El “conocer”, de sabias “palabras”, del periodista Florencio Martínez Aguinagalde

image002.jpg

“Me interesa más el conocer que el conocimiento” (Florencio Martínez Aguinagalde en “Palabra de Chillida”)          

            El “conocer” para nuestro conocimiento, ese fue siempre la intención de Florencio Martínez Aguinagalde, compañero de tantas ocasiones, la mayoría difíciles y algunas sublimes, sobre todo las relacionadas con el arte, la literatura y la música, un Floren (según sus amigos) que era flor de texto periodístico, expresivo y crítico, puntual en tiempo e informativo en su interés y actualidad; un periodismo que él mismo aplicaba a la enseñanza de cuantos pretendían estudiar la carera. Sus clases obligaban –según sus alumnos— a la atención, a su propio deseo de ese conocer suyo imbuido en los demás. Ese conocer coincidente con Eduardo Chillida, al que dedicó un hermoso libro, fácil de leer, titulado, ¡cómo no!, “Palabra de Chillida”. Con este poema coincidente: “El asombro ante lo que desconozco fue mi maestro / Escuchando su inmensidad / he tratado de mirar, no sé si he visto”… Ver, admirar, dudar, conocer, observar, transmitir, preguntarse constantemente y con asombro “lo que no sé y he de saber y sentir para transmitir a los demás”… Y por eso fue periodista que buscó, incansable, respuestas a los acontecimientos, explicaciones a los sucesos, admiraciones a las obras creativas…

 “¡Viva la inteligencia, reviva la creación!”

Florencio fue colega, compañero en múltiples ocasiones, que, como don Miguel de Unamuno, no sólo pensaba con palabras sino que sentía con palabras, proclamadas siempre con el grito unamuniano de “¡Viva la inteligencia!”. Sus artículos tan comedidos como sentidos; sus informaciones precisas en el lenguaje; sus lecciones exactas en la expresión y siempre sensatas en la motivación. Ese era nuestro compañero Florencio Martínez Aguinagalde.

            Son varias las obras escritas y publicadas con su firma en solitario, y recuerdo el conmovedor libro dedicado a Ramón Sampedro titulado “Confieso mi cobardía”; o libros de carácter universitario en compañía de otras colegas como Ofa Bezunartea y Mercedes del Hoyo.

            Florencio “se nos ha ido seguramente –como escribe Cesar Coca en El Correo— para coincidir ya con la santísima trinidad: Eduardo Chillida, Johann Sebastián Bach y Gabriel García Márquez, triángulo que nos dio motivo para tantas estupendas conversaciones. Allá donde esté, Florencio Martínez podrá disfrutar de la obra de los tres”… Y con ellos, ya con un cuarto, aquel Goethe que sentía el descorazonador presente en el que siempre vivimos recordando la voluntad de inventar que guardan en su ser los enamorados de lo creativo: en el arte, en la literatura y en la música.

De “La casa de Goethe” al “Gure aitaren etxea”

            Florencio conoció personal y afectivamente a Eduardo Chillida, al hombre y artista. Nunca olvidaremos personalmente la admiración que otros sentimos por el escultor donostiarra al presenciar precisamente la inauguración en Frankfurt  “La casa de Goethe”, colocada en el parque Taunusring, en 1986, obra de 34 toneladas de peso, seis metros de largo y cuatro metros de alto. Se escribió entonces: “Su efecto es como el de una concha de caracol rota en el mar; y rara vez un artista había logrado una imagen tan apropiada para la obra del literato alemán. La casa de Goethe es como una metáfora para el Fausto que se enfrenta al mar y quiere amaestrar la indomable naturaleza. Como Rodin, Chillida pone en escena la lucha entre las fuerzas de la naturaleza y lo informal; sus plásticas son escenificaciones arcaicas y solemnes de los poderes naturales, un juego con el espacio y con el tiempo”.

            Eso precisamente es lo que admiraba Florencio Martínez de Chillida, como lo refleja en su libro y en varias entrevistas realizadas al escultor guipuzcoano. Florencio recordaba siempre la obra “Gure aitaren etxea”, presentada en Hernani en 1987 y actualmente en Gernika. La obra mide casi ocho metros de altura y 18 de perímetro, y trata de simbolizar, en palabras del escultor, a un País Vasco orientado hacia el arte. Y esa fue precisamente la orientación que tuvo la vida y el trabajo de Florencio, para el que, además, la música seguía y sigue siendo también “una construcción en el tiempo y en el espacio, y a Juan Sebastián Bach como arquitecto no ha habido nadie que se le arrime”.

                “La casa de Goethe” en Frankfurt y “Gure aitaren etxea” en Gernika

            Como tampoco hubo nadie que se le arrimara en el periodismo a García Márquez que Florencio recordaba en frases como esta: “El periodismo es una pasión insaciable que sólo puede digerirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la realidad”.

            Florencio murió el 23 de septiembre, a los 67 años, “después de haber desarrollado una carrera profesional que empezó en el periodismo –explica Cesar Coca— de los últimos años del franquismo y continuó durante la Transición. Trabajó en diferentes medios, aunque fue El Correo el periódico que más huella le dejó, el periódico del que más hablaba y al que más unido se sentía”. Nosotros le recordamos de otros periódicos y participaciones porque su estilo o quizá su necesidad, como la nuestra, era ir de un lugar a otro, conociendo, contribuyendo a que los demás (sus lectores o sus alumnos) conocieran también el camino empedrado y adecuado que debían recorrer en el periodismo…

            Nacido en Vitoria, su infancia y juventud las pasó en Cataluña

            Florencio se nos fue precisamente el día 23 de este mes de septiembre en el que la atención periodística estaba casi enteramente en la Cataluña que él conoció y amó porque, aunque nació en Vitoria, pasó la infancia y la adolescencia en Barcelona, que –nos sigue mostrando Cesar Coca–  “ya fue para siempre una de sus ciudades favoritas, lo que incluía una fidelidad sin resquicios hacia el Barça, con cuyos éxitos tanto disfrutaba. A finales de los ochenta, tras una breve etapa en el gabinete de Prensa del Consulado de Estados Unidos en Bilbao, se convirtió en profesor de Periodismo en la Universidad del País Vasco. Fue también docente en el Máster de Periodismo Multimedia de El Correo y la UPV/EHU durante dos décadas, hasta su jubilación.

            Su trayectoria, tanto profesional como personal, estaba íntimamente unida al ámbito de la cultura. Desde su tesis doctoral, que abordó la relación entre el cine y la literatura en la filmografía de Mario Camus, hasta sus múltiples reportajes y libros, incluida esa obra espléndida sobre Chillida y varios volúmenes dedicados a abordar temas de docencia periodística.

          Precisamente, añado yo, con motivo del homenaje en memoria de Eduardo Chillida, escribíamos lo siguiente: el universal escultor, decía: “mis esculturas nacen para el espectador cuando mueren para mí; un espectador puede sentir la obra tanto como yo pero nunca explicaría mis obras porque eso coartaría la libertad del espectador”. Eduardo Chillida sigue hoy vivo en sus obras y quien las contempla e interpreta percibiendo o leyendo al escultor se siente tan libre, tan vivo, tan vasco y tan universal como el propio escultor vasco. Hagan ustedes la prueba: participen en su homenaje leyendo algún libro a él dedicado como el de Florencio Martínez Aguinagalde o los de sus muchas exposiciones o trabajos conjuntos con otros geniales pensadores universales”.

            Pero para dejar que hable nuestro recordado Florencio Martínez, he aquí un texto relacionado con lo que él calificaba como El inconfundible aroma de un Chillida: Ha hollado todos los campos posibles en el territorio artístico de las tres dimensiones y abierto campos insospechados hasta él en el mundo de grabado (…) No es de extrañar, en fin, después de tantos chillidas esparcidos por el ancho mundo a lo largo de cincuenta años una persona medianamente avisada no pueda distinguir a la legua el aroma de un chillida. Porque Chillida sólo hay uno y si no es un chillida es un plagio”

           Y aunque Florencio trabajó fundamentalmente en Bilbao era un ferviente alavés de Vitoria y un devoto incondicional de Donostia y era frecuente que recordara aquel 1977, en que –escribe— “las olas del Cantábrico y el viento del Oeste inauguraron el Peine del Viento en San Sebastián, la obra que Eduardo Chillida llevaba lucubrando para su ciudad desde 1952.

            Recojo párrafo del Obituario ya citado de Cesar Coca: “Florencio fue lector impenitente que también hizo sus pinitos como novelista, gran aficionado al cine –solo dejó de acudir a las sesiones del cine club FAS en los momentos peores de una grave enfermedad que oscureció los que deberían haber sido años luminosos de su jubilación-, asiduo visitante de los museos de Bilbao y admirador sin límite de las Suites para violonchelo solo de Bach, Florencio Martínez gozaba transmitiendo sus conocimientos y sus pasiones a los miles de alumnos a los que trató en las aulas. Una generación de periodistas que nunca olvidarán sus consejos sobre cómo dar vida a un texto informativo ni sus opiniones sobre casi cualquier asunto, porque nada humano le fue nunca ajeno”

            Descanse en paz el periodista, el analizador de lo sublime en el arte, el maestro exigente sobre todo consigo mismo, el hombre sereno y gestual, compañero Floren, compañero. Y adelantando el pésame a su mujer, Lourdes, y a sus dos hijos, Leltxu y Joana, y recibiendo de ellos ese “brindis de salud” que nos ofrecen en la esquela, termino con dos  frases/versos que seguramente firmaría debajo de sus autores el bueno de Florencio como lo hizo Eduardo Chillida:

            “Debe partir a tiempo / aquel por el que habla el espíritu” (Fiedrich Hölderlin 1770-1843)

            “Lo que queda lo habitan los poetas que usan la más inocente de todas las ocupaciones para oír uno de otros” (Martín Heidegger 1889-1976)

                                                        José Manuel Alonso

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s