La intrahistoria de mi tubo digestivo

MARSHALL, CODESCUBRIDOR DE LA ‘H. PYLORY’, SE LA INOCULÓ EN SU ORGANISMO ANTE LA DESCONFIANZA DE LA COMUNIDAD MÉDICA

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El doctor Marshall, Nobel de Medicina 2005 por codescubrir la ‘Helicobacter pylori’, dictó una conferencia en la catedral de Iruñea. (JB)

Nekane Lauzirika, DEIA

La conferencia del Premio Nobel de medicina de 2005 Barry Marshall en la catedral de Iruñea el pasado martes 12 de septiembre, con motivo de la celebración del décimo aniversario de la compañía navarra 3P Biopharmaceuticals, bien podría haber tenido este título tan íntimamente fisiológico. Porque él fue quien junto a Robin Warren descubrió en 1979 que la causa de las úlceras gástricas y duodenales, de la gastritis, y según la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer quizá también del cáncer gástrico y del linfoma de tejido linfoide asociado a mucosa-MALT, no son el estrés ni el cansancio, ni el tipo de alimentación con comida picante ni la genética… sino la presencia de la bacteria Helicobacter pylori. Bacteria en forma de bacilo helicoidal que posee una efectiva enzima (ureasa) capaz de transformar la urea en carbono dióxido y en suficiente ion amonio (NH4+) como para equilibrar el ácido clorhídrico gástrico, lo que la permite vivir perfectamente adaptada en un ambiente de acidez (pH 1,5) tan intolerable para las demás bacterias como es el estómago. Lamentablemente el amoníaco es tóxico y tras agredir a las membranas de las células del epitelio gástrico produce la ulceración. Literalmente las bacterias taladran el epitelio y anidan en la mucosa gástrica en colonias que normalmente dan lugar a las úlceras que hacen padecer lo indecible al enfermo.

Pero la conferencia dictada por el Nobel podría haberse titulado de este modo sobre todo porque aún con los resultados indiscutibles de laboratorio y clínicos en la mano demostrando este origen bacteriano de las úlceras gastroduodenales y como en los primeros años ochenta le seguían negando esta realidad, decidió realizar la prueba en sí mismo. Y para el doctor Barry Marshall la Helicobacter pylori pasó de ser un material de estudio a formar parte de la intrahistoria patológica de su tubo digestivo. Se inoculó la bacteria y se trató primero con sales de bismuto, la forma tradicional de reducir la acidez y aliviar los dolores de la ulceración, pero que no curaba porque no atajaba la causa original sino solo los síntomas. Pero el profesor Barry Marshall para demostrar que era una infección bacteriana se trató con un coctel de bismuto más tres antibióticos y su curación sin retorno a la úlcera fue la clave y la llave para que su nueva concepción de esta patología se aceptara y expandiera rápidamente por todo el mundo.

LOS CAMINOS DE LA CIENCIA

Una historia reciente y real que permite conocer los caminos por los que discurre la ciencia, que más que tener que luchar contra la ignorancia ha de enfrentarse a la inercia de no querer modificar los conceptos ya establecidos, “aunque detrás de la desconfianza que puede surgir ante algún avance científico y médico, está la ilusión de tener ya la respuesta, de tener ya el conocimiento para dar solución a ese problema”, reconoce Marshall.

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El doctor Marshall durante la conferencia.

Es anecdótico que entre otros ilustres, Alfred Nobel, al igual que Bush, el Papa y grandes magnates, padeciera úlcera gastroduodenal como exponía en su charla el profesor australiano, que además mencionaba que la hipótesis de la presencia bacteriana ya había sido apuntada por el investigador Giulio Bizzozero en 1892 y sobre todo en 1899 por el profesor Walery Jaworski que fue el primero en sugerir la participación causal directa de este microorganismo bacteriano en enfermedades gástricas. Tal vez debido a que su trabajo estuviera escrito en polaco, su propuesta tuvo escasísimo impacto.

Tras la demostración de Marshall y Warren de que los antibióticos eran eficaces contra la úlcera gástrica, en 1994 los Instituto Nacionales de Salud de los Estados Unidos reconocieron que las úlceras gástricas más comunes eran producidas por H.pylori y por lo tanto recomendaron el empleo de antibióticos contra ella.

LA CLAVE, EL DIAGNÓSTICO

Pero antes de tratarse la clave está en el diagnóstico. Como la bacteria se ha podido aislar en heces, saliva y en la placa dental de los infectados, puede ser que exista una ruta gastro-oral o fecal-oral como posible vía de transmisión. Para diagnosticar su origen se utilizan múltiples técnicas. Cultivos celulares, la prueba del aliento con urea, la biopsia para medir la ureasa, la utilización de antígenos para detectar anticuerpos específicos en heces o en sangre, o el uso cada vez más frecuente de la PCR (reacción en cadena de la polimerasa) que permite conocer genes asociados a los diferentes pasos de la infección, son técnicas en permanente desarrollo en los que farmacéuticas y la aplicación de sus investigaciones son vitales.

Los datos epidemiológicos apuntan a que un 70% de las infecciones son asintomáticas, y en estos casos se recomienda no tratar. Es precisamente en estos asintomáticos donde podría encontrarse una de las vías futuras de investigación para erradicar totalmente la enfermedad vía genética o tal epigenética, porque si estos asintomáticos tienen el bacilo pero no manifiestan los síntomas de la enfermedad, alguna peculiaridad podrían tener, bien directamente en sus genes bien en su forma de alimentarse o incluso en su sistema inmunológico, aunque hasta hoy el sistema inmunitario humano no se ha demostrado capaz de erradicarla. Como explicaba el doctor Marshall en su conferencia, ”existe una hipótesis de que la presencia de H. pylori en el tubo digestivo hubiera podido estar favorecida evolutivamente en algunos grupos humanos para con esta asociación favorecer la mayor amplitud del abanico alimentario de los humanos de esas poblaciones asintomáticas a la ulceración”.

SEGÚN PAÍSES

Partiendo del dato anterior se pueden estimar en alrededor de dos tercios de la población mundial los que están infectados por este bacteria “específica” de los humanos, lo que la convierte en la infección crónica más común. La proporción de infección varía mucho entre países; así, mientras en el mundo occidental (Europa, Norteamérica y Australia) la proporción es de alrededor de un 25% de la población, es mucho mayor en el tercer mundo, donde es común en niños y niñas, quizá derivado de las malas condiciones higiénico-sanitarias, del escaso diagnóstico y de la no disposición de antibióticos específicos. Por el contrario, en los países ricos se da más en personas mayores de 60 años y, evidentemente, entre los más pobres.

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Otro momento de la conferencia del doctor Marshall en la catedral de Iruñea el pasado 12 de septiembre.

En pacientes con úlceras gástricas debidas a H. pylori el procedimiento habitual es primero sanar la úlcera con una triple terapia: amoxicilina, claritromicina y tetraciclina, a la que con frecuencia se añade bismuto que es eficaz en el control de la acidez.

La pega es el cada día mayor número de infectados por cepas de Helicobacter pylori resistentes a tratamiento con ciertos antibióticos, de modo que puede que falle la primera terapia siendo necesarias bien cambiar alguno de los antibióticos de la tríada o bien utilizar otras adicionales a ellos, por ejemplo las mencionadas sales de bismuto.

Hoy está claro que una infección de H.pylori no tratada con antibiótico puede permanecer en el paciente durante toda la vida. Por lo que la higiene y el buen uso de antibióticos en los países más ricos es el factor diferencial que lleva a esos porcentajes muy inferiores al de los países en vías de desarrollo.

 

 

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