Lo mejor para mí

Carmen Torres Ripa. “Cuando peor mejor para todos y cuando peor para todos mejor para mí el suyo beneficio político”. Es textual. Les prometo que no sé dónde va la coma, si es que la hay.

Seguro que han entendido perfectamente el mensaje, es tan claro que estas sabias palabras del Presidente del Gobierno han roto las teclas de todos los ordenadores de las redacciones intentando encontrar el apabullante mensaje que encierra este secreto. Cuando usted lea este artículo quizás algún brujo del lenguaje ha adivinado las enigmáticas palabras porque, si las dice un Presidente deben de ser importantes, aunque no entendamos nada. Esto es parecido a aquello de gobernar para el pueblo pero sin el pueblo. Sólo que a lo cutre. A pesar de que sorprendernos no es que no sorprenda Don Mariano. Pero con su última interpretación en el Parlamento se ha superado a sí mismo. Su disparatada gramática da tortas a todos los lingüistas pero usted es el Presidente y a callar.

Las élites sofisticadas del PP, posiblemente a esta hora, han debido de desenredar este acertijo de palabras. Los demás, le prometo que nada Sr. Rajoy.

Me pregunto –es una pregunta sin ninguna mala intención- quién le “corrige” sus resbalones idiomáticos. Quién será el ángel de la guarda de su vocabulario y de sus disparatadas frases incoherentes. Pienso que debe de llevar años perdido en cultivar a otros líderes más sumisos.

Sus gafitas de buen hombre le ayudan a dar la talla a la hora de los discursos. Lo peor es que aunque se sonrían en los bancos por su falta de oportunidad, sigue pensando que es el mejor y su partido el paradigma de la pureza política. ¿Quién dijo corrupción? ¿Quién dijo que metían la mano en la caja? ¿Quién utilizó la mal sonante palabra chorizo? Tiene usted razón, Don Mariano. Los integrantes en su partido están visitando las distintas instalaciones carcelarias del país para saber sus condiciones de habitabilidad. Están, como si dijéramos, de servicio. Los que le critican, son unos maleducados. Además, si usted jura en falso –como decía Isabel la Católica- pues no pasa nada, porque después de usted, sólo Dios.

De todos modos –sirva de mini disculpa para los oradores-, tres horas hablando en el atrio son muchas horas. Es para morirse de aburrimiento e inanición. Y en esas horas se pueden decir tantas tonterías que hasta el más brillante orador puede equivocarse de línea y, por supuesto, el escuchador –Marcelo Expósito, por ejemplo- quedarse dormido. En qué pensarán durante tres horas los ocupantes de los bancos… Ni el Santo Job podría seguir con interés tantos folios preparados.

He estado oyendo la radio, viendo la TV y leyendo la prensa y tengo la sensación de que las ideas me traicionan. Cuando oigo hablar a Pablo Iglesias, me parece brillante y, pienso, me gusta. Pero luego la cordura viene a mi cabeza. Este señor habla para él, sólo quiere coger el hueco que dejan los socialistas y ser presidente. Los demás le importamos un bledo. Sigo escuchando y veo con tristeza que todos, después de una introducción bien aprendida, empiezan a sentir placer otorgando insultos seguidos a sus contrarios y así se pasan el tiempo, criticándose unos otros sin que ninguno guarde la mínima compostura. Se meten con los fiscales y los tribunales –por supuesto sin rozarlos a los representantes del partido gobernante- con los amores y las relaciones sentimentales, insultan como bellacos y al fin, enseñan todos la patita. “Hay quien dice – afirmó Rafael Hernando, portavoz parlamentario del PP- que estuvo mejor la señora Montero que usted (Pablo Iglesias). No diré eso porque no sé qué voy a provocar en esta relación”. Pues sí, Sr. Montero, lo dijo y provocó lágrimas en la protagonista y rabia en las mujeres  del hemiciclo y una profunda repulsión fuera. Todas pensemos que es usted un machista y el machismo nos domina. Es el mal endémico de nuestra sociedad -¡Oh! tragedia-, una mujer ha hablado mejor que su propio líder. ¿Cómo es posible? Así vamos caminando las mujeres, o damos saltos de muerte o nos morimos antes de saltar. Hay que pasar lo más silenciosamente posible. Vuelve a relucir el machismo de sus señorías y las mociones de censura –con ese término tan rimbombante- han terminado siendo un corral de gallinero.

Sin duda ha bajado el lenguaje del hemiciclo, porque el nivel político ha bajado en todos los habitantes del país. El hemiciclo se ha convertido en un sálvame grande, un mediocre recinto, pero eso es lo que vende. No hay posibilidad de merecer algo mejor, que un programa de supervivientes o naranja y limón. Los niveles más altos de audiencia son para esta colección de famosos vip que hacen las delicias de un público burdo que disfruta viendo como una mujer y un hombre desnudos buscan el amor de su vida en una isla, sin un taparrabos.

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