aunque ese taller des Grands Auguátins, una casa descrita por Balzac, era enorme, “no le cabía el cuadro, que tenía 7,87 metros de ancho y 3,51 metros de alto, es decir, como un crisma navideño gigante, por lo que obligaba al artista a tener el cuadro inclinado y a trabajar en cuclillas -cosa que ya había hecho en otras épocas de su vida y que parecía no importarle- o subido en una escalera. Los tres grandes temas, el toro, el caballo moribundo y la mujer con la lámpara, cambiaron de posición y de representación varias veces. El conjunto, pintado en negro, blanco y gris era «un mundo silencioso, a pesar de los gritos», explicó Picasso.

            Se ha dicho que la tela iba unida al bastidor con cientos de clavos y se ha escrito que una vez terminado y ponerlo completamente en pie para su traslado, la madera del cuadro y “el horrible grito que condena la crueldad y las tinieblas emergieron rotundos de la superficie, de abajo a arriba, clamando estremecedores por la redención del hombre esclavo del hombre”…; y “(…) por qué, el toro interrogaba al viento, la muerte yacía bajo la furia inútil del caballo, y el conjunto era unos brazos en alto, gritos hacia arriba, voces, llantos desgarrados, y una luz desesperada en busca de la paloma condenada injustamente a las tinieblas, con su torpe aleteo ingrávido, víctima del día sin sol”.

El Guernica en la Exposición Internacional de París

El Pabellón español se inauguró unos meses más tarde de la Expo que, como se ve, lucía con la Torre Eiffel y, a cada lado, los pabellones de la Alemania nazi y de la Unión Soviética, que presagiaban el enfrentamiento posterior e inmediato.

            La Exposición Internacional de París tuvo lugar del 25 de mayo al 25 de noviembre de 1937. Se llevó a cabo en el Palacio de Chaillot, bajo el tema de «Artes y técnicas de la vida moderna». La Exposición alojó un Pabellón de España gestionado por el gobierno legítimo de la República, realizado por los arquitectos Josep Lluís Sert y Luis Lacasa e inaugurado el 12 de julio, mes y medio más tarde que el resto de los pabellones. Estaba situado en la Avenida del Trocadero de París, cerca de los pabellones de Alemania y la Unión Soviética. Junto al Guernica, que fue enseguida la máxima atracción, se presentaron otras obras de arte, como la Fuente de Mercurio de Alexander Calder, La Montserrat de Julio González, El campesino catalán en rebeldía de Joan Miró o El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella de Alberto Sánchez Pérez.

Picasso y Miró, en la inauguración del Pabellón y una copia de la escultura de Alberto Sánchez, elogiada por Jorge Oteiza desde América, y hoy en el reina Sofía

            Precisamente, Anisia Serendipia, escribía hace unos meses, refiriéndose a la reciente exposición que ya hemos citado en el Museo de Arte e Historia de Durango, que el escultor Jorge Oteiza, presente en Buenos Aires aquel 26 de abril de 1937 del bombardeo de Gernika-Guernica, plantó en una plaza de la capital argentina (junto a otros compatriotas vascos) un retoño del árbol, y escribió un artículo en la revista “Arquitectura” de Santiago defendiendo la obra escultórica de Alberto Sánchez, lo que probablemente influyó para que una de las suyas, la que ya hemos citado, de 12,5 metros de altura fuera la elegida para el exterior del pabellón español.

            El Guernica estaba situado en una de las paredes principales del pabellón, junto con las obras de Calder y Miró y Alberto Sánchez. En principio suscitó una gran polémica, ya que muchas personas esperaban un cuadro más descriptivo, en consonancia con el realismo socialista de la época. Incluso se planteó la posibilidad de cambiar el cuadro por una obra más realista llamada Madrid, 1937, de Horacio Ferrer, expuesta en la segunda planta del pabellón; pero la prensa internacional alabó el Guernica como una obra maestra, por lo que fue mantenida en su sitio. De Picasso había además dos esculturas: la Cabeza de Mujer y la Dama Oferente.En el propio pabellón se ofrecieron en venta, a favor de la República, ejemplares de la serie grabada Sueño y mentira de Franco, igualmente realizada por Picasso.

            El pabellón tuvo un carácter propagandístico, informativo y reivindicativo de la situación del país, exponiendo en sus paredes carteles, fotografías y demás elementos artísticos y documentales que mostraban los horrores de la guerra. Entre otros documentos, se exhibían varios poemas de Federico García Lorca, y se contó con el apoyo de numerosos intelectuales internacionales, como Louis Aragon, Paul Éluard, Ernest Hemingway, Octavio Paz, André Malraux, Ilyá Ehrenburg, Waldo Frank, etc.

            El edificio fue demolido al acabar la Exposición, mientras que sus autores, Sert y Lacasa, fueron juzgados por responsabilidades políticas por el bando franquista, y tuvieron que exiliarse.

            Max Aub dijo el día que se presentó el Guernica en la inauguración de la Exposición que se hablaría durante mucho tiempo de esta obra. No se equivocaba, el Guernica ha sido a lo largo de la historia objeto de estudio, crítica, opinión e inspiración de destacados intelectuales de multitud de ámbitos culturales. Y así lo expresaban: “Lo llamaron Guernica / Y es el pueblo español, / aunque tantos no quieran, / el que está siempre allí / el que tuvo el arrojo de poner en tu mano / esa luz gris y blanca que salió entonces de su sangre / para que iluminaras su memoria”

El Guernica, de 1938 a 1958, veinte años “viajando por el mundo”

            Concluida la Exposición de París a finales de 1937, el marchante Paul Rosenberg organizó una exposición itinerante con obras de Picasso y otros artistas (entre ellos Matisse y Braque), que tenía como principal atracción el Guernica, y que se exhibió en las ciudades de Oslo, Copenhague, Estocolmo y Gotemburgo entre enero y abril de 1938. A finales de septiembre de aquel mismo año el cuadro viajó al Reino Unido, con el objetivo de recaudar fondos para el National Joint Commitee for Spanish Relief (Comité de Ayuda a los Refugiados Españoles) de Londres. Entre los últimos meses de 1938 y enero de 1939 pudo ser admirado también en las ciudades de Londres, Leeds, Liverpool y Mánchester. En particular, la exposición de la obra en la galería de arte Whitechapel de Londres tuvo un gran éxito de público, y contribuyó en gran medida a sensibilizar a la opinión pública británica sobre la situación española. Finalizada la gira europea, Picasso decidió que la obra permaneciera en custodia el mayor tiempo posible en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMa), a donde llegó a bordo del transatlántico Normandie, y desde donde participó en numerosas exposiciones dentro y fuera de los Estados Unidos. Fue expuesta en el Art Institute de Chicago en 1940, en el Museo de Arte de Columbus, Ohio, en 1941 y en el Fogg Art Museum de Cambridge, Massachusetts, en 1942. En 1953 formó parte de una gran exposición dedicada a Picasso en el Palacio Real de Milán y en diciembre del mismo año fue llevada a la Bienal de Sao Paulo en Brasil, y en 1955 participó de una retrospectiva de su autor que circuló por diversos museos de Alemania, Bélgica, Dinamarca y Países Bajos. En 1957 y 1958 formó parte de la exposición 75 Aniversario de Picasso en el MoMa, posteriormente expuesta en Chicago y Filadelfia. A partir de 1958 permaneció en ese museo neoyorquino hasta su traslado definitivo en 1981 a España, donde nunca había estado.

Javier Tusell, director de Bellas Artes y artífice del traslado del Guernica a España

            El MoMa disponía de una sala para él Guernica en el tercer piso del edificio, compartiéndolo con Las señoritas de Avignon. Dentro del museo se disfrutaba siempre de la misma temperatura, para que las obras de arte se conservaran en perfecto estado, sin riesgo de que sufrieran alteraciones sensibles, las que había sufrido en sus numerosos desplazamientos durante tantas exposiciones. Para Nueva York, desprenderse del Guernica (pese a que en el sótano esperaban más de 25.000 obras) era perder la “más preciada joya de la colección de su más visitado museo”, por lo que obstaculizaron en todo lo posible su traslado a España. El centro abarcaba la más completa selección de obras de arte de 1880 a 1950. Concebido así, el museo por Philip Goodwin y Edgard Burell Stone, se regía por la Junta de Fundadores, presidida por Blanchette H. Rockefeller.

Trece años intentando el traslado del Guernica a España

            Los primeros contactos para el traslado del Guernica a España fueron en 1968 por orden de Luis Carrero Blanco, pero a la resistencia de Picasso se le sumó el ataque con ácido que tres años más tarde sufrió en Madrid una exposición de los grabados del pintor malagueño a manos de los Guerrilleros de Cristo Rey. Además, Picasso siempre dejó bien claro que la obra sólo entraría en España cuando tuviera una democracia consolidada, lo que no ocurría entonces ni mucho menos. Cuando Picasso muere, en 1973, la situación en el mundo es convulsa por la crisis energética (cuadruplicándose el precio del petróleo) y en España se suma la delicada situación política.

            En los últimos años de dictadura, Franco había nombrado presidente a Luis Carrero Blanco. Su figura era un símbolo de la continuidad franquista que la banda terrorista ETA hizo volar literalmente el 20 de diciembre de 1973, asesinándolo mediante una explosión que hizo saltar el coche del presidente por los aires. Mientras, en el ámbito cultural la censura continuaba. Los españoles cruzaron la frontera a Francia para ver la película ‘El último tango en París’, prohibida en nuestro país por su alto contenido erótico, y la mayor alegría nos la dieron el grupo “Mocedades”, que quedó en segundo lugar en Eurovisión con “Eres tú”, que cosechó un grandísimo éxito en el mundo; y en lo deportivo, Luis Ocaña ganaba el Tour de Francia y la selección de baloncesto conseguía el subcampeonato de Europa.

            En 1977, el Congreso de los Diputados votó una resolución para que se repatriaran los restos de Alfonso XIII desde Roma, los de Azaña desde Montauban en el suroeste de Francia y el Guernica desde Nueva York. La diplomacia se puso a funcionar para convencer a los herederos de Picasso, fallecido en 1973, y para sortear los reveses de la actualidad. Sin embargo, el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 había llenado de sombras la imagen exterior de España. La prensa francesa hablaba de democracia acuartelada.

“Ultimo exiliado”; “Fin de la Transición”, titulares al aterrizar el Guernica

Enrollando el cuadro y llegando al aeropuerto de Barajas en septiembre de 1977

                Otro problema era convencer a todo los herederos de Picasso porque sólo su hija Paloma parecía partidaria de trasladar el cuadro a España. De no convencer a la que fuera amante de Picasso, Marie Therese Wlater, y su hija Maya Picasso, el asunto se dirimiría en el Tribunal de La Haya. Tuvo que ser la figura del entonces Director General de Bellas Artes, Javier Tusell, así como la de dos personas de su “equipo”, unido a la buena voluntad expresada por el Senado norteamericano, los que consiguieron que el Guernica saliera de Nueva York con rumbo a Madrid enrollado y en secreto.

            Era el 9 de septiembre cuando estuvieron toda la noche embalando el cuadro y, al día siguiente, a las 7,45, el Guernica aterrizaba en Madrid dentro de las bodegas de un jumbo de Iberia llamado Lope de Vega. Pocos días después de la llegada del cuadro, Iberia publicaba un anuncio en el que hablaba del Guernica como “símbolo de paz”. Con el anuncio en la mano, se recuerda el efecto que produjo en España ese viaje. Y los titulares de periódicos: “el último exiliado”; “el fin de la Transición”.

Peticiones políticas y populares para ‘traer’ el Guernica a Gernika

            Ha habido varios intentos de que la universal obra de Picasso fuera trasladada a “su casa natural”, según expresión de un político vasco. El primero fue de cara a la inauguración del Museo Guggenheim-Bilbao, advirtiéndose, eso sí, “siempre que se pudieran garantizar las debidas condiciones de conservación y traslado”, a lo que el Patronato Reina Sofía, donde se expone la obra, respondió que el “delicado estado de salud de la tela impide cumplir esa solicitud”. El entonces alcalde de Gernika insistió y trasladó la petición al Congreso, que lo aprobó pero trasladando la decisión a los técnicos, que se mantuvieron en su negativa.

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Uno de los muchos carteles solicitando el traslado del Guernica a Euskadi

            En el año 2007, al cumplirse los setenta años del bombardeo de Gernika y después del extraordinario éxito del Museo Guggenheim, se insistió en la petición, ya que se quiso exponer la obra de Picasso en Bilbao. El gobierno vasco solicitó oficialmente el préstamo de la monumental obra, que se encontraba y encuentra colgada en una de las galerías del Reina Sofía.

            La respuesta fue rápida y contundente: “El Guernica no se va a mover de Madrid», declaró la entonces ministra de Cultura, Carmen Calvo. «Un ministro o ministra tiene que doblar la rodilla ante los informes de los técnicos, porque si ese ministro o ministra firma por su cuenta el traslado y al ‘‘Guernica’’ le pasa algo, a quien van a pedir responsabilidades es a él o ella”. Esas razones no convencieron del todo porque si la obra fue expuesta en numerosas ciudades de Estados Unidos y Europa desde su creación, podía intentarse el traslado desde Madrid: unos 400 kilómetros. Pero se volvía a insistir que debido a su tamaño, para cada transporte era enrollada y posteriormente desenrollada, lo que explica –dijeron los técnicos– por qué hoy se encuentra en tan mal estado.

            De todas maneras, el Gobierno vasco no se conformó con la negativa de Madrid. «Hoy existen métodos que posibilitarían un transporte con todas las garantías», dijo en numerosas ocasiones la portavoz, Miren Azkarate. El director del Museo Guggenheim, Juan Ignacio Vidarte, sostenía también que la obra podría ser trasladada con los bastidores sin que tuviera que ser enrollada.

Exposición en el Museo de la Paz de Gernika sobre el Guernica de Picasso

            Además de los diversos alcaldes que ha tenido Gernika, así como numerosos vecinos de la villa foral, han solicitado repetidamente que el Guernica pueda viajar y exponerse en el Museo de la Paz custodiada por el Centro de Documentación sobre el Bombardeo. Precisamente ahora y hasta el 24 de septiembre está abierta una interesante y muy bien montada exposición de monografías sobre el Guernica de Picasso.

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Exposición sobre el Guernica en el Museo de la Paz de la villa foral

            Estas constantes peticiones en favor del traslado de la obra de Picasso se han hecho también desde distintos medios no políticos. Hay medios de información que insisten de vez en cuando y sobre todo en fechas señalas en ese reclamo, considerándolo justo, razonable y no tan peligroso, puesto que ese peligro no se consideró ni se trató en otros muchos casos anteriores.

            Un ejemplo de esta solicitud está, por ejemplo, en los medios de información. Pongo un ejemplo, el de Antonio Elorza, en “El País”, 26 de abril de 2012: “No existe contradicción entre lo universal y lo local. La primera dimensión no contradice el dato esencial de que fue Guernica, la villa que encarnaba el autogobierno foral, el sujeto pasivo de la destrucción. En consecuencia, no por planteamientos partidarios, sino porque en ella convergen el aniquilamiento fascista de los hombres que la habitaban —por fortuna en menor medida que sus casas— y de la democracia vasca, resultaría del todo razonable que en el marco de una Euskadi liberada definitivamente del terror y de la represión, el Guernica de Picasso fuera albergado definitivamente en la ciudad cuya muerte le hizo nacer”.

Lo que pensaría hoy Picasso del Guernica en el Musseo Reina Sofía

            Voy a permitirme escribir por Pablo Picasso siguiendo las pautas de un libro que conozco bien: Picasso, Neruda, Casals, Pablos universales, libro escrito y editado por mí el año de la muerte (1973) de los tres genios del arte, la literatura y la música.

            Estoy seguro de que el pintor malagueño se habría sentido dolido hoy porque nunca fue partidario de guardar los cuadros “como si fueran momias”, según su propia expresión. “Los cuadros necesitan aire, luz y espacio, igual que las personas. Deben estar allí donde más efecto hagan y donde puedan verles más personas, para disfrutar de lo que dice o para pensar en lo que el cuadro siente. Un cuadro no debe estar en la obscuridad, porque se marchita. Y desde luego yo no he pintado nunca ni para decorar pisos o apartamentos, ni para encabezar despachos de poderosos ni siquiera para los museos cerrados. La pintura es un arma para luchar contra la brutalidad y la oscuridad. Y nunca debe ser parásita. En el fondo me gustaría que mis obras pudieran verlas y disfrutar de ellas todo el mundo sin que costara dinero”.

            Nada de eso se cumple con las obras de Picasso, ni en un Museo ni en otro, ni siquiera con la política que se sigue en los gobiernos y la postura que han tomado sus familiares descendientes. Respecto al Guernica, Picasso pensaba lo ya dicho y algunas cosas más: “Es una obra denuncia, de las barbaridades de una guerra, y como tal su propietario debe ser el pueblo español, no sus gobiernos. Y un pueblo español libre. El Guernica nunca podrá estar en la España de Franco ni podrá estar defendida por las fuerzas armadas. Sería un contrasentido. Guernica es un grito al horror, a la barbarie o a la imposición, sea la que sea”.

            Estoy seguro de que Picasso hubiera interpretado muy bien que al menos el Guernica fuera un tiempo a Gernika o muy cerca (a Bilbao, por ejemplo, donde parece que hizo al menos una exposición) y eso lo hubiera aplaudido antes que aceptado el supuesto desgaste del cuadro por unos interesados técnicos que ni siquiera respetaron que el Guernica esté donde estuvo Picasso como director, en el Museo del Prado. Y que el museo donde está lleve nombre de Reina (Sofía) porque el pintor malagueño era un republicano de pro y de mucho sentimiento.

“Esa cadena invisible que va uniendo unos genios con otros”

            No podemos finalizar hoy este estudio dedicado al bombardeo de Gernika de hace ahora 80 años, y al Guernica de Pablo Picasso, con una referencia educativa que tanto nos preocupa en la actualidad. Se trata del valor del arte y en concreto de la pintura hoy tan desplazados en la educación en general, al menos la nuestra. La idea la recojo de un Departamento de Didáctica de una Universidad Española: Que la pintura es un proceso reflexivo que exige pruebas, bocetos, ensayos y conocimientos muy diversos hasta que quien la realiza encuentra la vía satisfactoria para la expresión de una idea… Todo eso, parece estar cada vez menos cuestionado, al menos para las obras que son reconocidas como obras maestras. Y bien pudiera ser esta una de las razones más legítimas para justificar la necesidad de la historia del arte en la enseñanza obligatoria y en todas aquellas facultades relacionadas con la creación. ¿Por qué?… La respuesta parece sencilla: porque la experiencia artística del pasado alimenta, nutre la capacidad creativa en el presente y permite y ayuda a avanzar por caminos aún no recorridos”.

            Y hay otra razón que hace unos días aprendí de Coco Chanel (1883-1971) en una exposición relacionada con la moda y con el arte. La diseñadora francesa, al referirse a su amigo Pablo Picasso, dice: “No sé si es un genio; es difícil decir de alguien que se conoce que es un genio; pero estoy segura de que forma parte de esa cadena invisible que va uniendo, a través de los siglos, unos genios con otros”.

            El Guernica de Picasso, como toda la obra picassiana, es un claro ejemplo de estos asertos, convencimientos o cadenas, y hacia ellos hemos pretendido dirigir estos artículos de Kazetariak, en un tiempo en que se olvidan demasiados hechos dramáticos y reacciones con obras extraordinarias, descalificando enseguida lo más valioso e influyente y olvidando el pasado,  pero cayendo en los mismos errores.

            Gracias al periodismo en primer lugar, que contó o informó de lo ocurrido en Gernika, y al arte posterior que lo reflejó, la verdad ha terminando imponiéndose como una denuncia permanente del horror de la guerra que Picasso plasmó sorprendentemente, como “fuego explosivo”, en palabras de Rafael Alberti.

            Ochenta años se cumplen de aquel bombardeo en una tarde negra (26 de abril de 1937) que rompió el cielo de Gernika durante tres horas y media, de aquellos ochenta años y de aquellos periodistas que cumplieron fielmente con los hechos reales… Ochenta años de tanto genio en un pintor que pensaba siempre en un futuro distinto en su pintura y en una paz siempre reclamada…

            Termino, querido lector, como empecé dedicándolo a las “noches blancas” de San Petersburgo (la ciudad del río Neva, de sólo 74 kms. pero el más caudaloso después del Volga y el Danubio), noches vividas hace unos días por mí y muchos años atrás (en esa cadena de admiración por la belleza natural) por Dostoievski, cuando escribe: “¡Que vuestro cielo se mantenga siempre claro! ¡Que vuestra dulce sonrisa sea siempre radiante y apacible! ¡Y benditos seáis vosotros por los instantes del ventura y de felicidad que brindasteis a otros corazones solitarios y agradecidos!”… Esta noche y otras muchas, querido Fiodor Dostoievski, serán –como tu escribes—maravillosas, de esas “que se dan cuando somos aún jóvenes”, noches blancas, tan blancas como las del amanecer en la ría de Gernika durante el solsticio de verano, con todo ese embrujo de paz, hermosura y naturaleza que nos brinda el río o ría y el mar…

José Manuel Alonso

Nota.- Con este artículo, tercera toma de los 80 años del bombardeo de Gernika y del Guernica de Picasso, confiaba en haber terminado la serie, pero siempre surgen lecturas, recomendaciones y hechos nuevos que te obligan a ser más explícito de lo previsto, por eso nos queda un cuarto capítulo dedicado a: (1)  Visiones originales y poesías significativas sobre el bombardeo y la obra del pintor. (2) Versiones del Guernica, entre ellas las de pintores vascos. (3) Bella historia de la lágrima roja desprendida del cuadro. (4) Frases de Picasso y quizá un relato de la visión del Guernica a través de los niños. Con todo, eskerrik asko, amigo (a) lector (a), y hasta la próxima Kazetariak.    

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